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Informe Especial: Nueva York

Seis planes gratis (o casi)

Uno de los secretos mejor guardados de la ciudad: hay vida más allá de la tarjeta de crédito

Instalación de Tomás Saraceno en la azotea del Metropolitan. Ver fotogalería
Instalación de Tomás Saraceno en la azotea del Metropolitan.

Para qué negarlo: los grupos multitudinarios de turistas europeos que hasta hace dos años aún recorrían el barrio del Soho a golpe de euro gastando a destajo son una especie en vías de extinción. Pero, pese a los tópicos consumistas popularizados por series como Sexo en Nueva York, existe vida en la ciudad más allá de la que predicaba la reina del zapato y la tarjeta de crédito Carrie Bradshaw. Aquí conviven ocho millones de personas. Unas 600.000 tienen más de un millón de dólares en sus cuentas bancarias pero también hay casi dos millones de personas que mantienen una familia de cuatro con menos de 13.000 euros al año. Por eso, pese a lo fácil que puede resultar quemar dólares en la ciudad de los rascacielos, uno de los secretos mejor guardados de Nueva York es que también existe la posibilidad de disfrutar de la ciudad gratis, o casi. Aquí, unas cuantas opciones.

01 De museos

Instalación de James Turrell en el PS1 de Queens. ampliar foto
Instalación de James Turrell en el PS1 de Queens.

Algo que muchos turistas no saben es que ese inmenso y espectacular templo de la historia del arte llamado Metropolitan Museum (www.metmuseum.org) es de acceso gratuito. En la entrada hay grandes carteles que invitan a pagar 20 dólares, pero se trata solo de una sugerencia. Nadie está obligado a pagar esa suma. Incluso 25 centavos bastan para recorrer sin prisas una de las instituciones culturales más espectaculares. Además, su terraza tiene bar y espectaculares vistas a Central Park. No es necesario consumir.

Los museos tienen una tarde a la semana de acceso gratuito o con sistema para pagar lo que se quiera. Y ya que las entradas no son baratas —entre 10 y 16 euros—, conviene adaptarse. Los jueves de 18.00 a 21.00 pertenecen al New Museum y al Museo de Arte y Diseño. Los viernes hay que repartirse entre el MOMA (de 16.00 a 20.00), el Whitney Museum (de 18.00 a 21.00), el International Center of Photography (ICP; de 17.00 a 20.00) y el Museum of Moving Image (de 16.00 a 20.00). Los sábados es el turno del Guggenheim (de 17.45 a 19.45), y los domingos de 11.00 a 13.00 se puede visitar la extraordinaria colección de la Frick Collection).

Y por supuesto, los centenares de galerías de arte también tienen entrada libre. Y a sus inauguraciones no hace falta estar invitado, basta con saber cuándo son, dejándose guiar, por ejemplo, por una página imprescindible como www.nyartbeat.com.

02 ‘Ferry’ a Staten Island

Al llegar a Battery Park, el turista sufre el acoso de quienes venden idílicos viajes en barco a la Estatua de la Libertad o al Museo del Inmigrante en la isla de Ellis por un mínimo de 20 dólares (unos 15,50 euros). Para quienes solo deseen disfrutar de las vistas de ese inmejorable horizonte que ofrece Manhattan en el siglo XXI, basta con subirse al ferry que lleva hasta Staten Island. Si se evitan las horas punta, la media hora de ida y la media de vuelta no tienen precio. Son gratis. Y el barco bordea la Estatua de la Libertad, así que la foto está asegurada.

03 Música en movimiento

Una vieja barcaza amarrada bajo el puente de Brooklyn y con vistas incomparables a Manhattan sirve desde 1977 como sala de conciertos de música de cámara (Bargemusic in motion). Los precios y horarios varían, pero todos los sábados a las 15.00 se ofrece un concierto gratuito y en movimiento. No es posible saber de antemano el programa y tampoco se puede reservar. Hay que ir y hacer cola, como todo neoyorquino. Pero el viaje de una hora por la bahía amenizado por la música merece la pena.

04 Parques con teatro y wifi

Zona de parque recién remodelada del Dumbo, en Brooklyn, con vistas a Manhattan. ampliar foto
Zona de parque recién remodelada del Dumbo, en Brooklyn, con vistas a Manhattan.

En verano es posible disfrutar de cine, música, teatro y danza gratuitos casi a diario en los parques de la ciudad. Conviene consultar programación y horarios en www.bryantpark.org, www.brooklynbridgepark.org y www.centralpark.com. Además se puede remar gratis en kayak por el río Hudson (www.downtownboathouse). En primavera, en esos mismos parques suele haber clases gratuitas de yoga, esgrima o malabares, al mediodía o al atardecer.

Todos aquellos que necesiten desesperadamente su dosis diaria de vida digital pueden conseguirla gratis también en los parques públicos. Por lo general basta con conectarse a la red abierta de AT&T, pero, por si acaso, aquí está el listado de parques con wifi y las instrucciones.

05 Comer y beber

Instalación en las ventanas del High Line para que los transeúntes no vean el interior de la vivienda. ampliar foto
Instalación en las ventanas del High Line para que los transeúntes no vean el interior de la vivienda.

El agua de Nueva York es excelente y en todos sus parques hay fuentes en las que rellenar una botella. Y para comer bien a precio de saldo ya no hace falta pasar por el aro y engullir uno de esos infames perritos calientes callejeros a un dólar. Y tampoco es necesario ceder a la tentación de una de esas célebres slices (pedazos) de pizza grasienta a 2,50 dólares. Desde que la gastronomía se convirtió en sinónimo de cool en Nueva York también se han popularizado los camiones de tacos, arroces y platos vegetarianos. Los mejores se encuentran bajo la High Line, a la altura de la calle 30. Pero los hay por toda la ciudad. La mejor manera de encontrarlos es consultando estas dos webs: http://newyorkstreetfood.com y http://ediblecity.com. Comer por menos de cuatro euros es posible.

06 Para ratas de biblioteca

Una de las maravillas de la ciudad es la New York Public Library. En ella hay múltiples tesoros de la cultura estadounidense e internacional, además de exposiciones temporales y un escenario único para disfrutar de la lectura. Hay tours guiados gratuitos diariamente a las 11.00 y 14.00 (excepto en domingo). Y por cierto, puede presumir de tener unos baños públicos limpísimos, ubicados en una caseta en Bryant Park, residencia de esta biblioteca.

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