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No Tea, no Party

Recorrido por la Freedom Trail, que recorre los puntos más importantes de Boston. Una ruta que descubre cómo fue la primera Fiesta del Té

No Tea, no Party
A.A.S

Un Londres en América. Edificios de baja altura de ladrillo rojo y en contraste, marcando el skyline, los típicos rascacielos. Pubs que invitan a entrar a tomar una pinta y mezclarse con los locales, amantes del béisbol y la política. Y uno se da cuenta de que Boston sigue siendo algo inglés. En un país donde todo es nuevo para un viajero europeo, la llamada capital de Nueva Inglaterra viene a ser algo así como un casco histórico para los estadounidenses. Este es un recorrido por la ciudad que puso nombre a las Tea Party.

Las buenas Tea Party, poco que ver con el movimiento ultraconsevador con Sarah Palin como una de sus caras más visibles. Ni eran fiestas ni se bebía té. Más bien, todo comenzó con un motín contra los británicos que desencadenaría en la guerra de Independencia.

En la ciudad que más huella conserva de esa etapa, el Freedom Trail es una de las mejores opciones para recorrer la mayoría de los puntos más interesantes de la capital de Massachusetts. Perfecta idea, además, para los viajeros que dispongan de poco tiempo para visitar la ciudad, aunque no les apasione la historia.

Siga la línea roja

Siga la línea roja, no tiene pérdida. El Freedom Trail es una ruta que en sólo cuatro kilómetros. La línea, marcada claramente en las aceras, discurre por en gran parte por el centro y la parte vieja de Boston. Es aquí donde el viajero descubre que Boston lleva el sello de una ciudad de Nueva Inglaterra. La ruta parte en el parque más popular, el Boston Common, situado en pleno centro de la ciudad. El lugar que eligieron las tropas británicas para acampar durante la ocupación de 1775 es hoy un espacio verde de recreo muy popular en Boston. Aquí se disfruta de agradables estampas del largo invierno bostoniano, de paseos en barca por los lagos en verano y del patinaje en el Frog desde noviembre a marzo. Además, hay una oficina de turismo (muy cerca de la boca de metro Park Street, donde el parque limita con Tremont Street) en el mismo parque, que será de utilidad antes de emprender la marcha, sobre todo porque en algunos tramos, perder de vista la línea roja es bastante fácil.

La ruta serpentea entre la Massachusetts State House, que es la sede del Gobierno estatal o la Park Street Church, conocida antaño como la esquina de la pólvora por los incendiarios sermones de sus pastores y porque allí se albergó ese material durante la guerra contra los británicos en 1812.

La línea roja pasa también por lugares como la Kings Chapel, que aloja el cementerio más antiguo de Boston, el Burying Ground, la primera escuela pública de la ciudad o la Corner Bookstore, que de botica pasó a editorial de algunos de los escritores más representativos de Estados Unidos.

Donde surgió la Fiesta del Té

Uno de los puntos más importantes del recorrido es el Old South Meeting House. Es el lugar donde todo comenzó. En este templo puritano de principios del XVIII fue donde se reunían los bostonianos rebeldes para coordinar sus protestas contra los impuestos británicos. Cualquiera diría, viéndolo ahora empequeñecido por los rascacielos que lo rodean, que en su día fue el lugar de reunión más grande de la ciudad. Aquí, Samuel Adams lideró con sus apasionados discursos la revuelta que llevó en 1773 a 7.000 rebeldes al muelle a abordar los barcos británicos y tirar todo su cargamento de té al mar en protesta por los altos precios. Eso fue lo que acabó llamándose la Boston Tea Party.

Si el visitante recala en la ciudad a mediados de diciembre, merece la pena asistir a la Fiesta del Té, que arranca en el edificio y continúa hasta el Tea Party Ships and Museum (cerrado a las visitas por remodelaciones hasta el verano de 2011, donde se recrea el motín contra los británicos.

El edificio está abierto a visitas todos los días (consultar horarios aquí) y en la tienda se pueden comprar las típicas latas de té.

Si el Old South Meeting House se empequeñece con los rascacielos, el contraste de la Old State House y los edificios del Financial District es mucho más evidente. Bajo el balcón de la fachada hay un círculo de adoquines que conmemora la Matanza de Boston, en la que murieron cinco colonos fruto de las tensiones con los soldados británicos.

El final de la ruta lleva al Faneuil Hall, donde es recomendable hacer una parada para disfrutar del ambiente callejero y tomarse algo en los locales que rodean al Quincy Market después de perderse en las galerías del mercado. Cheers ha abierto aquí una réplica de su pub original de Back Bay. A partir de allí, se llega a la casa de Paul Revere, convertido en un personaje venerado por los estadounidenses por su famosa cabalgata nocturna, con la que avisó de la llegada de las tropas británicas a la ciudad. En el paseo de esta casa hasta la Old North Church (el lugar donde el párroco ayudó a Revere colgando faroles en el campanario) se puede parar en cualquiera de los cafés y restaurantes que invitan a entrar en el barrio italiano. Estamos en el North End de Boston. Si el viajero ha recalado en Boston con tiempo suficiente puede continuar la ruta de la Libertad hacia el agradable barrio de Charlestown, al otro lado del río, pero si se llega para dos o tres días conviene dosificarse.

Después de este recorrido al viajero aún le quedan las visitas a la zona marítima, la casi sagrada excursión a Harvard, admirar la Trinity Church y subir al mirador de 360 grados del Prudencial Center antes de despedirse.

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