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Trotamundos

'Pescaítos' en Venecia

Para el escritor Jorge Eduardo Benavides todo empieza y termina en Venecia, donde “uno no puede evitar caer en su embrujo”

Para Jorge Eduardo Benavides todo empieza y termina en Venecia. El escritor recorre en su recién estrenada novela, Un asunto sentimental (Alfaguara), 12 ciudades, entre ellas Madrid, Estambul, Lima o Venecia. En esta última, “uno no puede evitar caer en su embrujo”.

¿Cuántas veces se ha perdido por sus calles y canales?

El escritor Jorge Eduardo Benavides.
El escritor Jorge Eduardo Benavides.

Ocho veces. Pero es un lugar que nunca acabas de conocer.

¿Qué me dice de los venecianos?

Por la mañana, son muy madrileños y, por la tarde, más de postín. Así, para tomar un spritz o un bellini se emperifollan. Es una ciudad viva que, a pesar de su belleza extrema, nunca se convierte en una postal. Eso sí, debes recorrerla bien.

¿Nos desvela algo?

La locura veneciana consiste en salir a partir de medianoche y perderse teniendo como brújula el sonido de algún bar que abra para los vecinos. Así conoces su faceta noctámbula, como en el mítico Harry’s y sus cócteles, en la calle de Varesso, al final del Gran Canal.

¿Dónde pasa la resaca?

El bar Colleoni, con sus pasteles, es una buena opción. Si no, en Giudecca, un grupo de islas, de las 118 que forman la ciudad; desde ellas se pueden ver algunos de los mejores momentos de Venecia. Un cóctel en el Molino Stucky, un hotel en un antiguo molino, que mezcla la arquitectura industrial con el estilo neogótico, es una cura infalible.

¿Se va en góndola?

Las islas están a cinco minutos en vaporetto desde San Marcos. No suelo montar en góndola; es una atracción más. Y si lo hago, les pido que no canten. Prefiero pasear, sobre todo a principios del invierno; cuando una pequeña niebla la cubre y hace pensar en Muerte en Venecia.

¿Qué es lo más típico que hace?

Una vez estuve durante el Carnaval, pero la ciudad pierde parte de su encanto porque hay demasiada gente. En Venecia los visitantes se aglomeran en torno a tres calles, junto a los principales monumentos, pero lo mejor es salirse de esa vorágine.

¿Qué plan propondría?

Sentarse en un banco y mirar a la gente que pasa o tomar cicchetti, tapas venecianas de pescaítos del Adriático, en el mercado de pescado junto al Rialto o en cicchetterias como Al Leon d’Oro.

¿Se ha enamorado allí?

Suelo pasear por el puente de los Suspiros. Todo el mundo lo atraviesa enamorado, pero a mí no se me va de la cabeza que el último suspiro se refiere al de los condenados a muerte cuando lo cruzaban antes de enfrentarse a su pena.

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