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Morella, el castillo del dinosaurio

Un museo donde destaca una réplica del ‘Iguanodon’, una espléndida fortaleza y restaurantes donde estas semanas brilla la trufa negra como ingrediente estrella. Un día en la airosa población castellonense da para mucho

El castillo de Morella

El perfil de Morella, con su castillo. / Pedro Salaverría

Morella es un prodigio. Desde lejos, a medida que uno va acercándose, su fisonomía pétrea y amurallada sorprende a la vez que encandila. La escapada a esta ciudad del Maestrazgo (Castellón), bañada por la luz y el aire frío de Els Ports, se convierte en una gran experiencia repleta de alicientes. Su estructura medieval, su gastronomía contundente y sabrosa, sus monumentos y vida cultural, y también sus fiestas de raíces lejanas, son algunos de ellos.

10.00  Carretera y ‘flaons’

Morella. / Javier Belloso

Tras la curva del kilómetro 57 de la carretera N-232 que viene de Castellón, la mole alrededor de la cual creció Morella aparece impresionante. De lejos se aprecia la sólida fortificación y la muralla que la envuelve y se ve cómo las calles se arraciman a su alrededor. Los indicadores muestran cómo llegar a la entrada principal de la ciudad, la puerta de Sant Miquel, del siglo XV. Franquear sus dos torres octogonales es un viaje en el tiempo que habla de los 750 años de historia que se cumplieron en 2015. La oficina de turismo, el museo Temps de Dinosaures (1, pinche sobre el número para ver el mapa ampliado) y una panadería donde comprar unos deliciosos flaons (empanadillas rellenas de requesón, almendras y miel) esperan al otro lado. El museo narra el pasado remoto de estas tierras habitadas por dinosaurios, cuyo emblema es el Iguanodon. El vestíbulo del museo se ubica en la capilla barroca de Sant Miquel, una maravilla. Justo al lado se encuentra el centro de salud, que ocupa la antigua iglesia de Sant Miquel, de la que se conservan toda la estructura y los frescos de la cúpula y de algunas capillas, obra del artista morellano Cruella.

11.00  Mantas, miel y queso

Antes de perdernos por las callejuelas y cuestas, se impone una subida a lo alto de las torres de entrada para admirar el paisaje épico del Maestrazgo, escenario de batallas, conquistas y reconquistas. El callejero de Morella dibuja una concha adherida a la roca con varias vías transversales; la más importante y eje de la vida comercial de la ciudad tiene varios nombres, y el último de ellos es Blasco de Alagón (2), conocida como la Plaça por los morellanos, ya que aquí se celebra el mercado desde la Edad Media. El camino hasta allí está flanqueado de tiendas con productos típicos, mantas morellanas, embutidos, miel y quesos de oveja de reputadísima calidad.

12.00  Superórgano de 4.000 tubos

Una actuación durante el mercado medieval frente a la catedral de Morella. / Luis Davilla

En uno de sus tramos se halla el ayuntamiento (3), de sobrio gótico con dos salas bellísimas, la del Consell y la de la Justícia, y la Lonja. La Costa dels Prades —las calles longitudinales de Morella toman el nombre de costa (cuesta) por su acusado desnivel, muchas veces salvado con escaleras, como la Costa de Sant Joan— conduce a la joya arquitectónica de la ciudad, la basílica gótica de Santa María la Mayor (4), con su bello altar churrigueresco y el monumental órgano de 4.000 tubos. Con dos portaladas, la de los Apóstoles y la de las Vírgenes, en su interior hay que detenerse ante la escalera de caracol que da acceso al coro, realizada en estuco de yeso policromado, y admirar los coloristas rosetones de vidrieras originales de la escuela valenciana del siglo XIV. Es aconsejable hacer la visita en domingo o día festivo para poder deleitarnos con el sonido del magnífico órgano del siglo XVIII. O apuntarse en la agenda que cada mes de agosto, desde hace 32 años, se celebra en Morella el Festival Internacional de Música de Órgano.

14.00  Una ruta gastronómica

Trufas negras en la localidad castellonense.

La gastronomía es uno de los fuertes de esta ciudad de apenas 3.000 habitantes. Al lado de algunos restaurantes históricos, como el Cardenal Ram (5) (Costa Sunyer, 1) y el Mesón del Pastor (6) (Costa Jovaní, 7), ambos ubicados en casas solariegas preciosas, se han puesto en marcha nuevas propuestas como La Fonda (7) (calle de García, 21), donde sirven nuevas versiones de clásicos como la sopa morellana con sus tropezones de huevo duro y el cordero al horno. Además, destaca la trufa negra, presente en menús especiales de enero a mediados de marzo.

16.00  La danza de la muerte

Con la vista puesta en el castillo (8), tomamos Blasco de Alagón e iniciamos la subida. Considerado uno de los más importantes del Mediterráneo, fue testigo de las gestas de Jaime I en su afán conquistador, aunque entre sus piedras se esconden vestigios de civilizaciones prehistóricas, de iberos, romanos, musulmanes y cristianos. La antesala del castillo es el antiguo convento gótico de Sant Francesc (9), cuya sala capitular alberga las valiosas pinturas de La dansa de la mort, del siglo XIV, y que actualmente está sumido en obras con el proyecto de convertirlo en parador.

El camino va rodeando la fortaleza hasta llegar al palacio del Gobernador (10), construido dentro de una cueva. La gran plaza de armas de la Mola, como también se conoce a la fortificación, depara vistas magníficas. En el centro, un aljibe que cuenta que el interior del gran monolito ha sido un gran almacén de agua, imprescindible para la supervivencia de quienes defendieron el sitio. Rodeando la roca, una muralla (11) y varias puertas, entre las que destaca la gótica de Sant Pere.

17.00  Tarde en el barrio judío

Nos acompaña la sensación de estar jugando en un gran decorado histórico. La vista se empeña en contar puertas artísticamente cinceladas, balcones con azulejos y forja, dinteles de piedra, casas con entramados de madera… De vuelta a la calle de Blasco de Alagón, hacemos un receso con una buena tabla de cecina y queso en algunos de los muchos locales que se esconden bajo los soportales. Reservamos el final de la tarde para deambular por la Jueria (12) (barrio judío), de calles estrechísimas.

21.00  Cae la noche y la ciudad se ilumina

Entre las piedras de Morella se agazapa una ciudad vibrante, repleta de buenas propuestas culturales y fiestas tradicionales (no perderse las fiestas del Sexenio, que se celebran desde 1673 y cuyos detalles se cuentan en el museo De Sis en Sis (13), ubicado en la iglesia de Sant Nicolau). Cae la noche y la ciudad se ilumina. Una buena opción para la cena es el restaurante Daluan (14), agazapado en el callejón de la Cárcel. Si hay algo que uno no debe perderse en la visita a Morella es la imagen de la ciudad con su castillo encendido desde lo lejos, así que regresamos a la curva del kilómetro 57 para contemplar de nuevo, aunque con distinto efecto, la magnífica silueta de esta ciudad de piedra.

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