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Trotamundos

El pantano salvaje

El actor Fele Martínez, que representa 'Amigos hasta la muerte' en el teatro Muñoz Seca de Madrid, relata su aventura al Gran Pantanal de Brasil

Fele Martínez tuvo una experiencia muy animal en el Gran Pantanal brasileño. El actor, que representa Amigos hasta la muerte en el teatro Muñoz Seca de Madrid (hasta el 30 de septiembre), fue a rodar una película y acabó perdido en medio de la jungla y rodeado de caimanes.

El actor Fele Martínez.
El actor Fele Martínez.

¿Cómo fue rodar en el humedal más grande del mundo?

Intenso. Un guacamayo enorme de color rojo que se cruzó por delante de nuestro jeep nos dio la bienvenida. Vimos tucanes, osos hormigueros y capibaras, unas ratas que se parecen a Brigitte Bardot con un culo enorme y que te miran con desdén. Esos eran los animales de buen rollo.

¿Se cruzó con los malrrolleros?

Primero, con una anaconda de tres metros. Luego, el guía nos acercó a un riachuelo y nos mostro a unas lagartijas gigantes; era un nido de caimán. Cogió una de las crías y comenzó a hacer un ruido gutural muy extraño. ¡Estaba llamando a la madre! Tiramos millas y, muy cerca, vimos un caimán enorme tomando el sol.

Con ese socorrista, ¿se atrevió a bañarse en algún lado?

No nos quedó otra. Grabábamos una escena en el río. Al ir a meternos en el agua, el guía le preguntó a mi compañera si tenía el periodo. ‘Por las pirañas’, aclaró. Me quedé acojonado y no pude borrar la cara de terror en toda la escena por las pirañitas.

¿Las probó?

Si, me encantó. Es como carne al espeto. Comimos allí, pasamos la tarde y al caer la noche, descubrimos que despertaba la vida en Pantanal. Se escucha una amalgama de gritos, rugidos, sonidos guturales, aullidos… se me ponían los pelos de punta.

¿Qué hacían allí de noche?

Nos retrasamos en el trabajo así que íbamos con prisa; por la noche, sube el agua y algunos caminos quedan inhabilitados. De repente, el coche que iba delante se paró. Nos acercamos y descubrimos que se estaba hundiendo en el fango y que el nuestro llevaba el mismo camino. Estábamos atrapados.

¿Qué hicieron?

Intentamos contactar con el campamento base pero los walkies talkies no recibían señal. Hicimos una hoguera y nos pusimos a cantar para que los animales no se acercaran. Un colega brasileiro alumbró al agua y me dijo. ‘¿Ves esos puntitos blancos? Son jacarés [caimanes] eligiendo el menú’. Me dio de todo.

¿Tardó el equipo de rescate?

Conseguimos hablar con el campamento y enviaron una furgoneta para pero pasamos más de seis horas ahí. Estábamos hambrientos pero nos tuvimos que conformar con una botella de cachaza y chocolatinas. Acabé un poco nervioso de tanto animal. ¡Necesitaba sociedad!

¿Se reconcilió con la naturaleza?

Al día siguiente, en la piscina del hotel cuando vi un colibrí. Extendí un dedo y se puso a volar alrededor. Fue precioso. Luego salí a dar un paseo, estrenaba mis havaianas y casi piso una tarántula. Mi estado de paz con el mundo salvaje se esfumó.

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