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Diez destinos para 2008

Decálogo de propuestas de 'El Viajero' para el nuevo año, con rutas para todos los gustos

Promesas retóricas de buenas intenciones, la eterna ración de autocrítica seguida de los deberes personales para mejorar como individuos en el año que entra... No nos engañemos. El sempiterno "necesito mejorar" de cada cambio de curso sólo conseguirá robarnos tiempo para planear, como se merece, lo que realmente estamos esperando, antes incluso de que el año expire con las clásicas campanadas: nuestro próximo viaje.

Ahí van diez propuestas de lo más variado para dejar volar la imaginación y, sobre todo, a nosotros mismos en 2008. Exploradores, andarines, amantes del fútbol y el espectáculo olímpico, enoturistas con miras internacionales, buscadores del descanso y relax más absolutos o enamorados sin remedio de las historias de leyenda, tejida a través de un viaje, como empaparse sobre suelo iraní de la del mítico pueblo persa. Despegamos.

1. Los últimos trazos de Indochina

El río Mekong articula la geografía de Laos. Plagado de montañas y con una de las naturalezas menos dañadas del planeta, es hoy un tesoro perfectamente conservado gracias al total aislamiento que ha vivido durante las últimas décadas, convirtiendo este país en la última joya por descubrir de las colonias francesas de Indochina.

La incipiente apertura el turismo occidental, reflejada en la creciente oferta hotelera de su capital, Vientiane, no impide que la escasa influencia extranjera de antaño permita al viajero empaparse del estilo de vida más tradicional del sureste asiático. De su intensa mezcla étnica y cultural, y de la gran presencia del budismo en todos los rincones del país.

Vientiane y sus Wat Si Saket y Pha Kaew, templo convertido hoy en Museo; Luang Prabang, apacible y salida de su letargo, mezcla calles plagadas de santuarios con las infinitas posibilidades de su entorno natural, como las cuevas de Pak Ou o la preciosa cascada Kuang; el misterio de la Llanura de los Jarros, en la provincia de Xieng Khuang; o el imprescindible recorrido por el gran Mekong, convierten a Laos en la puerta de entrada más atractiva a la península de Indochina.

2. Bolivia, paisajes extraterrestres

La gran desconocida dentro del turismo español al otro lado del charco. Ensombrecida por destinos tan clásicos como Argentina, Brasil o Perú, a diferencia de sus vecinos, Bolivia ofrece cuatro reclamos incuestionables: la escasa población, de mayoría indígena, que favorece la permanencia de hábitats vírgenes, una inesperada variedad ecológica, la diversidad cultural de sus comunidades autóctonas y la casi ausencia de delincuencia.

Cumbres nevadas, espectaculares accidentes geográficos y la vegetación amazónica demuestran las posibilidades del paisaje boliviano, a la vez fácilmente accesible: con una simple caminata de dos días el viajero puede apreciar, y hasta palpar, la magnitud de los Andes.

Paisajes extraterrestres como los salares de Uyuni y Coipasa, el ineludible, aunque turístico, lago Titikaka y su Isla del Sol, o contemplar la capital más 'alta' del mundo, La Paz, desde la privilegiada atalaya del barrio de Chijini completan una propuesta mezclada con la complejidad de culturas, ropajes y costumbres indígenas, de la pluriétnica sociedad boliviana.

3. Austria y Suiza, mucho más que fútbol

El silencio alpino como terapia para las tensiones futbolísticas. La cita deportiva más importante del año en Europa desembarca en Austria y Suiza, dos destinos que proponen muchas más emociones, además de las que desatarán las mejores selecciones del continente en las ocho ciudades que serán sedes del campeonato.

Empezando por éstas, el aficionado, y también viajero, podrá disfrutar de la elegante y señorial Viena, la ciudad de la música por excelencia, Salzburgo, o los encantos arquitectónicos e históricos de Innsbruck, capital de Tirol, y puerta a los Alpes austriacos.

Antes, la suiza Basilea ambientará la inauguración del torneo, mezclada con su enorme oferta cultural: posiblemente, tantos museos como goles podrán ser combinados durante los seis encuentros que acogerá la ciudad. El espectacular Jet d'Eau, principal símbolo de la capital, Ginebra, el encanto de la ciudad vieja de Berna, del siglo XII y declarada Patrimonio de la Humanidad, o combinar la frialdad de la financiera Zurich con su vanguardista barrio oeste, y sus animadas noches, completan una oferta cultural y urbana de lo más variado, siempre con el espectacular y no menos atractivo telón de fondo alpino.

4. Los tesoros de Persia

La herencia de los primeros siglos del imperio persa conduce directamente a las ruinas de míticas ciudades como Susa y, sobretodo, Persépolis, la construcción más espectacular y famosas de Irán. Rastrear la magia del pueblo persa obliga a pasar por Isafhán y su imprescindible conjunto arquitectónico en torno a la Plaza del Imán, hoy Patrimonio Mundial de la UNESCO, así como a pasear por los jardines de Shiraz, ciudad de las flores y los poetas, como reflejan los mausoleos que hoy todavía los recuerdan.

Clima apacible, diversidad de paisajes, antiguas urbes y escondidas aldeas, historia, arte, gastronomía y gente de carácter sensible, bondadoso y sumamente hospitalario, multiplicarán el disfrute de este viaje a los escenarios de las Mil y una noches, y los tiempos de la Ruta de la Seda.

Un periplo fascinante, especialmente si el viajero evita incluir ideas prefijadas en su equipaje, y decide permitirse el placer de la sorpresa como la mejor manera de encontrar y saborear la esencia del país.

5. China, la cita olímpica

El gran evento deportivo del próximo año, los Juegos Olímpicos de Pekín, se convierten en el aliciente definitivo para conocer uno de los destinos imprescindibles para todo viajero: China. Un país milenario y encerrado en sí mismo durante siglos, cuando fue la civilización más refinada e inventiva del planeta, que ha dejado una rica herencia cultural e histórica.

Un auténtico tesoro para el viajero, que tendrá además el privilegio de vivir en persona el profundo proceso de cambio y apertura que está viviendo la sociedad china en todos los sentidos, no sólo en el económico. También en el turístico.

Los primeros Juegos Olímpicos que acogerá el cuarto país más grande de la tierra en extensión, se suman a la lista de atractivos, pero hay muchos más. Tantos como caben en la inmensidad de su territorio (veinte veces la superficie de España), que atesora una gran diversidad paisajística y climática.

Desde su Gran Muralla y la Ciudad Prohibida, hasta escenarios ligados a momentos claves de la civilización, como la Ruta de la Seda. En cualquier rincón de China encontraremos sitios cuyos nombres ya evocan misterio, exotismo, aliciente. El Tíbet, Shanghai, o el mítico desierto de Gobi, nombres que abren en el subconsciente un mundo fascinante, macerado en la mente desde el tiempo de nuestras lecturas juveniles.

6. Enoturismo en Hungría

Dorado en el cielo y dorado en la copa. Desde las primeras luces del atardecer al pie del lago Balatón, al escanciado y degustación de su más internacional y emblemático caldo, la región húngara de Tokay se descubre como una atractiva y relajada puerta de entrada a la Europa del este. Una comarca de suelos volcánicos y amplia tradición vinícola, que despliega a 100 kilómetros de Budapest un completo surtido de posibilidades.

Especialmente en verano, cuando el lago Balatón, segunda extensión de agua del viejo continente, acoge multitud de fiestas en la playa, festivales de vino y conciertos en la arena para todas las edades. La amplia oferta de apartamentos invita a largas estancias culminadas por la tradicional competición de natación de un lado al otro del lago como colofón de la estación vacacional por excelencia.

Para relajarse después del esfuerzo, nada mejor que aprovechar la arraigada tradición húngara por los balnearios. Y es que Hungría se encuentra asentada, literalmente, sobre una de las mayores reservas de aguas termales del planeta.

7. Esauria, la costa púrpura

Desde el interior de su fortaleza, a la calidez y fina arena de su costa, Esauria engancha. Una sugerente y relajada invitación a disfrutar de la cultura marroquí: sus sonidos, olores, sabores y colores, empezando por el púrpura que tanto prestigio otorgó a esta ciudad en tiempos romano.

Perderse por las callejuelas sin coches de su ciudadela, amurallada desde el siglo XVIII; ambientarse en la intensa actividad de su puerto pesquero, atestado de viejos barcos, humildes embarcaciones, y un ejército de gaviotas al acecho de la presa del día; o preferir modernos deportes acuáticos en su infinita playa, completan los placeres de este destino costero de la cercana y asequible Marruecos.

8. Namibia, desierto y paisaje

La paleta paisajística de Namibia engaña primero y sorprende después. Además del embrujo del Desierto de Namib y los diversos accesos a sus kilómetros y kilómetros de arena, como las conocidas dunas de Sossusvlei y Sesriem, este país, vértice continental, maravilla con inmensos desfiladeros como Fish River Canyon, la cordillera de Tsaris, o las caprichosas formas graníticas que rodean Twyfelfontein y su gran tesoro arqueológico: grabados sobre roca excelentemente conservados de unos 1.000 años de antigüedad. Todo cubierto por un cielo infinito y con la mayor cantidad de tonalidades que se pueda imaginar.

La posibilidad de tocar, prácticamente, especies tan africanas como elefantes, leones, jirafas, ñúes, cebras o rinocerontes, campando a sus anchas y en libertad por sus reservas naturales, como el Parque Nacional de Etosha, completa la llamada de Namibia. Un reclamo asentado en la estabilidad política del país durante los últimos años, que ha potenciado además sus posibilidades turísticas.

9. 'Saudades' de ultramar

Una excelente apuesta viajera. Después de inacabables y turbulentos años de lucha por la independencia e inestabilidad política, Mozambique mira definitivamente al futuro desde su ya extinta condición de colonia portuguesa. Prueba de ello es también su creciente recuperación turística.

Bañadas por el Índico, Mozambique atesora algunas de las mejores playas del continente africano, como Tofu y Barra, así como Parques Nacionales ideales para el buceo, con espectaculares barreras de coral, como el archipiélago Bazaruto.

Y no son sus únicos atractivos. Algunas de las mejores muestras de arte africano recalan en los museos de la capital Maputo, de animada vida nocturna, una interesante fusión étnica y colonial se despliega a través de la arquitectura de todo el país, y, como no, los relajantes balnearios del sur no cesan de acoger a viajeros ávidos de sol y tranquilidad.

10. Malta, historia viviente del Mediterráneo

Sol, contacto con el mar, cálido clima mediterráneo, la amable hospitalidad de sus habitantes... Malta lo tiene todo para el viajero que busca tranquilidad y sosiego. Una fórmula y marco ideales, que la han destapado como uno de los destinos predilectos para los turistas europeos.

Pero Malta ofrece más que un paraíso para el relax y el descanso. Sus costas de nítidas aguas son ideales para los amantes del buceo, y otros deportes náuticos. Y para los viajeros más de secano, este archipiélago ubicado entre Sicilia y Túnez, es un auténtico tesoro para los amantes del arte, la historia y la arqueología: vestigios de todas las civilizaciones que pasaron por sus tres islas principales a lo largo de la historia, lo han convertido en un libro viviente del devenir mediterráneo.

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