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VIAJEROS URBANOS

Uno de los secretos del tango porteño

La escondida puerta de La Catedral Club oculta un templo del baile de Buenos Aires

Salón de baile de este templo del tango.
Salón de baile de este templo del tango.

La puerta de La Catedral Club, en Sarmiento 4006, no dice nada. Se pierde, como muchas otras puertas de Buenos Aires. Es una más del montón. Pero ese callar en realidad habla del galpón mágico y tanguero en el que nos vamos a sumergir si la traspasamos. Dice a su forma: “Acá mina (mujer) no se vende un show de tango para turistas”; “olvidate babieca (tonto) de los clichés y la danza show”; “vení, entrá, aprendé a chamuyar (mentir para seducir o conquistar) al ritmo del 2x4 y andate”.

Y la puerta no nos engaña con su chamuyo. Después de una larga escalera, uno entra a este templo por la parte de atrás del escenario. Como si el inicio de la noche fuera aquello que nunca se ve, el detrás de escena, el lado “b” del tango. Para llegar a sentarse, además, hay que atravesar obligado el escenario que con un círculo de lucecitas de colores te pone en el centro de la escena. Una vez en el salón brilla el cambalache de las paredes y decorados: cuadros artísticos, carteles históricos, chatarra, esculturas, sillas o mesas intervenidas y viejas máquinas.

Las clases de tango tampoco se quedan afuera de este universo paralelo del tango. La mayoría de los profesores (de todas las edades y estilos) con zapatillas, simpatía y mucha técnica enseñan a porteños y turistas, principiantes o avanzados, los secretos de la danza más porteña y sensual que el bife de chorizo. Cuentan que el martes es el día especial de la semana y en el aire hay amor, chamuyo y tango para todos.

                         Fragmento de la película 'La suerte está echada' en el que aparece La Catedral Club

El buyón (comida) de La Catedral también baila la milonga por fuera de la comida tradicional: menú naturista y vegetariano para que todos morfen (coman) de lo lindo. Pizzas de harina integral, arroz yamaní con verduras, provoleta con salsa de hongos, empanadas caseras, picadas naturales y una gran carta de vinos. Todo a un precio como para que el vento (dinero) no sea un problema y te arruine la noche.

Mientras tanto, desde el techo y el escenario, un enorme corazón de chatarra y un cuadro de Gardel, velan y vigilan el espíritu tanguero de todos los presentes.

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