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Balnearios

Baños aztecas y cinco kilómetros de tobogán

Caldea, en Andorra, propone una inmersión en aguas cicatrizantes y descongestionantes

Escenario indo-romano del balneario de Caldea, en Andorra, donde el agua termal está a 36 grados. Ampliar foto
Escenario indo-romano del balneario de Caldea, en Andorra, donde el agua termal está a 36 grados.

No es que Caldea rivalice con la nieve de las pistas de esquí, sino que complementa perfectamente este deporte, o esta actividad, y desde hace años ya viene siendo una costumbre que, a partir de las cinco de la tarde, los jacuzzis se llenen de esquiadores que vienen a sumergir a 34 grados los músculos doloridos de su esfuerzo.

O sea, que después de los quebradizos eslálones, lo mejor es la inmersión voluptuosa en estas aguas cicatrizantes y descongestionantes, ricas en sodio, azufre y otros minerales convenientes.

Recinto de cristal

“Caldea no es un balneario”, es lo primero que te explican en la recepción, “sino un centro de termoludismo”, concepto nuevo que aleja las aguas de su aspecto más terapéutico y doliente para acercarlas a términos como placer, relajación, ocio y bienestar.

Básicamente, Caldea tiene la forma de una enorme catedral gótica de cristal en el término de Escaldes, junto a la capital del principado de Andorra, Andorra la Vieja, que encierra una superficie de 36.000 metros cuadrados. Su fisonomía forma parte ya de la línea de cielo de Andorra.

Hay dos espacios: el termolúdico y el wellness. El primero es más generalista: la gran laguna interior saturada con tazas de hidromasaje de diversos tamaños, cascadas, máscaras de agua vaporizada, camas de burbujas, géiseres... y con salida al exterior para seguir en la gloria mientras contemplas el paisaje andorrano, por supuesto muchas veces nevado. Esta sensación de notar cómo el agua cálida te acaricia el cuerpo, mientras el aire helado de la nieve te vigoriza el rostro es única. Baños islandeses, con pediluvios calientes y fríos para tonificar las articulaciones, saunas a 85 grados, hammam húmedo o relajación bajo infrarrojos completan esta zona.

Masajes del mundo

El espacio wellness es más privativo y caro. Baños de pomelos, aztecas, zen y camas de agua en una balconada desde la que se domina todo el emporio y con un interesante servicio gratuito de chanclas, albornoces, periódicos y zumos.

Uno a Caldea puede ir como si se dirigiera a un parque acuático, a pasar un día divertido, o bien tomárselo más en serio y entrar en los programas personalizados con más de ochenta tratamientos distintos, entre ellos los Masajes del Mundo: orientales, flores de Bach, tailandeses, ayurvédicos, Doji... Puede iniciar una terapia de rejuvenecimiento facial o hacerse un peeling o exfoliación al cacao. Pero tampoco hay que sofisticarse tanto: simplemente un buen masaje bajo surtidores de agua y aire, y con el aceite hidratante de la casa, puede ser el paraíso. Los jóvenes tienen su opción: hay unos masajes especiales para quienes tienen entre 5 y 16 años.

Caldea ofrece restaurante para bañistas con menú muy digno a 12 euros, bar panorámico en la cúspide de cristal, tienda, galería comercial y parking. Los usuarios de las dos últimas horas, en la anochecida, contemplan Mondaigua, un vistoso espectáculo multimedia creado por la compañía Comediants para el establecimiento.

¿Los precios? La entrada general de adulto son 34,50 euros. Hay descuentos para niños, familias, abonos y horas nocturnas. Al precio básico hay que añadir, naturalmente, los tratamientos y masajes especiales.

Hoteles con ‘spa’

Uno de los servicios que ofrece Caldea es entrada+hotel, con precios que pueden ir desde 57 a 85 euros por persona y día. La cadena de hoteles Plaza es una de las que trabaja con el centro termal. Curiosamente, los Plaza también han instalado zonas spa y de relajación en sus hoteles. Si usted se mueve con prole infantil es recomendable el Crowne (Prat de la Creu, 88; 376 87 44 44) por las enormes habitaciones triples que ofrece, pero sobre todo por el relajante doble colchón que propone y que convierte los agitados sueños de los niños en apacibles nirvanas órficos. Otros Plaza más estándar y céntricos son el Carlton (Avenida Meritxell, 23-25; 376 87 29 99) y el Andorra (María Plá, 19-21; 376 87 94 44).

Más hoteles con zona de relax: President (Santa Coloma, 42-44; 376 87 62 01); Andorra Park (Les Canals, 24; 376 87 77 77); Magic Andorra (Doctor Mitjavila, 3-9; 376 87 69 00) y Acta Arthotel (Prat de la Creu, 15-25; 376 76 03 03).

En las estribaciones de La Cortinada se encuentra el Mu (376 74 90 20) y en el acceso a las pistas de Granvalira desde Canillo el Ski Plaza (376 73 94 44).

Los valles del norte

La oferta de nieve de Andorra ha estado tradicionalmente vinculada a la estación de Grandvalira (376 89 18 18), con sus 205 kilómetros de pistas. Pero los valles del norte, con sus funiculares espectaculares, han crecido en aceptación, sobre todo entre el público catalán. En la parroquia de La Massana se encuentran la estación de Vallnord (376 87 80 00) y el techo de Andorra, el pico de Comapedrosa, con sus 2.942 metros.

Montaña abajo

Lo último en diversión andorrana se llama Naturlandia, un parque temático a casi 2.000 metros de altura, en el municipio de St. Julià de Lòria, nada más entrar desde España. Naturlandia posee ni más ni menos que el Tobotronc, un larguísimo tobogán de naturaleza con 5,3 kilómetros de recorrido entre los árboles. Algo fantástico y fascinante. Una montaña rusa que te sube lentamente hasta las cumbres para después lanzarte montaña abajo entre los troncos de los abetos y las madrigueras de los jabalíes a una velocidad nada despreciable. Cada cochecito de dos plazas dispone de palancas de freno para los propensos al pánico. Más historias que ofrece Naturlandia: tiro con arco, mountain bike, ponis, vehículos oruga, esquí de fondo, quads, motos de nieve, patinaje, senderismo... Así, y después de un buen baño termal, peques y mayores suben a las habitaciones soñando con ovejitas ya desde el ascensor.

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