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Nueva York en 70 claves

Todo lo que debes saber de la gran metrópoli estadounidense antes de lanzarte a descubrirla

Manhattan, con el Empire State Building en el centro.
Manhattan, con el Empire State Building en el centro. Getty Images

1. Nueva York es la ciudad más cosmopolita del mundo, entre su población puede encontrar una diversidad cultural sorprendente, aunque si algo distingue a los residentes es su amor por la ciudad.

2. Nueva York se divide en cinco condados: Manhattan, Brooklyn, Queens, Bronx y Staten Island. Solo al primero se le conoce por Big Apple, la Gran Manzana.

3. La ciudad cuenta con dos aeropuertos internacionales: JFK (John Fitzgerald Kennedy) y La Guardia, en honor al alcalde que lo construyó, este último más orientado hacia los vuelos domésticos.

Una calle del barrio de Soho, en Nueva York. ampliar foto
Una calle del barrio de Soho, en Nueva York.

4. Manhattan, que no Nueva York, recibe la friolera de 60 millones de visitantes al año, casi tanto como España entera, que es la tercera potencia mundial. La zonas más frecuentadas por los turistas son, por este orden, Times Square, la Quinta Avenida, la esquina sureste de Central Park, el Empire State, el One World Trade Center (erigido sobre las ruinas de las Torres Gemelas), la  estatua del toro de Wall Street, Broadway y sus musicales, el Battersea Park de la Autoridad Portuaria, los barrios del Little Italy y el Soho, la Metropolitan Opera House del Lincoln Center, el Rockefeller Center y Columbus Circus, donde, por cierto, no existe ninguna referencia a España. A todos estos se le ha unido la High Line, la línea férrea sobreelevada convertida en paseo ajardinado, el mayor éxito urbano en Nueva York desde la construcción de Central Park. Otro hito turístico es recorrer a pie el fabuloso puente de Brooklyn. La magnitud del Empire State Building cuando fue construido le hizo acreedor de un código postal propio: el 10118.

5. En las calles de New York City (NYC) Uber ha superado en número al taxi. Además de cómodo, pues no se paga en efec tivo al final de la carrera sino a través de la aplicación, es más limpio que la mayoría de taxis y seguramente también más seguro, pues sus conductores son evaluados constantemente por los clientes.

6. Orientarse en Manhattan no requiere mapa. El racionalismo de su ordenamiento urbano, en calles y avenidas numeradas, hace muy sencillo el tránsito. Imprescindible al tomar el metro es saber si nos dirigimos al Uptown o al Downtown, norte y sur de la isla.

7. La circulación por la acera es rápida, a veces ultrarrápida. Pero los residentes se mueven con orden. Hay que transitar por la derecha para no impedir el tráfico de los demás viandantes. Lo más molesto es caminar por el Midtown (la zona media de la isla), ya que está atestado de turistas, especialmente en los meses de verano, con los que muchas veces te topas porque se han parado en medio de la acera a tomar fotografías de los rascacielos.

8. Los neoyorquinos son gente eminentemente práctica. Lo cual significa que, como peatones, no tienen respeto alguno por los semáforos en rojo. En cuanto la calle o avenida quedan despejadas de vehículos, basta una ojeada hacia ambos lados para cruzarla sin sentir que están infringiendo las normas de circulación. Ninguna ley lo prohibe. La tradición anglosajona enseña que la responsabilidad en este caso es personal, nunca institucional.

El Flatiron, en Manhattan. ampliar foto
El Flatiron, en Manhattan.

9. Los neoyorquinos no dan direcciones exactas de adónde se dirigen, ni por el número de la calle ni por el distrito al que van. La manera de expresarlo es mediante la conjunción de una calle y una avenida. Por ejemplo, la octogésimo octava con la primera. En inglés se emplea la copulativa ‘y': 84th and First.

10. Las calles se ven siempre atiborradas de gente. Pero nada comparado con el primer domingo de noviembre, cuando se celebra la Maratón de Nueva York. Desde las aceras, dos millones de personas jalean a los corredores, cuya máxima gloria es ser finisher (quien llega a la meta, instalada en un lado de Central Park, junto al popular restaurante Tavern on the Park).

11. Esta metrópoli es un verdadero melting pot (cazuela) donde se hablan unos 800 idiomas, lo que la convierte en la ciudad con mayor diversidad lingüística del mundo. El 51% de la población habla inglés. El segundo idioma, el español, lo habla el 25%. Y el tercero es el chino, hablado por el 5,5% de la población.

El parque de Union Square, en Nueva York. ampliar foto
El parque de Union Square, en Nueva York. Getty Images

12. No es por ser escabroso, pero los parques de Madison Square, Washington Square, Union Square y Bryant Park fueron al principio cementerios.

13. Nueva York es una ciudad tan deseada por todos que solo permite calidad de vida a los millonarios. El resto vive en apartamentos mínimos a precio de oro, muchos de los cuales se caen de viejos. Sus dueños no los rehabilitan y apenas los mantienen. Los conductos eléctricos y las tuberías están en un estado deplorable. Y, muchos de ellos, no tienen ascensores. Los alquileres de viviendas son increíblemente caros. En bastantes zonas, de media 250 dólares (unos 250 euros) por metro cuadrado. Un apartamento de 15 metros cuadrados, muy común en Manhattan, puede llega a costar 4.000 dólares al mes.

14. Curiosamente, la mayor inmobiliaria de Manhattan es la NYU (New York University), propietaria de una ingente cantidad de rascacielos donde operan su programa académico, sus laboratorios, sus centros hospitalarios, sus bibliotecas y sus dorm (dormitorios para los alumnos). Esta Universidad está tan integrada en el alma de la ciudad que el día de la graduación la iluminación del Empire State muda al violeta, que es el color corporativo de esta institución académica.

15. Los apartamentos se rigen en dos modalidades: condominio y cooperativa. Los primeros son más caros, aunque su adquisición, alquiler o utilización es libre. Lo que se compra es una propiedad horizontal. Los segundos dependen del consejo rector de la cooperativa, que ha de aceptar al comprador o inquilino previo dictamen. Lo que se compra es una participación en la sociedad cooperativa.

Times Square, en Nueva York. ampliar foto
Times Square, en Nueva York.

16. Los apartamentos nuevos tienen todos una alarma antiincendios que puede llegar a activarse con un simple huevo frito.

17. Según el índice GoEuro, la hotelería de Nueva York es la más cara del mundo, a mucha distancia de la segunda: St. Moritz (Suiza).

18. A los neoyorquinos de pura cepa, cuando entablan una conversación entre sí, les gusta preguntar primero dónde viven y, también, cuál es su sueldo. Una relajada cuenta bancaria ayuda aquí a hacer amigos.

19. La oferta de supermercados es apabullante. Así como los salones para hacerse la uñas. Las peluquerías son muy de barrio. Nada modernas. Las compras al por mayor, de alimentación y moda, salen más económicas en la cadena de almacenes Costco.

20. Los neoyorquinos miran constantemente el parte meteorológico. No tiene mucho fundamento urbano, pero las temperaturas extremas de la ciudad son objeto frecuente de conversación.

21. Los inviernos son muy duros. En verano, el calor es extremado. En invierno, la ciudad permanece durante semanas, si no meses, bajo cero. En 2014 se registraron las temperaturas más bajas desde 1849. Un día la sensación térmica fue de -33º.

22. Los vecinos no saludan en el ascensor. Incluso a pesar de coincidir con ellos en innumerables ocasiones. Es frecuente abstraerse escuchando música o consultando el móvil en los ascensores. Su velocidad en los rascacielos comprime a veces los oídos.

Un paseador de perros en Nueva York. ampliar foto
Un paseador de perros en Nueva York. Getty Images

23. Mucha gente tiene perros y gatos. La existencia de caimanes en el río Hudson, producto de ser arrojados por algunos neoyorquinos a través del inodoro de sus viviendas, es leyenda urbana. Pero es frecuente toparse con uno o varios perros en el ascensor. La conversación se suscita con ellos. No de vecino a su amo, sino al perro directamente.

24. En Nueva York hay edificios de viviendas en los que trabajan hasta 18 porteros. Unos se turnan, mientras otros ejercen en distintas funciones, como la de avisar al taxi, aposentarse en la puerta del garaje u ocupar el mostrador de recepción. Incluso numerosos edificios tienen sus propios handymen (encargados del mantenimiento de cada vivienda), que te cambian las bombillas y te sustituyen la nevera cuando no funciona. En Navidades se les da a cada uno de ellos propinas de entre 50 y 200 dólares.

25. Cada año, las empresas de desrratización consultan puerta a puerta las necesidades de fumigación de los domicilios.

26. Aunque muchas viviendas poseen lavadora y secadora, la mayoría de los neoyorquinos de toda condición llevan a lavar la ropa a la lavandería o tintorería más próximas.

Una pareja haciendose un 'selfie' con su 'smartphone' en Brooklyn. ampliar foto
Una pareja haciendose un 'selfie' con su 'smartphone' en Brooklyn.

27. Las cámaras fotográficas, y aun las de vídeo, antaño tan populares entre los turistas, han disminuido notablemente desde que existen los dispositivos móviles. El de mayor uso en la ciudad es el iPhone.

28. Aunque parezca increíble, existe una ley que prohíbe las ventosidades en el interior de las iglesias, por muy despobladas que estén últimamente. Una persona puede ser acusada de causar disturbios durante un servicio religioso, funeral, entierro o cualquier otro acto religioso por hacer ruidos molestos sin una razón específica. Sin embargo, es legal que una mujer haga topless en público.

29. A los neoyorquinos les gusta andar, aunque su destino se encuentre a 30 manzanas. Pero también utilizan mucho el metro, el sistema de transporte más rápido. Con calefacción en invierno y aire acondicionado en verano.

30. El metro es sucio. El ajetreo es constante, día y noche, pues nunca cierra. Con frecuencia los mendigos se internan en los vagones a pedir, y alguno hay que toca música a cambio de una propina. Muchas estaciones sirven de escenario a músicos callejeros e incluso bandas musicales con amplificación. La Estación Central (Grand Central) es el eje suburbano de la ciudad. En sus corredores se puede escuchar en corro a varios músicos o bandas a la vez. El vestíbulo, atestado de pasajeros, es una auténtica obra de arte arquitectónico. Merece la pena mirar la bóveda, aunque el mapa del firmamento está pintado al revés.

31. La Metrocard es una tarjeta que sirve para acceder indistintamente al metro y al autobús. Su coste es de un dólar y rellenarla al completo supone el gasto de 40 dólares. Por lo general, cada trayecto cuesta 2,50 dólares.

Una parada de City Bike, en Nueva York. ampliar foto
Una parada de City Bike, en Nueva York.

32. Desde hace tres años existe un servicio público de bicicletas en numerosas calles y avenidas. Lo financia el Citibank; por eso, el servicio se llama City Bike. Uno de sus usuarios más conocidos es Leonardo DiCaprio.

33. En verano, el nivel de frigorías del aire acondicionado en viviendas, en oficinas, en el metro o el autobús rebasa los límites tolerables (como para quedarse hecho un chupito en mangas de camisa). Es un despilfarro insostenible y nada ecológico. Pero que nadie les heble a los neoyorquinos de bajar su potencia.

34. La criminalidad es relativamente baja. Desde luego, nada que ver con la existente en los pasados años setenta y ochenta. No obstante, es recomendable no internarse por Hunts Point, Bedford-Stuyvesant, Stapleton, South Jamaica y Crown Heights. Manhattan es muy seguro, incluso a altas horas de la madrugada. El hecho de que numerosos comercios estén permanentemente abiertos ayuda bastante a mantener la seguridad ciudadana.

Entrada de un restaurante del West Village. ampliar foto
Entrada de un restaurante del West Village.

35. En los restaurantes, la propina es obligatoria. Pero se paga en función de la calidad del servicio que se recibe. Entre el 15% y el 25%. La media radica en torno al 18% por un servicio satisfactorio. Los camareros apenas reciben salario, de ahí que la propina cobre vital importancia en esta actividad. Últimamente, algunos establecimientos optan por no aceptar propinas y pagar un salario a sus camareros. La razón estriba en que la propina paga el servicio, pero no a los cocineros.

36. Sin ninguna inhibición, los locales piden el doggie bag (la bolsa del perro) cuando dejan algo en el plato. No porque vayan a alimentar así a sus mascotas, sino porque luego se lo comen en casa. Algunos vecinos con buena posición son capaces de hurgar en los cubos de basura que se acumulan por la noche en las aceras.

37. Los neoyorquinos tienen a gala dejar la basura en bolsas de plástico sobre las aceras. Incluso muebles en estado de buen uso todavía. La razón es altruista: pueden serles útil a alguien. Desde fuera se juzga esta actitud como un signo de cutrerío. Pero nada más lejos que esta percepción. Los neoyorquinos son en general ahorrativos, austeros, sin caer en la tacañería.

38. La salud es cara. Una consulta con hospitalización de urgencias llega a salir por $1.500, sin incluir el pago suplementario de unos 450 dólares al médico que te atiende. Se recomienda no enfermar jamás. Y, si llega el caso, puede salir más barato pagar un billete de avión con destino a la Seguridad Social española. La norteamericana es mínima y apenas cubre gastos a los propios nacionales.

39. Los neoyorquinos, en abrumadora mayoría, viven solos. A veces esta soledad es deseada y sentida con orgullo por parte de los denominados singles. Los supermercados y el comercio en general ofrecen dosis individuales en sus estantes.

40. Nadie en Nueva York piensa en tiempo presente. Sus pensamientos y actividades siempre miran al futuro.

41. Para muchos, la única razón de vivir en NYC es ganar dinero. Desde el broker de Wall Street al mensajero en bicicleta, la mayor obsesión cotidiana no es llegar a fin de mes, sino ganar dinero. Mucho dinero. Sin ningún trauma de humildad. Al contrario que en las culturas latinas, la exhibición de lo ganado es una virtud. Una muestra de que el culto al self made man norteamericano sigue en vigor. Nueva York representa lo más cotizado del sueño americano.

Jóvenes tomando café en un cruce de Times Square, en Nueva York. ampliar foto
Jóvenes tomando café en un cruce de Times Square, en Nueva York. Getty Images

42. La tolerancia de los neoyorquinos es ejemplar. A menudo se soportan estoicamente las molestias causadas por el tráfico andante, o por los vecinos del inmueble. Y, con demasiada frecuencia, por el creciente número de gente sin hogar que puebla las calles, los parques y los requiebros de los edificios. La proporción de inmigrantes extranjeros supera hoy el 30%. Y la convivencia entre todos es mucho más llevadera que en la mayoría de las ciudades del mundo.

43. Juzgar y, más aún, prejuzgar es casi un término prohibido en el diccionario de los neoyorquinos. Todo cuanto acontece en la calles, crímenes incluidos, llama poco la atención a los viandantes.

44. En la acera, en el metro, mejor no cruzar la mirada con nadie. Puede resultar inquietante, incluso ofensivo. La cantidad de personas con algún problema mental es llamativa. Muchos hablan consigo mismo mientras caminan. Otros vociferan quejas de un lado a otro de la acera. Hay quienes orinan en los alcorques de los árboles. Es importante no responder a las llamadas provocativas de algunos perturbados. Quizá lo único que saque de sus casillas a los neoyorquinos es cuando el metro se retrasa o se estropea. Algunos se quejan a grito pelado hacia ninguna parte.

Comiendo una pizza en una terraza neoyorquina. ampliar foto
Comiendo una pizza en una terraza neoyorquina.

45. En las vías del metro, aquí conocido como subway, suelen verse ratas y cucarachas. En general, la gente responde con indiferencia a sus merodeos.

46. El ejercicio personal de tolerancia lleva a aceptar que la basura y el mal olor se acumule en las aceras. Los neoyorquinos soportan a veces el olor fétido sin problemas.

47. Los olores, estos algo más agradables, se suceden en la calle. No solamente por el vapor de las tintorerías, sino sobre todo por la miríada de food trucks (camiones que sirven comida) que las pueblan. Huele a azúcar, a glutamato, a pizza, a kebab y, también, fuertemente, a curry. Nadie pone el menor remilgo a consumir sus elaboraciones. Algunos puestos figuran incluso en las guías gastronómicas y soportan por ello larguísimas colas. Muchos de estos puestos se instalan enfrente mismo de los restaurantes, sin que los profesionales emitan ninguna queja al respecto. Gran parte de estas camionetas pertenecen a recién inmigrados.

48. No obstante, los neoyorquinos o los norteamericanos en general no sienten mucha inclinación hacia la gastronomía. Qué cabe pensar de un pueblo que come mientras camina. Lo único verdaderamente apetitoso son las hamburguesas. Pero dicho esto, conviene matizar que algo está cambiando a pasos agigantados, y una generación de chefs cada vez más nutrida está dándole a la ciudad una vuelta gastronómica y creando una atmósfera gourmet en la que abundan los buenos y sabrosos restaurantes con buena relación calidad/precio. 

49. Por cierto, las pizzas se comen aquí con las manos. En todas partes, por la calle y en los restaurantes italianos. Mírate algún capítulo de Sexo en Nueva York para verificarlo.

Un paso de peatones en Manhattan. ampliar foto
Un paso de peatones en Manhattan.

50. Es igualmente un hábito generalizado beber café por la calle. Las cafeterías Starbucks hacen aquí furor. Prácticamente hay una en cada manzana.

51. Los neoyorquinos soportan con mayor estoicismo que otros habitantes las colas. Se hace cola para todo. Se diría que la cola es un espacio de convivencia necesario. Los extranjeros llegan incluso a pensar que a los neoyorquinos les encanta hacer cola. Stay on the line (Guarde la cola) es un lema frecuentemente inscrito en centros comerciales.

52. El mirar hacia arriba es propio de los turistas, no de los locales. King Kong tiene poca credibilidad. Más que un simio escale el Empire State lo extraño sería que los neoyorquinos lo hubieran notado.

53. Abundan los bares de estilo inglés e irlandés. En ellos se proyecta en varias pantallas los partidos de la NBA (Baloncesto), NFL (fútbol americano) y la NHL (hockey sobre hielo). En invierno, el día grande de los deportes es la Superbowl de fútbol americano, de la que se dice que es un largo anuncio publicitario interrumpido con frecuentes secuencias de juego. En verano, la programación exhibe preferentemente el béisbol (American League y National League, que se juegan entre sí la MLB). El equipo de la ciudad domina la historia de este deporte, con 40 títulos obtenidos hasta ahora. El Yankee Stadium es un tótem tan sagrado como el Madison Square Garden.

54. En bares más refinados, sobre todo los abiertos dentro de los hoteles de moda, es frecuente encontrarse a algún famoso compartiendo barra. Madonna frecuenta, por ejemplo, el bar del hotel Tribeca Grand. Los escritores bohemios siguen acudiendo al bar del Algonquin, uno de los hoteles míticos de la ciudad.

55. A pesar de la multitud de latinoamericanos llegados en los últimos años, conviene guardar las distancias con los neoyorquinos. El concepto 'invadir el espacio ajeno' debe ser tenido muy en cuenta. Cualquier aproximación puede ser malinterpretada, aunque siempre tolerada.

56. Las calles del Financial District están atiborradas de snobs. Y cada vez más frecuentadas por hordas de turistas obsesionados con hacerse un selfie frente al edificio del Stock Exchange (la Bolsa) o la escultura broncínea del toro (a los alcistas en Bolsa aquí se les llama bullish), y, desde hace unas semanas, y al menos hasta dentro de un año, de la Fearless girl (La niña sin miedo), de la artista Kristen Visbal, colocada, desafiante, frente al toro del escultor Arturo Di Modica.

Entrada a un edificio del distrito financiero de Wall Street. ampliar foto
Entrada a un edificio del distrito financiero de Wall Street.

57. Quien necesita alguna ayuda de los neoyorquinos en la calle debe saber que su inclinación natural es la amabilidad. No obstante, la pregunta debe ser corta y al punto.

58. El atuendo de los neoyorquinos es libre, caprichoso y un punto desaliñado. Hasta los ricos visten con cierta desinhibición. Claro que también es costumbre vestir con elegancia cuando se va a la ópera o un restaurante de postín. En invierno, la población suele abrigarse bien, con mucha ropa técnica y gorro de lana o fibra sintética. En verano abundan las gorras deportivas con la divisa NY de los Yankees, el equipo de béisbol de Nueva York.

59. El habla es correcta, y no solo políticamente. En la calle no se oye decir fuck (follar), ni motherfucker (derivado del vocablo anterior añadiendo la palabra madre en el sentido de cabrón o hijo de puta), ni siquiera shit (mierda). Las películas exageran una costumbre que, si acaso, permanece encerrada en los guetos multiculturales del Bronx. No en Manhattan.

60. Es asombrosa la cantidad de gente que sale a la calle en sandalias, incluso en los rigurosos meses de invierno. El calzado por antonomasia en la ciudad es la zapatilla deportiva, mayoritariamente de la marca Nike.

61. Central Park se atiborra cada domingo de runners, marchadores, ciclistas y simples paseantes en busca de un efímero contacto la naturaleza. A pesar de ello, el neoyorquino se escapa poco de su ciudad. Prácticamente no existe el turismo rural en sus alrededores. Los lugares de asueto, en cualquier caso, son el Upstate, al norte de la ciudad; Long Island, al nordeste, y las Adirondacks, donde se esquía en multitud de estaciones. Lake Placid fue escenario en 1980 de las Olimpiadas de Invierno.

62. La pista de patinaje sobre hielo del Rockefeller Center no es la única que alegra las Navidades. Prácticamente todos los parques grandes albergan una. Central Park incluso dos.

Central Park, con los rascacielos de Manhattan al fondo. ampliar foto
Central Park, con los rascacielos de Manhattan al fondo.

63. Las Navidades marcan un hito en las calles y en los comercios de la ciudad. Son exactamente como se ven en las películas. Todos los edificios, las tiendas y las aceras aparecen engalanados con ricos y originales motivos navideños. La apoteosis se vive en los escaparates de la Quinta Avenida, cada año distintos, cada invierno mas tecnológicos. La fachada de los almacenes Sacks ofrece cada cinco minutos un ensordecedor espectáculo de luz y sonido, contemplado por una miríada de personas —preferentemente turistas—, desde la plaza que da acceso al Rockefeller Center. Times Square y sus alrededores atraen cada Nochevieja a más de dos millones de personas. Difícil acceder a sus inmediaciones, salvo que se madrugue el día anterior.

64. Los cielos de Nueva York son dignos de verse y retratarse con ellos. Cualquier rascacielos atesora un punto de observación.

El árbol de Navidad del Rockefeller Center de Nueva York.
El árbol de Navidad del Rockefeller Center de Nueva York.

65. La población judía es numerosa y muy influyente. Sus nombres se acuñan como miembros benefactores en multitud de museos y parques. Actualmente se está recuperando su antiguo barrio, Harlem, al noroeste de la isla.

66. La población hispana (latinoamericana, que no española) es la más numerosa después de la anglosajona. En cualquier parte se oye hablar español. Ningún turista cuya lengua sea esa podría perderse en la ciudad. El barrio del Spanish Harlem, en el noreste de Manhattan, conocido popularmente como ‘El Barrio’, es mayoritariamente de habla hispana.

67. Hablar como un local significa no darle tanta importancia a lo que dices, sino cómo lo dices. Los neoyorquinos son conocidos por ser directos, obstinados y seguros. También, por hablar mucho y en voz alta.

68. La solidaridad ciudadana es admirable, sin edad ni condición social. Durante el huracán Sandy, que causó enormes destrozos en Manhattan, Brooklyn y Queens, se comprobó ese carácter colaborador y unitario del neoyorquino. No hay vecino que no contribuya a alguna causa o sea miembro benefactor de un parque o un museo. Serlo del Metropolitan da derecho de asistencia a sus veladas teatrales y musicales. Serlo del MOMA concede la gracia de una visita a hora temprana, de nueve a diez de la mañana, sin apenas gente dentro. Central Park y otros parques mantienen sus bancos gracias a quienes contribuyen a su sostenimiento con placas metálicas adheridas a sus respaldos.

69. Gracie Mansion, la residencia oficial del alcalde de Nueva York, actualmente el demócrata Bill de Blasio, se encuentra en el Carl Schulz Park, a orillas del East River. El anterior alcalde, el potentado de los medios de comunicación Michael Bloomberg, mantuvo un idilio con Nueva York que le llevó a ganar tres elecciones. Bloomberg se dejó muchos millones de dólares de su fortuna en obras para la ciudad.

70. Una costumbre inveterada es leer a diario el periódico The New York Times. Es signo de status y de cultura urbana.

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