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Espaguetis helados en Bremen

En las heladerías de esta ciudad triunfan sabores como el de pipas de calabaza

Los espaguetis helados, con su 'tomate' y 'queso'. Ampliar foto
Los espaguetis helados, con su 'tomate' y 'queso'.

¿Nueva cocina alemana? ¿Experimento culinario? ¿Fusión italo-germana? Es más sencillo que todo eso: los espaguetis helados son el capricho favorito de los niños alemanes cuando llega el buen tiempo. Esta especialidad fue creada en 1960 en Mannheim, una pequeña ciudad del suroeste de Alemania, y desde entonces es uno de los postres más solicitados en las heladerías del país. La idea es muy sencilla y es en su simplicidad donde reside su encanto: basta pasar un humilde helado de vainilla por un triturador de patata -un utensilio muy habitual en las cocinas alemanas similar a un triturador de ajos-, para que obtenga la apariencia de un plato de espaguetis. Después se cubre con coulis de fresa, que finge ser salsa de tomate, y se espolvorea por encima coco rallado, almendras picadas o pequeñas virutas de chocolate blanco que representan, obviamente, el queso parmesano.

Quizá parezca contradictorio debido a las bajas temperaturas, pero en este país se consumen toneladas de helado. La heladería más conocida de Bremen, Eis Labor (Am Schwarzen Meer 52), ofrece todo tipo de variedades de helado, siempre artesanal, orgánico y de fabricación diaria. Curiosamente son los sabores menos convencionales los que más éxito tienen, y es que en Bremen lo exótico triunfa. Un viernes a las cinco de la tarde el helado de pipas de calabaza está agotado, hay un par de adolescentes pidiendo dos bolas de straciatella de pipas tostadas y en la calle una familia disfruta de un refrescante helado de pomelo.

En Eis Labor nos enseñan que el truco para que los espaguetis helados queden perfectos y con más cuerpo es poner una bolita de nata antes de servirlos, de modo que el helado la cubra creando la ilusión de un auténtico plato rebosante de espaguetis.

Empalagosos, pegajosos, divertidos y con regusto a golosina. Exactamente lo que le gusta a un niño. Seguramente no es una experiencia gourmet, pero sÍ refrescante y original en las escasas tardes soleadas de Bremen.

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