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En la fabulosa Cordillera Blanca de Perú

Excursiones por los Andes peruanos, entre lagunas turquesas, glaciares, picos nevados y bosques de ‘Puya raimondii’

La laguna de Cullicocha, en la Cordillera Blanca. Ver fotogalería
La laguna de Cullicocha, en la Cordillera Blanca.

El autobús que viene de Lima lleva horas atravesando primero un desierto costero y luego una barranca sin fin de laderas desnudas por la que asciende desde el nivel del mar hasta el reino de las nubes. Hasta que, de repente, ya casi a 4.000 metros, el terreno se vuelve horizontal y la carretera surfea por el altiplano. En la ventanilla se ilumina el más fantástico decorado que el viajero pueda soñar: un sube y baja interminable de montañas agudas y nevadas que se recorta sobre el celeste del cielo como la gráfica alocada de una crisis bursátil. Es —¡por fin!— la Cordillera Blanca, el macizo central de los Andes en Perú. El territorio de los grandes nevados, incluido el Huascarán (6.768 metros, la cumbre más alta del país), de los glaciares, de las lagunas y los páramos de altura. El destino perfecto para el trekking y el montañismo. El viaje de ocho horas está más que justificado.

Los pueblos que dan acceso a la cordillera se sitúan a lo largo del Callejón de Huaylas, un estrecho valle encajado de sur a norte entre la Cordillera Blanca (llamada así porque sus cimas están siempre nevadas) y la Cordillera Negra (mucho más baja y cuyo nombre deriva de que sus picos no reciben el manto níveo). La capital turística y la ciudad más poblada es Huaraz, que quedó prácticamente destruida durante el terremoto de 1970 y se fue reconstruyendo de forma no siempre ordenada.

Mapa de Huscarán, en Perú.
Mapa de Huscarán, en Perú.

Pero de lo que sí puede presumir Huaraz es de ser uno de los pueblos con mejores vistas del mundo. Asomas la cabeza por la ventana de la habitación del hotel y en un día soleado puedes ver el Ranrapalca (6.162 metros), el Ocshapalca (5.888 m), el Vallunaraju (5.686), el Ishinca (5.530), el Copa (6.188), el Chopicalqui (6.354) y, a lo lejos, el Huascarán con sus dos cumbres (6.768) y las características cuatro cimas del Huandoy (6.395). Una línea de horizonte irrepetible. Una de las mejores vistas panorámicas de Perú.

A Huaraz y a la cordillera se viene sobre todo a caminar. Y a contemplar la naturaleza. Por eso es importante acertar con las fechas. La mejor época es de mayo a septiembre, temporada seca, cuando hay más garantía de encontrar días despejados. Se desaconseja ir entre noviembre y febrero, época de lluvias, cuando los senderos están embarrados y las nubes no dejan ver las cimas. La mayor parte de la cordillera (340.000 hectáreas) está protegida bajo la figura del parque nacional de Huascarán. En algunas zonas hay que pagar una cuota: 10 soles (2,70 euros) por un día; 65 soles (17,50 euros), de 2 a 21 días.

Hay muchas posibilidades de hacer grandes trekking de varios días de duración, por ejemplo, los 10 que lleva la vuelta al Alpamayo. Pero también excursiones de una sola jornada para quienes no dispongan ni de tanto tiempo ni de tanta energía. Una de las habituales es a la garganta de Llanganuco y la laguna de Chinancocha. Se asciende por una pista de tierra que pasa por las proximidades de Yungay hasta un espectacular valle glaciar, con el macizo del Huascarán a un lado y el de los Huandoy al otro. La pista lleva primero a la laguna Chinancocha, de más de siete kilómetros de longitud. Si el día está soleado, ofrece un llamativo color turquesa que, unido al verde de los bosques, el blanco de los lejanos glaciares, el negro de las rocas pulidas que se elevan como catedrales hacia las cumbres del Huascarán y el Huandoy, más el extraño color rojo de los troncos de los queñuales, componen una escena sobrecogedora. Más arriba aparece una segunda laguna, la de Orconcocha.

Gargantas y lagunas

'Puya raimondii', de la familia de la bromelias, en Huascarán (Perú). ampliar foto
'Puya raimondii', de la familia de la bromelias, en Huascarán (Perú).

Otro de los accesos clásicos al parque es por el valle de las Puyas hacia el glaciar de Pastoruri. Su frente, que está a 5.000 metros de altitud, fue durante décadas la atracción principal de la Cordillera Blanca, tanto que en un buen día de temporada alta podían visitarlo hasta 15.000 personas. En 2007, debido al alarmante retroceso del hielo, las autoridades del parque prohibieron las visitas. En 2011, cuando asumieron que lo que derretía el hielo del Pastoruri y de otras muchas lenguas glaciares de la cordillera era el cambio climático y no el vaho de los turistas, lo volvieron a abrir. El frente glaciar está hoy a casi tres kilómetros de distancia de donde llegaba a finales de los ochenta y la lengua se ha separado en dos. No es el único glaciar de la Cordillera Blanca que ha notado los efectos del calentamiento. Se calcula que en los últimos 30 años ha desaparecido el 27% de la masa de hielo de estos Andes centrales.

Guía

Información

» Huaraz, a 3.052 metros de altitud y unos 100.000 habitantes, se encuentra en el departamento de Áncash, a algo más de 400 kilómetros al norte de Lima.

» Parque nacional de Huascarán (www.sernanp.gob.pe/huascaran).

» Turismo de Perú (www.peru.travel).

Pero más allá del glaciar, la excursión merece la pena porque se ve una de las grandes rarezas de la flora andina. Junto a la pista de tierra, tras pasar el centro de visitantes, aparecen pequeños bosques de Puya raimondii, una espectacular planta, familia de las bromeliáceas, que solo crece en determinadas partes de Perú y Bolivia por encima de los 4.000 metros. La puya florece una sola vez en su vida echando un gigantesco raquis de hasta 15 metros de altura, con más de 6.000 flores.

Uno no se puede marchar de la cordillera sin visitar Chavín de Huántar, una de las ruinas preincaicas más importantes de Perú, a tres horas de Huaraz. La cultura chavín floreció entre el 1500 y el 300 antes de Cristo y alcanzó un alto grado de perfección en el tallado de la piedra. Para llegar hay que salvar el paso de Ka­huish, el segundo túnel de montaña más alto del mundo: está a 4.516 metros de altitud. Chavín de Huántar fue uno de los principales centros de peregrinación de los Andes durante siglos. Las ruinas no son las más espectaculares de Perú, pero tienen un alto valor histórico. Se ha excavado la plaza principal del conjunto y buena parte del Templo Mayor y otras edificaciones menores. En su interior, en una estrecha galería subterránea, se localiza el ídolo de El Lanzón, que lleva 3.000 años en esa posición. Además, el pueblo de Chavín es uno de los más bonitos de la zona.

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