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RUTA DE LOS EXPLORADORES OLVIDADOS / 12

A las puertas del Himalaya, en moto

Una niña diosa las montañas más altas del mundo y muchos amigos de Facebook al llegar a Katmandú, en Nepal

A sesenta kilómetros de la frontera de Raxaul, al norte de la India, desaparece el asfalto. Piedras, baches, vacas, camiones, gente. Pero no me detengo, ni cejo ni me ablando. Sobrevuelo las irregularidades del terreno y adelanto a todo el mundo. Cuando consigo llegar a la linde son las tres de la tarde. He batido un récord. 300 kilómetros indios en siete horas. Me voy superando. La frontera es caótica, congestionada y ruidosa, pero hay una novedad. A diferencia de lo que ocurre en casi todas las aduanas del planeta, no hay un solo buscavidas que se ofrezca a solucionar el papeleo.

Rápido y sencillo el trámite, pierdo más tiempo hablando con los aduaneros uniformados. Sienten curiosidad por mi vuelta al mundo, dicen que quieren seguirme en Internet. Vaya, ¡nuevos amigos de Facebook!

Fiebre por Facebook

Cruzo el puente, me recibe una gran puerta blanca con torres y cúpulas y estoy en Nepal. Primero inmigración. El visado lo traigo de España con lo que el procedimiento es veloz. Luego a Aduanas. Aparece un chaval, agarra mi CDP y se lo entrega a un funcionario. Este lo rellena, mira la matrícula de la moto y sin examinar el número de chasis me lo entrega sellado y firmado. El chaval me da la mano y lo único que pide a cambio es mi correo electrónico para localizarme en Facebook. Vaya, es una fiebre por aquí lo de la red social.

Me recibe Birganj, una ciudad en el llano sin apenas atracciones, pero son las cuatro de la tarde y voy a buscar hotel aquí mismo, el Namaste, que significa bienvenido y es una especie de palabra fetiche que se usa para todo. El recepcionista es un joven de impecable inglés. Me deja la habitación por 800 rupias, o sea, unos ocho euros. La habitación no es lujosa pero es suficiente. El país sufre de cortes de suministro eléctrico. 14 horas diarias fraccionadas en dos sesiones. Ellos tienen generador, así que no tendré problemas. Voy al comedor. Me acompaña el hijo pequeño de los dueños y el camarero. Este es un chaval sencillo y amable. Me pregunta si estoy casado.

- No -contesto-, prefiero viajar. ¿Y tú? ¿Estás casado?

El chico sonríe.

- Todavía no, pero ya tengo ganas.

- ¿Por qué?

La sonrisa se hace pícara.

- En Nepal la gente se casa para tener sexo.

Una vez consigo quedarme a mis anchas y satisfacer todas las preguntas sobre el precio y el consumo de mi moto, me regalo una primera cena nepalí bien opípara y tres cervezas Everest. Me las he ganado. Lo logré. Sobreviví a la India y a sus horribles carreteras. Mañana, Katmandú.

Nieve a la vista

En cuanto saco la moto del recinto hotelero me doy cuenta de que va a ser centro de atención del mismo modo que en la India. Me rodea una multitud, pero algo ha cambiado. Sienten curiosidad pero no me exigen respuestas ni lo tocan todo. Es un alivio. Salgo hacia Katmandú. Hay mucho tráfico de camiones, pero, curiosamente, los camioneros indios se portan mejor en Nepal que en su país. Tal vez suceda que aquí hay policía en la carretera. Después de Hetuda comienza la verdadera ascensión. Es una ruta de montaña con vía estrecha, en algunos tramos sin asfaltar, surcada por coches todo terreno hasta arriba de pasajeros. Es un respiro conducir por aquí, el paisaje es soberbio y no hace mucho frío. En un momento dado descubro, tras una loma, las montañas nevadas del Himalaya. Demonios, son preciosas. Otra cosa interesante son los piquetes que hay en algunos pueblos para cobrar un "peaje" a los conductores. Mi respuesta es acelerar y que se aparten.

Llego a Katmandú a las tres de la tarde. Voy al centro, al populoso barrio de Thamel. Me alojo en la Katmandú Guest House. Por la noche me quedo hablando con el camarero, el recepcionista y el cocinero. Hablamos de las tribus mayoritarias de Nepal: mongoles y brahmanes de origen hindú. Estos son minoría pero se consideran más listos. Han estudiado y son los que manejan la política y los negocios. Luego hablamos de religión. Según me cuentan, hay muchos budistas que se están pasando al hinduismo, y muchos hindúes que se están haciendo cristianos porque los misioneros cristianos regalan comida. Especialmente en la zona montañosa del Himalaya.

- Y si eres hindú -pregunto- ¿qué pasa después de la muerte?

El recepcionista es mongol, oriental. Era budista y se ha hecho hinduista. ¿Por qué? No lo sabe muy bien, pero para él el sentido de la puja u ofrenda ritual a los dioses es recibirlas duplicada. Te doy para que me des.

- Nadie lo sabe- dice con la boca llena de comida-, quizá te vuelvas fantasma, quizá seas solo nada.

Caos, polvo, huelgas

Katmandú es un anárquico laberinto polvoriento de calles empinadas y sinuosas. Muchos peatones llevan mascarillas para no respirar las partículas en suspensión. En el centro proliferan las agencias de aventura y trekking, tiendas de montaña donde venden fabulosos North Fakes, polvo en suspensión y camellos de hachís. Esta ciudad puede parecer caótica y contaminada a cualquiera que venga del mundo exterior, pero no a quien como yo proceda de la India; aquello sí es caos y contaminación. Comparado con aquello, a mí Katmandú me parece Oslo o Zurich.

Hoy me han advertido de que había huelga. Otra de las constantes nepalíes, las protestas y manifestaciones. Hace poco que el país salió de la guerra civil, y aunque los maoístas ahora forman parte del gobierno, sus huestes siguen alborotando. Me aconsejan que no salga pero yo cojo la moto y así puedo recorrer una ciudad sin tráfico. Voy tranquilo, con los extranjeros no se meten. En este ambiente plácido y casi festivo he visitado el templo hinduista de Pashupatinath, el más antiguo, a orillas del río Bagmati. Declarado Patrimonio de la Humanidad, es centro de peregrinación y crematorio de cadáveres. Interminables escaleras llevan hasta la cima, tomada por un centenar de monos que aprovechan las ofrendas alimenticias mejor que los dioses.

En la céntrica plaza Durbar se haya un curioso templo de madera, reconstrucción del primigenio que hace miles de años diera nombre a la ciudad, así como la residencia de la niña diosa, la Kumari. No puede pisar el suelo, no se relaciona con otros niños y no tiene una vida normal. Para mí es una tradición perversa la de considerar a una cría como divinidad viviente hasta que tiene la primera menstruación. Entonces es devuelta a su casa. Qué futuro tiene alguien que ha vivido aislado y considerado como un dios sus primeros años de vida.

Guía

DOCUMENTACIÓN

» Personal: Pasaporte y visado. Se puede obtener en la frontera y el coste depende de los días de estancia: hay visados de 15 días (40 euros) y 30 días (55 euros). Para estancias superiores a 30 días, es posible ampliar el visado el número de días deseado. Hay oficinas administrativas para ello tanto en Katmandú como en Pokhara.

» Moto: Carne du passage expedido por el RACE.

DORMIR

» Kathmandu Guest House - http://ktmgh.com

» Hotel Dwarikas - http://dwarikas.com

INFORMACIÓN

» Heart and Tears (Baidam 6, Pokhara. http://heartsandtears.com): alquiler de motos Royal Enfield en Pokhara.

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