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Los miradores más visitados del mundo

Torres, rascacielos y pasarelas de vértigo para contemplar la llegada del nuevo año

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Turistas en el mirador de la planta 86 del Empire State, en Nueva York. Getty

El mundo se ve mejor desde arriba. Y por eso, probablemente, no haya mejor forma de para comenzar el ya próximo 2017 qué disfrutando de diez panorámicas espectaculares alrededor del planeta. Desde verticales rascacielos, esculturas gigantes, miradores naturales o una vertiginosa pasarela de cristal en las Montañas Rocosas canadienses, todos los viajeros buscamos siempre subir a lo más alto para abarcar, de un vistazo, el paisaje que nos disponemos a recorrer. Visitamos los diez miradores más visitados del mundo.

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Vista del Campo de Marte desde la Torre Eiffel, en París. iStock

1 Torre Eiffel (París)

Una celebridad parisiense

Tal vez no sea el mejor mirador del mundo, pero sí, probablemente, el más célebre. La principal carta de presentación de París es la Torre Eiffel, la atracción turística más coqueta del mundo. Al doblar una esquina, esta espiga torre de hierro forjado y 324 metros de alto aparece provocativamente; si se cruza el bulevar, desaparece… Un ‘must’ para todos los viajeros que visitas París durante unos días, que conviene escalar y descubrir de cerca. Las multitudes turísticas que se reúnen bajo su estructura cuenta con un aliciente añadido al clímax de llegar a lo más alto: contemplar París al completo a sus pies.

Hay 720 escalones hasta llegar al segundo piso, desde donde se toma el ascensor hasta su punto más alto. Para evitar colas es preferible subir a pie o comprar previamente por internet las entradas para el elevador.

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Vista aérea del Empire State, en Manhattan (Nueva York). Agefotostock

2 Empire State (Nueva York)

Vistas a lo King Kong

En Estados Unidos, pagando un poco más, siempre se puede hacer todo más grande. También a la hora de escoger entre las mejores vistas panorámicas de Nueva York, desde el Empire State. Los fotógrafos y los más románticos prefieren la terraza situada en el piso 86º del mítico edificio, un mirador abierto donde el viento acaricia la piel y se oye el murmullo de la ciudad que nunca duerme. Además, permite disfrutar del New York Skyride, un simulador que realiza un recorrido aéreo por la ciudad, con Kevin Bacon como narrador.

Sin embargo, en este rascacielos art decó que ha aparecido en más películas que el propio Bacon (y cualquier otro actor), y que es, probablemente, el más famoso del mundo, ¿quién no querría subir hasta lo más alto? Imitando al mismísimo King Kong (y pagando unos 20 dólares más) se puede seguir subiendo hasta arriba del todo: en el piso 102º hay un segunda plataforma circular de observación, más pequeña y tranquila, y cerrada con grandes cristaleras.

Los miradores abren de 8.00 a 2.00. Para evitar colas conviene ir muy pronto o muy tarde.

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Tranvía de ascenso a The Peak, con el 'skyline' de Hong Kong al fondo. Getty

3 The Peak (Hong Kong)

Un poco de aire fresco

Salir del tranvía en The Peak (Cumbre Victoria) es como salir de una sauna; tal es el alivio que se siente al escapar de la humedad que asfixia la ciudad de Hong Kong. El funicular que conecta el asfalto de la ciudad china con este mirador natural lleva 120 años subiendo a turistas (y locales) hasta aquí para escapar del calor y disfrutar de las vistas. Mientras desde arriba se observan los milanos negros planeando, abajo, la metrópolis no cesa en su frenética actividad. La cima tiene dos miradores, Sky Terrace 428 y Peak Galleria, y para sumergirse en su entorno se recomienda realizar el Peak Circle Walk, un recorrido senderista de 3,5 kilómetros.

Montar en el Peak Tram y completar su vertiginoso ascenso sobre los modernísimos rascacielos de Hong Kong es toda una experiencia.

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Río de Janeiro desde el Cristo Redentor.

4 Cristo Redentor (Río de Janeiro)

Dios en las alturas cariocas

El mundo está lleno de estatuas; algunas de cara a paredes desnudas en museos y otras contemplando las palomas en los parques de muchas ciudades. Pero ninguna de ellas disfruta de unas vistas tan sublimes como las del Cristo Redentor de Río de Janeiro. En lo alto del Corcovado, con los brazos abiertos en señal de paz, este icono de esculpido en piedra esteatita vigila con amor la espectacular ciudad brasileña, un fabuloso revoltijo de montañas (morros), playas, favelas y rascacielos. La panorámica resulta igualmente impresionante para los minúsculos turistas que suben al Corcovado en un tren cremallera y contemplan la urbe carioca desde los sagrados pies de la estatua.

Aunque el proyecto del Cristo Redentor se remonta a la década de 1850, la estatua se terminó en 1931. Desde entonces ha sido alcanzada por varios rayos, visitada por papas, presidentes y reyes e iluminada con los colores de la bandera alemana en el Mundial de Fútbol del 2014 (fue la selección ganadora), pero aún mantiene en su lugar en la primera línea de los tesoros nacionales brasileños.

Conviene llegar pronto al tren cremallera que sube hasta los pies del Cristo Redentor para evitar las colas.

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El Burj Khalifa emerge sobre el 'skyline' de Dubái. Getty

5 Burj Khalifa (Dubai)

Potente símbolo de poder

Desde el mirador más alto del mundo, cortando las estelas de las autovías del cielo, las vertiginosas vistas dan fe del ambicioso carácter dubaití. Esta puntiaguda torre, obra maestra de la ingeniería, asombra por su altura, 828 metros. Es el edificio más alto del mundo (actualmente).

Recubierto de 28.000 paneles de cristal que reflejan los cielos azul zafiro y siete veces más alto que el Big Ben, ostenta varios récords mundiales. Es imprescindible subir como una bala al mirador al aire libre del piso 148, a 555 metros de altura, aunque también hay un bar restaurante en el piso 122 para quien desee saborear la experiencia de dominar la gran falange de rascacielos futuristas de Dubái.

Las entradas para un paquete VIP al más alto de los dos miradores se venden por internet hasta con 30 días de antelación.

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Las torres Petronas, iluminadas al fondo, vistas desde una terraza próxima, en Kuala Lumpur (Malasia). iStock

6 Torres Petronas (Kuala Lumpur)

Las gemelas más altas del mundo

Estas torres idénticas de 88 pisos atraen la mirada de todo el que llega a Kuala Lumpur en cuanto aparecen en el horizonte. No hay que luchar contra el impulso de subir, pero sí conviene acudir pronto, ya que a medida que avanza el día y aumenta la humedad las vistas desaparecen bajo la capa de contaminación que cubre la capital de Malasia. El Sky Bridge, de dos niveles, en los pisos 41 y 42, permite pasear sobre el vacío, caminar en el aire, pero también hay que subir hasta el mirador del piso 86 para contemplar el Golden Triangle, el gran complejo comercial y de ocio nocturno de la urbe malaya. Sin embargo, unas vistas completas de Kuala Lumpur deben incluir estas torres gemelas, y para ello se recomienda subir a un lugar tan alto como el Sky Bar y la piscina del Trader’s Hotel, y de paso, tomar algo mientras se disfruta de la panorámica.

Las entradas para el mirador salen a la venta a las 7.00 y se agotan rápidamente, es mejor comprarlas antes. Se recomienda ir a Kuala Lumpur el día de la independencia de Malasia (16 de septiembre) para ver las torres iluminadas como cohetes a punto de despegar.

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La Torre Seúl, al fondo, vista desde el barrio de Bukchon. Getty

7 Torre Seúl (Corea del Sur)

Un símbolo del amor

Tan representativa de Corea como el kimchi, la aguja de esta torre se alza sobre Seúl y ofrece vistas panorámicas, aunque neblinosas, de la inmensa metrópolis.

Es la principal atracción de la montaña Namsan, ideal para hacer ejercicio, meditar en paz o pasear de la mano; las barandillas de la torre están abarrotadas de miles de candados de los que cuelgan los nombres de los tortolitos. Se llega en teleférico y en la aguja hay varios restaurantes.

Namsan es la montaña más céntrica de Seúl. Se recomienda ir al anochecer para comprobar cómo la ciudad se transforma en una galaxia de lucecitas.

8 Glacier Skywalk (Canadá)

Flotando sobre las Montañas Rocosas

Recorrerlo es un acto de fe. La pasarela de vidrio en forma de arco se funde con el profundo valle que queda debajo, dando la impresión de que uno flota en el aire. Esta pasarela de cristal, acero y madera, cuya construcción ascendió a varios millones de dólares, está suspendida sobre el valle del Sunwapta, en el parque nacional de Jaspe, en las Rocosas canadienses. A 30 metros del precipicio, es una manera espectacular de disfrutar de una panorámica de montañas nevadas y glaciares que hacen que quien la contemple se sienta muy, muy pequeño.

El Parque Nacional de Jasper está en la provincia de Alberta, a ocho horas en coche desde Vancouver hacia el interior.

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Turistas contemplando la torre Taipei 101, al atarceder. Getty

9 Taipei 101 (Taiwán)

89 pisos en 40 segundos

La torre Taipei 101 se cierne sobre la capital taiwanesa como un gigantesco tronco de bambú en el que se inspiró su diseño. Con 508 metros de altura, tuvo que renunciar a ser el edificio más alto del mundo, pero cuando se descubren las vertiginosas vistas desde el observatorio del piso 89, la posición de ese ránking pasa a un segundo plano. Lo destacable de este rascacielos es que es mucho más alto que los edificios que la rodean, un poco como la torre de Saruman en El Señor de los Anillos.

Un ascensor de presión controlada sube hasta el mirador en 40 segundos.

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El Glacier Skywalk, suspendido sobre un valle del parque nacional de Jasper (Canadá). iStock

10 Schilthorn (Suiza)

Menú de vértigo

Únicamente en Suiza colocarían un restaurante giratorio en lo alto de una montaña a 2.970 metros de altitud. Está comunicado por un espectacular teleférico desde Stechelberg o Birg, aunque también se puede realizar una exigente excursión de ascenso desde Gimmelwald. Es una maravilla rodeada por la espectacular naturaleza formada por la colisión de continentes. El panorama, de 360 grados, abarca 200 picos –con el cielo despejado, desde el Titlis hasta el Mont Blanc y la Selva Negra alemana– y se aprecia mejor desde el mirador Skyline, o bien desde el restaurante giratorio Piz Gloria.

Muchos visitantes imitan al más famoso agente secreto –“Me llamo Bond, James Bond” –, ya que entre 1968 y 1969 se filmaron en este paraje alpino algunas secuencias de 007 al servicio de su majestad. Pero es mejor dejarse de espías y concentrarse en las vistas.

Hay teleféricos desde Stechelberg que pasan por Gimmelwald, Mürren y Birg: la excursión desde Gimmelwald dura cinco horas.

11 Observatorio Griffith (Los Ángeles)

El plano de las estrellas de L.A.

Más que un monumento, este observatorio es un símbolo de Los Ángeles. En las laderas del monte Hollywood, esta extraordinaria institución art déco era un escenario de película en potencia. De hecho, aparece en muchas producciones de Hollywood, desde clásicas como Rebelde sin causa hasta las modernas Transformers o Terminator. Esta conexión con la ciencia ficción está relacionada con la verdadera ciencia: el observatorio lleva desde antes de la II Guerra Mundial buscando vida extraterrestre en otras galaxias.

Hoy, esta parada obligatoria en toda ruta angelina de localizaciones de cine cuenta con el proyector de estrellas más moderno del mundo, que se vale de un láser para proyectar un viaje por el cosmos dentro de la cúpula del observatorio. Los visitantes pueden ver el espacio sideral a través del Zeist Telescope, situado en la cúpula este, además de tener al alcance todo tipo de parafernalia astronómica. En este viaje al espacio se consigue ser algo más que un mero espectador.

Pero además de mirar las estrellas, hay que mirar hacia abajo. Las vistas del centro de la metrópolis angelina durante la puesta de sol son de película. Se puede atravesar el Griffith Park a pie hasta el observatorio, tanto desde Fern Dell como desde el Greek Theater, o bien tomar el autobús que sale desde la estación de metro de Vermont / Sunset, en la línea roja.

12 Grouse Mountain (Canadá)

Vancouver a vista de pájaro

Esta montaña ofrece unas espectaculares vistas del centro de Vancouver. En verano, el teleférico Skyride sube en ocho minutos desde la ciudad, dando acceso a un paraíso para el esquí, repleto de rutas de senderismo y, también, de refugio para osos grizzlies. Todo es muy turístico, pero con todo lo que el lugar ofrece no hay razón para quejarse. Para disfrutar de las mejores vistas hay que subir en ascensor hasta el mirador Eye of the Wind, en lo alto de la turbina eólica. Prohibido olvidar la cámara.

Hay autobuses desde el centro de Vancouver hasta la base del Skyride.

Más información en Los 500 mejores lugares para viajar de Lonely Planet y en www.lonelyplanet.es

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