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RUTAS URBANAS

Gijón goloso

'Princesitas', milhojas o bombones son el equipaje perfecto para esta ruta, que recorre los rincones más emblemáticos de Gijón mientras se degustan los dulces de seis de sus pastelerías más tradicionales

Dejarse tentar por un dulce en Gijón es casi inevitable. Es la ciudad española con más confiterías por habitante, pensadas para satisfacer a los más golosos. Con el acompañamiento de princesitas, bollos o bombones, de chocolate, merengue o almendra, la ciudad organiza una ruta que permite disfrutar de sus rinconces más característicos a la par que se degustan los mejores postres de locales seleccionados. Para volver de Gijón con buen sabor de boca.

Bocados de placer por 15 euros

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La Sociedad Mixta de Turismo, en este paseo llamado Gijón Goloso, escoge los mejores productos de 14 establecimientos de la ciudad, doce confiterías y dos heladerías, una singular guía que ofrece la posibilidad de recorrer Gijón y de saborear un helado de arroz con leche frente a la playa de San Lorenzo, por ejemplo. Los visitantes pueden realizar dos itinerarios diferentes para disfrutar de rincones como el palacio de Revillagigedo, la Colegiata de San Juan Bautista, o espacios verdes como el Jardín Botánico Atlántico.

Para los que quieren probar de todo pero sin perder la línea, la ruta propone el bono con cinco degustaciones a un precio de siete euros. Los golosos comedidos pueden comprar el de diez degustaciones por un precio de 13 euros y para los que les pierde el dulce está el pase completo, con los 14 establecimientos, por 15 euros. La escapada a Gijón, con Mucho Viaje (www.muchoviaje.com), desde 95 euros los dos días.

» Guía Gijón Goloso

Helado de arroz con leche frente al Cantábrico

Uno de los rincones más conocidos de Gijón es Cimadevilla, el barrio desde el que, con aspecto marinero, se desplegó luego la ciudad. Allí se encuentra el Palacio de Revillagigedo, en la plaza del Marqués de San Esteban. Es una construcción barroca edificada a partir de los restos de una torre medieval y que actualmente alberga el Centro Internacional de Arte. También en Cimadevilla, la concurrida plaza del Lavaderu es una parada para tomar sidras y pasar mejor los pastelitos.

En lo alto de la colina se puede contemplar un monumento que se ha convertido en símbolo de la ciudad, la escultura de Chillida, el Elogio del Horizonte. Es una obra de hormigón desde donde se oye el mar, por un efecto caracola.

Al bajar del barrio, hay que pasar por la Plaza Mayor, con la Casa Consistorial. Ésta es una zona de paso obligado, con numerosos establecimientos donde es ideal hacer una parada para tomarse un helado de arroz con leche en Islandia, un local que se estableció en la calle San Antonio desde los años 50. Fueron ellos los creadores del helado de queso de Cabrales y el de sidra, para luego dar pie a una gama que va desde el de ajo hasta el de calamares o el de café irlandés.

Con el refrigerio en la mano, muy cerca de la zona se puede contemplar un símbolo gijonés de referencia, la hermosa playa de San Lorenzo.

» www.heladeriaislandia.com

Un pastel de nuez y un parchís

Hacia el interior de la ciudad se abre la Plaza del Instituto, que es conocida por los gijoneses como El Parchís, pues cuando fue diseñada tenía forma cuadrada con las jardineras de las esquinas y con otro conjunto floral en el centro que le daban la apariencia del clásico juego de mesa. A dos pasos se halla la pastelería La Playa, que ofrece en la ruta Gijón Goloso su especialidad, un postre llamado princesita, de pasta de nuez.

Este establecimiento es la confitería más antigua de las que permanecen en activo. Abrió en 1921 tan cerca del mar que sus fundadores cuentan que la arena se colaba por la puerta en cuanto soplaba un poco el viento. En sus alrededores, la trufa de manzana de la bombonería Gloria, en la calle Fernández Vallín, es una degustación obligada.

Bombones entre tienda y tienda

La ruta continúa por la Plaza de Europa, un espacio ajardinado situado en el centro de la ciudad, muy cerca del comienzo de la popular calle Corrida, una de las vías principales, llena de comercios y de vida.

Para recuperar el aliento después de las compras, nada mejor que probar los latidos que propone la pastelería Argüelles, pequeñas creaciones de avellana y chocolate con leche, una receta heredada de una larga tradición de artesanos que se establecieron en Gijón en el 98.

Y si aún quedan energías, en uno de los lados de la Plaza de Europa se encuentra el Museo Nicanor Piñole, un edificio que fue el antiguo Asilo Pola, la guardería infantil donde cuidaban a los niños mientras los padres estaban trabajando en las fábricas, recuerdo de la fuerte tradición industrial de la ciudad. Actualmente acoge una exposición monográfica dedicada al pintor gijonés costumbrista Nicanor Piñole. La entrada, por cierto, es gratuita.

Después de esta inyección de cultura y para finalizar el bono degustación, la pastelería Imperial es otra de las paradas. Es un local que ha sabido integrar la bollería tradicional con las nuevas recetas innovadoras. Su propuesta es la tartaleta de almendra. Para los que se queden con algún antojo pentiente, pueden desgutar los innovadores sables de chocolate en Pomme Sucre, confitería regentada por Julio Blanco cuyo aire afrancesado aporta un aire de modernidad a esta ruta.

GUÍA GASTRONÓMICA

» Heladería Islandia. San Antonio, 4. Helado de arroz con leche. www.heladeriaislandia.com

» Pastelería La Playa. Corrida, 61. Princesita y pasta de nuez

» Bombonería Gloria. Fernández Vallín, 2. Trufa de manzana

» Argüelles. Paseo de la Infancia, 6. Latidos

» Imperial. Magnus Blikstad, 43. Tartaleta de almendra

» Pomme Sucre. Libertad, 26. Sables de chocolate

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