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Surfistas en la Costa Vicentina, en el Algarve, Portugal

Surfistas en una playa de la Costa Vicentina, en la región del Algarve (Portugal). / Helio Ramos

Por increíble que parezca, a pesar de las olas de visitantes que llegan cada año al sur de Portugal, todavía quedan muchos rincones solitarios en la región del Algarve, alejados del turismo de masas y quizá sea el invierno el mejor momento para ir a buscarlos.

Pueblos de pescadores, almendros en flor y un arrecife artificial único en el mundo. Rutas de senderismo entre acantilados y playas vírgenes, pucheros serranos que alternan en las mesas con cataplanas de pescado o kilómetros de caminos adaptados para rutas en bicicleta. Son solo algunas de las sorpresas que ofrece el Algarve más desconocido.

01 Día entre pescadores en Olhao

Mercado del pueblo de Olhao, en el Algarve portugués. / Jedidiah Gordon-Moran/Flickr

Aunque muchos turistas suelen pasarlo por alto, el puerto de Olhao, a 10 kilómetros de Faro, permite conocer algunos de los aspectos más tradicionales de la vida en el Algarve y, además, es el punto de acceso a una isla con playas espectaculares. Junto a una interesante mercado, la historia y el ambiente auténtico y tradicional de esta villa pesquera contrasta con otros pueblos turísticos más elegantes.

Resulta recomendable callejear por el barrio de pescadores, con auténtico sabor portugués y clara influencia morisca; disfrutar de un almuerzo típico en el moderno comedor blanco de Tacho à Mesa (Rua Lavadouros 46; +351 289 096 734), entre platos tradicionales como la cataplana (guiso) de pescado o unas buenas bochechas (carrilleras) que nos permitirán degustar las delicias típicas del sur de Portugal. Después, se puede tomar una copa en el clásico A Velha (Avenida da República, 16), un bar de toda la vida con ancianos jugando a los dados.

02 Excursión por el Guadiana

Vista del pueblo portugués de Alcoutim, junto al río Guadiana. / Therin-Weise/Corbis

Las orillas del río Guadiana, separación natural entre el Algarve y España, tienen aires de frontera y sólidas fortalezas. Pero también encontramos sencillos puertos de pescadores, buena cocina, miles de aves para los aficionados a la ornitología y una curiosa playa. Además, desde Tavira se pueden hacer excursiones por algunos de los rincones menos transitados de la región portuguesa.

Algunos consejos: pasear por el centro peatonal de Vila Real de Santo Antonio, frente a Ayamonte, diseñado en retícula por el Marqués de Pombal y de arquitectura impresionante; descubrir algunas playas tranquilas, como la pequeña y encantadora Praia Fluvial de Alcoutim, o disfrutar de rutas ornitológicas en la Reserva Natural do Sapal de Castro Marin, la marisma más antigua de Portugal, que en invierno acoge a flamencos, espátulas y pagazas piquirrojas y en primavera se llena de cigüeñas blancas.

Y para un almuerzo consistente, podemos acudir al pueblo de Alcoutim, en cuyo centro se encuentra O CamanéI (Rua 1 de Maio), junto al río, perfecto para probar el porco preto (cerdo ibérico) o la açorda (sopa de pan).

03 Serra do Caldeirao

Aunque está a un paso desde la costa, en esta región de pueblecitos al norte de Loulé se apreciará mejor que en sus playas el sabor tradicional del sur portugués, con sus campos de alcornoques, huertos y matorrales. También es un lugar estupendo para hacer excursiones y observar aves.

Uno de las paradas imprescindibles es Alte, un pueblo compacto con calles llenas de flores, paredes encaladas y varias fuentes, que tradicionalmente se utilizaban para los molinos. Para degustar la cocina local, en el minúsculo pueblecito de Sarnadas está Rosmaninho, un pequeño restaurante que sirve cocina de montaña muy auténtica. Pero la mejor excursión en la zona es la ascensión a Rocha de Pena, una roca caliza entre los pueblos de Alte y Salir (existe un circuito señalizado de 4,7 kilómetros de recorrido).

04 Submarinismo entre pecios en Portimao

Praia da Rocha, en Portimao, en el Algarve. / Frank Lukasseck/Corbis

Con su tradición conservera, es normal que la sencilla Portimao sea uno de los mejores lugares del Algarve para comer marisco. Está a dieciséis kilómetros al suroeste de Silves y es la segunda ciudad más grande de la región. Fundada por los fenicios, en el siglo XIX se convirtió en el principal centro pesquero y conservero del sur portugués y conserva actualmente un gran ambiente marítimo. En su extremo sur se extiende la impresionante Praia da Rocha, una de las más fotografiadas y visitadas, con mucha arena y respaldada por acantilados rojizos y la pequeña Fortaleza da Santa Catarina.

Portimao también es un enclave gastronómico. Su antiguo barrio de pescadores acoge restaurantes sencillos donde comer sardinas y caballa a la brasa, mientras el Clube Naval invita a un almuerzo con más sofisticación y a disfrutar las vistas desde su planta superior. Pero la última atracción de Portimao es su arrecife artificial, único en el mundo, pensado especialmente para submarinistas. Se trata de cuatro barcos de la Armada portuguesa que van creando un arrecife que crece. La zona es perfecta para inmersiones, con aguas tranquilas y seguras, así como buen clima casi todo el año. Un paraíso para los amantes del buceo.

05 Senderismo en la Vía Algarviana

Para disfrutar de los magníficos paisajes del interior del Algarve a pie, la mejor forma es recorrer algún tramo (o la totalidad) de la Vía Algarviana, una ruta de 300 kilómetros que cruza la región de noreste a sureste. Algunos de los tramos más bonitos pasan por la zona de Monchique, entre alcornoques y las cumbres más altas del Algarve, todo con magníficas vistas. Una forma de disfrutar de la belleza de este sendero es realizar, desde Monchique, dos recorridos de un día: subir y bajar al Picota o ascender al pico Fóia.

06 Cacela Velha

Aunque no es ningún secreto, incluso puede parecer un pueblo-museo, la visita al adoquinado pueblecito de Cacela Velha resulta irrenunciable por su belleza. Un conglomerado de casitas encaladas rematadas con llamativos bordes que cuenta con una fortaleza minúscula, naranjos, olivos y coloridos jardines. Está 14 kilómetros al este de Tavira, frente al estuario y el océano, y tiene un par de excelentes cafés-restaurante, espléndidas vistas y un sinuoso camino que baja hasta la orilla. Lo mejor para verlo esa primera o última hora del día.

07 Mercado de Faro

Centro histórico de Faro, en el Algarve. / Werner Dieterich/Corbis

Faro es la puerta de entrada al Algarve, pero más allá de su aeropuerto, y del enorme desarrollo turístico, hay que fijarse con cariño en su pequeño casco antiguo y su magnífica ubicación, junto al mar. Los turistas van a la Sé (la catedral) o se acercan a Olhao o al parque natural da Ría Formosa. Menos conocido y visitado es el mercado de la ciudad de Faro, estupendo para pasear, observar a la gente, comprar alimentos frescos, sentarse en una terraza con un café o almorzar a gusto.

08 Vida de pueblo en Santa Luzía

El pueblo de pescadores de Santa Luzía es prácticamente un barrio de Tavira, pero muy recomendable para dar un paseo y disfrutar la vida típica del Algarve. Frente al canal que separa la Ilha de Tavira de la costa continental, esta villa es famosa por su polvo (pulpo), que se puede probar en los restaurantes de la calle principal. Si nos asomamos a las cabañas de los pescadores, todavía se les ve cosiendo redes. De la orilla salen barcos que ofrecen travesías por la zona.

09 La ruta del corcho

fábrica tradicional de corcho, en el Algarve. / algarverotas.com

Sao Brás de Alportel, a 12 kilómetros al este de Loulé, registró una gran actividad en el siglo XIX cuando el corcho vivía su época álgida. La Ruta del Corcho es un circuito guiado que incluye la visita a una fábrica tradicional y a los almacenes de corcho, con explicaciones sobre esta actividad. En la ruta –que también puede hacerse de forma independiente– está el Museu Etnográfico do Trajo Algarvio, fascinante centro dedicado a las costumbres locales y la industria del corcho en la antigua mansión de un magnate.

10 Una imperial en Tavira

Terraza a orillas del río Gilao, en Tavira (Algarve). / Roger S 09/flickr

Como un oasis en medio de la turística Tavira, la Tasca do Zé André es un local minúsculo pero auténtico, con un patrón muy cordial y antiguas botellas de licor tras la barra. Es estupendo para tomarse una cerveza Imperial de barril helada o un café, pero también sirve ensaladas, tostadas y buenas tapas. Para bajar la comida, desde Quatro Águas se puede tomar un barquito hasta la Ilha de Tavira y dar un paseo contemplando el ecosistema del estuario.

11 Pausa en Lagos

Escalera de acceso a la Praia do Camilo, junto a Lagos (Algarve). / Nick Upton/Corbis

Lagos es uno de los centros turísticos de Algarve. Situado en una gran bahía, es el punto de partida de cruceros para observar aves, pescar o avistar delfines. También se puede quemar adrenalina practicando remo en kayak, submarinismo, surf, windsurf, kitesurf o paddle surf. Para reponer fuerzas, el mejor sitio es una simple panadería. Bueno, no tan simple: la Padaría Central, el horno más antiguo de Lagos, fundado en 1906, aún sirve los panes y pastas más frescos del Algarve. Es ideal para madrugadores (y, por supuesto, trasnochadores que han contemplado el amanecer).

Si buscamos un restaurante, en Meia Praia encontraremos muchos al borde del agua. El Bar Quim es un restaurante de playa clásico portugués, sin pretensiones, pero si queremos algo más elegante, el Atlántico resulta excelente. Cuenta con una imponente terraza con vistas a la playa y una buena carta de platos portugueses.

12 Comida típica en Sagres

Paseo circular en torno a la Fortaleza de Sagres, en el Algarve. / Philippe TURPIN/Corbis

En general, en todo el Algarve comeremos bien, pero si deseamos probar la comida típicamente portuguesa hay que detenerse en Sagres. Concretamente, en la calle Comandante Matoso, donde encontraremos un puñado de restaurantes muy agradables. Por ejemplo, Mum’s, el local de moda, cálido y acogedor. Propone cocina de pescadores vegetariana, muy, muy sana.

Sagres es un destino muy popular de surf, pero muchos viajeros vienen para contemplar los acantilados del Cabo de Sao Vicente y la fortaleza donde se supone que el príncipe Enrique el Navegante estableció su escuela de navegación y de la que zarparon los primeros exploradores portugueses. Las vistas son increíbles y se pueden visitar en un paseo circular en bicicleta o a pie.

13 Aguas de Monchique

Balneario de Caldas de Monchique, en el Algarve.

Los amantes de la montaña agradecerán conocer la Sierra de Monchique, muy popular entre los portugueses pero desconocida entre los visitantes extranjeros. Sus picos más altos no alcanzan los 1.000 metros, pero dominan la geografía de la región algarviense.

Además, estos montes son conocidos desde la antigüedad por sus aguas termales y el Balneario de Caldas de Monchique parece anclado en el siglo XIX, cuando venían de todas partes del país a seguir algún tratamiento para mejorar los problemas de las vías respiratorias. Queda todavía un viejo casino transformado en centro de artesanía y el conjunto resulta perfecto para disfrutar de un toque de decadencia y romanticismo. Las termas se pueden visitar pagando una entrada de 15 euros que incluye la piscina de chorros de hidromasaje, la sauna, el baño de vapor y el gimnasio. Además, ofrece tratamientos especiales que van desde el baño de Cleopatra hasta máscaras de chocolate.

14 De isla en isla

Praia do Barril, en el parque nacional de la Ría Formosa (Algarve). / Philippe TURPIN/Corbis

Por la costa este del Algarve, entre Faro y Tavira, se suceden islas y estuarios. Es un paisaje complejo y fascinante, con espléndidas playas y marismas pobladas por aves y moluscos. De muchos pueblos de la costa zarpan barcos a las islas cercanas, que también se pueden disfrutar en rutas de kayak, apuntándose a excursiones (también a pie) para observar la naturaleza del curioso parque natural da Ría Formosa.

Entre lagunas, marismas y arenales, esta reserva natural ofrece magníficas playas, pequeñas villas de mariscadores y lugares con estupendas oportunidades para la observación de aves. Hay dos lugares únicos: la espléndida Praia do Barril, en la alargada Ilha de Tavira, un paraíso para los ornitólogos, así como la Ilha da Armona, con calas de arena desiertas en el extremo oriental y otras más familiares en el occidental.

15 Los almendros en flor

En los primeros meses del año, los almendros en flor visten de blanco el sur de Portugal, un precioso espectáculo que ha inspirado algunas leyendas, como la de la princesa que añoraba la nieve y para la que su esposo, el califa Ibn-Almundin, hizo plantar miles de almendros. Cada año hay muchos viajeros que vienen para ver cómo el blanco tiñe estas tierras durante unos meses. Un espectáculo.

16 La ruta vicentina

Senderistas recorriendo la Costa Vicentina, en el Algarve. / Helio Ramos

La costa oeste del Algarve, con sus acantilados y playas vírgenes, se puede descubrir a pie siguiendo la Ruta Vicentina, una amplia red de senderos (suma 340 kilómetros) que sigue el escarpado litoral occidental. La ruta parte de Santiago do Cacém, en el Alentejo, y acaba en Sagres, ya en el Algarve, y se integrará dentro del GR11, una de las rutas de la red de senderos y caminos GR (gran ruta) que conectarán esta localidad portuguesa con la ciudad rusa de San Petersburgo.

También se puede recorrer la costa del Algarve pedaleando, a través de la Ecovía del Litoral: 214 kilómetros entre Vila Real de San Antonio (junto a Huelva) hasta el Cabo de San Vicente, en Sagres, disfrutando de unas magníficas vistas de las playas algarvienses.

17 La costa del surf

Un surfita en playa de Beliche, en Sagres (Algarve). / Michael Reusse/Corbis

El Algarve no tiene nada que ver con atestados resorts del sur. En el sur lusitano las playas son amplias y ofrecen buenos rompientes sobre arena y, también, sobre roca. Cuando las condiciones son buenas, el poderoso Atlántico regala olas enormes, y como las playas tienen diferentes orientaciones con pocos kilómetros de distancia, es muy fácil moverse hasta encontrar las mejores series.

Una buena base para surfistas es Carrapateira, con dos excelentes playas para el surf a un paseo de distancia: Bordeira y Praia do Amado, al sur. Pero hay muchas más opciones y por todo el litoral proliferan las escuelas de surf.

18 Hoteles ‘boutique’ y casas rurales

Sin alejarnos de la costa, podemos cambiar el chip, pues el litoral algarviense también está repleto, además de apartamentos y hoteles, de multitud de alojamientos rurales y pequeños hoteles ‘boutique’, que han proliferado durante los último años e invitan a entrar en contacto muy directo con la auténtica vida rural portuguesa. Dos ejemplos: la Quinta da Lua, un estupendo y detallista hotel en pleno campo, junto a Tavira, y la Casa Vicentina, recóndito y encantador refugio rural en la costa oeste del Algarve.

Internet lo ha puesto muy fácil y hay redes muy útiles para encontrar este tipo de alojamientos con encanto en rincones casi secretos de la región. Great Small Hotels y Secret Places son dos de ellas.

Más información en la nueva guía Lonely Planet Algarve de cerca y en www.lonelyplanet.es

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