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Sopa de pepinillos

El director de orquesta Rafael Lamas quedó entusiasmado con la Varsovia de Chopin

Sopa de pepinillos

El director de orquesta y académico Rafael Lamas vive entre Nueva York, donde es profesor en la Universidad de Fordham, y Granada, donde dirige la Orquesta Académica de la ciudad. Además de amar Roma, pues allí estudió música, también quedó entusiasmado con Varsovia en su primera visita a la capital polaca.

¿Cuánto peso tuvo la música en este viaje suyo a Polonia?

Tras demasiados años estudiando mazurcas y polonesas al piano, siempre he querido visitar Varsovia, la ciudad de Frédéric Chopin. Aunque ya no quede casi ningún edificio del decimonónico ducado que vio nacer al compositor, sigue siendo imprescindible pasear por allí para comprender el porqué de su música.

¿Cree que Varsovia está algo ensombrecida por la belleza de Cracovia?

Mientras Cracovia es la ciudad-museo ideal, perfecta para un fin de semana de historia y monumentos, la belleza de Varsovia no resulta evidente. Destruida en la Segunda Guerra Mundial, Varsovia es una ciudad moderna con brutales arquitecturas de la era soviética y un pequeño centro histórico muy bonito completamente reconstruido. La hermosura de la ciudad se esconde tras los monumentos en su historia de rebeldía, y también en la paz de sus parques.

Y seguro que también hay buenos museos…

Mi amiga de allí, Aleksandra, especialista en literatura victoriana de la Universidad de Lublin, me enseñó que el arte polaco es fiel reflejo de las cicatrices de una historia excesivamente severa. Parte de ese patrimonio se guarda en el Museo Nacional, que cuenta con una colección de arte medieval impresionante.

Después del arte y de la música, ¿cómo repuso fuerzas?

Gracias a las sopas polacas, que son maravillosas y justifican un viaje. Hay tres que me gustan: la zurek, de delicado sabor agrio; la barszcz czerwony, que lleva remolacha, y mi preferida, la ogorkowa, a base de pepinillos. También hay una enorme variedad de una especie de dumplings denominados ruskie pierogi.

Háblenos más de este último plato, ¿tiene algo que ver con la cocina asiática?

No, son más bien una especie de ravioli. A pesar de su nombre de resonancias rusas, los ruskie pierogi, rellenos de queso y patata, son típicamente polacos. Los encuentro indispensables.

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