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VAMOS... A SUIZA

Ginebra con estalactitas

Escapada cultural a la capital suiza con visita para admirar de cerca la flamante cúpula del cotizado Miquel Barceló incluida

El fondo del mar, una cueva de colores, un planeta de El Principito... Las interpretaciones son de todo tipo. Ver de cerca la cúpula de Miquel Barceló en el Palacio de las Naciones Unidas provoca inquietud. No es de extrañar que tras su inauguración en 2008 los delegados mirasen constantemente al techo. Parece que una de esas estalactitas de colores (alguna pesa más de cincuenta kilos) caerá al suelo de un momento a otro. Sentirse una pieza crucial en el mundo tras sentarse en las butacas de los diplomáticos que velan por la paz y, con el ímpetu renovado, recorrer una ciudad de negocios, multicultural y guiada por la música presente en cualquier esquina.

La capilla Sixtina del siglo XXI

En realidad, la cúpula de Barceló fue concebida como una metáfora de las Naciones Unidas, una sala coronada por colores y formas en la que llegar al consenso. Un reflejo de las diferentes perspectivas para interpretar la misma realidad. Más de tres meses para darle forma y unos 35.000 kilos de pintura. Un viaje internacional sin salir del edificio ideado por Miquel Barceló, que lideró la semana pasada el top ten de artistas españoles vivos más cotizados. En Ginebra, la que se ha ganado el apodo de la capilla sixtina del siglo XXI, embelesa a cualquiera en visitas guiadas abiertas a los turistas, siempre que la sala no esté siendo utilizada para debatir sobre la paz mundial.

Atravesar la galería de los pasos perdidos es sentirse uno de los delegados que la cruzan varias veces al día. Los pilares son suecos, las estrellas dibujadas en el suelo de Bélgica y el mármol rosado es de Finlandia. Es fácil imaginarse aquel pasaje un día de ferviente actividad, con personas de todas las razas, culturas, condiciones y vestimentas. Todos con el mismo estatus. Aunque los relojes de pared delatan el escenario. Patek Philippe, la marca emblema de Ginebra, presente en los aparatos de cada sala.

Un vistazo desde el edificio principal descubre otras instituciones especializadas como la Organización Internacional del Trabajo, la de la Propiedad Intelectual o la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Es el foco donde se ejerce la diplomacia preventiva de los 192 estados miembros de la ONU. Más de 9.000 reuniones al año y signos de paz que se repiten como emblema. Por ejemplo, la descomunal silla coja, del arquitecto Daniel Berset, una curiosa representación del efecto de las minas, justo al lado de una fuente que lanza el agua en vertical para simbolizar las explosiones.

» www.myswitzerland.com

Un pianista a orillas del lago Lemán

Ya en el centro, sorpresa al llegar al lago Lemán, el núcleo aglutinador de la vida ginebrina. A su orilla, un asiático toca el piano. Muestra evidente, de nuevo, de que Ginebra es una ciudad multicultural. Es la consecuencia de la Fête de la Musique, que aglutina a los aficionados a la música vengan de donde vengan. Seguidores de cualquier estilo son bienvenidos. Unos 500 conciertos, desde jazz y rock hasta house y ritmos africanos en cuarenta escenarios, además de veinte pianos colocados en plazas y parques para que quien se atreva a interpretar una pieza, ponga una pausa musical en su ruta. Con la música que desinhibe, se rompe el cliché de que los ginebrinos no son animados. La escapada culta, además de enriquecer el oído, se complementa con un recuerdo sonoro algo más barato que en España, pues los impuestos son inferiores.

El Lemán sirve tanto para darse un baño como para navegar rumbo a Francia. Admirar desde la cubierta de un crucero las mansiones de personajes ilustres y grandes empresarios de todo el mundo u observar de cerca, e incluso mojarse, con el agua del Jet d'eau, la fuente de Ginebra que llega hasta los 140 metros de altura. Por casualidad o estrategia viajera, se puede incluso presenciar la célebre Bol d'Or Mirabaud, la regata de agua dulce más importante del mundo en la que más de 600 veleros compiten para atravesar el gran charco. Las mejores vistas, en el parque La Perla del Lago, desde el que partir hacia el Museo de la Cruz Roja y completar el paseo sintiéndose algo más humano.

» www.ville-ge.ch

La música, idioma universal

De camino al casco antiguo, el hotel Beau Rivage refleja la historia del asesinato de la emperatriz Sisí. Murió en brazos de la abuela de la familia propietaria y algunos de sus objetos personales se pueden ver en la tercera planta del inmueble. Paso obligado por la Place de Molard. Sus terrazas invitan a tomar un respiro. Como el Café du Centre (www.cafeducentre.ch), con su histórica fachada de 1724. Comida a cualquier hora para mitigar el choque de ajustarse al temprano horario de almuerzo suizo. La plaza es también el punto de partida en la ruta de compras donde se dan cita firmas de renombre y franquicias. Y por la noche adquiere una atmósfera mágica. Algunos de sus adoquines se iluminan y descubren palabras amables en diferentes idiomas.

La visita a la catedral ecléctica, protestante pero con vestigios católicos, incluye un concierto improvisado de órgano en la Capilla des Macchabées. Creada para el cardenal suizo Jean de Brogny, que allí fue enterrado, es especialmente llamativa por su estilo neogótico. Nada que ver con la sobriedad protestante del resto del edificio.

En el paseo por el casco antiguo pronto se alcanza la Grand Rue donde una placa conmemorativa a la altura del número 28 recuerda que allí vivió el escritor Jorge Luis Borges. Nuevos sonidos guían hasta otro concierto al aire libre en el ayuntamiento, en cuya Sala Alabama se celebró la primera convención del fundador de la Cruz Roja. Justo detrás, descanso obligado tras haber elegido un pedazo de los 121 metros que componen el banco más largo del mundo.

El tic tac de los relojes se convierte de alguna forma en melodía al entrar en el Museo Patek Philippe, la marca relojera fundada en Ginebra por un polaco y un francés. Desde los modelos más primitivos a los más exóticos, creados para impresionar al mercado chino o turco. Ingeniosas soluciones que dan lugar a las complicaciones más extravagantes en un recorrido que culmina con el reloj más complejo jamás fabricado, Le Calibre 89. Con todo tipo de detalles, algunos cuya utilidad es difícil no poner en cuestión. Las fases de la luna, alarmas variadas, calendario pascual, cronógrafo y mapa celestial. Incluso el tourbillon, un mecanismo que compensa el efecto negativo producido por la gravedad.

A un paso, en el Plainpalais ginebrino, la tradición relojera conservada con orgullo choca con la modernidad de una antigua fábrica que alberga el Museo de Arte Contemporáneo. Singular escenario en el que tomar un respiro en el restaurante colindante, Curiositas. Decorado con instrumentos industriales o animales disecados, la experiencia resulta, como mínimo, curiosa.

» www.patekmuseum.com

GUÍA

Información

» Turismo de Suiza (www.myswitzerland.com)

Cómo ir

» Swiss (www.swiss.com) vuela diariamente de Barcelona a Ginebra desde 64 euros y con salidas desde Madrid a partir de los 84 euros. También en fin de semana desde Málaga y Palma de Mallorca.

Dormir

» Hotal Mandarin Oriental Ginebra. 5 estrellas junto al río Ródano y con vistas al Mont Blanc (www.mandarinoriental.com). Su restaurante Rasoi by Vineet, de cocina india contemporánea, tiene una estrella Michelin.

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