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Madrid Fusión

Valentía con taninos

Una nueva generación de bodegas y gestores cambia el panorama bodeguero

Enofusión presenta la cara vitivinícola del gastrofestival Madrid Fusión

Tienda de vinos El sueño de Baco, en Madrid. Ampliar foto
Tienda de vinos El sueño de Baco, en Madrid.

Se busca buen terruño para elaborar un vino de alta calidad en las inmediaciones de Madrid. Un grupo de edafólogos, expertos en tipologías y condiciones del suelo, empezó a explorar los alrededores de la capital hasta que llegaron a Trujillo. “Encontraron un terreno menos pizarroso de lo que esperábamos en Extremadura”, cuenta Cristina Rojas, responsable comercial de Habla. Aunque ese descubrimiento edáfico data de 1998, Bodegas Habla no comenzó a vender vinos hasta 2007; “estábamos afinando”, aclaran desde su stand en Enofusión. La cara vitivinícola del certamen gastronómico Madrid Fusión, que celebra su tercera edición, ha atraído a una decena de bodegas y más de un centenar de denominaciones de origen a la cita. Muchas de ellas son pequeñas, pero con vinos excelentes.

Algo de coraje tuvo el grupo de edafólogos al proponer Trujillo como sede de las Bodegas Habla. “No queríamos incluirnos en ninguna denominación de origen, por lo que el suelo extremeño nos pareció perfecto. Trabajamos seis variedades de uva y realizamos ediciones limitadas”, cuenta Rojas. Las botellas están numeradas por añadas, suelen realizar dos anuales, y de cada una puede haber entre 40.000 y 70.000 botellas. El resultado son vinos excelentes como Habla número 10.

El sueño de Baco no es una bodega. Tampoco un vino. Se trata de una nueva herramienta. “Nuestro objetivo es poner en contacto a las pequeñas bodegas con el cliente final. Para ello hemos montado un centro de cata continuo”, explica Alejandro Landete, ideólogo del modelo. Abrió hace tres meses y ya tiene en sus estantes más de 250 vinos. “En la tienda (Goya, 32, Madrid) puedes realizar catas y elegir la botella que más te agrade. La ventaja para el cliente: compra al minorista y le sale barato; la bodega, a cambio, obtiene un amplio escaparate”, añade. Los productores pagan una cuota, mensual o anual, que incluye promoción y no se limita al vino, sino que incluye aceites y productos gourmet como caballa ahumada con jugo de trufa. Su idea le ha granjeado el Premio a la Innovación en MF13, el segundo galardón en su corta andadura. “Es un modelo único en el mundo. Hemos sido valientes, nos hemos arriesgado y estamos contentos”, concluye.

La calidad de Casa Mariol es evidente. La bodega, fundada en 1945 por Jose María Vaquer en Batea, La Mancha catalana, destinaba su producción de uva a otras zonas vitivinícolas. “No había proyectos originarios”, matiza Miguel Ángel Vaquer, tercera generación de bodegueros. La esencia del celler se mantiene; el lenguaje que habla cambia. Así, han actualizado el vermú (para que nadie se equivoque, un vermú es más que un Martini,). “El abuelo nos enseñó cómo hacerlo; eso no ha cambiado. Nuestro trabajo ha consistido en embotellarlo, transmitir el ritual y modernizarlo”, cuenta Vaquer. Así, han embotellado la mezcla de ajenjo en un envase de estilo contemporáneo, y han incluido la receta (naranja, sifón y hielo) y la hora recomendada para tomarlo: de 12 a 15. Actualmente distribuyen a más de 50 ciudades del mundo, como Londres o Nueva York, donde triunfa el vermú.

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