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Los mejores destinos europeos para 2017

10 ciudades, regiones y países que merece la pena descubrir antes de que se pongan de moda definitivamente

Contemplando el amanecer desde el castillo de Monsaraz, en el Alentejo (Portugal). Ampliar foto
Contemplando el amanecer desde el castillo de Monsaraz, en el Alentejo (Portugal). agefotostock

Desde la ignorada capital croata, Zagreb, hasta el puerto normando de Le Havre, que celebra su 500 aniversario, Lonely Planet selecciona los diez destinos europeos que merece la pena descubrir este año. Escogidos por los expertos (editores y viajeros) de la editorial, la lista Best in Europe destaca diez países, regiones o ciudades que, aunque han pasado hasta el momento inadvertidos o subestimados por el turismo internacional, cada vez son más valorados por los viajeros más experimentados. Lugares que merece la pena descubrir antes de que lo haga el turismo de masas. 

Calle peatonal en el barrio más antiguo de Zagreb (Croacia). ampliar foto
Calle peatonal en el barrio más antiguo de Zagreb (Croacia). Getty

1 Zagreb (Croacia)

La buena vida croata

De apariencia centroeuropea y vida relajada, esta Zagreb ha permanecido eclipsada por la belleza y espectacularidad de las costas y parques naturales croatas. Pero merece la pena descubrir el aire austrohúngaro que se respira en algunos rincones (nos recordarán a Viena o Budapest), así como los sorprendentes ejemplos de la típica arquitectura soviética. Las calles y plazas están llenas de cafés de agradables terrazas donde sus habitantes se entregan a uno de sus ritos preferidos: tomar café a todas horas. Renovada en los últimos años con arte callejero, galerías, espacios creativos y una gastronomía cada vez más cuidada, en 2017 se ha inaugurado la esperada terminal del aeropuerto de Zagreb, con un gran número de nuevas rutas que facilitan más todavía una escapada a la capital croata.

Experiencias imprescindibles en Zagreb: pasear entre sus iglesias y palacios barrocos; visitar el Museo de las relaciones rotas, dedicado a romances y rupturas amorosas; acercarnos a la antigua estación del Orient Express; probar los productos frescos que venden en el mercado de Dolac, así como las cervezas artesanales que se han puesto de moda; montar en el funicular (el más corto del mundo) hasta la parte alta para visitar el barrio más antiguo y, por supuesto, tomar un café en alguna de sus muchas terrazas, especialmente los sábados por la mañana, cénit semanal de esta costumbre cafetera que se conoce como la spica.

Monolitos de roca caliza en Gotland (Suecia). ampliar foto
Monolitos de roca caliza en Gotland (Suecia).

2 Gotland (Suecia)

La Suecia más soleada

Gotland es una de las regiones con más encanto de Suecia. Los suecos lo saben desde hace tiempo (es uno de sus destinos predilectos para las vacaciones estivales) y ahora comienzan a conocerse los encantos de esta isla del Mar Báltico entre los turistas internacionales. Bucólica y tranquila, es la más grande y soleada del país. Aldeas de pescadores que parecen detenidas en el tiempo, playas de arena y acantilados, bosques misteriosos y algunos enclaves históricos de enorme interés, como Visby, la capital, un ejemplo muy bien conservado de ciudad comercial de la liga hanseática, fundada en el siglo X, con más de 200 almacenes y casas de mercaderes tras sus murallas.

Además, este mes de junio acogerá los Juegos Bienales de la isla, excusa perfecta para explorar la isla en bicicleta por sus carreteras sin tráfico. Quienes en su día vieron la serie infantil Pippi Calzaslargas (Pippi Langstrung) reconocerán sus paisajes; se rodó en Gotland.

En Gotland, a 90 kilómetros de la Suecia continental y fácilmente accesible en ferri y avión, resulta imprescindible deambular por renovado Strandpromenaden (paseo de la playa), un sendero para peatones y ciclistas de cinco kilómetros que recorre la costa norte de Visby pasando por delante de torres, fortalezas, ruinas y playas. En verano la ciudad se ambienta para su Semana medieval, con sus plazas y calles transformadas en mercados que acogen torneos de caballeros, magos, lecturas históricas, actuaciones musicales y obras de teatro.

Playa de Vilar, en el parque natural de Corrubedo, en la provincia de A Coruña (Galicia). ampliar foto
Playa de Vilar, en el parque natural de Corrubedo, en la provincia de A Coruña (Galicia). Agefotostock

3 Galicia (España)

El nuevo atractivo español del viajero internacional

Galicia permanecía hasta ahora al margen de las grandes corrientes turtistas que visitan España cada año, por detrás de las cálidas playas del sur, la costa de Levante y Cataluña. Pero cada vez son más los viajeros internacionales que descubren los encantos de esta apartada región noroccidental.

El Camino de Santiago ha hecho mucho por dar a conocer Galicia al resto del mundo, pero también el creciente deseo de, más allá del sol y playa, descubrir paisajes más auténticos. Y Galicia es una alternativa diferente al resto del país, con su propia lengua, su propia música, su impresionante patrimonio arquitectónico, sus pueblos de pescadores, sus centenares de playas y una gran gastronomía basada en los excelentes productos del mar y la tierra. Además, Cambados es la Ciudad Europea del Vino en 2017.

Además de espectaculares acantilados, como Cabo Ortegal o Cabo Fisterra, en la Costa da Morte, los fotogénicos paisajes de las Rías Baixas o ciudades históricas llenas de patrimonio histórico (y buen tapeo) como Lugo, hay que lanzarse a descubrir el parque nacional de las Islas Atlánticas, especialmente su máxima joya, el archipiélago de las Cíes. Sin olvidarse de saborear, probablemente, el mejor marisco de Europa, ingrediente básico de la Nova cociña galega, o descubrir el arte en piedra de sus murallas, los pazos, cruceiros como el de Hío, o el hórreo más grande de todos, en Carnota. Entre sus catedrales, la de Santiago de Compostela, obra cumbre del arte románico, lleva más de un milenio acogiendo a millones de peregrinos llegados, esforzadamente, desde muchos puntos del continente.  

Centro turístico de Sveti Stefanen, en Montenegro. ampliar foto
Centro turístico de Sveti Stefanen, en Montenegro. Getty

4 Montenegro

Aventura y exploración en el corazón de los Balcanes

El turismo internacional comienza a llegar a Montenegro, sobre todo a bordo de los cruceros que recorren la bahía de Kotor, en la costa adriática. Menos conocido es el norte del país, una región para aventureros sin apenas turistas. Al menos de momento. Los más lanzados pueden hacer rafting en el cañón de Tara, el más profundo de Europa, dentro del parque nacional de Durmitor, patrimonio mundial, o explorar reservas naturales más desconocidas aún.

La gran joya es el parque nacional de Biogradska Gora, acurrucado en los pliegues de los mon­tes Bjelasica, con un ambiente sereno, solitario y virgen. Su principal reclamo es el lago Biograd, aunque también son muy atractivas las sendas que surcan una de las extensiones de bosque virgen más importantes que se conservan en Europa.

Para quienes busquen historia y cultura, el destino son los monasterios encaramados en acantilados como el de Ostron o en el espectacular valle de Moraca. Uno de los grandes encantos en este rincón casi perdido de Europa es visitar poblaciones donde la vida cotidiana permanece muy alejada de la del resto del continente.

Vista nocturna de The Headrow, en el centro de Leeds (Inglaterra). ampliar foto
Vista nocturna de The Headrow, en el centro de Leeds (Inglaterra). Getty

5 Leeds (Inglaterra)

El nuevo destino cool de Inglaterra

En el norte de Inglaterra, al norte de Manchester y cerca de York, la ciudad de Leeds ha pasado la última década reinventándose hasta convertirse en una meca para amantes de la cerveza artesanal y la diversión nocturna. Pero Leeds, una tradicional y gris ciudad industrial que ha reconvertido definitivamente su centro victoriano y el carismático Mill District, repleto ahora de boutiques, cafés y restaurantes, es también un centro de arte de fama creciente; para muchos, incluso una alternativa a Londres para pasar un fin de semana diferente.

Cada mes de mayo la ciudad acoge durante dos semanas el Leeds Indie Food, cita que la convierten en la referencia gastronómica del norte de Inglaterra. Y este año, además, de forma especial, pues coincide con la reapertura de la principal Galería de arte de la ciudad y el 50 aniversario del caribeño Carnaval de Leeds, uno de los más auténticos y veteranos de Europa, anterior al de Notting Hill.

Leeds, en otros tiempos ciudad grande de Yorkshire, presidida por molinos y fábricas, ha reconvertido su alma industrial con nuevos enclaves culturales, brunchs en cervecerías, eventos pop-up y una floreciente gastronomía en cafés y mercados renovados. Merece la pena descubrir Holbeck, maravilla industrial del siglo XIX y el primer barrio rojo legal de Gran Bretaña. Ahora acoge pubs y atractivos poco convencionales, centros de arte o estudios. Otra joya: el reformado Kirkgate Market, de hierro forjado, en el que creó su imperio en 1884 el gigante Marks & Spencer, y que hoy es uno de los mercados cubiertos más grandes de Europa.

Vista del pueblo de Marvao, en el Alentejo portugués. ampliar foto
Vista del pueblo de Marvao, en el Alentejo portugués. Getty

6 Alentejo (Portugal)

Desconocido (y cercano) paraíso gastronómico

Maravillas culinarias, paisajes silenciosos, castillos que se encaraman en lo alto de las colinas, costas escarpadas y enclaves declarados patrimonio mundial (templos romanos o curiosos osarios históricos) son algunas de las maravillas del Alentejo. Pero esta región portuguesa es también uno de los grandes destinos gastronómicos desconocidos, con viñedos, olivares y fértiles campos. Es el alma de la cocina portuguesa, con recetas centenarias que se pueden degustar en restaurantes auténticos.

La reciente creación de la Ruta Vicentina, una travesía costera de varios días, acompañada de la apertura de nuevos y creativos restaurantes, así como de pequeños hoteles rurales con encanto, no han disminuido, sin embargo, la belleza tranquila del Alentejo. Viñedos, bodegas y villas medievales tan bien conservadas como Évora, reina de la región. Sus muros del siglos XIV esconden calles angostas que llevan hasta impresionantes legados arqui­tectónicos, como su recargada catedral, claustros medie­vales, ruinas romanas y una pintoresca plaza. Pero hay mucho más por descubrir en el Alentejo: Beja, Vila Nova del Milfontes, Elvas, Reguengos, Villa Viçosa, Montemar.  

Puerto y casco antiguo de Husum, en el norte de Alemania. ampliar foto
Puerto y casco antiguo de Husum, en el norte de Alemania.

7 Norte de Alemania

Nuevos paisajes bálticos

Más allá de Berlín o de Munich, quienes quieran descubrir un nuevo paisaje en Alemania deben dirigirse cuanto antes hacia el norte. Por ejemplo a Hamburgo, que este año inaugura la nueva Filarmónica del Elba, de Herzog & de Meuron. Hamburgo es uno de los puertos tradicionales del norte de Alemania, puente entre la Europa continental y Escandinavia y entre el Mar del Norte y el Báltico. Sorprende la gran isla interior, en torno a la que se organiza la ciudad, sus más de 60 museos y sus abundantes centros culturales y clubs de música.

Pero el norte de Alemania es, sobre todo, una región para disfrutar del contacto directo con la naturaleza. Grandes cielos, costas casi salvajes y ciudades medievales de interesante pasado, como Lübeck y Bremen. También hay islas secretas conservadas como apacibles santuarios naturales, como Sylt, refugio para ricos y famosos con más de 40 kilómetros de playas blancas rodeadas de dunas, casitas de campo antiguas y faros pintaros a rayas. O Helgoland, la isla-roca, una especie de Alcatraz alemán pero que nunca ha sido prisión sino un lugar tranquilo, casi místico. O Rügen, la isla más grande, un reducto en el Báltico convertido en una de las escapadas más populares de los berlineses en busca de naturaleza. La isla de Ferman, unida al continente por un puente, soleada y familiar, es muy conocida para los alemanes pero apenas por los extranjeros. Un lugar perfecto para observar aves o disfrutar en familia, con 76 kilómetros de playas.

Bodegas de Mileş¬tii Mici, en Moldavia. ampliar foto
Bodegas de Mileş¬tii Mici, en Moldavia. Agefotostock

8 Moldavia

La última frontera de Europa

Bodegas secretas, monasterios en lo alto de acantilados y ciudades desconocidas entre viñedos. Moldavia, pequeño país entre Rumanía y Ucrania, es uno de los menos visitados de Europa. Todo en él parece detenedio en el tiempo y sorprende a quienes llegan hasta el último rincón del este continental. Sede este año de ExpoVin 2017, es un buen destino, por ejemplo, para descubrir buenos vinos del este de Europa.

Olvidada y apenas conocida, Moldavia recibe un número ínfimo de turis­tas internacionales y no cuenta con las infraestructuras necesa­rias, pero ese es uno de sus grandes atractivos. Su ambiente remoto hace que viajar por el país suponga un reto y una aventura, y su estilo de vida pausado y atemporal invita a conversar a la sombra de los frutales en pleno verano.

Los escasos puntos de interés, alejados entre sí, están esparcidos por sus agradables paisajes ondulados. La capital, Chisinau, fue reducida a escombros durante la II Guerra Mundial y sufrió un devastador terremoto en 1940, pero ha conseguido pese a todo conservar un cierto encanto y su espíritu cosmopolita. Presume de frondosos bulevares que mezclan grandes edificios de hormigón de la época soviética con inesperados cafés y bares de estilo francés. Otra parada interesante es Cricova, la bodega más conocida de Moldavia, un reino vinícola subterráneo ubicado 15 kilómetros al de Chisinau: la mitad de sus 120 kilómetros de túneles originales del siglo XV están jalonados de botellas. Mileş­tii Mici, instalada en una mina de caliza, es, con 200 kilómetros de galerías, una de las bodegas más grandes del continente. Otra parada interesante es el monasterio de Orheiul Vechi, tallado por monjes en la roca de un imponente despeñadero en el siglo XIII y, probablemente, la visita más evoca­dora del país.

Tumba de los Reyes, en Pafos (Chipre). ampliar foto
Tumba de los Reyes, en Pafos (Chipre). Getty

9 Pafos (Chipre)

Capital Europea de la Cultura

La antigua capital romana de Chipre vuelve a tener un título muy especial: Capital Europea de la Cultura en 2017, ocasión para atraer la atención del resto del mundo. Hoy es una ciudad secundaria en la antigua isla de Afrodita que, ocupación tras ocupación, atesora una superposición de monumentos. Templos, castillos, catacumbas, mosaicos romanos, termas medievales… unos yacimientos extraordinarios en Kato Pafos y las Tumbas de los Reyes, declarados patrimonio mundial. 

Con más de 3.000 años de historia, esta ciudad tiene todos los requisitos para celebrar la cultura. En su antiguo odeón han actuado artistas desde el siglo II antes de Cristo, y sigue albergando cada verano obras de Esquilo, Sófocles, Eurípides y otros autores de la antigua Grecia durante el festival de teatro antiguo. Además, el castillo de Pafos se convierte en un centro de ópera durante el Aphrodite Festival. Este año habrá muchas otras actuaciones, exposiciones y conciertos en diversos escenarios. Más de 300 eventos servirán para tender puentes entre culturas y convertir por un año a Pafos en uno de los grandes destinos europeos.    

Centro cultural Le Volcan, proyectado por Óscar Niemeyer, en Le Havre, en Normandía (Francia). ampliar foto
Centro cultural Le Volcan, proyectado por Óscar Niemeyer, en Le Havre, en Normandía (Francia). Getty

10 Le Havre (Francia)

500 años de historia portuaria

Este tradicional puerto de Normandía celebra este año su 500 aniversario con un festival de arte y música que se disfrutará a lo largo de cinco meses de conciertos, instalaciones artísticas al aire libre, desfiles callejeros, fuegos artificiales y, especialmente, con actuaciones de gigantes mecanizados y un templo zen flotante con una plataforma de observación submarina.

Le Havre es fantástico para explorar el resto de Normandía, como las famosas e históricas playas del desembarco aliado durante la II Guerra Mundial. Pero también merece la pena conocer la ciudad, uno de los grandes puertos franceses y gran escaparate de arquitectura moderna que presume de obras de Auguste Perret, Othello Zavaroni y Oscar Niemeyer.

El centro, arrasado en septiembre de 1944 por los bombardeos aliados, se reconstruyó por completo después bajo la dirección del arquitecto belga Auguste Perret. Lo que emergió de los escombros es una inesperada carta de amor al modernismo y una muestra del optimismo y la energía de la Francia de posguerra. Una ciudad que se ama o se detesta, con grandes plazas y rarezas arquitectónicas como Le Volcan, de Oscar Niemeyer. Símbolo de la ciudad, este centro cultural cuenta con salas de conciertos y excelente cine de arte y ensayo. También hay que visitar al museo de arte moderno André Malraux, cuya fabulosa colección de obras impresionistas figura entre las mejores de Francia fuera de París, y comprender por qué la ciudad fue declarada patrimonio mundial en 2005.

Más información en la web Best in Europe 2017 y en www.lonelyplanet.es

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