Un paseo de una semana por los Castillos del Loira en Otoño es impresionante. Nos quitamos de las molestas colas de visitantes, a cambio un clima en que precisaremos de un poco de suerte. Proponemos ir desde Angers, bonita ciudad universitaria que nos acoge hasta la madrugada en la zona estudiante. Parada obligada en Saumur, centro de equitación nacional, y espléndido castillo. La abadía de Fontevrau, y seguir hacia Langeais y el castillo de Azay-le-Rideau. Un alto en la ciudad de Tours, y su bonito casco histórico medieval, para continuar hacia Amboise y Chaumont. Nos acercamos hasta Blois, Cheverny y terminamos en el majestuoso e imperial Chambord. Si nos sobra tiempo y ganas aun nos podremos a ver Chartres y sus maravillosas vidrieras. Nosotros lo hicimos en Noviembre, y fué espectacular y muy recomendable.
Los, aproximadamente, 400 escalones son separan de nuestro destino: subir a las torres de Notre Dame y sentir que tienes París a tus pies. Gárgolas que sacan la lengua o con forma de elefante reciben todos los días a los viajeros y posan orgullosas en sus fotos. Y Emmanuel, la campana de 13 toneladas a la que, para verla, hay que entrar por una puertecita diseñada para liliputienses.
Albi, la ciudad donde nació Toulouse-Lautrec, merece una escapada de dos días. Después de patear por el casco antiguo y por el Museo Toulouse-Lautrec en el palacio de la Berbie, nada mejor que reponer las fuerzas disfrutando de la cocina del Saint Loup (26 rue du Castelviel, tlf. 330563540275). La ensalada templada de chipirones, el steak-tartar, la brocheta de gambas, el camembert "grillé" con especias son irresistibles. Recomiendo el aperitivo de la casa. Hemos elegido el menú de 19 euros, pero cuidado con el vino, puede elevar bastante el precio. Las porciones son generosas, la atención es inmejorable, la decoración desenfadada y el servicio rápido. Está siempre lleno, por lo que es mejor reservar.
Si tienes pensado realizar un vuelo con conexión en París-Charles de Gaulle y si esa conexión-enlace se vertebra sobre una larga sentada en el propio aeropuerto (de, por ejemplo, 8 horas), una alternativa al sopor de la larga espera, es la visita rápida a París. Nada de bus ni taxi -caros y con la posibilidad de que te dejen "atascado"-; opta por el RER -cercanias- y el metro. Lo pillas -con un bono bastante económico- en las terminales 2 y 3. Te lleva hasta Saint Michel-Notre Damme, desde donde podrás empalmar hacia Marte-Eiffel, Mussé d´Orsay -y Louvre- y la propia Notre Damme. Descontando trayectos, dispondrás de seis horas. Ojo a la vuelta: la línea B se bifurca y se debe tomar el RER adecuado: el que para, te deja, en el aeropuerto
A Rennes se la conoce como la pequeña París bretona. Pero lejos del agobio de una gran urbe,es apacible y encantadora.Te sorprenderán sus casitas de madera de colores, que te harán sentir en un cuento medieval, para luego trasportarte a la solemnidad de su Parlamento Bretón. Es un lugar para perderse dos o tres días,aunque realmente puede recorrerse en uno. Siendo imprescindible acercarse al "Parc du Thabor". Y, si el tiempo acompaña,descansar tirado en sus jardines. Los demás días están bien para conocer sus alrededores. Recomiendo Vitré, un pequeñisimo pueblo cuyos atractivos mas singulares son su castillo y murallas. Quizás no captes su encanto en un primer contacto, pero aseguro que merece la pena escaparse un par de horas y conocer a sus acogedores lugareños. Es cosa obligada comer las deliciosas "galettes". Encontraréis cantidad de sitios donde elegir y saldréis encantados. Eso sí,no descuideis los horarios, pues se come pronto y se cena pronto, y puedes acabar quedándote en ayunas.
Para aquellos que vayan a París, procurar coger un día con sol y acercaros a Giverny (autopista Rouen a unos 70 kms.), allí se encuentra la casa del pintor Claude Monet. La casa, los jardines y el lago son un autentico orgasmo visual. He ido 4 veces y solo me encontré el año pasado a una Sra. Española, nipones “a punta pala”.
Esta abadía y fortaleza se sitúa en un promontorio de la costa normanda. Mi recomendación es llegar de noche y perdernos por las calles y callejones, dejándonos llevar por la imaginación a la que dan pie las luces y sombras. A la mañana siguiente podremos comprobar que los pensamientos nocturnos no son tan impresionantes como la visión diurna de este mágico "islote", que se une a tierra a placer de las mareas.
Fantástico fin de semana en el Chateau de la Rivière. Aburridos de los fines de semana lluviosos en casa con nuestras niñas, decidimos probar algo diferente. Muy cerca de Burdeos, en la región de Fronsac, se encuentra un estupendo Chateu, rodeado de viñedos y a un paso de pueblos tan interesantes como Saint-Émilion. Sorprende, tanto su historia, como la comodidad de sus estancias, perfecta para una familia con niños, y además lejos de la impersonalidad de un hotel, es algo más parecido a una casa rural, sin personal de servicio, salvo la persona que da los desayunos por la mañana. A parte de su piscina, sus fontanas y jardines, impresiona el enorme tamaño de las cavas que hay bajo el castillo, y en la que guardan más de un millón de botellas de buen vino, y que en su día sirvieron para salvaguardar el ganado de la región del paso de los nazis, eso sí, un poco oscuras, y hay que visitarlas con linterna…En fin, un sitio que evoca épocas pasadas y desestresa.
Este año estuve de Erasmus en esta ciudad francesa de la región de la Bourgogne. Me enamoré de la ciudad, y de la zona. Tiene un encanto especial, algo que te atrae. No sé si será por las casas estilo francés, por los viñedos, por la gente o por el ambiente que se respira. Es una zona poco conocida de Francia. Siempre solemos hablar de París, de Niza, de Burdeos... ;pero muchas veces es más bonito conocer las áreas pequeñas y poco descubiertas. Situada cerca de Lyon, la Borgoña francesa (Dijon, Beaune) es un destino que yo recomendaría a todo aquel viajero que busque tranquilidad rodeado de un paisaje irrepetible. Recomiendo alojarse en el hotel La Cloche y alquilar un coche para facilitar las visitas por la zona.
El primer consejo es elegir una fecha distinta a la de la mayoría. En temporada media o baja, los precios son inferiores. Un hotel costará menos que en puentes y periodos vacacionales. Enero, febrero o marzo pueden ser unos meses apropiados. El segundo es buscar un vuelo económico. Si lo compras con antelación, puedes llegar a París en avión por 10 euros o menos. De esta manera, reduces los gastos iniciales. Para eso hay que estar pendiente de las promociones que lanzan las aerolíneas de bajo coste. Y el tercer consejo: encontrar un hotel por el que no tengas que hipotecarte. París es el destino más turístico del mundo. Los precios del alojamiento son muy elevados, aunque también la oferta es amplia. Perfectamente puedes dormir en una habitación doble con baño privado por 70-75 euros la noche, desayuno incluido.
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