De Úbeda a los rincones más sugerentes del parque natural de las sierras de Cazorla, Segura y Las Villa
ANA ESTEBÁN
La provincia de Jaén tiene la fortuna de estar acostada entre los dedos de los ríos, y esa humedad subterránea excita la tierra roja de los olivos de camino a Úbeda. Cuando aparece la ciudad asomada al valle del Guadalquivir y lo primero que se descubre es el Hospital de Santiago -hoy, centro cultural y auditorio con una interesante programación-, se intuye que éste es uno de esos lugares donde la belleza de las piedras va a hablarnos desde el silencio tras cualquier esquina. Úbeda, junto con Baeza, reúnen parte del mejor Renacimiento español, por eso son patrimonio mundial. No es de extrañar que San Juan de la Cruz sufriera aquí tanto arrebato místico; en aquel tiempo, el hombre no sabía si empezar a buscarse a sí mismo o seguir buscando a Dios, y su duda humanista punteó los muros, los lienzos, las palabras.
Andrés de Vandelvira (1509- 1575), autor de la catedral de Jaén, y Diego de Siloé (1495-1563) dejaron numerosos alardes arquitectónicos no sólo en estas localidades, sino en toda la comarca. En la Sacra Capilla del Salvador de Úbeda trabajaron mano a mano en el exquisito decorado que funde la iconografía mitológica con la cristiana, y que con sus cariátides y atlantes plasma esa confrontación del hombre con su dios. En Baeza, la iglesia románica de la Santa Cruz, en la plaza de Santa María, opone su rigor templario a todo el ornato que la acosa, desde la catedral, desde el palacio de Jabalquinto o desde la antigua universidad donde impartió sus clases el poeta Antonio Machado.
PEÑA DE LOS HALCONES
Úbeda y Baeza son inacabables, pero también el Guadalquivir y el Segura han labrado a su paso una orografía asombrosa hasta tomar sus caminos opuestos al mar. Entre las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, la cuenca alta del Guadalquivir es el núcleo del parque natural más extenso de España, declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco. Sentado en alguna terraza de la plaza de Santa María en Cazorla, al pie de la Peña de los Halcones, uno puede decidir qué ruta va a tomar tras visitar los sobrecogedores restos de esa iglesia atravesada de parte a parte por el río Cerezuelo que casi todos los estudios atribuyen también a Vandelvira. Entre las ruinas aún quedan frescos muy deteriorados, hombres y animales fantásticos en los capiteles, querubines en las portadas encarados a la posta del tiempo.
A unos kilómetros de allí y a más de mil metros de altura, en la Cañada de las Fuentes, dicen que nace el Guadalquivir. Para buscarlo hay que dirigirse hacia Pozo Alcón y tomar el camino forestal cruzando el puente de las Herrerías, del siglo XV. Los lugareños cuentan que lo construyeron los caballeros de Isabel de Castilla durante la noche para que la reina pudiera vadear el río por la mañana.
Cerca de Quesada, en la Cueva del Agua, la corriente ha excavado una hermosa gruta en la roca del Monte del Caballo a la que se accede por un túnel, donde se programan conciertos durante el mes de agosto.
Como atestiguan las ruinas romanas de Bruñel o los restos iberos de Toya, esta tierra está habitada desde hace miles de años por gentes de campo, así que infinidad de vías y cañadas surcan el parque y sus poblaciones, y algunas se han aprovechado como rutas de senderismo entre pinares, quejigos y encinas, entre el olor del romero y las madreselvas. En época de Fernando IV, los troncos cercenados de estos bosques viajaban por los ríos hasta Cartagena y Cádiz para abastecer a la marina real y construir la catedral de Jaén o la Fábrica de Tabacos de Sevilla.
MURALLAS CALIZAS
Uno de los itinerarios más conocidos del parque es el de Cerrada del Utrero, donde el agua discurre apretada entre murallas calizas y se precipita en cascadas como la de Linarejos. En el embalse del Tranco, el río se aplaca en un enorme valle y se puede contemplar su curso desde el Puerto de las Palomas hendido entre las sierras y gargantas, sobrevolado por las águilas, buitres y azores que anidan en los cortados, y hasta hace poco, también por los quebrantahuesos.
Sumergidas en el agua, como una alucinación verdosa, las ruinas del castillo de Bujaraiza sirven de abrigo a los peces. Para llegar hasta aquí, el Guadalquivir ya ha descendido mil metros. Hacia Hornos se estrecha el Tranco en otro valle anegando tierras que fueron de labor. El pueblo aparece encaramado en lo alto, con su fortaleza medieval abrazada a las casas blancas. Si se ha caminado mucho, es aconsejable reponer fuerzas con un ajoatao o unos andrajos, o probar el cordero de la zona.
Cazorla, La Iruela, Segura de la Sierra y Bujaraiza también guardan en sus castillos memoria de los reinos musulmanes y de las muchas batallas que por aquí se libraron. En Segura, además de unos baños árabes, se conserva la casa del poeta cuatrocentista Jorge Manrique, donde quizá escribiera las famosas coplas a su padre. Si trepa al risco que sostiene el castillo templario de La Iruela tendrá la tentación de despegar y planear sobre esa infinitud de olivos rodeada de sierras, que le parecerá, como a Antonio Machado, un mar, un mar rizado y verde.
MOLINOS HARINEROS
Por la carretera y tras atravesar la manga de Villaluenga, entre las lomas aparece una calzada romana que conduce a Ubrique. Pero antes, hay que subir a Benaocaz, en árabe hijo de Ocaz. Dos construcciones del siglo XVIII, el cementerio y la ermita de San Blas reciben al visitante en la entrada del pueblo. Enfrente, una fábrica de embutidos caseros y jamones ibéricos de los Hermanos Piñero, que tienen entre sus productos estrella el chorizo, las longanizas o la butifarra blanca.
Al límite del parque, en Villanueva del Arzobispo, Cervantes fue recaudador de impuestos de trigo; entonces había molinos harineros ubicados en la margen del río. En los alrededores hay varios cortijos rurales para pasar la noche, y en la Charca del Aceite se puede tomar un baño cuando el tiempo así lo pida. Para adentrarse en la espesura o conquistar estas montañas hay varios centros de interpretación que proporcionan mapas, rutas y también información sobre los ecosistemas de este fabuloso espacio natural, donde entre las más de 2.000 especies de flora uno puede encontrar plantas carnívoras o el narciso más pequeño del mundo. Y si luego se detiene en medio del paisaje, sobrecogido de pronto por una especie de silencio habitado, alcanzará a ver gamos, muflones o ciervos.
GUÍA
Visitas
»El parque natural de las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas se encuentra al noreste de la provincia de Jaén. El sendero Cerrada del Utrero — 1,5 kilómetros— comienza en El Valle y asciende en paralelo al río Guadalquivir hasta alcanzar un salto de agua llamado Cola de Caballo (o cascada de Linarejos), la Cerrada del Utrero y, finalmente, el embalse del mismo nombre. Más información en el Oficina de Turismo de Cazorla (953 71 01 02). Lunes a domingo de 10.00 a 13.00 y de 17.00 a 19.30) y Centro de Visitantes Torre del Vinagre (953 71 30 17). Martes a domingo de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 19.00. En julio de 17.00 a 20.00. » www.juntadeandalucia.es/medioambiente. » www.andalucianatural.com.
Información
» Turismo Úbeda (953 77 92 04; www.ubedainteresa.com).
» Turismo de la provincia de Jaén (www.promojaen.es). »
»Turismo de Andalucía (www.andalucia.org)
Dentro de poco se conocerán los ganadores del Concurso 'Un verano en Andalucía de foto'.
Fotos del ConcursoConsulta los mejores reportajes, para planificar tu viaje por Andalucía