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VIAJEROS URBANOS

Super Mario y Pacman en Berlín

Los nostálgicos encuentran en el Museo del Videojuego de la capital alemana 14.000 aventuras, desde el mítico Pong a la Play Station 3

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Existe un lugar en Berlín donde reencontrarse con Super Mario, Zelda, Pacman y los protagonistas de otros 14.000 videojuegos en más de 500 metros cuadrados de espacio. Pero no es una sala de máquinas recreativas, sino un museo.

El alemán Andreas Lange coleccionaba todos esos cartuchos con tal pasión que pronto su casa se le quedó pequeña. Tal era la cantidad de "reliquias" que atesoraba, en realidad ninguna de más de 60 años, que pronto necesitó encontrarles acomodo en forma de exposición itinerante. En 1997, ya con lugar fijo, se convirtió en la primera muestra permanente dedicada a este entretenimiento interactivo. Pero al ritmo vertiginoso al que evoluciona esta industria el espacio volvió a ser insuficiente.

El juego Pong (Atari), de 1972, en el Museo del Videojuego de Berlín. ampliar foto
El juego Pong (Atari), de 1972, en el Museo del Videojuego de Berlín.

Desde principios del año 2011, y gracias a una ayuda inicial del Ayuntamiento de la ciudad, el ahora conocido como el Museo del Videojuego de Berlín se sitúa en la larga avenida estalinista de Karl Marx Allee. Los edificios soviéticos de arquitectura rectangular que flanquean el bulevar donde se encuentra bien podrían ser las plataformas sobre las que uno de los héroes pixelados de Sega o Nintendo sortearan mil obstáculos hasta llegar a la cercana Torre de la Televisión de Alexanderplatz.

Es cierto que en Internet se encuentran cientos de emuladores con los que quitarse el mono de estos pasatiempos pretéritos. Pero quien es nostálgico lo es hasta con la tecnología y para muchos la experiencia desde el teclado de un ordenador actual no es comparable a la de aquellos joystick ochenteros que aún se pueden encontrar en este museo, de financiación privada, y considerado único en el mundo.

Expertos y profanos pueden disfrutar de este repaso histórico a una industria de ocio que ha tenido un impacto social más que destacable en las décadas recientes. En él se recuerda a Ralph H. Baer, uno de los padres del género, y se puede ver el NIMROD de 480 válvulas, el primer ordenador fabricado en 1951 para jugar al Nim.

Del Pong original o los míticos marcianitos del Space Invaders a la Play Station 3 o los juegos en tres dimensiones que nos lleva a entender al Homo ludens digitalis. Otra de las joyas de esta muestra nada virtual es el Computer Space, la primera máquina recreativa creada por los fundadores de Atari, Ted Dabney y Nolan Bushnell.

La entrada cuesta ocho euros.

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