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Los lagos más bellos (y visitados) del mundo

Del más profundo, el siberiano Baikal, al inglés Distrito de los Lagos, 13 mares de interior

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Vista del Blea Tarn, en el Distrito de los Lagos, en Inglaterra. Getty

De vez en cuando, la tierra se asoma para reflejarse en las tranquilas superficies de sus lagos, esas pequeñas (o grandes) depresiones que el agua se apresura en ocupar. Hay miles y miles de lagos en el mundo, desde los grandes lagos americanos, con tamaño de auténticos mares interiores que forman una frontera natural entre Canadá y Estados Unidos, hasta la pléyade de infinitas lagunas finlandesas, más pequeñas pero también más plácidas.

Entre todos los lagos del mundo, los viajeros de Lonely Planet han seleccionado algunos que coinciden con los más visitados, los más fotografiados y también los más deseados como destino de futuros viajes. En esta lista entran los más famosos, para planificar nuestra próxima escapada.

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Un todoterreno recorriendo el salar de Uyuni, en Bolivia. Getty

Salar de Uyuni (Bolivia)

La sal de la tierra

Lamer las paredes del Palacio de Sal está estrictamente prohibido. Al estar construido en sal, el hotel no aguantaría mucho si todo el mundo sacara la lengua y comprobase a qué sabe. Además, es malo para el corazón. Paredes, suelos, techos y muebles, incluso las esculturas, todo está hecho con sal. Cerca de un millón de bloques se han empleado en su construcción. Las vistas desde sus estancias, lógicamente, también son de sal.

En el salar de Uyuni, en Bolivia, el mayor lago salado del planeta con 10.582 kilómetros cuadrados, no hay prácticamente nada más que ver, ni siquiera el horizonte, pero no existe nada comparable en el mundo. Sobre todo si se consigue hacer una visita cuando la superficie está cubierta por una capa de agua que convierte el salado suelo en un auténtico espejo. Tanto, que uno llega a pensar que está caminando por el cielo. La experiencia descoloca tanto la percepción sensorial que incluso resulta un alivio encontrar algo real ante nosotros que no resulta un espejismo. Por ejemplo, la isla Incahuasí o la isla del Pescado, ambas habitadas por gigantescos cactus fálicos.

El salar de Uyuni está 350 kilómetros al sur de La Paz, capital boliviana, y se pueden organizar circuitos para recorrerlo en todoterreno o, aún mejor, en bicicleta.

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Panorámica otoñal del Blea Tarn, en el Distrito de los Lagos (Inglaterra). Getty

Distrito de los Lagos (Inglaterra)

La poética naturaleza inglesa

En este parque nacional incluye la montaña más alta de Inglaterra (Safell Pike, de 978 metros), el lago más profundo y, también, el más largo, Wastwater y Windermere, respectivamente. Ninguno de ellos destaca a escala mundial, pero la estadística tampoco hace justicia al destino al aire libre más famoso de Inglaterra.

La primera vez que se contempla este paisaje resulta inspirador, en parte porque muchos sienten que ya lo conocen a través de la mirada de otros: los poetas románticos se movían por aquí en el siglo XIX y que definieron el concepto de naturaleza sublime. Y más recientemente, Alfred Wainwright, quien a mediados del siglo XX escribió guías ilustradas de excursionismo que aún son populares, y que también vino a inspirarse aquí.

Los caminantes disfrutan por los caminos que recorren las colinas de pizarra, los escarpados picos, las cascadas y los brillantes lagos. Sin embargo, no es necesario sacar las botas de senderismo: los cruceros por los lagos y las visitas a los museos dedicados a William Wordsworth o Beatrix Potter son igualmente gratificantes; incluso pasear por las ciudades y pueblos de la zona permite disfrutar del paisaje sin empaparse con las continuas lluvias. También es una buena zona gastronómica, con restaurantes con estrella Michelin y cervezas de edición limitada.

Keswick, Kendal, Windermere y Ambleside son los centros principales de la zona y los trenes paran en Oxenholme.

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Una foca de agua dulce (nerpa) sobre la helada superficie del lago Baikal, en Siberia (Rusia). Getty

Lago Baikal (Rusia)

El impresionante abismo siberiano

Siberia es una región enorme y profunda, pero en su vasta extensión no hay nada más profundo que el lago Baikal. Desde las azules olas de su superficie –que en invierno se convierten en crestas de hielo turquesa– hasta su casi insondable fondo hay 1.642 metros. En el planeta no existe otro lago más profundo. De gran importancia histórica, cultural y espiritual (los rusos lo llaman el Mar Sagrado), el Baikal, de 30 millones de años de antigüedad, tiene un aire sobrenatural –se dice que tienen propiedades mágicas– que ha agitado y mantenido a tribus nómadas, budistas, decembristas, artistas y aventureros durante siglos. La única especie de foca de agua dulce del mundo, el nerpa, también vive en el Baikal. Tanto si optamos por descubrirlo a nado o en barco, recorrer su extremo sur en tren, atravesarlo en un trineo tirado por perros u observarlo desde algún enclave de sus 2.000 kilómetros de orilla perimetral, en la llamada Perla de Siberia se desvela la naturaleza en pleno esplendor.

El lago Baikal se puede visitar desde Litsvianska, pasando por Irkutsk. Severobalikalsk (en la línea de tren BAM) es la mejor parada para hacer rutas de senderismo.

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Dos viajeros contemplado los icebergs de la laguna de Jökulsárlón, en Islandia. Getty

Jökulsárlón (Islandia)

Luminosa laguna de icebergs

Jökulsárlón es una de las muchas maravillas naturales de Islandia, pero es la primera que aparece en el listado de los 500 mejores lugares para viajar en nuestro planeta, elaborado recientemente por los expertos viajeros de Lonely Planet. ¿Por qué prefieren una laguna de 17 kilómetros cuadrados repleta de icebergs a todas las cascadas y volcanes del país? Sencillo. En un día de sol, con un humeante cuenco de sopa de langosta en las manos para protegerse del frío, no hay nada mejor que sentarse frente a este hipnótico lugar y, simplemente, contemplar. Se puede escuchar el crujido de los icebergs al desprenderse del glaciar Breiomerkurjökull, y ver cómo chocan entre sí al dirigirse hacia el mar. Aparece una foca. Luego otra. El silencio queda solo roto por sus chapoteos.

Si se alquila un coche en Reikiavik es imprescindible hacer una parada aquí, dentro de una ruta circular por la Ring Road, la carretera que bordea toda la isla.

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Vista aérea del lago Bled, en Eslovenia, con los Alpes Julianos al fondo. Getty

Lago Bled (Eslovenia)

Escenario perfecto junto al lago

El lago Bled es tan bonito que no se podría mejorar. Azules aguas cristalinas, una minúscula isla y, para rematar, una preciosa iglesia y un espectacular castillo en lo alto de un acantilado. ¿Y el telón de fondo…? Las cumbres de los Alpes Julianos.

A pesar de sus pequeñas dimensiones (unos dos kilómetros de largo por 1,4 de ancho), históricamente el lago ha tenido fama de atraer a multitudes; primero a los peregrinos medievales que iban a rezar a la iglesia ubicada en su pequeña isla, más tarde a las grandes fortunas europeas y a la realeza.

El Bled está rodeado por un bonito (y asequible) paseo de seis kilómetros que bordea su orilla. También se puede alquilar una pletna (góndola), bucear bajo su cristalina superficie, rodearlo en bicicleta o limitarse a hacer miles de fotos. En verano, unos manantiales termales calientan el agua hasta los 26ºC.

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Vista cenital de la Laguna Azul, en Islandia.

Laguna Azul (Islandia)

Civilización antigua con energías místicas

En una tierra de aguas termales cargadas de minerales, la laguna Azul es la estrella. Este spa lechoso de torno verdiazul se halla en un espectacular campo de lava negra y se alimenta de las aguas de una futurista planta geotérmica, a una temperatura perfecta de 38ºC. Las nubes de vapor, la sensación del agua y la gente cubierta de arcilla blanca son como de otro planeta. ¿Es comercial? Sí. ¿Es caro? Mucho (40 euros la entrada más barata). ¿Merece la pena? Sin duda.

La laguna está 47 kilómetros al suroeste de Reikiavik y queda cerca del aeropuerto.

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Panorámica del lago Wanaka, en Nueva Zelanda. Getty

Lago Wanaka (Nueva Zelanda)

Parque de atracciones geotérmico

Wanaka es el centro de aventuras alternativo de Nueva Zelanda, una suerte de Queenstown –referente nacional para los deportes extremos–, pero más pequeño y bonito. Situada frente al extremo meridional del lago, es el acceso al formidable monte Aspiring y los centros de esquí de Treble Cone, Cardrona, Harris Mountains y Pisa Range, en la isla sur. También es posible pasear, rodar en bicicleta, escalar, practicar descenso de cañones y realizar travesías en kayak.

Para abrir el apetito aventurero conviene llegar a través del espectacular Haast Pass.

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Turistas ante el lago Moraine, en el parque nacional de Banff, en Canadá. Getty

Lago Moraine (Canadá)

Mucho más que un billete de 20 dólares

Existe una razón para que el Parque Nacional de Banff se use para promocionar el turismo de Canadá, pero las verdiazules profundidades del lago Moraine (el que aparece en el billete de 20 dólares canadienses) tienen algo que deja boquiabierto a quien lo contempla. Abrigado por el valle de los Diez Picos, su agreste ubicación, enmarcada por montañas nevadas y bosques de abetos color esmeralda, es mágica. Se puede remar en bote a través de estas aguas alimentadas por los glaciares, realizar alguna de las magníficas excursiones señalizadas que ofrece el parque o fotografiar algunos de los mejores paisajes del mundo.

Conviene ir en verano: de octubre a junio cierran la carretera de acceso (Moraine Lake Road).

Lago Inle (Myanmar)

Un lago vivo

A pesar de que este sereno lago mide 21 kilómetros de largo por 11 de ancho, cuesta distinguir dónde acaba el agua y dónde empieza la tierra. La superficie del Inle parece una lámina de plata, salpicada aquí y allí por pueblos de casas sobre pilares, islas de templos budistas y jardines flotantes. Atravesar este mundo acuático de ensueño en barca es uno de los grandes placeres que ofrece el sudeste asiático. Y cuando se toma tierra aparecen estupas blancas y mercados tribales, que van rotando por el lago en ciclos de cinco días.

La localidad más cercana al Inle es Taunggyi, con un aeropuerto cerca, en Heho, aunque los visitantes suelen dormir en Nyaunghwe.

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Vistas al lago Atitlán, en Guatemala, con los volcanes Toliman y San Pedro al fondo. Getty

Lago Atitlán (Guatemala)

El corazón del altiplano

Rodeado de volcanes y con aldeas mayas salpicando sus riberas, este inmenso lago invita a tomarse las cosas con calma y disfrutar de su placidez. San Pedro de la Laguna es un pueblo muy popular para pernoctar, pues cuenta con numerosos bares y buen alojamiento. Desde ahí se pueden hacer caminatas al volcán San Pedro, remar en kayak de un pueblo a otro o reposar contemplando las hermosas vistas con un café recién hecho; no hay que olvidar que esta es una de las principales zonas cafeteras del país.

El pueblo de acceso al lago es Panajachel, a dos horas y media en autobús de enlace desde la ciudad de Antigua.

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Vista del lago Manasarovar, en el Tíbet, con el sagrado monte Kailash al fondo.

Lago Manasarovar (Tibet)

El más sagrado

Se dice que algunas de las cenizas de Mahatma Gandhi fueron lanzadas al lago Manasarovar, en el Tíbet occidental, el más venerado de los muchos que hay en esta región del Himalaya. Es sagrado tanto para peregrinos indios como para tibetanos, ensalzado por la literatura y magnificado por la leyenda budista. El pintoresco pueblo de Chiu, el más recomendable para alojarse cerca del lago, sería bonito en cualquier lugar del mundo, pero en este terreno de montañas nevadas, como el también sagrado monte Kailash, resulta aún más especial.

Loch Lomond (Escocia)

Sorpresa celta

En una falla entre las Tierras Altas y las Tierras Bajas de Escocia, este lago de 38 kilómetros de largo (el más grande del Reino Unido) contiene más de 30 islas. Existen ciclorutas, como el West Highland Way, que recorren su histórica orilla (aquí vivió el héroe escocés Rob Roy), y tanto el lago como el parque nacional de Trossachs son un paraíso para los excursionistas que en ocasiones, agotados, afirman que algunas islas flotan (y se alejan). Se recomienda combinar la ruta a pie o en bici con un paseo en barca. En Drovers Inn hay incluso una habitación encantada para completar esta mágica experiencia.

El Mar de Galilea (Israel)

Las playas de la Biblia

El mayor lago de agua dulce de Israel está plagado de referencias bíblicas, pero también es un lugar increíblemente tranquilo para relajarse al sol mediterráneo gracias a sus playas, senderos, reservas naturales y manantiales. Posiblemente no se puede recrear el milagro de caminar sobre las aguas (quizá alguien quiera intentarlo en el mar Muerto), pero sí es posible recorrer el llamado Sendero de Jesús, comer en Tabgha (donde, según el texto bíblico, los multiplicados panes y peces alimentaron a 5.000 personas), buscar la inspiración divina en Cafarnaúm o, finalmente, cargar pilas en los manantiales termales de Tiberias.

Desde Haifa hay 50 kilómetros hasta Tiberias, a orillas del lago, que se puede recorrer en bicicleta, en coche o practicando senderismo.

Más información en Los 500 mejores lugares para viajar, de Lonely Planet, y en www.lonelyplanet.es

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