Una ruta artesana y ecológica con paradas en Ubrique y su marroquinería y en Villaluenga y sus quesos 'payoyos'.
JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA
Quizá el hecho de que la Sierra de Cádiz parezca animarse especialmente con la llegada del otoño obedezca, después de todo, a un malentendido: el que disuade a algunos de dejarse ver por estos pagos hasta bien entrada la estación fresca. No es que el verano aquí sea tan fiero como lo pintan. Pero para subvertir los tópicos ni siquiera vale la evidencia de que, después de las primeras lluvias de septiembre, el veranillo de San Martín se manifiesta aquí como una auténtica primavera, que engaña al frío y lo aplaza hasta bien entrado noviembre.
Pero, ante todo, conviene saber de qué estamos hablando cuando decimos sierra de Cádiz. Para quienes se fían de las demarcaciones administrativas o turísticas, este marbete corresponde al Parque Natural de la Sierra de Grazalema, o se confunde con la llamada Ruta de los Pueblos Blancos, que es otra cosa. Quien esto escribe no entra en esas disquisiciones. Pero sí podría alegar, a favor de su propia idea del asunto, una modesta evidencia: la sierra es la tenue mancha, parecida a una nube, que los gaditanos vemos en el horizonte, hacia el norte, cuando salimos de la capital por la nacional IV. Pasado Arcos de la Frontera en dirección a El Bosque, la mancha se concreta en un impresionante, aunque no demasiado alto, perfil montañoso que tendremos frente a nosotros hasta el momento en que lo dejemos a nuestra izquierda, al tomar el desvío a Ubrique.
Hace este tramo entre El Bosque y Ubrique la función de cuerda de un arco que, partiendo de este último y en sentido inverso, enlazaría por una carretera de montaña las localidades de Benaocaz, Villaluenga y Grazalema, para descender de nuevo a El Bosque u, opcionalmente, alargarse por el espectacular puerto de las Palomas o la sinuosa ribera del Gaidóvar, hasta Zahara de la Sierra. En esta ruta se concentra, en una muy abarcable cercanía, lo más característico de la comarca, sus bellezas más acendradas.
SÁBADO
Punto de salida: Benaocaz
Para disfrutarlas en un fin de semana, una buena opción sería partir de algún punto intermedio: el municipio de Benaocaz, por ejemplo, verdadera encrucijada natural desde la que el excursionista puede ir a pie, si lo desea, hasta la propia Grazalema, Villaluenga o Ubrique. Pero, antes, lo aconsejable es que el recién llegado a Benaocaz un viernes por la tarde, pongo por caso, pasee sus melancolías otoñales, si las trae consigo, por las ruinas del Barrio Nazarí y apalabre la cena en el mesón El Refugio, antes de intentar visitar el Museo Histórico, casi siempre cerrado, o, con mejor tino, preguntar por el artista local, José Antonio Martel, que guarda en su casa, y enseña a quien quiera verla, una excelente colección de cuadros, suyos y de otros, con la que el viajero tendrá un primer anticipo de uno de los secretos mejor guardados de la comarca: la existencia de una escuela pictórica propia cuyo centro está en el cercano Ubrique.
Salto a Ubrique
Allí se dirigirá el viajero a primera hora de la mañana del sábado, a pie, por la calzada romana, que en apenas una hora lo llevará directamente al casco antiguo de la localidad, donde podrá visitar la curiosísima ermita de San Juan de Letrán, de planta octogonal, o el convento de los Capuchinos, que alberga el Museo de la Piel. El paseo podría rematarse con unas compras (marroquinería, naturalmente) en el centro; o, si el viajero tiene otro ánimo, con unas cañas de manzanilla y alguna fritura en la taurina taberna de Carriles, en la plaza de la Verdura.
Villaluenga
De vuelta al punto de partida (para lo que puede requerirse un taxi, si no se quiere repetir la caminata), el viajero podrá dirigirse a Villaluenga del Rosario, donde, si aún nos quedan ganas de almorzar, lo haremos en la muy hogareña Fonda de Ana Mari. Por la tarde podremos subir al pintoresco cementerio ubicado en las ruinas de una iglesia, o espigar algún recuerdo del gran poeta local Pedro Pérez Clotet, animador de revistas literarias y amigo de los del 27; y comprar, por supuesto, unos quesos payoyos, hechos con leche de la cabra autóctona. Suficiente, entiende uno, para un sábado que tampoco se quiere demasiado ajetreado.
DOMINGO
La mañana en Grazalema
El domingo lo dividiremos también, a partes iguales, entre Grazalema y Zahara. A la primera llegaremos temprano, con idea de subir a pie hasta el cercano puerto del Boyar y tener desde allí una vista única del Salto del Cabrero, un pico hendido que sirve de punto de referencia a muchas posibles excursiones. Luego recorreremos el casco urbano, buscando el muy recatado torreón romano que todavía vigila la ribera del arroyo Gaidóvar; o la fuente que dicen también romana, cuyos caños brotan de otras tantas máscaras de ignotas divinidades. Almorzaremos en el restaurante Cádiz Chico, que también parece de otro tiempo, o en cualquiera de las soleadas terrazas que llenan las plazas del pueblo.
La tipología de espeleotemas es oceánica: estalactitas, estalagmitas, banderas, gours, coladas, huevos fritos, uñas, espárragos... En el centro de interpretación lucen, reproducidas, las pinturas solutrenses halladas en la cueva.
Y la tarde en Zahara
Ya por la tarde, nos llegaremos a Zahara, donde subiremos a la airosa torre que la domina, compraremos aceite recién prensado en El Vínculo, una antigua almazara de traza dieciochesca, y nos interesaremos por la posibilidad de pasar unos días, en otra ocasión, en algún punto del rico y variado entorno natural: por ejemplo, en la ubérrima vega, hoy quizá demasiado expuesta a presiones turísticas, que riega el arroyo Bocaleones.
A las melancolías del otoño, en fin, y a las propias de la tarde del domingo, uniremos, a la vuelta, las propias de quien, por haber abarcado mucho, se ha quedado con ganas de más. Lo que nos inducirá a volver pronto, quizá en alguno de los puentes festivos que todavía nos guarda este mismo otoño.
» José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963) es autor de la novela Vacaciones de invierno (Editorial Paréntesis, Sevilla, 2009).
GUÍA
COMER
» Mesón El Refugio (956 12 55 64). Calle de las Laderas del Parral, 1. Benaocaz. Alrededor de 15 euros.
» Taberna de Carriles (956 46 37 73). Plaza de la Verdura, 10. Ubrique. Unos 10 euros.
» Cádiz Chicco (956 13 20 27). Plaza de España, 8 y 10. Grazalema. Unos 20 euros.
» Fonda de Ana Mari (956 46 00 43). Mártires, 1. Villaluenga del Rosario. Precio medio, alrededor de 15 euros.
»Mesón El Refugio (956 12 55 64). Calle de las Laderas del Parral, 1. Benaocaz. Alrededor de 15 euros.
VISITAS
» Almazara El Vínculo (956 12 30 02; www.molinoelvinculo.com). Carretera Zahara-Grazalema, s/n. Zahara de la Sierra. También ofrece alojamiento en casas rurales.
INFORMACIÓN
» Centro de Interpretación del Atún de Almadraba (670 94 68 79; www.atunalmadraba.es).
» Ayuntamiento de Villaluenga del Rosario (www.villaluengadelrosario.es; 956 46 00 01).
» Oficina de turismo de Ubrique (956 46 49 00; www.sierradeubrique.com).
» Oficina de turismo de Grazalema (956 13 22 25; www.grazalema.es).
» Oficina de turismo de Zahara de la Sierra (956 12 31 14; www.zaharadelasierra.info y www.zaharadelasierra.es).
» Web de la sierra de Cádiz (www.sierradecadiz.com).
» Patronato Provincial de Turismo de Cádiz (www.cadizturismo.com).
»Turismo de Andalucía (www.andalucia.org).
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