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rutas urbanas

Vivir Los Ángeles

Guía perfecta para no perderse en la meca del cine y del estilo de vida californiano, con un nuevo y sorprendente museo, The Broad

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La primera y última ganadora del Muscle Beach Vintage Swimsuit, un recuperado concurso de bañadores en Venice Beach, en Los Ángeles, que celebró su primera edición en 1948.

Suele pasar. Si conoce a alguien que hizo un tour por el oeste de Estados Unidos, el relato suele ser muy parecido. Le encantó San Francisco, qué monada. Hizo mil fotos en el parque de Yosemite. En Las Vegas pasó dos días, perdió dinero y se dio una paliza caminando sin darse cuenta. El Gran Cañón fue la experiencia de su vida. ¿Y Los Ángeles? Salió huyendo de Los Ángeles después de un día de atascos, calor, un paseo por Hollywood Boulevard entre mendigos y otro por Venice Beach entre borrachos.

Los Ángeles no es una ciudad normal, hay que reconocerlo. Alguien la definió como “19 suburbios en busca de una metrópolis”, una frase que va cambiando según el número de suburbios y el autor que se quiera citar. Es verdad, es difícil caer en Los Ángeles y saber qué hacer, dónde está lo que hay que ver. Para el turista que busca respuestas rápidas y fotos obvias, no resiste comparación con Nueva York o San Francisco. Porque el atractivo de este lugar está en una forma de ser única, la que se ha trasladado al cine, a la música y la literatura desde un lugar remoto hasta para el estadounidense medio. ¿Qué pasa en Los Ángeles? ¿Qué la hace especial? La única manera de llevarse una respuesta es vivirla. Darle una oportunidad y pasear, conducir, comer sin agobiarse pensando si se está donde hay que estar. Olvídelo, la foto ideal no existe, el restaurante obligatorio tampoco. Pero la experiencia del sur de California está ahí, para el que quiera experimentarla. No vea cosas, haga cosas. Nunca se podrá ir de aquí diciendo “he visto Los Ángeles”. Es imposible. Pero sí se puede pasar unos días y vivir Los Ángeles. Aquí van algunas maneras de hacerlo.

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Fachada del museo The Broad, del estudio Diller Scofidio + Renfro.

Mucho arte

En Los Ángeles, una vez hubo un centro urbano. Sus actuales habitantes lo están descubriendo. La apertura de un nuevo museo de arte contemporáneo, The Broad, obra del equipo de arquitectos Diller Scofidio + Renfro, con la colección privada del millonario Eli Broad, ha sido un hito para esta zona. Ya se puede hablar de una milla del arte a lo largo de la calle Brand en la que coincide esta sala con el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles. The Broad ya tiene apodo: el museo de los millennials. Cumple a la perfección el papel de museo divertido lleno de piezas conocidas y fotografiables. Para recorrer teléfono móvil en mano. Al lado está el Walt Disney Concert Hall, proyectado por Frank Gehry.

La zona de pronto amanece todos los días con una cola alrededor de la manzana. Ya que está en Downtown, quédese ahí. Camine, en serio. Recorra la calle Broadway para ver lo que un día fue el centro del mundo del espectáculo. Entre a curiosear en el Ace Hotel, en el edificio donde estuvo la United Artists de Chaplin. Entre en Clifton’s, recién renovada cafetería que era el lugar de encuentro de las estrellas de los años treinta. Coma en el renovado Grand Central Market, convertido en una interesante mezcla de puestos tradicionales con sofisticadas cocinas hipster. Cruce la calle y curiosee el edificio Bradbury, donde se rodó Blade Runner. Camine desde allí a Little Tokio. El centro de la ciudad está reviviendo. Algún día dirá que lo vio en reconstrucción.

Guía

Visitas

» Warner Bros Studio Tour Hollywood. Precio adulto, 56 euros.
» Universal Studios Hollywood. Entrada de un día entero para todo el parque, desde 86 euros.
» Paramount Pictures Studio Tour. Ruta de dos horas, 50 euros por persona.
» Sony Pictures Studios Tours. Ruta de dos horas, 36 euros.

Aventura urbana

“Los Ángeles es la ciudad más bonita del mundo, siempre que se mire de noche y desde arriba”. La frase es de Roman Polanski y tiene tanta ironía como razón. Pero ¿dónde se hace la gente esas fotos tan espectaculares con Los Ángeles al fondo? Hay varios paseos de esos que obligan a parar a mirar. El primero, subir al barrio de Los Feliz y llegar hasta el observatorio Griffith. No hace falta meterse en el atasco del aparcamiento. Dejar el coche delante del Teatro Griego es una opción. De ahí salen dos paseos estupendos por el parque, uno a la derecha y otro a la izquierda, ambos llevan a unas vistas perfectas de la ciudad. En los días claros se ve hasta el puerto, al sur, y el Pacífico, al oeste. Un paseo por Griffith Park da también una idea de lo rural que sigue siendo en buena medida este mar de cemento. En el parque hay serpientes de cascabel, no es raro encontrarse coyotes, especialmente al atardecer, o ciervos. Y, por supuesto, en estas colinas vive suelto el famoso puma P-22, una especie de mascota de la ciudad.

Cuando esté mirando desde la montaña hacia Downtown, comentando lo grande que es la ciudad y tratando de que se vea algo en el selfie, tenga en cuenta un detalle: solo está viendo media ciudad. La otra media está detrás. Un estupendo paseo para hacerse una idea es conducir por Mulholland Drive, la carretera que va por la cresta de las montañas de Santa Mónica, desde Hollywood hasta el mar. Se puede entrar desde el principio, junto a la autopista 101, e ir parando en los distintos miradores que tiene, hacia el sur y hacia el norte. El primero que se encuentra a la izquierda de la carretera, sobre el Hollywood Bowl, es una de las vistas más increíbles de la ciudad. En los de la derecha, se ve todo el valle de San Fernando.

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Atardecer en un parque de 'skaters' en Venice Beach, en Los Ángeles.

Vaya a la playa

La costa californiana está mitificada por el cine y la música, pero la realidad es que a un viajero de España o de México, por ejemplo, las playas no le van a impresionar mucho. Pero si uno quiere llevarse una idea del modo de vida californiano, esta es la quintaesencia, lo que el resto de Estados Unidos viene a buscar aquí. Para un día de naturaleza de verdad échele un par de horas hasta las playas de El Matador o Leo Carrillo, hacia el norte. Sin irse muy lejos, Zuma Beach, en Malibú, nos sumerge en una canción de los Beach Boys nada más llegar. Si pasea hacia la izquierda llega a la playa donde se rodó el final de El planeta de los simios.

Más cerca, la gigantesca playa de Santa Mónica puede ser decepcionante dependiendo del sitio. Cuanto más lejos del famoso muelle con la noria, mejor. ¿Le suenan las casetas de los vigilantes de la playa? Son las de la serie de Pamela Anderson. Sí, van con bañador rojo y corren con un flotador. No, no está Pamela Anderson. Otra opción de playa urbana es Manhattan Beach, un poco más al sur. Es la playa surfera por excelencia, más tranquila y sin turistas.

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Mural dedicado a la actriz Lauren Bacall en Los Ángeles.

Para cinéfilos

En Hollywood no hay nada que ver, pero sí mucho que hacer. Acercarse a la industria del cine, llevarse la sensación de que se ha estado cerca, es el gran atractivo de Los Ángeles. La ciudad no puede escapar a ese mundo paralelo que es Hollywood y que define su lugar en el imaginario del turista global. Pero es muy difícil ver Hollywood. No hay donde bajarse del coche y hacerse una foto. Un paseo por Hollywood Boulevard puede ser una experiencia muy decepcionante. ¿Y esto es la industria del cine?, se pregunta uno mientras aparta palos de selfie y esquiva a un tipo disfrazado de Spiderman. Como le pasa al resto de la ciudad, no hay mucho que ver, hay que hacer cosas.

Los tours de los estudios son la mejor manera de llevarse una experiencia de Hollywood. El tour más conocido, el de Warner Bros., le va a dar una de las fotos más facebookeables de su vida: la que se puede hacer en el sofá del Central Perk, el único decorado salvado de la serie Friends, que se rodó en estos estudios de Burbank durante 10 años. Aparte, ves un estudio de verdad en acción, donde el acceso depende de lo que estén rodando ese día. Para el mitómano, hay cosas que no tienen precio, como cruzar la puerta del hangar número 7, donde se rodó Casablanca, o caminar por la calle estándar de Nueva York donde se han rodado miles de películas.

Universal Studios ofrece un tour por sus decorados dentro de la visita a su parque de atracciones. Otros dos estudios legendarios también son visitables: Paramount, el único que queda en la localización original en Hollywood, en medio de la ciudad; y Sony, que ocupa los antiguos estudios de Metro Goldwyn-Mayer en Culver City, la primera meca del cine.

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Otro nivel es participar de la acción. Si se hacen planes con antelación, se puede asistir gratis a muchas grabaciones de televisión. Igual que busca hotel en Los Ángeles, busque entradas con antelación en tvtickets.com o 1iota.com y puede ver en directo la grabación de shows como Fuller House, Girl Meets World o Dancing with the stars. Ya, vale, no son sus favoritos, pero se trata de ver la industria por dentro. Esta es la experiencia definitiva de Hollywood. En Los Ángeles también se graban varios de los talk shows más populares de Estados Unidos, los de Jimmy Kimmel, Conan O’Brien, Ellen DeGeneres y James Corden. Con tiempo y un poco de suerte, puede acudir como público a cualquiera y ver cómo se hacen.

Y por último, en la ciudad del cine, vaya al cine. Puede parecer una recomendación peregrina, pero no lo es. En los mejores cines de Los Ángeles se ven las películas como las ven los que las hacen, como ellos esperan que se vean. La diferencia con un cine mediano de cualquier otro lugar es notable. Las tres grandes cadenas de exhibición, Archlight, Regal y AMC son una garantía para una buena experiencia. Pero, además, en Los Ángeles se vive el cine a todas horas. Todo el cine. Es muy fácil encontrar reposiciones y pequeñas proyecciones de clásicos. Entre en la web de la American Cinematheque y disfrute de un clásico en el Egyptian Theatre, uno de los grandes cines de la época dorada de Hollywood. la mejor televisión del mundo.

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Recepción del hotel The Standard, en Los Ángeles.

Comer y beber

¿Restaurantes? Sí, muchos. Los Ángeles es una de las ciudades más foodies del mundo. El sushi perfecto o el mejor taco son un tema de conversación habitual. Pero no hay comida más angelina que un pícnic. Y si es verano, la forma de coronarse como angelino de pata negra es ir con el pícnic a un concierto en el Hollywood Bowl. La entrada más barata, la de arriba del todo. Si además es viernes, es muy agradable el pícnic en Barnsdall Park, con una estupenda vista de Hollywood hacia el oeste. Para una foto de postal, haga el pícnic en Echo Park con vistas al centro, el Downtown. Mientras vaya de día es seguro, ya que la gentrificación lo ha recuperado para la ciudad.

En Los Ángeles existe el concepto de bar de copas. Más o menos. Pero lo que la ciudad ha abrazado con pasión son las azoteas. Especialmente desde que el Downtown empieza a ser un lugar seguro por la noche. Merece la pena hacer un poco de cola para subir al Perch, en pleno Pershing Square y rodeado por los edificios del centro financiero. También las terrazas de los hoteles Ace y Standard. Lo más, las azoteas con cine al aire libre, como la del teatro Ricardo Montalbán, en Hollywood.

En ese viaje por el oeste de Estados Unidos, Los Ángeles merece una oportunidad. La experiencia auténticamente angelina está en cualquier esquina. En una cervecería artesana del Arts Disctict, en un karaoke coreano de Koreatown, en un minúscu­lo restaurante de Chinatown, en un club del Sunset Strip o en una cafetería mexicana de Boyle Heights. Cualquier otra ciudad es más fácil de pasear, más manejable, más fotografiable. Pero hay pocas más fáciles de vivir y que den tanto a cambio al que se interesa por ella.

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