Muy recomendable el barrio de Vesterbro, en Copenhague, una antigua barriada marginal que ha lavado su cara para convertirse en el rincón más fashion a la hora de buscar ambiente nocturno.
Aunque el hotel es original puesto que cada habitación está diseñada por un artista, recomiendo sólo alojarse una noche para satisfacer la curiosidad. Es servicio está bien, son amables y la ubicación del hotel es buena (es bastante céntrico), pero algunas zonas como los baños de las habitaciones o los ascensores, no han sido rehabilitados. Además, el desayuno era en la barra.
"Det Lille Apotek" es una antigua farmacia reconvertida en restaurante, adonde el mismísimo H.C. Andersen solía acudir. Situado en la céntrica zona peatonal (Store Kannikestræde 15), muy cerca del comercial Strøget, conserva el ambiente de la época y permite degustar platos clásicos daneses como el "Gammeldags andesteg" (pato con ciruelas) o el "Gammeldags flæskesteg" (cerdo asado).
Recién llegados de un fascinante viaje por tierras nórdicas, enfatizo sobre Groenlandia y su grandeza sublime. El paso de Prins Christian Sund, al sur, entre fiordos que, majestuosos, te llevan desde el Atlántico al Mar del Labrador, o viceversa. Los icebergs, siempre presentes. Nuuk, la recoleta capital derrotada por el cemento. Ilulissat, la pequeña población, ya en el Círculo Polar Artico, que te franquea la entrada al paraiso de los glaciares.
Con apenas 15.000 habitantes. Nuuk es una capital singular: a sus espaldas, o sobre ellas, recae la burocracia de un territorio tan extenso como inhóspito. Ciudad con absolutamente todos los avances de la modernor, también, desgraciadmente, la construcción masiva y el tráfico excesivo, y a la que se accede a través de un muelle minúsculo en el que lo primero con lo que te topas, es con el gigantesco buzón de Santa Claus. Nuuk oferta minicruceros a la búsquedade ballenas, tiendas de precio medio-alto y calas preciosas en las que no poder nadar ni tomar el sol.
Desde un glaciar cercano a esta población de 5000 habitantes, se desprendió el iceberg que acabó con el Titanic. Fondear. como nosotros hicimos, en su bahía, te regala unas vistas prodigiosas. A la población y al...inmenso glaciar. Icebergs de todos los tamaños revolotean, mientras otros van desprendiéndose de su matriz. Verlo desde un helicóptero -por unos 100 euros-, sentirlo desde un rompehielos, acudir a su encuentro con un simple paseo, o participar inesperadamente en una caza de focas, son cuatro de las posibilidades que te oferta Ilulissat.
Ilulissat, queda dicho, tiene un censo de 5000 habitantes. Y otro censo: el de los perros. Que cuadruplican al de almas humanas. Cada casa cuenta con su prole perruna, dispuesta para el aarrastre de trineos y otras tareas. Un ladrido poderoso se adueña del día, mientras la noche reflecta un silencio extraño. Ilulissat es, además una población de precios elevados -una cerveza, 9 euros- donde poder comer foca o ballena, con un par de museos interesantes, infinidad de guarderias, tiendas repletas de las últimas novedades y un cierre de actividad general a las 5 de la tarde.
El cabo Niagornaq, en el sur de Groenlandia, nos indica el inicio del paso Prins Christian Sund, que nos llevará desde el Mar del Labrador al Océano Atlántico. A través de tres fiordos -Ilua, Ikerassassuaq, Tasermiut- flanquedos por picos de hasta 2000 metros que proyectan glaciares y torrentes musculosos, y sorteando pequeños y no tan pequeños icebergs, la travesía entre pequeñas islas y la isla madre nos llevará hasta el Cabo Farvel, punto más meriodional de Groenlandia y, tras él, a la brava madre océana . Una auténtica dlicatessen para viajeros, sencillamente inenarrable.
Situadas a unas 300 milas nauticas al norte de las islas Británicas, las Feroe son un archipelago de pequeñas insulas legendarias y pertrechadas bajo una capa inmisericorde de nubes y niebla. En ellas podremos admirar sus acantilados, sus saltos de agua o las vistas que desde el antiguo pueblo de Velbastadur se nos regalan de las vecinas islas Vagar, Hestur, Sandoy y Koltur. La piedra rúnica, granjas e iglesias del siglo X, los acantilados Vestmanna o navegar bajo la Roca de la Esposa del Troll son imperdibles de una rápida visita a tan singular destino. en el que el sol es caro, muy caro de ver.
La capital de las Feroe -situada al sur de la isla principal, Streymoy- se la pasea, apelando a su nombre, como un trueno. o como un rayo: rapidito. Entre otras cosas, porque te calas hasta el tuétano. Su interesante Museo Nacional de Historia donde admirar antiquisimas embarcaciones, pertrechos de pesca, tallas centenarias..., es una opción. Como también lo es recorrer Tinganes, el que fuera punto de encuentro de los vikingos allá por el siglo IX. Visitar la catedral, del s. XVIII, y sorprenderse con las casas de tejados de hierba son otras alternativas para conocer esta ciudad pequeña y coqueta.
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