Es difícil llegar, primero avión desde Quito o Guayaquil a Santa Cruz, después los lugareños te llevarán a la Isla, en una barca con motor, en un viaje de 2 horas horrible. Pero por eso los turistas se cuenta con la palma de la mano, y sólo hay un hotel que merezca la pena,la Casa de Marita, con 20 habitaciones decoradas todas distintas, de lujo, cuya puerta abre directamente a la playa de arena fina y blanca, donde todas las mañanas nos visitaba un cachorro de león marino antes de que el jefe de la manada viniera cada día a llevárselo después de echarle una reprimenda, mientras sobre tu cabeza vuelan aves marinas espectaculares que se lanzan en picado al mar mientras nosotros estábamos SOLOS en esa playa increíble de aguas verdes. ¿envidia? claro! yo también la tendría
Ver esta maravilla de la ciudad de Yagón en Myanmar o Birmania merece la pena por lo dificil que es acceder a este país de dictaduras. La ciudad en la que se encuentra Yagón (como su río) no parece una urbe ya que está rodeada de árboles y un poco aislada. Entre toda esa vegetación resalta la pagoda de Shwedagon, dorada y reluciente por sus techos de oro. La gente es muy amable y al llegar la noche, los bulevares cobran vida ofreciendo a los que pasan todo tipo de comida del lugar y cigarros. Merece la pena acercarse a un país tan castigado en el que sus gentes, al contrario que sus políticos, reciben a los turistas con los brazos abiertos.
Recorrer el Sahara occidental de norte a sur es una experiencia que hará al viajero alternar la euforia con la tristeza mas profunda en cuestion de minutos. La inmensa belleza del desierto, la soledad, la sensacion de libertad, los naufragios que se alinean en las playas...es una montaña rusa de sensaciones que nos pilla más cerca de Europa de los que nos hacen creer.
Si lo que quieres flotar... este es el lugar. Una de las mas maravillosas e increibles experiencias que puedas vivir. Imagínate estar tumbado en la superficie, los minerales del agua te impiden nadar, pero puedes leer el periodico, tomar el sol o un refresco... Si quieres moverte tienes que andar dentro del agua, por supuesto sin tocar el fondo, fomado por increibles montanas salinas. Es una experiencia única.
Llegado por casualidad a esta ciudad, en los días que anduve por estos parajes descubrí unas imágines inigualables (ya desde el avión se adivina un desierto fundido con el pie de las montañas nevadas de los Andes). Visiones inimaginables de los jeroglificos en las colinas, la moderna esclavitud que se adivina tras los muros de las Salitreras ya abandonadas (hoy patrimonio de Humanidad) y un baño en el Oais.
Embarcarse en una goleta turca y visitar el mundo de estos fantásticos animales, no tiene precio. Esto, unido a las zonas poco masificadas y a la simpatía de la tripulación, te hacen pasar unos días extraordinarios en la zona.
Es un pequeño restaurante de comida marroquí que tiene aspecto de riad. En el patio hay algunas mesas, una fuentecilla y algunos árboles. Es un lugar muy íntimo, en el que los camareros son muy amables y atentos. Aunque la primera impresión es que la carta no ofrece demasiada variedad, a la hora de la verdad vemos que lo (poco) que hacen lo hacen muy bien. En cuanto a la cantidad, lo justo y necesario: ni muy poco ni demasiado. En su justa medida. Para llegar, hay que coger la calle que hace esquina con el Café de France en Jemaa el Fna y seguit recto. Está a la derecha y tiene en la puerta una pizarrita adornada con una guirnalda de flores.
Se trata de un pequeño pueblo de la costa atlántica marroquí de paredes blancas y puertas y ventanas azules. Lo primero, decir que llegar es una odisea (desde Marrakech, los billetes de autobús salen por unos 8 euros y los taxis por unos 70) de calzadas mal asfaltadas y conductores que rozan el suicidio. Pero una vez que se entra en el zoco, todo los anterior se olvida. El zoco es precioso, aunque más pequeño que el de Marrakech, es más práctico, ya que una calle principal ancha lo atraviesa. Además, los vendedores no agobian tanto a los turistas, lo cual es de agradecer. Se pueden ver las murallas defensivas, son cañones, el puerto, la plaza de Orson Welles, el antiguo barrio judío... y lo más importante, en los puestecillos de pescado del puerto, se puede comer pescadito recién pescado a la brasa. Una auténtica maravilla. Terminaré diciendo que el viaje el autobús no es apto para personas de corazón débil ni para propensos a los mareos.
Escondida entre las laberínticas calles de la Medina de Marrakech, esta antigua escuela coránica se muestra como uno de los edificios más bonitos de la ciudad. En el patio, nos reciben la fuente de las abluciones y todas las superficies talladas en paredes y columnas. Las antiguas celdas de los estudiantes, se distribuyen en las plantas baja y primera y, algunas de ellas, son diminutas y carecen de ventanas. Merece la pena buscar la madraza entre los miles de puestecillos del zoco.
El Celebrity Cruises es un barco excepcional y maravilloso que hace un recorrido por Alaska saliendo de Vancouver, Canadá. El crucero puede durar de una a dos semanas, dependiendo lo que uno escoja. Te lleva a visitar lugares maravillosos de Alaska, estando en contacto directo con la naturaleza. Puedes ver desde ballenas hasta icebergs .También puedes llegar a pisar el mismísimo iceberg y dar un pequeño recorrido en él.
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