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Dulce invierno chipriota

La playa donde según la leyenda nació Afrodita, las animadas terrazas del puerto, los mosaicos y los monasterios cercanos convierten a Pafos en el epicentro del sur de la isla mediterránea

Frescos en la cueva de San Neófito, cerca de Pafos (Chipre). Ampliar foto
Frescos en la cueva de San Neófito, cerca de Pafos (Chipre).

Sin ser la capital, ni la ciudad más grande, ni la más rica, Pafos es la levadura que fermenta y da carácter a Chipre. Una isla en forma de lágrima, llamada justamente “lágrima de Afrodita”, o también “la cuna de Afrodita”. Porque la diosa griega del amor y la belleza (que los latinos rebautizaron como Venus) nació en las playas de Pafos. Y es imán principal para muchos turistas que vienen a esta “isla del amor” en luna de miel, o simplemente a disfrutar de un mosaico vivaz de paisajes y culturas, aguas cálidas y limpias, y un sol que se resiste a emigrar en invierno. Chipre, que acaba de presidir la Unión Europea, vive momentos de crisis, como todos. Pero sus inviernos poseen la dulzura que los mitos atribuyen a su voluptuosa deidad.

9.00 Dioses por los suelos

Ruinas de Kato Pafos, en Chipre. ampliar foto
Ruinas de Kato Pafos, en Chipre.

En Pafos está uno de los dos aeropuertos internacionales de la isla. Es ciudad chica (80.000 habitantes), pero es el foco que galvaniza el extremo occidental de Chipre, todo él amparado (no sin cierto oportunismo) por la sombra de Afrodita. Así que lo mejor es ir directamente al grano: a Kato Pafos (1). La ciudad grecorromana que se extiende por una península a poniente de la ciudad moderna, y que exige su dosis de tiempo. Porque hay casas que vale la pena fisgar; por lo único que de ellas queda en pie: los suelos. Todos, o casi, cubiertos de mosaicos, que le han valido a Pafos el título de patrimonio universal. Por allí anda derramada toda la mitología griega, dioses y héroes, ciudadanos y campesinos entregados a sus oficios, animales, grecas, cenefas... Algunos edificios están protegidos por una cubierta, otros permanecen al raso, otros, sin excavar. El recinto arqueológico incluye un odeón romano, una basílica paleocristiana, la fortaleza Saranta Kolones del tiempo de los Cruzados y las llamadas Tumbas de los Reyes (más bien, altos oficiales), subterráneas, del siglo III antes de Cristo. Al salir del parque se topa uno con un castillo de origen veneciano (luego apañado por los otomanos) que moja sus pies en el agua y preside el skyline del puerto; se puede visitar solo en parte, por su mal estado.

12.00 El monje huraño

Tiempo habrá de volver al puerto, pero es mejor apurar la mañana acercándonos a un barrio de ricos llamado Tala (se llenó de kuwaitíes cuando Saddam Hussein invadió su país). Allí, entre colinas perfumadas por pinos y abedules, se alza el monasterio de San Neófito (2). Un paisano del siglo XII que, en su noche de bodas, escapó del tálamo nupcial para refugiarse en una cueva y llevar vida de ermitaño. Pronto se le unieron otros ascetas, así que él se mudó a otra oquedad más alta del acantilado; recibía comida por un agujero, mediante una soga. Alcanzó fama de santo, y él mismo debía de estar convencido de ello, pues se hizo pintar aureolado como tal y transportado por los ángeles, en los frescos que decoran su gruta. A su muerte, se construyó abajo una iglesia bizantina, en la que está enterrado, es un decir: su cuerpo se venera en un cofre, y su cráneo, en un relicario. Con el tiempo fue creciendo un monasterio enorme; pero ahora solo quedan nueve monjes y noventa gatos. También hay un pequeño museo sacro. Vienen muchos autocares de turistas, por lo cerca que está, por el interés de las pinturas y porque la montaña de Tróodos (3) está a solo un paso: en ella se esconden otros monasterios, nueve de los cuales son patrimonio de la Unesco.

Mapa de Pafos (Chipre) ampliar foto
Mapa de Pafos (Chipre)

14.00 Los placeres de la carne

Es hora de volver al centro y atender al estómago; el mejor sitio para ello es el puerto y su paseo marítimo (4). Allí se alinean tabernas y terrazas que exhiben, en mostradores a pie de acera, pescados y mariscos tentadores. Normal, estamos en un puerto. Pero hay que advertir de que los chipriotas, en general, son más de carne que de pescado. La razón parece paradójica: las aguas ribereñas son tan limpias porque carecen del plancton necesario para los peces. Así que el plato fuerte suele ser carne. Eso sí, de entrada es obligada la costumbre del mezzé (tapas, o mejor, raciones): haloumi (queso a la plancha), moussaka (lasaña de berenjena), ensalada de yogur y menta, pulpo, calamares, pescadito frito, souvlakia (pinchos morunos)... Un buen sitio para comer es St. Georges Tavern (5) (Yeroskipos), donde el chef George Dimitriadis ofrece cocina mediterránea; también son de fiar la Taverna Fettas (6) (33 Ioanni Agroti) o Apothiki G (81 Eleftherias Avenue).

16.00 Nacimiento de Venus

Puerto de Pafos, al sur de Chipre. ampliar foto
Puerto de Pafos, al sur de Chipre.

A unos veinte kilómetros de Pafos hay una playa de guijarros pulidos como gemas y grandes como puños; la llaman Petra tou Romiou H, por las grandes rocas desmigadas por el agua. Allí exactamente nació Afrodita. Según cuenta Hesiodo, Cronos (Tiempo), hijo del Cielo y de la Tierra, rebanó los genitales a su padre y los arrojó al mar en este punto; de las volutas botticellianas del esperma-espuma nació la diosa del amor. La playa está concurrida sobre todo por parejas, que graban corazones e iniciales en la roca. Dicen que estas olas hacen fértiles a las hembras. A muy poca distancia se encuentra el templo de Apolo. El dios del arte y la belleza es, en cierto modo, el reverso masculino de Afrodita. A una legua escasa se recuesta en una ladera, frente al mar, el teatro de Kourion (9), que parece recién estrenado. Allí se celebran veladas veraniegas (y hubo algunos fastos en la pasada presidencia de la UE). Junto a lo alto del graderío, un vanguardista armazón protege la llamada Casa de Efstolios; un próspero ciudadano del siglo IV, cristiano cuando serlo todavía era ilegal, así que dejó pistas de su fe en rincones discretos de los mosaicos que cubren los suelos.

18.00 Unos baños divinos

De vuelta a Pafos, y casi a la misma distancia de Kourion, pero en dirección norte, se llega a la península de Ákamas (10), con el municipio de Polis (11) y la marina de Lakki. Buena playa y poco que ver, excepto una colina que es objeto de nutrido peregrinaje: hay allí una poza que llaman “los baños de Afrodita” (12); para rematar la cursilada, a una fuente cercana la llaman “fontana del amor”. Eso, las ruinas de un castillo y cien capillas, y una parada de burros-taxi, son reclamos bien explotados. Pero el mayor atractivo tal vez sean los restaurantes y terrazas del paseo marítimo (recién enladrillado), las mansiones de ricos y un resort de famosos, el Anassa (13) (Lakki), donde suelen parar Elton John o Diana Ross. Si se quiere mayor bullicio, habrá que regresar a la noche de Pafos, que en buena medida se cuece en los salones de sus hoteles. Como los de los hermanos Constantinou Bros (14) (Poseidonos Avenue): cuatro establecimientos comunicados por jardines, piscinas y la playa, con todo tipo de lujos. Ah, celebran bodas civiles muy vistosas a orillas del mar casi a diario.

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