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No se pierda este destino de masas

De los templos de Angkor, en Camboya, a las pirámides de Egipto

Una multitud de turistas antes las pirámides de Giza, en Egipto. Ver fotogalería
Una multitud de turistas antes las pirámides de Giza, en Egipto.

Son los lugares más visitados del planeta, están siempre abarrotados de turistas, pero nadie debería perdérselos. Son imprescindibles y por cada uno ellos merece la pena hacer el turista: sufrir colas interminables, avanzar entre empujones o pagar entradas abusivas. Cada viajero tiene su propia lista de rincones indispensables en el mundo, pero estos son, probablemente, algunos de los más incuestionables entre ellos. ¿O no?

4000 años de historia, 2000 de turismo

Pirámides de Egipto

Aunque el turismo en Egipto no pase por su mejor momento, las pirámides apenas conocen lo que significa “temporada baja”. Están entre los monumentos más visitados del mundo y también entre los más antiguos reclamos turísticos. Fueron visitadas por turistas clásicos como Marco Antonio o Napoleón, que puso definitivamente de moda en Europa la egiptomanía. Desde entonces, millones de turistas han pasado por estas pirámides ancladas en el desierto que rodea a El Cairo. Conviene armarse de paciencia para esquivar a los vendedores ambulantes si se quiere disfrutar en paz de las pirámides, pero ningún viaje a Egipto es genuino si no se visita Giza.

La Gran Pirámide, la de Keops, fue construida alrededor del año 2560 a.C. y empequeñece las dos pirámides que la acompañan en la meseta de Giza. Este gigantesco monumento funerario es el único superviviente de las Siete Maravillas del mundo, que continúa recortándose contra el cielo norteafricano. Por cierto, “pirámide” proviene de una palabra griega que significa “pastel de trigo”; al parecer al faraón le gustaban los postres puntiagudos.

El Mena House Oberoi (www.oberoimenahouse.com) queda cerca de las pirámides y desde sus jardines se pueden contemplar. Una habitación con vistas cuesta unos 240 dólares.

Todos somos Indiana Jones

Angkor Wat, Camboya

Un monje budista en los tempos de Angkor Wat, Camboya. ampliar foto
Un monje budista en los tempos de Angkor Wat, Camboya.

Hasta hace relativamente poco, los tempos de Angkor Wat permanecían sepultados bajo la selva camboyana, prácticamente desconocidos. Hoy los turistas abarrotan los diferentes recintos sagrados e incluso las calles de la cercana ciudad de Siem Reap, el paraíso del mochilero universal, que podría ser un Benidorm de la zona, con sus ruidosos bares, sus tiendas de masajes y sus calles llenas de reclamos turísticos. Pero todo esto es un peaje que se paga a gusto para disfrutar de los maravillosos templos de estos recintos sagrados, construidos en piedra arenisca entre los siglos IX y XIII para satisfacer el ego de los llamados devaraja jemeres (reyes dioses). Se trata de una de las mayores estructuras religiosas del mundo, los templos de Angkor Wat son muchos, y habrá que seleccionar sólo algunos si no queremos dedicar toda nuestra vida a ello.

La buena noticia es que, al escoger, casi todos los turistas se quedan en los más llamativos y más cercanos a Siem Reap: Angkor Wat, Angkor Thom, Bayón o Banteay Srei. En la guía Lonely Planet de Camboya se incluye un apartado para esquivar las multitudes, con consejos prácticos para ver los templos más populares con un poco de tranquilidad o escaparse a otros templos más distantes y misteriosos como Beng Mealea, casi devorado por la selva, a unos 68 kilómetros de Sian Reap: toda un experiencia que te hace recordar las mejores escenas de El Libro de la Selva (versión Disney). Hay centenares de templos que siguen casi ocultos en la espesura de la jungla, que los cubrió cuando el lugar fue abandonado en el siglo XIV.

Se recomienda ver el templo principal a primera hora de la tarde; se puede huir de las aglomeraciones yendo en mototaxi hasta las recién abiertas ruinas de Banteay Srei. Otra experiencia estupenda es alquilar una bicicleta y visitarlos por libre.

Sorteando a los turistas en la Ciudad Vieja

Praga, República Checa

Puente de Carlos, en Praga. ampliar foto
Puente de Carlos, en Praga.

Incluso los turistas más convencionales se quejan de lo abarrotado que está el centro de Praga, pero merece la pena conocer el Staré Mësto (Ciudad Vieja), pasear por sus estrechas calles aunque tengamos que ir evitando a la multitud (sobre todo cuando llueve y la gente embiste con sus paraguas), o sufrir los precios abusivos de los bares y restaurantes situados en los alrededores de la plaza. Todo se ve recompensado al contemplar el magnífico barroco de la iglesia de Tyn, el esplendor modernista del ayuntamiento y la imponente masa del castillo, al otro lado del río Vltava (Moldava).

La Plaza de la Ciudad Vieja es uno de los espacios urbanos más grandes y bonitos de Europa, pero también de los más concurridos por hordas de turistas. A pesar de todo, el espectáculo merece la pena. Aquí se celebran mítines, actuaciones de jazz o de música clásica, desfiles de moda, los mercados de Navidad y Semana Santa... y todo ello entre terrazas repletas de gente y guías abriéndose paso con sus grupos de turistas a golpe de paraguas. Otro de los lugares más concurridos es el famoso Puente Carlos, donde el gentío transita entre artistas y comerciantes. Por las noches, el puente respira un poco y se convierte en un testigo silencioso de los tiempos medievales. Una de sus torres, la que se apoya en la Ciudad Vieja, está considerada como una de las construcciones góticas más impresionantes del mundo.

Hay circuitos a pie de cuatro horas para conocer los secretos de la Ciudad Vieja, todos los días de 11.00 a 14.00 horas.

Cuando lo provisional se hace eterno

La Torre Eiffel, París

La Torre Eiffel, en París. ampliar foto
La Torre Eiffel, en París.

Es el gran símbolo del turismo francés (y europeo) aunque estuvo a punto de no serlo: fue pensado como un monumento efímero que serviría de entrada a la Exposición de París y que sólo se conservaría durante dos décadas. Pero los urbanistas proponen y los turistas disponen: su hermosa forma y su originalidad cautivaron al mundo y se ha mantenido en pie, a pesar de los intentos de demolerla por los alienígenas (Mars Attacks) y otras amenazas. También influyó la decisión del ejército de instalar sobre ella una antena de telecomunicaciones.

La torre se puede experimentar de muchas formas, desde una ascensión al anochecer, entre las luces, hasta una comida en uno de sus dos restaurantes. Hoy los tres niveles están abiertos al público (el acceso al primer nivel está incluido en todas las entradas), aunque el nivel superior se cierra si hay viento.

A la Torre Eiffel hay que incluirla en la lista de lugares indispensables: seis millones de personas al año no pueden estar equivocadas. Los fans de las grandes cifras calculan que desde su inauguración ha recibido más de 236 millones de visitantes y que, a este ritmo, se alcanzarán los 300 millones hacia 2017. Probablemente, todos nosotros estaremos en estas cifras, porque ¿quién va a París y no se acerca a la Torre?

El horaro de visitas de julio a septiembre es de 9.00 h a 00.45; si se va a primera o a última hora, se evitan las aglomeraciones. Se recomienda el sistema de reservas a través de internet (www.tour-eiffel.fr) que permite comprar las entradas con antelación, evitando así las colas monumentales de las taquillas. Para usar este servicio hay que imprimir las entradas o tenerlas en la pantalla de un ‘smartphone’ legible para el escáner de la entrada.

La belleza tiene un precio

Florencia, Italia

La copia del David en la Piazza della Signoria, Florencia. ampliar foto
La copia del David en la Piazza della Signoria, Florencia.

Hay pocos lugares del mundo que pongan tan a prueba la resistencia de los verdaderos viajeros como Florencia. En la capital de la Toscana se oye un zumbido constante (son las cámaras digitales) y los puestos para turistas están por todas partes. La gente se extasia ante la mirada del David (la copia) en la Piazza della Signoria, o abarrota las entradas de la Galería degli Ufficci, del Duomo, la Piazza o de las helaterías más famosas. Pero todo se olvida fácilmente ante la belleza clásica, casi insuperable, de la ciudad, la gran joya del Renacimiento italiano. Se puede admirar el David de Miguel Ángel en la Galería de la Academia, la espléndida fachada del Duomo construido por Filippo Brunelleschi, el paisaje escultural de los jardines de Boboli o sentarse en un café y maravillarse ante las bellezas paseantes. Terminaremos cansados de los adjetivos idílico y magnífico con los que nos obsequian los folletos y los guías turísticos, aunque su uso aquí está realmente justificado.

En invierno hay muchos menos turistas (y es más barata); muchos restaurantes y atracciones cierran los domingos y lunes. Para los que quieran evitar las grandes aglomeraciones, hay joyas menos frecuentadas, como la Cappella Brancacci (reserva anticipada), la Cappella dei Magi, en el Palazzo Medici-Ricardi, y el Museo del Bargello. Otra opción es escaparse a Fiésole, a nueve kilómetros al noreste de Florencia, a sus maravillosas villas renacentistas y disfrutar de las vistas sobre la llanura. Antes que nosotros lo hicieron otros turistas como Marcel Proust, Boccaccio, Gertrude Stein o Frank Lloyd Wright, entre otros.

Atasco en el desierto

Gran Cañón, Estados Unidos

Ruta senderista por borde del Gran Cañón, en Arizona (Estados Unidos). ampliar foto
Ruta senderista por borde del Gran Cañón, en Arizona (Estados Unidos).

En medio del desierto de Arizona, donde uno menos se esperaría un atasco, los viajeros se pueden encontrar con una de las grandes aglomeraciones de turistas del mundo: es el Gran Cañón del Colorado. Un impresionante agujero, un canal de 446 kilómetros de largo horadado por el río Colorado. Su parte más ancha tiene 29 kilómetros y la más profunda 1500 metros de desnivel. Este enorme vacío se observa mejor desde el borde sur o bajando hasta el mismo lecho del cañón (los menos deportistas pueden hacerlo en mula).

En realidad, el Gran Cañón lo hemos visto todos, o casi todos, en el cine, así que uno puede preguntarse ¿merece de verdad tanto bombo? La respuesta es sí: es inmenso, impresionante, un fenómeno natural incomparable. Asomarse a su borde es como encontrarse ante el gran misterio de la tierra: tardó seis millones de años en formarse y alguna de las rocas de sus muros tienen 2000 millones de años de antigüedad.

Los dos bordes o riberas del Gran Cañón son exeriencias muy distintas: les separan más de 320 kilómetros por carretera y rara vez se visitan ambas orillas en un solo viaje. La mayoría opta por el borde sur debido a su fácil acceso, a la oferta de servicios y a sus impresionantes vistas. El borde norte solo es visitado por el 10% de los viajeros que van al borde sur. Además, las temperaturas en el sur son más frescas y cuenta con praderas de flores silvestres, álamos temblones y píceas. www.nps.gov/grca

Doctor Livingstone, supongo

Cataratas Victoria, Zimbabue / Zambia

Frente a las cataratas Victoria, frontera natural entre Zambia y Zimbabue. ampliar foto
Frente a las cataratas Victoria, frontera natural entre Zambia y Zimbabue.

En las Cataratas Victoria, frontera natural entre Zimbabue y Zambia, hay más turistas de los que a uno le gustaría encontrarse al alcanzar, por fin, uno de los mitos de los grandes viajeros del siglo XIX. Pero no hay que desilusionarse: contemplar esta enorme cortina de agua sigue siendo una de las experiencias más impresionantes que se pueden tener en África. El lugar merece por sí mismo el viaje y también las multitudes: es el salto de son las cataratas más grandes del mundo por tamaño (aunque no son ni las más altas ni las más anchas). Lo que resulta realmente estremecedor es el muro de agua que forma el poderoso Zambeze en un tramo de 1,7 kilómetros de anchura, al caer por la grieta de una meseta de basalto para ser devorado por un estrecho barranco. En 1855 el explorador David Livingstone las bautizó con el nombre de su reina, Victoria, pero en realidad se llaman Mosi-ou-Tunya (humo que retumba). La caída, de 108 metros de desnivel, se contempla mucho mejor en la estación húmeda.

La forma inusual de las cataratas Victoria permite contemplarlas enteramente desde tan solo 60 metros de distancia, ya que el río Zambeze cae a una profunda y estrecha sima conectada con una serie de gargantas, formándose pequeñas cataratas que permiten la aproximación a pie. Otro de los grandes atractivos del lugar es estar en una de las zonas de mayor diversidad de fauna del planeta.

Las cataratas son compartidas por Zambia y Zimbabue y cada país tiene su propio parque nacional para protegerlas y su propio centro de recepción y acceso para turistas: en Zambia la entrada se encuentra en la ciudad de Livingstone y el Parque Nacional Mosi-oa-Tunya; en Zimbabue, la ciudad de Victoria Falls y el Parque Nacional Victoria Falls.

El lado en Zimbabue es más barato, seguro y menos concurrido; a Victoria Falls Town hay que llevar dólares estadounidenses. Un puente decimonónico, estilo Eiffel, une los dos países. Se puede pasar andando pagando el paso. Hay muchos taxis dispuestos a pasar a los turistas de uno a otro lado de la frontera. Las aduanas están en las entradas y en medio se practican actividades de puenting.

Imprescindible para almas románticas

Taj Mahal, India

Mujeres cubiertas con saris ante el Taj Mahal, en Agra (India). ampliar foto
Mujeres cubiertas con saris ante el Taj Mahal, en Agra (India).

La leyenda romántica que envuelve la construcción del mausoleo del Taj Mahal es una de las razones principales de que los turistas acudan por millones hasta este pabellón abovedado y rodeado de minaretes, en las afueras de Agra. El emperador mogol Sha Jahan acabó su construcción en 1653 para glorificar la belleza de su esposa favorita, cuando esta falleció alumbrando a su 14º hijo; y lo hizo tirando la casa por la ventana: todo la edificación es de mármol blanco, con cámaras enjoyadas, califrafía tallada en sus paredes… un sueño en el que trabajaron 20.000 personas durante 22 años. Desde entonces no ha dejado de recibir halagos, desde Rabindranath Tagore, que lo describió como “una lágrima en el rostro de la eternidad”, hasta Rudyard Kipling, que lo consideraba “la encarnación de todas las cosas puras”. Se puede juzgar por uno mismo. La verdad es que su aspecto es tan inmaculado hoy como cuando se construyó, aunque fue restaurado a conciencia a inicios del siglo XX.

Para unas inolvidables vistas del Taj Mahal hay que cenar con luna llena en el hotel Taj Khema, a 200 metros de la puerta Este. Otra vista fantástica es la que se tiene desde el fuerte de Agra, concretamente desde la torre donde Sha Yahan estuvo cautivo los últimos ocho años de su vida. Los dos mejores momentos para visitar el monumento son al amanecer, contemplando cómo el sol naciente ilumina el mármol blanco, y al atardecer, para admirar la romántica vista.

Muchedumbres en las alturas de los Andes

Machu Picchu, Perú

Turistas en Machu Picchu, Perú, con el pico Huayna Picchu al fondo. ampliar foto
Turistas en Machu Picchu, Perú, con el pico Huayna Picchu al fondo.

Costó muchos siglos encontrar los restos de la fabulosa ciudad inca de Machu Picchu, pero una vez descubiertos, los turistas no tardaron en llegar y hoy lo hacen por miles. Esta mítica ciudadela construida a mediados del siglo XV y abandonada un siglo después, al llegar los conquistadores españoles, fue redescubierta en 1911 por el arqueólogo norteamericano Hiram Bingham. Las autoridades turísticas de Perú todavía siguen agradeciéndoselo. Tanto las ruinas como el Camino del Inca, que las conecta con Cuzco, estuvieron invadidas por turistas y sepultadas por basura hasta que hace unos años se instalaron aseos y se limitó el número de visitantes a 2.500 diarios. Desde julio de 2007 Machu Picchu está considerada una de las siete nuevas maravillas del mundo.

Pese a los turistas, es uno de esos lugares que, si no se visitan, no se pueden creer. El entorno, entre picos cubiertos por un manto de bosques brumosos, compite con las propias ruinas: una maravilla de la ingeniería que ha resistido terremotos e inclemencias durante 600 años. Recomendamos especialmente la ascensión al cerro Huayna Picchu. Son dos horas de marcha hasta la cima desde la que se puede disfrutar de las mejores vistas de la Ciudad Perdida de los incas: se contempla el Camino del Inca hasta Wiñay Wayna y Phuyupatamarka, el fondo del valle, las impresionantes terrazas cerca del kilómetro 104 y todo el yacimiento de Machu Picchu al completo. Esta caminata es más espectacular que la del Wayna Picchu y menos transitada.

Las visitas particulares están prohibidas. Las excursiones organizadas han de reservarse con 30 días de antelación y pagar una entrada de 50 dólares. Se recomienda planificar la visita a primera o a última hora del día para evitar las aglomeraciones. Mejor si se escoge primera hora de un día laborable de la época de lluvias, cuando menos gente hay.

Invasión en el monte sagrado

Uluru, Australia

El Uluru (Ayers Rock), en Australia, recibe 400.000 visitantes cada año. ampliar foto
El Uluru (Ayers Rock), en Australia, recibe 400.000 visitantes cada año.

El turismo masivo se ha extendido por todo el planeta, incluyendo la remota Australia y su corazón más inaccesible. El lugar más visitado de la isla-continente es, probablemente, el enorme y monolítico Uluru (o Ayers Rock), enclavado en el remoto outback australiano; recibe a unos 400.000 visitantes al año.

No importa cuantas veces se haya visto en postales. El visitante nunca estará preparado para el momento en que la grandiosa roca pulida aparece en el horizonte. Tiene 348 metros de altura, pero, como ocurre con los icebergs, se supone que hasta las dos terceras partes de la roca están enterradas. Este enigmático lugar, ligado a la tradición aborigen, atrae a cientos de miles de visitantes que al amanecer y al atardecer llegan para observar cómo su superficie cambia mágicamente de color. También hay muchos que se dedican a escalar este coloso de piedra arenisca, a pesar de que sus guardianes, el pueblo anangu, piden a los visitantes que solo pisen el camino, por respeto a las creencias espirituales aborígenes. La decisión la toma el turista. Antes de decidirse, vale la pena visitar el Cultural Centre y quizá apuntarse a un circuito con los anangu. Quizá así se cambie de opinión. Una forma más respetuosa de explorar este enigmático lugar es hacer el Base Walk, un sendero de 9,5 kilómetros menos frecuentado.

La puesta de sol es una visión impresionante, pero puede resultar difícil huir de la multitud y de sus cámaras para contemplarla. Los guías aconsejan acudir al atardecer en lugar de al amanecer (cuando más gente va), para disfrutar de la silueta de Uluru y Kata Tjuta, en un mismo plano y mucho más solitarios. Si llegamos a tiempo al extremo de Mala Walk se puede contemplar la impresionante puesta de sol sobre las paredes de la roca.

Hay paseos en helicóptero de 15 minutos que sobrevuelan Uluru. Cuestan unos 120 dólares australianos por persona (www.uluru.com). El único alojamiento es el Ayers Rock Resort en el poblado Yulara, a 20 kilómetros de ‘la Roca’, donde se paga un alto precio por el privilegio que supone.

Una lista personal de ‘imprescindibles’

Cada viajero ha confeccionado, probablemente, su propia lista de rincones del mundo que, a pesar de soportar aglomeraciones y de tener que hacer de turista, ha merecido la pena visitar. Y, seguramente, entre esos transitados lugares figuran los canales de Venecia, la Muralla China, las ruinas de Petra, en Jordania, la Alhambra, las cataratas de Iguazú y del Niagara, las pirámides de Chichen Itzá, en México, o la Acrópolis de Atenas. Los musulmanes posiblemente incluyan La Meca (Arabia Saudí), puesto que no en vano, millones de personas emprenden cada año la peregrinación santa (haj) para vivir cuatro cuatro días de profundo sentimiento. Las fechas del haj varían cada año: en 2012 será del 24 al 27 de octubre, y en 2013 del 13 al 16 del mismo mes.

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