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Diez ciudades, diez flechazos

Nuestra red digital de viajeros urbanos nos recomienda algunos de los mejores planes para el buen tiempo en Nueva York, Berlín, São Paulo, Tokio o Las Palmas

Sillas voladoras en Coney Island, en Nueva York. Ampliar foto
Sillas voladoras en Coney Island, en Nueva York.

Viven en Sidney, Barcelona, Lisboa, Buenos Aires o Hawai, y nos cuentan cada día las historias más originales. Nuestra red de Viajeros urbanos cuenta ya con 119 guías, entre los que seleccionamos diez, desde Madrid a Shaghái, con propuestas para la llegada del buen tiempo. 

01 La City desde las azoteas

LONDRES / Laura Rodríguez

La Dalston Roof Terrace, en Londres. ampliar foto
La Dalston Roof Terrace, en Londres.

Ahora que empieza el buen tiempo y los londinenses comienzan a lucir sus pieles blancas con una alegría más que comprensible es el momento perfecto para ver Londres desde otra perspectiva. Sus azoteas estivales se adaptan a todos los gustos. Desde bares con jardines inspirados en la Alhambra (The Roof Gardens, 99 Kensington High Street, W8) hasta barbacoas para modernos (Frank’s Cafe, parking Eckham, 95a Rye Lane, SE15), uno puede ocupar sus días casi sin pisar la calle con actividades como cine al aire libre (Queen of Hoxton, 1-5 Curtain Road, EC2A), conciertos (Dalston Roof Park, 18 Ashwin Street, E8) o un relajante spa (The Berkeley,Wilton Place, SW1X).

Aunque la tarea favorita de los londinenses es sentarse frente a una jarra de Pimm’s (la bebida alcohólica con frutas equivalente a nuestra sangría). Con días caniculares que se estiran hasta las diez de la noche no hay nada mejor que subir a la céntrica terraza Vista (2 Spring Gardens, SW1A), desayunar en el sofisticado Radio Rooftop Bar (336-337 The Strand, WC2R) o ascender hasta el vertiginoso Sushisamba(Heron Tower 110 Bishopsgate, London EC2N), el punto más alto de la City, donde Londres se reduce a una maqueta sin fin.

02 Cazadores de arte urbano

MADRID / Mario Suárez

Arte callejero en la calle del Divino Pastor, en Madrid. ampliar foto
Arte callejero en la calle del Divino Pastor, en Madrid.

En el cruce de la calle de la Cabeza con la calle de San Pedro Mártir, en el barrio madrileño de Lavapiés, existe una casa donde Felipe II mandó esculpir una cabeza de cordero en recuerdo al asesinato de un noble a manos de su lacayo. Hoy, la cabeza no se conserva, sí la casa y la leyenda, y junto a la placa que da nombre a la calle hay otro rostro en relieve, esta vez, cuatro siglos después, del artista urbano DosJotas. Una ironía contemporánea que forma parte del anecdotario de las nuevas rutas turísticas alternativas en Madrid, los Safaris Urbanos.

Organizados por Madrid Street Art Project, estos recorridos por las piezas efímeras de grafiti y arte urbano de la capital llevan desde octubre ofreciendo una visión distinta de los barrios castizos. “Queremos que la gente aprenda a ver la ciudad de una manera distinta, que se fije en las intervenciones de arte urbano que los muros ofrecen”, cuenta Guillermo de la Madrid, uno de los organizadores. Por cinco euros por ruta, un grupo de hasta 18 personas realizará un recorrido de dos horas por las acciones de artistas como E1000, Yatusabes, Wolf, Eltono, Btoy, Padu... Existen cinco recorridos diferentes por los barrios de La Latina, Malasaña y Lavapiés.

03 Noches a la berlinesa

BERLÍN / Héctor Llanos

El fervor por la música techno está casi tan extendido entre los berlineses como su anhelo por un sol que se hace de rogar. Por eso, cuando llega el buen tiempo, sustituyen las lúgubres pistas de baile por cualquier espacio abierto en donde celebrar numerosas e improbables fiestas al aire libre. Entre las oficiales están las que se organizan en el Badeschiff, junto a unas piscinas flotantes en pleno río Spree (obra de la artista berlinesa Susanne Lorenz, junto con el estudio español AMP Arquitectos). Y también, el festival Nation of Gondwana,que tiene lugar un fin de semana del mes de julio en un bosque cercano a la ciudad.

La piscina Badeschiff de Berlín. ampliar foto
La piscina Badeschiff de Berlín.

Otras fiestas son algo más clandestinas; algunas, incluso, ilegales. Para poder acudir a ellas se ha de recibir una invitación online en la que se acepta recibir avisos por SMS a cualquier hora del día o de la noche. Son concisos mensajes firmados por los organizadores de la fiesta que apenas incluyen unas breves indicaciones geográficas (“acude a la parada de tren X, gira 500 metros a la izquierda y sigue el camino”). El destino puede ser un búnker, una fábrica abandonada o un lago nudista. El otro dato conocido es la hora de inicio, nunca la del final. Es más probable que el mal tiempo acabe con la diversión a que lo haga la policía.

04 Grumetes en el río Charles

BOSTON / Ester Riu 

Boston ha estado esperando la llegada del buen tiempo durante muchos, casi demasiados, meses. Cuando las temperaturas empiezan a subir, y el sol, a apretar un poquito más, los residentes acuden a ambas orillas del río Charles (llamado, simplemente, ‘the Charles’) para pasear, correr, ir en bici, hacer un pic-nic o estar un rato tranquilos leyendo un libro. El río divide geográficamente las ciudades de Boston y Cambridge y desde sus puentes podemos admirar los campus de las universidades de Harvard y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

El perfil urbano de Boston (Estados Unidos) desde el río Charles. ampliar foto
El perfil urbano de Boston (Estados Unidos) desde el río Charles.

Pero no tenemos por qué quedarnos en la orilla. El río es un destino muy popular para aprender a navegar en un barco de vela, para practicar el remo y para ir en kayak o canoa. Adultos y pequeños pueden apuntarse a clases de vela en Community Boating, una organización sin ánimo de lucro dedicada a ese fin. A primera hora de la mañana podremos ver a los distintos equipos de remo universitarios entrenándose y preparándose para una de las grandes competiciones de este deporte que se celebra aquí en octubre y que se llama The Head of the Charles Regatta.

Además, desde finales de abril hasta principios de noviembre, la ciudad de Cambridge cierra el tráfico en el Memorial Drive, una importante vía paralela al río, durante todos los domingos para que sus ciudadanos puedan disfrutar de este espacio sin la circulación de coches. Así es fácil olvidarse del paisaje que ofrece el río en invierno: helado, como una gigante pista de hielo.

05 El bosque de la megalópolis

SÃO PAULO / María Martín

Desde la azotea del vigésimo séptimo piso de un hotel abandonado en el centro de São Paulo, un único claro con forma de montaña sugiere que la ciudad tiene fin. Está al norte, a 10 kilómetros de allí, aunque la vista y la neblina la sitúen mucho más lejos. Se trata de la Sierra de la Cantareira,uno de los bosques urbanos más grandes del mundo. Un reducto de mata atlántica, ahora protegido, tan grande como 8.000 campos de fútbol.

Vista de São Paulo desde Cantareira. ampliar foto
Vista de São Paulo desde Cantareira.

La mejor atracción, además de las cascadas, el lago y el sonido exótico del bambú, es la llamada Piedra Grande. Tras cinco kilómetros de ruta aparece uno de los miradores más altos de la ciudad, una roca plana y granulada a 1.000 metros de altura. Desde allí se entiende algo mejor São Paulo y aparecen las favelas, invisibles desde abajo, pintando el paisaje.

No lejos de allí, también en la zona norte, el chef Rodrigo Oliveira tempera unos dados de tapioca con salsa de pimienta agridulce, uno de los platos más ricos de su restaurante Mocotó. Comer en su local, de manjares locales a precios razonables, es la nueva moda de los paulistanos de barrios nobles. Suele estar lleno en horas punta. Una señal indiscutible de éxito, pero que hace imposible almorzar allí sin aguardar horas de cola. El truco: aprovechar la vuelta de la sierra al atardecer y dedicarse una merienda cena.

06 Quimonos de verano

TOKIO / María Pérez Suárez

Hay tres cosas que caracterizan la llegada del calor en Japón: la humedad exasperante, el repetitivo y vespertino canto de las cigarras y los matsuri, festivales que se celebran todo el año, pero especialmente en verano, y que recuperan las antiguas tradiciones niponas.

Desfile de un 'mikoshi' (santuario portátil) en el Fukagawa Hachiman Festival de Tokio. ampliar foto
Desfile de un 'mikoshi' (santuario portátil) en el Fukagawa Hachiman Festival de Tokio.

La realidad es que son todos muy parecidos, pero eso no significa que pierdan encanto. Música y bailes, desfiles, atuendos centenarios, el taiko (tambor japonés) resonando y decenas de puestos de comida. Hombres y mujeres vestidos con yukata,el quimono de verano, calles abarrotadas y un ambiente festivo y relajado que hace olvidar la rigidez de la vida en la capital. Suelen ser de origen sintoísta y se mantienen con la idea de fomentar los vínculos de la comunidad y mantener vivo el conocimiento y la cultura popular.

Uno de los matsuri más famosos de Tokio es el Fukagawa Hachiman, que se celebra el tercer fin de semana de agosto y se conoce como el festival del agua. Estos festivales sirven para que los valientes viajeros que se decidan a visitar Japón en los meses más calurosos encuentren como recompensa el lado más humano y desenfadado de la ancestral cultura nipona.

07 Sirenas en Coney Island

NUEVA YORK / Marina Otero

En verano, Nueva York ofrece su cara más amable. Central Park, Prospect Park, Bryant Park o The High Linese convierten en escenarios del ocio saludable globalizado. La imagen de ciudadanos disfrutando de películas, conciertos o clases de yoga vende y atrae a marcas que los convierten en eventos gratuitos patrocinados.

Casetas en Coney Island (Nueva York). ampliar foto
Casetas en Coney Island (Nueva York).

Para los que tanta dulzura les resulte alienante, quedan dos opciones: dejarse engullir por el submundo del metro neoyorquino o simplemente seguirlo hasta la parada de Coney Island. Desde la distancia se escucha el repiqueteo de las montañas rusas y las explosiones de gritos anunciando la entrada al espacio de la feria. El huracán Sandy casi lo borra del mapa, pero el patio de juegos de Nueva York volvió a abrir sus puertas en marzo. Desde entonces, Coney Island ha ido recuperando su propia normalidad decadente. Las atracciones no solo se encuentran en el Luna Park; caminar por el paseo marítimo es hacerlo a través de una brisa de gente bastante diferente de la que nos cruzamos en Soho; en la playa se despliega el espectáculo de lo imperfecto.

Por si no fuera suficiente, cada 22 de junio Coney Island celebra la llegada del verano con la Mermaid Parade, el desfile más canalla de la ciudad. Este año, la devastación material y económica poshuracán ponen en peligro su continuidad. Aunque los organizadores insisten en que salvar el Mermaid Parade depende de la gente: desde el 7 de mayo, cualquiera puede contribuir —a partir de una cantidad de un dólar— en el crowdfunding o kickstarter que pretende reunir hasta el 3 de junio los 100.000 dólares necesarios para financiar el desfile de 2013. Ya han superado los 70.000. Una manera de expresar nuestro orgullo por el bicho raro que, casi todos, llevamos dentro. Y si no, siempre queda el concurso que organiza Nathan’s, el famoso puesto de perritos calientes en el que gana el que más engulle. La final es el 4 de julio.

08 Wuzhen, una China de cuento

SHANGHÁI / Zigor Aldama

La China de nuestro imaginario colectivo sí que existe. Esa de las películas. La del delicado exotismo, las calles empedradas, los canales envueltos en la bruma y los edificios grises de tejados curvilíneos. La de los parques con piedras de formas imposibles, melancólicos sauces llorones y estanques en los que flotan flores de loto. La de dragones de piedra y budas de mirada perdida, envueltos todos en el humo del incienso. Esa China resiste al ímpetu de las excavadoras que derriban 5.000 años de historia en Wuzhen, una escapada perfecta para huir del infernal bochorno de Shanghái en los meses de calor.

Canal con barcos en la población de Wuzhen, cerca de Shanghái (China). ampliar foto
Canal con barcos en la población de Wuzhen, cerca de Shanghái (China).

Fundada en el año 872, sus administradores aseguran que la historia de esta pequeña localidad de la provincia costera de Zhejiang se remonta hasta la edad de piedra, hace unos 7.000 años. Eso lo podrán certificar los arqueólogos, pero para los viajeros es suficiente el milenio que se refleja en las fachadas de los edificios de Wuzhen. En los canales que surcan la ciudad del agua el tiempo se congela, no hay ruido de motores, solo las paladas que da el capitán de la góndola made in China. Es como se anuncia con tino en su página web oficial: “Un fósil viviente, representativo de la antigua civilización oriental”.

Uno de los lugares más curiosos de la ciudad es el Museo de las Cien Camas, donde se guardan ejemplos de esos muebles construidos durante las dinastías Ming y Qing. La opulencia de los lechos es un gran reclamo para las parejas que deciden hacerse en Wuzhen sus fotos de boda. Así que no es de extrañar que la mayoría de las camas estén ocupadas por tortolitos vestidos con trajes imperiales tratando de hacer poses imposibles para los exigentes, y vociferantes, fotógrafos. En cualquier caso, es fácil escapar de las hordas de turistas, porque en cada esquina aguarda un museo.

De noche, las luces de colores llevan a Wuzhen a un tiempo actual. Antes de que desaparezcan los últimos haces de luz, los visitantes se agolpan en los estrechos puentes para captar la efímera magia que hace de Wuzhen un lugar único: el violeta del horizonte contrasta con las luces rojas y amarillas que van tomando fuerza en las fachadas de los edificios, y los farolillos de gas de las góndolas dibujan caprichosas estelas en las fotografías. Son solo unos minutos hasta que la negrura se apodera del cielo, pero bien merecen la pelea por un buen lugar para disfrutarlos.

09 Las bicicletas son para las islas de Arán

GALWAY (IRLANDA) / Laura García Rojas

Son tres. Inis Mór, la grande. Inis Meáin, la mediana. Inis Oírr, la pequeña. Tres islas, las Arán, dentro de otra, Irlanda. Dominan la bahía de Galway. En días despejados, exhiben orgullosas su belleza desde la lejanía. Para disfrutarla de cerca, desde la capital del oeste hay que poner rumbo al puerto de Rossaveal (Ros an Mhíl), a unos 40 kilómetros, para coger un ferri. Lo mejor es disfrutar del viaje en cubierta, bajo el escurridizo sol irlandés y esa brisa con carácter del Atlántico.

Una ciclista en las islas de Arán (Irlanda). ampliar foto
Una ciclista en las islas de Arán (Irlanda).

A pesar del turismo, las islas de Arán siguen siendo un pedazo de la Irlanda profunda que habla en gaélico, que lleva en las venas ese paisaje abrupto esculpido en piedra, sin farolas en las calles en Inis Oírr, con algunos rincones donde sentirse en medio de la nada.

En las tres islas se puede alquilar una bicicleta para una excursión de un día. Imposible no recordar Verano azul viéndolas pasar veloces camino de Dún Aonghasa, un fuerte prehistórico en Inis Mór que acaba en un acantilado, o pedaleando hacia el faro y después hacia el Plassey, el barco varado que es un símbolo de Inis Oírr. En la isla mediana, menos bulliciosa y más mística, las bicis reposan apoyadas en un muro de lajas. Los ciclistas deben estar echando un vistazo a la iglesia de Cill Cheanainn.

10 Las canteras, arena vibrante

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA / Luis Roca Arencibia

Comer delicias canarias a pie de playa es posible en Las Canteras en el restaurante Loopy’s La Puntilla (paseo de Las Canteras, 1), recién abierto. Está situado en la cabeza de esta fantástica serpiente de arena, agua y rocas de tres kilómetros y medio de largo en Las Palmas de Gran Canaria.

La playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria. ampliar foto
La playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria.

Los atardeceres ofrecen espectaculares vistas al Teide. Disfrutar entre copas del ambiente rockero más genuino de la ciudad puede hacerse sobre el mismo paseo todos los sábados, a las 17.30 horas, en La Guarida (paseo de Las Canteras, 77). Desayunos saludables en Corner Café (Gran Canaria, 2). Fantásticas caipiriñas en Piemonte (Las Canteras, 48). Los mejores flambeados en La Tabla Caliente (La Naval, 6). Las Canteras, una de las mejores playas urbanas de España, vibra desde las tasquitas del rehabilitado Mercado del Puerto hasta el cascabel luminoso de la serpiente, el Auditorio Alfredo Kraus de Tusquets, zona bajo dominio surfero. En bajamar es una gigantesca piscina natural gracias a la Barra, arrecife natural a 200 metros de la costa. Es entonces cuando el viajero debe patearla por la arena de punta a punta. En bañador para sumergirse de tanto en tanto en sus aguas. Provisto de gafas de buceo para disfrutar de sus fondos. Y con calzado de agua para conquistar las peñas que sobresalen como trampolines naturales sobre su piel de tonos amarillos, azules, blancos y verdes.

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