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Enigma, la cena clandestina de Albert Adrià

Medio centenar de bocados en seis etapas forman una propuesta rompedora en Barcelona

Uno de los espacios del restaurante Enigma, de Albert Adrià, en Barcelona. Ampliar foto
Uno de los espacios del restaurante Enigma, de Albert Adrià, en Barcelona.

La frase que figura en su web no deja lugar a dudas: “Enigma es una experiencia única e irrepetible y no hay manera de anticipar cuál será el menú. Una vez completada la reserva, recibirá un correo con las claves de acceso”. El día señalado, los comensales acceden al restaurante —identificado únicamente con un letrero luminoso— tecleando su número en la puerta de entrada, como si se tratara de una cita clandestina. Acto seguido se inicia un recorrido de dos horas y media a lo largo de las seis paradas en las que se fraccionan las cenas. Durante el trayecto se atraviesa un laberinto de pasillos de cristal diseñados por el estudio RCR sin apenas coincidir con otros clientes. La sensación de privacidad domina el ambiente. Solo al final, después de degustar medio centenar de bocaditos y tragos entre aperitivos, tapas, cócteles, platos y postres, se comprende el metafórico enigma de Albert Adrià.

Puntuación: 9,5
Pan
Bodega 8
Café 8
Ambiente 9,5
Aseos 9
Servicio 9,5
Cocina 9,5
Postres 9,5

Desde el vestíbulo, donde se ofrece té de hibiscos y cristales de yuzu, se pasa a la cava, en la que se proponen cócteles en armonía con un nigiri de calamar, tartaleta de trufa negra y alga nori con caviar. Nadie indica lo que sigue. En la Barra, tercera etapa, Marc Álvarez propone nuevas tapas para acompañar sus cócteles, al revés de lo habitual: ostras y daikon marinado y fundente, en armonía con combinados imaginativos.

Tras ladear la cocina donde oficia Albert Adrià se accede a uno de los puntos estratégicos del restaurante, la plancha que maneja Oliver Peña. De sus manos salen bocaditos espléndidos: canelón de blini con queso; ventresca de caballa al azafrán; espardeñas con pilpil de jamón, y tamal al cilantro. Ya en el comedor (espacio denominado Dinner), quinta estación, las reglas se rompen de nuevo. Los comensales degustan 12 platitos sin explicaciones previas. Solo al concluir, si se desea, se detallan los ingredientes. Según el día, quizá sopa de lechuga; jugos de tomate raf verdes y rojos; buey wagyu con erizos; fuagrás con soja añeja; codorniz escabechada, o alcachofa al carbón.

Plato Bahn-Cuon, en el restaurante Enigma, en Barcelona. ampliar foto
Plato Bahn-Cuon, en el restaurante Enigma, en Barcelona.

Finalizados los dulces, se invita a pasar al bar clandestino, sexta etapa, donde se concluye con café o cócteles.

Como experiencia global, Enigma, pensado para atender a entre 28 y 30 comensales cada día, constituye un ejercicio de creatividad brillante. Desde un punto de vista culinario representa la cocina total. No se parece a elBulli, pero su espíritu planea en muchas de sus propuestas. Albert Adrià antepone el sabor a la estética, alterna vanguardia con alta cocina clásica y mezcla sabores anclados en la memoria con combinaciones de alto riesgo. Por su parte, la gran sumiller Cristina Losada agiganta el valor de la bodega. A todos los efectos, una apuesta gastronómica de muchos quilates.

Enigma

  • Dirección: Sepúlveda, 38-40. Barce­lona.
  • Web: www.enigmaconcept.es
  • Reservas: solo a través de la web.
  • Cierra: domingos y lunes.
  • Precio: alrededor de 250 euros por persona. Menú, 220 euros.

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