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TROTAMUNDOS

979 metros de cascada

La naturaleza del parque nacional de Canaima (Venezuela), declarado patrimonio mundial en 1994, impactó al director de cine Juanma Bajo Ulloa

La naturaleza del parque nacional de Canaima, declarado patrimonio mundial en 1994, impactó a Juanma Bajo Ulloa. El director de cine, que ha escrito y dirigido la obra teatral Poli bueno, poli malo (hasta el domingo, en Microteatro por Dinero; Loreto y Chicote, 9, Madrid), consiguió evadirse en Venezuela.

El director de cine Juanma Bajo Ulloa. ampliar foto
El director de cine Juanma Bajo Ulloa.

¿Desconectó?

Fue la primera vez en mi vida en la que al llegar a un lugar he sentido que los problemas de mi mundo civilizado, véase trabajo, competencia o apariencia, dejaban de tener sentido alguno. Sencillamente, uno podía sentir verdadera paz y la humilde sensación de pertenecer a aquella naturaleza perfecta y completa sin necesidad de poseerla o variarla. Deseé dejarlo todo, quedarme allí y no volver nunca más. Como ves, no fui capaz.

¿Qué le impactó tanto?

No sé, la verdad. La selva, la fauna, la belleza, los poblados, y los tepuyes, unas mesetas de cuarzo sedimentado con más de cuatro mil años; son unas de las formaciones geológicas más antiguas del planeta. Y, por supuesto, la afamada cascada del Salto del Ángel, de casi mil metros de altura.

¿La sobrevoló como Jimmy Angel?

¡Claro! Recibe el nombre en honor al aviador estadounidense que aterrizó sobre ella. Fui en una pequeña avioneta con seis o siete personas para ver toda la zona desde el aire. Apenas cabíamos dentro. A medida que nos adentrábamos en la reserva, la visión se volvió tan sobrecogedora que la emoción nos desbordó. Nadie era capaz de verbalizar un comentario y algunos, casi sin darnos cuenta, comenzamos a llorar.

¿Tiró alguna foto?

Ni siquiera intenté sacar la cámara; era algo imposible de fotografiar. A mi lado, una pareja observaba por las ventanillas, estaban atónitos e igualmente mudos. Entonces vi que su hijo adolescente no había levantado la vista de su videojuego, ni lo haría en todo el viaje. Me quedé sin palabras.

¿Cómo acabó la visita?

En la laguna de Canaima, el Salto del Sapo y merendando un chocolate caliente venezolano, uno de los mejores del mundo. No paré durante los días que estuve allí. Soy noctámbulo por naturaleza, pero tras la actividad diaria caía rendido. Incluso alguna mañana madrugué para ver el espectacular amanecer. Si alguna vez vas por allí, tienes que asegurarte de que no dejas ninguna cuenta pendiente porque tal vez no vuelvas.

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