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Cuba, la isla de las mil casas

Alojarse en casas particulares, un modo original, auténtico y asequible de recorrer la isla y conocer a los cubanos

Cristina Prada Béquer en su casa de Trinidad.
Cristina Prada Béquer en su casa de Trinidad.

Loreta y Toni son una pareja de cubanos de mediana edad. Tienen una hija que vive fuera y, según ellos, un “hijo” con el que conviven. Se llama Romeo y es un cocker negro. “Es un perro muy mimado”, presume ella. Desde hace más de diez años han abierto las puertas de su casa para recibir a huéspedes de todo el mundo. “Esto, más que un negocio, es una forma de vida; a nosotros nos encanta porque conocemos a mucha gente de la que aprendemos cada día”, explica Toni.

La red de casas particulares ofrece una forma diferente de viajar por Cuba. Son viviendas de familias que alquilan habitaciones a los turistas. Se distinguen por un cartel en la fachada con una especie de ancla azul invertida. Las hay de diferentes tipos y precios, aunque lo más habitual es conseguir una doble con baño propio por unos 30 CUC la noche, aproximadamente 30 euros. Hay casas en casi todos los pueblos y ciudades.

El Malecón de La Habana (Cuba). ampliar foto
El Malecón de La Habana (Cuba).

Desde hace unos años están reconocidas por el Gobierno, por lo que la oferta ha ido creciendo y diversificándose; hoy se encuentran desde habitaciones sin pretensiones hasta apartamentos de diseño cuidado. Airbnb, presente en la isla desde hace dos años, tiene listados más de 17.000 alojamientos en Cuba. Otros muchos buscadores, como hometogo.es o hundredrooms.com, también incluyen Cuba en su oferta. Y hasta hay referencias cubanas en webs especializadas en alojamientos boutique como www.boutique-homes.com. También han surgido webs más locales que gestionan varios alojamientos privados, como myproudhavana.com, ­bookinghavana.com o cubaandbeds.com, entre muchas otras. Basta con introducir las palabras casas particulares y Cuba en Google.

No obstante, debido a la lenta implantación de Internet en la isla, sobre todo si nos salimos de La Habana, la opción más práctica y recomendable es dejarse llevar por el boca a boca. Esta manera de viajar aporta un valor añadido con respecto al turismo habitual de resort y todo incluido: la posibilidad de conocer más de cerca a los cubanos, de entrar —al menos un poco— en su vida cotidiana y visitar lugares que no aparecen en las guías de viajes gracias a sus indicaciones.

Nuestro viaje nos llevó de La Habana a Santiago, con paradas en Trinidad y Holguín. Unos 1.000 kilómetros por la Carretera Central que se pueden recorrer en guagua (autobús), en almendrón (taxi colectivo) o en coche de alquiler. Y estas fueron las casas —todas agradables, cómodas y económicas— que nos acogieron.

Casa Blanquita, en La Habana. ampliar foto
Casa Blanquita, en La Habana.

1. Un apartamento ‘vintage’ en la calle Obispo (La Habana)

La calle Obispo es la arteria principal de La Habana Vieja, en pleno centro de la capital. Ahí mismo está este pequeño apartamento con cocina, sala, baño y habitación que parece sacado directamente de los años sesenta. La casa está a pocos minutos caminando de los principales atractivos de la capital: la catedral, la plaza de Armas, el Capitolio y el Malecón. Es ligeramente más caro de lo habitual, pero merece la pena.

Casa Blanquita. Calle Obispo, 201. La Habana Vieja. Teléfono: +53 53 34 89 47. El apartamento para dos personas, unos 40 euros la noche.

La casa colonial de los Béquer.
La casa colonial de los Béquer.

2. La casa colonial de Los Béquer (Trinidad)

Dos de los lugares emblemáticos de Trinidad son la escalinata, una escalera empedrada donde suena música en directo todo el día, y la Casa de la Trova. En el medio de esos dos sitios se encuentra la vivienda de Cristina Prada Béquer, una casa colonial que pertenece a su familia desde hace dos siglos. Tras la enorme puerta de madera, el recibidor acoge una galería de arte. En torno a un patio central se distribuyen las habitaciones. Algunas son para alquiler y las otras están ocupadas por la extensa familia. En una de ellas vive Isabelita Béquer, prima de Cristina, una anciana que en su día fue una cantante de trova famosa. En la otra, uno de los hijos ha montado una editorial autogestionada. Una familia cordial y culta con la que convivir en una casa con historia.

Hostal Cristina Casa Colonial. Calle Cristo, 31. Trinidad. Teléfono: +53 41 99 30 54. La habitación triple, unos 20 euros la noche.

Porche de la casa de Lisandra y Flavio en Holguín.
Porche de la casa de Lisandra y Flavio en Holguín.

3. Una familia española en Holguín

Lisandra y Flavio son descendientes de españoles, tienen doble nacionalidad. Regentan una casa en Holguín que cuenta con todas las comodidades: patio, terraza, barbacoa y hasta una pequeña piscina. Aunque Holguín no tiene demasiados atractivos turísticos, es un buen punto de partida para visitar la playa de Guardalavaca. Y como Flavio tiene coche, se ofrece a llevar a sus huéspedes hasta allí en su viejo Lada soviético.

Casa de Lisandra y Flavio. Prolongación de Maceo, 380. Holguín. Teléfono: +53 24 47 15 73. La habitación doble, unos 30 euros la noche.

La casa de Loreta y Toni en Santiago de Cuba.
La casa de Loreta y Toni en Santiago de Cuba.

4. Loreta, Toni y Romeo: la familia santiaguera

Loreta y Toni son la pareja que aparece al principio de este reportaje. Viven en un barrio tranquilo donde la puerta nunca se cierra con llave. La casa es amplia y cómoda, un chalé de planta baja con porche y jardín. Loreta es una gran cocinera que disfruta agasajando a los clientes con platos sabrosos y bien presentados. Por ejemplo, pulpo guisado con arroz, frijoles negros y plátano frito. De postre, jugo de mango natural. El matrimonio no solo aloja, sino que casi adopta a sus clientes: “¿Habéis comido bien? ¿Queréis un cafelito?”, repiten cada día. Al caer la tarde, su porche acoge largas charlas entre propietarios y huéspedes que se alargan hasta bien entrada la noche.

Casa de Loreta y Toni. Aguilera y Anacaona. Terraza de Vistalegre. Santiago de Cuba. Teléfono: +53 22 62 21 57. La doble, unos 35 euros la noche.

Diseño danés en una casa habanera

Interior de El Paseo, en La Habana.
Interior de El Paseo, en La Habana.

En el barrio del Vedado, El Paseo es un ejemplo del nuevo tipo de alojamientos que están empezando a aparecer en La Habana. Los dos emprendedores que lo han abierto, el cubano José Antonio Méndez y el español Antonio Salazar, se han preocupado de unir al mobiliario artesanal caribeño piezas de diseño danés e italiano hasta lograr una atmósfera elegante y acogedora. “Las pequeñas empresas están ayudando a cambiar el paisaje urbano de Cuba, y hay un nicho para este tipo de alojamientos”, dicen. Y añaden que su intención es crear un sello de calidad al que se puedan adscribir otros establecimientos como La Reserva y El Malecón 251, hospedajes de similares características al suyo. El Paseo cuenta con dos suites con balcones, una terraza abierta y una azotea para tomar el sol. Tanto las suites como la cocina y los baños han sido restaurados o puestos al día con materiales como terrazo, mármol o cedro. Y otra de las preocupaciones de Méndez y Salazar es la de favorecer el desarrollo local. “Ayudamos a otras familias cubanas mediante salarios justos y un entorno agradable de trabajo”, dicen.

El Paseo (avenida Paseo, 307, La Habana; elpaseopenthouse.com). Cuatro personas, unos 250 euros.

 

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