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Entrevista:TROTAMUNDOS | Eva Hache - Humorista | EL VIAJERO HABITUAL

Estocolmo, de soso, nada

Como la mitad de su familia es sueca, viaja regularmente a Estocolmo, ciudad a la que nos lleva la humorista Eva Hache (Segovia, 1971), que el domingo presentó por primera vez la gala de los Goya.

¿Qué hace una chica tan divertida en una ciudad tan sosa?

De sosa, nada. Estocolmo está llenita de actividad. En invierno, más relacionada con el hielo y la nieve. En primavera y verano, mucha vida social.

¿Le gustó el Museo de Arte Moderno?

Claro, pero ahora hay que acercarse al nuevo museo de fotografía, Fotografiska, que está en un edificio industrial de principios del siglo pasado, y a Skansen, un museo al aire libre y zoo de especies autóctonas, ideal para pasear.

¿Hizo la vikinga?

Mucho. Probé la carne de reno, que es típica y está buenísima. Y luego las fiestas veraniegas son una locura. El SoFo, en la zona de Folkungagatan, está lleno de bares, tiendas y gente variada y animada. No es tan turística ni tan cara como la ciudad vieja, preciosa e imperdible, por otro lado, ni como el centro, demasiado calle Preciados.

¿Hay gente tan guapa como dicen?

Hay de todo. El mito de la sueca es eso, un mito, pero sí hay gente muy guapa que, casualmente, no tiene por qué ser rubia. De hecho, hay mucha rubia teñida.

Usted es más de morenas como Lisbeth Salander.

Me encantaría mucho tener la casa de Salander en Fiskargatan, 9. Me gusta mucho la trilogía de Stieg Larsson y no he hecho la ruta Millennium, pero conozco los escenarios reales que se describen en los libros.

Una ciudad formada por 14 islas y con 57 puentes... ¿Cruzó todos ellos?

Seguramente sí. Incluso en invierno, muy bien abrigada, suelo moverme andando. Una noche fui a coger un autobús y no hubo narices, porque no se podía comprar el billete ¡ni en el propio autobús! Al final, tuvo que ser un taxi.

¿Por qué no la dejaban?

Eran las normas. Suecia es un país muy organizado. Esto es una ventaja en general, pero se vuelve algo incómodo si apetece improvisar. La gente queda para cenar con dos meses de antelación como si tal cosa. Tampoco me gusta que, como casi todo funciona a la perfección, la gente casi ha perdido la capacidad de protesta.

Al volver, ¿tuvo síndrome?

No. Vivo en síndrome.

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