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Esta playa me la pido

Apetecibles arenales entre Meia Praia y Dona Ana. Una iglesia que resume el estilo barroco. Y el mito del rey don Sebastián. Cultura y placeres de la buena vida en Lagos, icono del Algarve portugués

Atardecer en la costa cercana a Lagos, en el Algarve (Portugal). Ampliar foto
Atardecer en la costa cercana a Lagos, en el Algarve (Portugal).

A esa bahía ancha y luminosa ya le habían echado el ojo en la edad del hierro, nada menos (poblado del monte Molião). También las naves fenicias, y los romanos, que metieron a Lacóbriga (de ahí el topónimo Lagos) en el lío de las guerras de Sertorio. Y los árabes. Pero el momento de gloria le vendría con un vecino de lujo: el infante don Henrique el Navegante. El siglo de oro de los descubrimientos tuvo luces y sombras. El fulgor de la epopeya ultramarina veló ángulos oscuros, como el tráfico de esclavos, o la trágica aventura del rey don Sebastián, que partió de Lagos a una guerra absurda que se lo tragó, dejando el país en manos españolas. Lagos fue capital del Algarve hasta el terrible terremoto de 1755, que la dejó hecha trizas. Hoy vuelve a ser centro vital de un turismo que aprecia su calidad de vida, su compromiso ecológico (se reciclan hasta los tapones de corcho, en rolhinhas callejeras) y, sobre todo, sus costas y playas, espectaculares, imagen de oro del Algarve.

9.00 La manía de descubrir

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Lo primero para descubrir Lagos es situarse en la avenida dos Descobrimentos (1), valga la redundancia. O sea, el paseo marítimo. Al construirlo, en los años cuarenta, se enterraron los muelles antiguos, donde en recientes excavaciones han aflorado sillares fenicios. Junto a la puerta de la muralla que se ve en el extremo del paseo estaba el alcázar musulmán, sobre el cual se levantó el castelo dos Governadores, que administraron desde allí el Algarve hasta el fatídico terremoto. El recinto amurallado del siglo XIV (Cerca Velha) fue ampliado y reforzado en el XVI (Cerca Nova) con numerosos baluartes y puertas. El mejor punto de vista para apreciar el cinturón de murallas (2), bien conservado, es Ameijeira Verde (3) (cerca de un aparcamiento disuasorio/obligatorio). Frente al Arco de São Gonçalo, protegiendo una ensenada testimonial, está el Forte da Bandeira (4), cuyo interior se puede visitar. El puerto deportivo (5) está en el extremo opuesto del paseo, arropado por un complejo comercial y de ocio. El puerto pesquero se llevó algo más lejos.

11.00 Tráfico de esclavos

Como los horarios de visitas son tempraneros, conviene despachar de mañana los interiores más notables. Ante todo, la iglesia de San Antonio (6) y el museo anexo. La iglesia, recompuesta tras el terremoto, es una de las más bellas y típicas de Portugal. Simple por fuera; por dentro, un paroxismo de zócalos de azulejo, muros de talla dorada, techos de madera pintada con una irreverente mescolanza de angelotes, bestias y escenas campestres. Saramago sentenció: “Aquí está todo cuanto inventó el barroco”. En el suelo, la tumba del irlandés Hugh Beatty (Hugo para la tropa), quien dirigió los ejércitos lusos contra España en el siglo XVII; sobre su lauda se lee: “Non vi sed arte” (más vale maña que fuerza). Anexo al templo (billete conjunto) se halla el Museo Regional, que tiene de todo un poco, arqueología, pintura, trajes y cacharros populares... y un pelourinho o picota que antes presidía la Praça do Infante, a la que se llega en cuatro zancadas. Remodelada con fuentes, presidida por la iglesia de Santa María (7), su ombligo es la estatua del infante don Henrique, y una pregunta de Pessoa: “Valeu a pena? Tudo vale a pena se a alma não é pequena”. En una esquina, la Alfandêga (aduana) o Mercado de Esclavos (8). Aquí se trajo en 1441 a los primeros infelices desde el Sáhara; el tráfico duró siglos, como recuerda el film e de Spielberg Amistad, que deja en pésimo lugar tanto a Portugal como a España (la de Isabel II). Su interior es un centro de interpretación.

12.00 A bañarse en autobús

Playa de Camil Ponta da Piedade, en Lagos (Portugal). ampliar foto
Playa de Camil Ponta da Piedade, en Lagos (Portugal).

Como en Portugal se almuerza pronto, se puede hacer en el casco antiguo... o con los pies en remojo. Las playas nos esperan. Lagos tiene muchas, media docena de ellas con bandera azul. Meia Praia (9) es una de las más concurridas; también porque es la más despejada y larga: cuatro kilómetros. Llega hasta el estuario de Alvor (10), un pueblo pesquero que es una de las estampas más bucólicas del Algarve, con cuatro cursos de agua que se funden en un sopicaldo de dunas, pinares, cultivos y arenales. Alvor fue puerto romano, y árabe (Al-bur). Junto a Meia Praia está uno de los tres campos de golf de Lagos, y hay restos de un fuerte defensivo. Se llega a la playa en autobús.

15.00 La Costa de Oro

A poniente lo que hay es una sucesión de playas chicas, recoletas, protegidas por rocas desmigajadas, y ligadas entre sí por túneles abiertos en el muro litoral, cobrizo y friable. Es la llamada Costa d’Oiro. Pegada al Forte da Bandeira están la Praia da Batata y la dos Estudantes. Luego se van engarzando otras, hasta llegar a dos que son una imagen de marca, Dona Ana  (11) y Camilo (12). Un poco más allá, la postal definitiva: la Ponta da Piedade. Se llega en barco, o por la carretera que cabalga el acantilado. Desde el faro, unas escaleras descienden hasta un paraje abismado, anfibio, irreal, que parece formado no de materia, sino de huecos y reflejos. Rocas emergiendo del agua transparente, grutas, arcos, barcas de turistas. Más a poniente aún quedan Praia Grande, Porto de Mos o Praia da Luz (13); en esta pueden verse las ruinas de una factoría romana de salazones y un fuerte levantado para mantener a raya a los españoles.

Una casa con fachada de azulejos en el centro de Lagos. ampliar foto
Una casa con fachada de azulejos en el centro de Lagos.

18.00 ‘Happy hour’

Por la tarde, las calles céntricas se llenan de terrazas y carteles que anuncian a la parroquia (mayormente británica) el santo y seña: happy hour. Músicos y puestos callejeros colmatan los escasos centímetros que dejan libres mesas y sillas. Para colmo, la pasarela de moda, la Rua 25 de Abril (14), es un tubo. Desde el Mercado de Esclavos, la calle se prolonga hasta la Praça de Gil Eanes, otro centro neurálgico. Aunque lleva el nombre del primer europeo que dobló (en 1434) el cabo Bojador, en la costa africana, el verdadero protagonista del ágora es el rey don Sebastián, gracias a una escultura que lo representa como una especie de astronauta intemporal. Don Sebastián desapareció en la campaña de Alcazarquivir; el reino pasó a manos de su tío, el español Felipe II, y nació el mito del sebastianismo, una suerte de religión que confiaba en que el rey tornaría algún día surgido de la niebla; asunto explotado por escritores lusos y también españoles (entre otros, Zorrilla). Preside la plaza el Ayuntamiento Viejo (15), sosote; el nuevo, a la entrada de Lagos, es un precioso edificio de Cabral de Meireles.

20.00 Comer, soñar, amar

El placer de la buena mesa alcanza en Lagos categoría de ritual. Sorprende la cantidad y variedad de ambientes: hay cocinas de todo el mundo y excelentes restaurantes de comida portuguesa. Especialmente recomendables son Dom Sebastião (16), Dois Irmãos (17) (Praça do Infante Dom Henrique) o Galeão (18) (Rua da Laranjeira, 1). Amplio asimismo el abanico de hoteles. Singular encanto tiene el Tivoli (19) (Rua António Crisógno dos Santos), que posee un selecto club de playa, Duna Beach, en Meia Praia, donde comer o cenar frente al océano. Para la penúltima copa, Bon Vivant y Zanzíbar (ambos casi juntos en Rua 25 de Abril) y Stevie Ray’s (Rua da Graça, 9).

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