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'GRAND TOUR' MEDITERRÁNEO / 09

De Chipre a Turquía con espíritu oriental

Carreteras reviradas, calles cubiertas de parras y viejecitos tomando café griego en un recorrido sobre la moto que pasa por Termessos, la ciudad que se resistió a ser conquistada por Alejandro Magno

Salgo de Haifa en un carguero matriculado en el Pireo. Es un maltrecho ro-ro (roll on-roll off). Carga vehículos y también algunos pasajeros. Somos once trotamundos. Un alemán, un inglés, un austriaco, una francesa, dos parejas de suizos y una de polacos. Solo yo viajo en moto. Ya en el embarque percibo algo de esa cierta animadversión que los mochileros sienten automáticamente por los viajeros motoristas. Admiración y envidia mezcladas. Mientras yo me muevo libre y ágil sobre mi montura, ellos arrastran pesados fardos de autobús en autobús. Mientras yo me detengo cuando y donde quiero, ellos dependen de aleatorios horarios y están atados a las rutas prefijadas de los transportes públicos.

Me lo explicó otro viajero en moto. Chris Bright ha dado la vuelta al mundo como mochilero y como motero. Cuando nos encontramos en Barcelona me dijo que decidió cambiarse a la moto en la India un día que languidecía en un autobús asediado por cientos de codos y rodillas y vio por la ventanilla cómo un motociclista europeo adelantaba aquel lento y maloliente ataúd rodante. "Ese día me dije: yo quiero ser él".

Compartiré camarote con James, un ciclista británico. La marinería es hindú. Los oficiales, griegos. El ambiente, relajado. La navegación, lenta. Por la noche saco mi provisión de vino israelí. Bajo las estrellas, bebemos y charlamos animadamente de viajes y sueños.

Al amanecer desembarcamos en el chipriota puerto de Limasos. Para mi sorpresa, además de unas altísimas tasas portuarias, he de pagar por la importación temporal de la motocicleta.

- "Pero si es un vehículo comunitario" -protesto- "y Chipre es miembro de la Unión Europea".

Resulta inútil. Es algo relacionado con la ocupación turca del norte de la isla en 1974. Por la misma razón política, los barcos que de aquí parten hacia Grecia no pueden llevar pasajeros. Tampoco hay comunicación marítima entre el norte y ningún otro país que no sea Turquía. No son éstas las únicas anomalías. Desde 1960, Reino Unido mantiene bajo su soberanía dos bases militares que suponen casi un tercio del territorio.

Encuentro muchas estatuas que recuerdan a los soldados muertos en la guerra contra los turcos. Para los griegos, la invasión no es un malentendido que se resuelva con diálogo. Miles de personas fueron expulsadas y perdieron sus hogares. Aunque se ha avanzado mucho en las negociaciones políticas, la devolución de las propiedades confiscadas es siempre uno de los asuntos más complicados de resolver en los procesos de paz.

Yogur espeso rumbo a la frontera

Voy hasta Lárnaca. Ciudad costera con turismo de playa. Hay unos encantadores restaurantes en el paseo marítimo. Elijo Militzis. La comida local resulta deliciosa y mezcla la herencia griega con algo del espíritu oriental. Lo más típico es el hallumi, un queso que cocinan a la plancha y una especie de yogur espeso llamado pilaf. Y por supuesto, hojas de parra rellena de arroz.

Al día siguiente, subo a las altas montañas Trodos, en el centro del país. Carreteras reviradas y estrechas, pueblecitos griegos, calles cubiertas de parras, viejecitos pacientes tomando café griego. Visito Machairas, un monasterio ortodoxo consagrado a la Virgen María y poblado por serios monjes de luengas barbas blancas. Su origen se remonta al siglo XII y la tradición asegura que cobija un icono pintado por el apóstol San Lucas.

En Nicosia encuentro la línea divisoria de la ocupación. Más allá está la fantasmagórica República Turca del Norte de Chipre, reconocida solo por Turquía y la Liga Árabe. Hay viejos cuarteles de Naciones Unidas que parecen abandonados. La tensión bélica ha desaparecido. La frontera es muy transitada. Compruebo que el paso de coches de alquiler es constante. A los pálidos turistas anglosajones les importa un rábano el lado donde tumbarse a tomar el sol.

Para cruzar la frontera me exigen un seguro para la moto. Curioso. La carta verde sirve tanto en Chipre como en Turquía, pero no aquí. Se trata de un impuesto encubierto. En esta parte de la isla hay muchos carteles invocando la paz. También ondean banderas turcas y fotos de Mustafa Kemal Ataturk. Además, aquí se usa la lira turca.

La región septentrional aparece más pobre. También intentan sobrevivir gracias al turismo. Voy hasta Bellapais, un pueblecito adosado a un bellísimo monasterio arruinado. Hay pocos alojamientos disponibles, pero tras mucho insistir consigo habitación en el hotel Residence. Cien liras, unos 50 euros. Es mucho dinero pero el lugar es paradisíaco, con una pequeña piscina y unos deliciosos veladores donde dejar que pase la noche.

De la playa a la ruta de las piedras antiguas

Salgo hacia el puerto de Kyrenia presidido por una inmensa fortaleza. El embarque en el ferry no es fácil. Primero meten los coches y luego los camiones, pero no quedan contentos y repiten la operación varias veces hasta que se optimiza el espacio. Tengo que esperar durante horas en el muelle bajo un sol de justicia, así que uso la escasa sombra que da mi propia moto.

El barco llega a las 9 de la noche. Es más lento que el caballo del malo. Un desembarco en toda regla para conseguir pasar la aduana y enseñar siete veces los mismos documentos. Encuentro habitación en Tasucu. La pensión Meltem está a pie de playa y cuesta 45 liras con desayuno. Afortunadamente, tienen wifi y cerveza Efes.

La carretera que recorre la costa es espléndida. La zona es montañosa. Son las estribaciones de los montes Toro. Las calas se suceden al fondo de los acantilados. La vía serpentea paralela a un litoral asombroso. Este camino es mejor incluso que la Highway 1 californiana. Sin embargo, a partir de Alanya la geografía se aplana en vastas playas y a la gente le gusta almacenarse en hoteles enormes. Se suceden los mamotretos de cemento donde se refugian los turistas.

Antalya aparece y comienza la ruta de las piedras antiguas. Primero Termessos, ciudad Licia. Hay que subir a una montaña donde se esconden las ruinas inexpugnables. Incluso Alejandro Magno fracasó en su conquista. Sin resuello arribo a la cima. El teatro aparece en mitad de unas crestas salvajes. Las vistas son prodigiosas y uno se siente pequeño a la fuerza. ¿Qué tragedias se representarían aquí que pudieran superar semejante grandiosidad natural?

Me pierdo por las carreteras secundarias de la Turquía rural hasta arribar a Perge, capital de la provincia romana de Panphilia. Perge es famosa por su teatro y su estadio. Siguiente parada, Olimpo, fundada en el siglo III AD. Según me acerco, comienza una urbanización descontrolada de casas de madera y borbotean los turistas de sandalia. Llego a un pueblo al estilo de los mineros del oeste americano. Sin asfaltar, con cobertizos de madera a ambos lados de la estrecha calle y con gentes y coches que vienen y van.

Es un auténtico ejército de playeros en bikini y bañador. Sombrillas, neveras, colchonetas. Recorro un sendero flanqueado por unas tumbas monumentales. Desemboco en una magnífica playa de arena blanca y mar azul hiriente, mas está atestada de una turbamulta británica borracha y enrojecida que no para de bailar y gritar. Sorprendente Turquía, ha logrado aunar el tour operador con la cultura clásica.

Miquel Silvestre (Denia, 1968) es autor del libro 'Un millón de piedras' (Barataria).

GUÍA

DOCUMENTACIÓN PERSONAL

Chipre: DNI o pasaporte.

República Turca del Norte de Chipre: Pasaporte.

Turquía: Pasaporte y visado en frontera. 15 euros.

DOCUMENTACIÓN VEHÍCULOS

Chipre: Documentación ordinaria y carta verde. 105 euros en tasas de puerto e importación.

República Turca del Norte de Chipre: Documentación ordinaria y seguro en frontera. 20 euros.

Turquía: Documentación ordinaria y carta verde. 10 euros tasas de puerto.

DORMIR

Tasucu, pensión Meltam. www.istanbulgezirehberi.org

COMER

Lamarca: Restaurante Militzis. Piale Pasha, 42

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