Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Escapadas

Edimburgo, la venganza de Sherlock Holmes

Del 13 al 29 de agosto, la ciudad escocesa celebra el Festival del Libro. Seguimos los pasos de tres de sus escritores más notables

Ampliar foto
Atardecer en Princes Street, en Ediburgo.

Edimburgo tiene un aire de fortaleza medieval, de callejón lúgubre y fachadas recubiertas de verdín. Edimburgo es una ciudad portuaria, que da al Mar del Norte, y luce como emblema un castillo cincelado al borde mismo de una peña volcánica, donde los cañones apuntan a un cielo infinito y casi siempre encapotado. Edimburgo está llena de secretos literarios, de cruces gaélicas y cementerios celtas que surgen escondidos detrás de las tapias de los callejones o en los jardines umbríos, tétricos de lápidas y cadáveres góticos, vigilados por cuervos negros que graznan por la sangre derramada de los difuntos, con un fondo perpetuo de gaita melancólica.

Edimburgo es la ciudad que inspiró El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, un laberinto protestante de abigarradas catedrales y castillos victorianos, de pasadizos lóbregos y escaleras imposibles. Edimburgo es, en fin, la ciudad en la que nacieron y vivieron algunos de los más grandes escritores que la literatura ha dado: Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle o Walter Scott. Aunque por allí también se pasearon otros personajes ilustres, como el filósofo del empirismo, David Hume; el padre del liberalismo, Adam Smith; el autor de Peter Pan, J. M. Barrie, o el inventor del teléfono, Alexander Graham Bell.

A Edimburgo llegamos con una libreta repleta de nombres y muchas direcciones, y con el incierto propósito de dejarnos deslumbrar por sus tonos plomizos y sus leyendas literarias. Y así empezamos nuestro recorrido.

Robert Louis Stevenson

Según cuentan las crónicas, el autor de La isla del tesoro nació el miércoles 13 de noviembre de 1850 a la una y media de la tarde en el número 8 de Howard Place, al norte de la ciudad nueva, más allá de la frontera del río Water of Leith. Desde 1926 a 1962 esta casa fue el museo del Club Robert Louis Stevenson, momento en que se vendió por 4.320 libras. Las pertenencias que allí había se pueden encontrar ahora en el Museo de los Escritores, en la mansión de Lady Stair, en una callejuela de Lawnmarket, al final de la Royal Mile.

ampliar foto
El pub Hispaniola, en Edimburgo.

Ya en New Town, en el número 17 de Heriot Row está la casa a la que la familia Stevenson se mudó en 1857. Robert Louis tenía entonces siete años y era un niño enfermizo y mimado. Allí vivieron treinta años, hasta la muerte del padre. Está en una calle anchurosa y muy tranquila, con un magnífico jardín enfrente, el Queen Gardens, donde es fácil imaginarse al adolescente Stevenson acudiendo a leer con cierta asiduidad. La casa no se puede visitar, es propiedad privada, pero es magnífico observar los amplios ventanales y los espacios interiores por donde se movió el autor de La flecha negra, y mirar lo que el escritor pudo ver desde allí.

Stevenson, que era un tipo más bien enclenque y débil de salud, gustó siempre de frecuentar prostitutas y participar en juegos absurdos con sus amigos de golferías y borracheras. Su aspecto era más bien desastrado, casi como un vagabundo, y pululaba por Edimburgo con amistades peligrosas de pub en pub, antes de abandonar todo para ir detrás de Fanny Osbourne al otro lado del Atlántico. Le gustaba pasearse por Calton Hill, una deliciosa colina que ofrece unas vistas espectaculares de la ciudad, adonde también acudían a inspirarse poetas y artistas como Robert Burns, el pintor Turner o Julio Verne en alguna de sus estancias en la capital escocesa.

En la calle Drummond esquina con South Bridge está el restaurante La Hispaniola, el antiguo bar Rutherford, fundado en 1834, uno de los sitios favoritos de Stevenson para tomar copas e ir de parranda con los amigos. Sitio por cierto que también visitaban con frecuencia (aunque nunca coincidieron) J. M. Barrie y Conan Doyle. La Hispaniola es el nombre del barco en que los protagonistas de La isla del tesoro se embarcan para ir a buscar el botín oculto.

Otro sitio a visitar es lo que ahora es el Instituto de Geografía de la Universidad de Edimburgo, situado en la misma calle de Drummond, donde el autor de los Cuentos de los Mares del Sur conoció a William Ernest Henley, uno de los poetas más influyentes de la época, autor del famoso poema Invictus, que tanto inspiró a Nelson Mandela en su largo presidio muchos años después. Henley, de niño, padeció una tuberculosis que le costó la amputación de una pierna y más de un año de recuperación en la famosa enfermería de Edimburgo (Old Royal Infirmary). Stevenson, que la frecuentaba a menudo, tomó este rasgo físico para atribuírselo a Long John Silver, el pérfido pirata con pata de palo de La isla del tesoro.

Arthur Conan Doyle

Cuando uno llega a Edimburgo, espera encontrarse souvenirs con la figura de Sherlock Holmes y el doctor Watson en cada tienda de High Street o Princes Street, como ocurre en ciertas zonas de Londres. Sin embargo, poco hay que indique que el autor de Estudio en escarlata y creador de uno de los personajes legendarios de la literatura mundial vivió allí.

ampliar foto

Encontramos a los pies de Calton Hill, en la glorieta en que desemboca Leith Street, en Picardy Place esquina con York Place, la única estatua que homenajea al autor, de manera un poco confusa, todo hay que decirlo. La estatua es un homenaje a Conan Doyle, como figura en la placa del pedestal, pero la figura en bronce es de Sherlock Holmes. Está claro que el personaje de ficción se comió al autor, cosa que ya vivió en carnes propias cuando decidió acabar con él en una de sus novelas. Pero las quejas y los lamentos de sus fervorosos lectores le obligaron a resucitarlo de una manera un tanto espectacular y poco verosímil. En el número 11 de Picardy Place está la casa donde nació. Un poco más allá, en uno de los chaflanes está el Conan Doyle Pub, donde se le homenajea desde la fachada hasta el interior. Y justo detrás encontramos la St. Mary´s Cathedral, construida en 1814 por el arquitecto escocés Gillespie Graham.

Recordemos que Conan Doyle era de ascendencia católica y que se educó con los jesuitas. Su padre, borracho furibundo y con tendencia a la depresión, acabó rompiendo la familia. Arthur se casó dos veces, fue un padre autoritario y un gran defensor de la mujer. Ganó grandes cantidades de dinero gracias a la saga de Holmes y practicó con asiduidad el boxeo y el rugby, sobre todo en su juventud. Su autor favorito era Poe, tuvo amistad con Kipling y respetó a Stevenson entre sus coetáneos. Estudió Medicina en la Universidad de Edimburgo, una de las universidades más antiguas del mundo, y se alojó durante años en lo que hoy es el Edinburgh Centre for Carbon Innovation (en High School Yards), sitio emblemático y de obligada visita, pues allí fue donde conoció al médico forense Joseph Bell, profesor que le inspiraría la figura de su famoso detective.

ampliar foto
Cartel del Museo de los Escritores.

Walter Scott

En el Museo de los Escritores los retratos pintan a Walter Scott como un hombre de cabeza grande, frente amplia y cabellos rojizos. Sus ojos azules siempre miran al infinito en eterna concentración. Es el autor del romanticismo europeo por excelencia, creador de novelas míticas como Ivanhoe o Rob Roy. Y como tal, por tanto, fue uno de los inspiradores del movimiento nacionalista escocés, y uno de los impulsores de la guerra civil americana, en opinión de Mark Twain, quien odiaba profundamente a Scott por considerarle un irresponsable al divulgar una épica de la estupidez y el atraso en sus novelas, lo que acabó influyendo negativamente en el carácter de los sureños americanos.

En la calle Guthrie esquina con Chambers está la casa donde nació Scott, el 15 de agosto de 1771. Y se conserva también la casa en la que vivió muchos años, en el 24 de George Square, donde la Universidad de Edimburgo era propietaria de todos los edificios de alrededor salvo de ese. Curiosamente, en esta misma calle, a tan sólo unas puertas de distancia, está el edificio en que vivió Conan Doyle desde 1876 a 1880. Ahora esa casa es una iglesia que se llama St. Alberts Catholic Chaplaincy.

De familia adinerada, Walter Scott fue un ilustre abogado y, al igual que ocurriera con Stevenson o Barrie, participó activamente en las sesiones políticas del Parliament House (en Parliament Square, cerca de la Royal Mile y la St. Giles Cathedral), la que fuera sede del poder legislativo escocés antes de su unión con el de Inglaterra.

Guía

Cómo ir

» Easyjet (www.easyjet.com) vuela directo a Edimburgo, ida y vuelta desde Madrid, a partir de unos 74 euros.

» Iberia (www.iberia.com), ida y vuelta a Edimburgo desde Madrid, desde 168 euros.

Información

» Oficina de turismo de Edimburgo (thisisedinburgh.com).

» Turismo de Escocia (www.visitscotland.com).

Durante su vida a Walter Scott se le consideró un genio, y fue el creador, según los estudiosos, de la novela histórica. Precisamente su primera novela, Waverley (1814), cuenta las guerras entre escoceses e ingleses de los años cuarenta del siglo XVIII. La novela se publicó anónimamente en tres volúmenes y durante el primer año agotó seis ediciones, algo inaudito en aquella época. Sin embargo, no fue hasta 1827 cuando Scott reconoció su autoría, ya que durante mucho tiempo consideró este tipo de literatura como un género menor. Lo cierto es que, además, no le quedó más remedio, ya que tuvo serios problemas financieros al quebrar la compañía en que trabajaba.

En la exposición del Museo de los Escritores hay fetiches de todo tipo: desde una primera edición de Waverley, o una increíble y elegante pipa de fumar, hasta el bastón con que Scott daba sus caminatas por los campos de media Escocia. También hay cartas de su puño y letra, plumas que utilizaba para escribir, un ajedrez napoleónico o un rudimentario caballito de madera en el que niño Walter Scott se columpiaba durante horas. Si uno se fija atentamente, el lado izquierdo tiene un menor desgaste en el estribo que el derecho, debido a que el ilustre escritor era cojo de su pierna izquierda, fruto probablemente de la polio. Es por eso que en el fastuoso y colosal monumento a Walter Scott, que flanquea uno de los paseos laterales de Princes Street (y al igual que ocurre en el resto de estatuas que hay sobre él), el escritor aparezca siempre sentado.

» Santiago Velázquez es autor del libro Todos los hombres que nunca seré (Playa de Ákaba)

Más información