A 20 kilómetros de Bilbao se encuentra este castillo medieval. Es muy pintoresco que parece de cuento de hadas. Rodeado de un jardín con multitud de plantas exóticas y palmeras parece que uno estuviera en un paraíso. Además, llama la atención su torre que destaca por encima del edificio de piedra. Se parece mucho a los castillos alemanes ya que, aunque impresiona por fuera, el interior es poco habitable y eso que antiguamente era un hotel. Pero sus espacios son pequeños. Este castillo merece la pena verlo.
Situado en la Sierra de Ordula, se trata de un sendero de bosques que alcanza su máximo esplendor en otoño: pinos silvestres, quejigos y hayas, que tiñen todo de un único y maravilloso tono rojizo, anunciador del próximo invierno. Después del continuo zizageo del camino, podremos beber agua fresca de la fuente del Goldetxo y llegaremos al portillo de Peña Vieja y tras atravesarlo, al corral de San Vitores con restos de construcciones pastoriles. Caminamos un poco más entre vacas y caballos para llegar a los pies de Gran Virgen de la Antigua desde donde veremos maravillosas vistas del Valle de Orduña. Un paseo único e inolvidable... ¡Ánimo!
Existe un pueblecito en las estribaciones del Gorbea, llamado Zeanuri, que es un rincón estupendo para conocer esta región. En este pueblo se pueden hacer numerosas excursiones de montaña y también se pueden visitar los caserios más antiguos de Bizcaia. Un aliciente más de este viaje es poder comer la carne de sus granjas que se vende en el pueblo y también se pueden comprar huevos de estas mismas granjas. Un lugar estupendo para alojarse es la casa rural Eleizondo donde se pueden admirar unas vistas maravillosas. Una escapada para encontrar paz.
Pues sí, o al menos eso parece cuando uno camina por la bahía de La Concha ya que ahí esta el Palacio de Miramar. Tanto sus jardínes como el estilo del edificio llaman la atención de los que pasean por allí, además de las vistas a la playa de Ondarreta. En su interior se conservan como originalmente se crearon algunas estancias como el Salón Blanco, el Salón de Música, el Salón de Madera, el Petit Salón, la Biblioteca y el Comedor Real. Es una de las construcciones más bonitas y carismáticas de Donosti
Conduciendo desde Gernika en dirección a Lekeitio nos adentramos en Urdaibai. Tras Kortezubi y Gautegiz Arteaga y su Castillo ahora transformado en un hotel de encanto, propongo dirigirse a la playa de Laida. Tras unos deliciosos kilómetros entre caseríos y en paralelo a la marisma, se vislumbra la promesa de un premio a la altura del entorno. No hay que perderse un baño en la parte de la ría mirando a ambas márgenes con los arenales de Mundaka y Sukarrieta a un lado y Kanala al otro. Decididamente, la vista desde el agua es espectacular.
Recomiendo a los que les guste pasear por la naturaleza ir al Parque Natural de Urkiola, situado en los montes del duranguesado, también conocidos como los Alpes Vizcaínos por sus escarpadas laderas de roca y cuyo pico más alto es el Amboto. Además de sus bonitos paisajes y el santuario a los pies del monte Alluitz, esta reserva está despoblada, aunque hay algún que otro caserío por lo que sus leyendas parecen más creíbles. Cuando estuve me contaron la de Mari, la madre de la tierra que habita en las cuevas aunque sus preferida es la de Mariyenkobia, en la pared del Anboto. Cuentan que cuando se junta algunas leyendas estaba casada con Maju (también llamado Sugaar), y se decía que cuando ambos se juntaban se desataban las tormentas. Dicen que quienes buscan consejo lo hallarán en su cueva y cuentan historias de un hombre que tenía un problema y ella le dió la solución.
Este acogedor caserío de Otxandio ofrece menús por 9,50 euros en los que puedes elegir entre más de 20 platos. Si algo queda claro es que, aunque su aspecto inicial no parezca nada del otro mundo, su comida si lo es y no te quedarás con hambre. Buen surtido de pescados y espectacular carne a la brasa. Kilométrica carta en la que destacan las setas con foie, el solomillo, txuletón…
En la costa vizcaína se encuentra esta pequeña localidad quer llama la atención por el estrecho y rocoso puente formado por la naturaleza que une la costa con un penón donde se encuentra una pequeña ermita del siglo X y de origen templario a la que se accede por unas escaleras. Arriba se puede tener unas vistas increíbles de esta formación natural tan peculiar así como de las diversas aves marinas que suelen sobrevolar la zona. Un entorno natural único en el que no pararás de hacer fotos.
Muy pocas ciudades pueden presumir de tener la playa tan cerca de la ciudad como Bilbao. Gracias al metro los visitantes se pueden acercar hasta Plentzia, Algorta, Getxo y Larrabasterra. Un maravilla al alcance de pocas capitales de provincia.
El Perro chico de Bilbao La Vieja es uno de los mejores sitios donde comer platos típicos vascos pero con un punto de innovación que da originalidad a sus platos. Es uno de los sitios favoritos del arquitecto del Guggemheim hecho que ha dado renombre al restaurante.
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