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Un minigolf para gafas 3D en Berlín

Otras de las alternativas ofrecidas por los bares de la ciudad son mesas de ping-pong o una pista de patinaje

El psicodélico minigolf del Schwarzlicht.
El psicodélico minigolf del Schwarzlicht.

Esta primavera está siendo la más fría en Alemania en los últimos 40 años. Si los malos augurios para el verano se confirman, lo mejor será estar bajo cubierto. Para los berlineses eso no significa dejar de hacer actividades propias del aire libre. Los bares están acostumbrados a sustituir las terrazas por otro tipo de ofertas. Entre ellas, un minigolf 3D a puerta cerrada, una discoteca convertida en pista de patinaje o pubs que giran en torno al tenis de mesa.

En Görlitzer Park, entre Neukölln y Kreuzberg, todo puede pasar. Ocupa el lugar de la que en su día fue una de las estaciones de tren más importantes de la ciudad. Durante décadas quedó en desuso, después de que los bombardeos de la II Guerra Mundial prácticamente acabaran con ella. Durante el buen tiempo el parque es escenario de barbacoas familiares, representaciones teatrales de Shakespeare en inglés o de la macrofiesta anual posterior a la manifestación del 1 de mayo.

En su extremo noroeste se encuentra el Schwarzlicht Minigolf Berlin, próximo al bar Edelweiss. Su parte superior parece la de cualquier bar de barrio, con su billar y sus máquinas recreativas. En el piso subterráneo se esconde un viaje lisérgico a través de 18 hoyos divididos en cinco salas. Luces ultravioletas y la opción de llevar gafas 3D completan la experiencia estética, cercana al universo ciberpunk y creada por el colectivo artístico Sinneswandeln. El objetivo es de mantener un buen hándicap entre cuatro paredes que reproducen el interior de una nave espacial o el verdor del parque Tiergarten. No es el único en su especie en la ciudad, pero sí el más céntrico.

Hace unos años los berlineses se obsesionaron con el ping-pong y las mesas instaladas en muchos de los parques de la ciudad resultaron insuficientes. Raro era el barrio que no contaba con su bar o pub en donde el tenis de mesa ocupaba el centro de la pista y el DJ se quedaba a un lado. Dr. Pong, en Prenzlauer Berg, sigue siendo una institución en la ciudad. Allí la clientela, cigarro en boca y pala en mano, forma un enorme círculo y gira en torno a la mesa. Espera su turno para golpear la bola y, quien falla, se apea de la rueda, que cada vez se estrecha más y más. Cuando solo quedan dos contendientes, se compite en una última jugada al estilo tradicional, cada uno a un lado de la red.

Una noche al mes, por lo general un viernes o un sábado, el SO36 de Kreuzberg convierte su pista de baile en una de patinaje. RollerDisko se fundamenta en dos conceptos básicos: patines sobre ruedas y música de los 70 y 80. Es una fiesta con público de lo más heterogéneo, que da vueltas a ritmo de Abba en torno a la cabina del pinchadiscos (aquí sí que ocupa una posición central).

Aunque la propuesta pueda parecer una gran oda al absurdo, el SO36 no es un parque y la gente se toma muy en serio lo de presumir y hacer piruetas. Quien se haya pasado bebiendo Jägermeister en la barra o sea directamente torpe corre el riesgo de ser arrollado.

Entre los temas pinchados puede sonar el 'Let's dance' de David Bowie, quizá para recordar a quien fue uno de sus clientes habituales cuando la sala era uno de los templos del rock, hace casi 40 años.

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