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10 cosas que solo podrás hacer en Tokio

De la locura del Robot Restaurant a un atracón de 'sushi' en Tsukiji, la gran lonja de pescado de la capital japonesa

Concierto en el Robot Restaurant, en el barrio de Shinjuku, Tokio

Uno de los espectáculos del Robot Restaurant, en el barrio de Shinjuku, en Tokio. / Frederic Soltan/Corbis

Extravagante, disparatada, inabarcable e inexplicable. Así es Tokio, donde todos parecen obsesionados por la vanguardia y por todo lo que huela a nuevo, aunque sigan acudiendo a los templos para conocer el futuro o practiquen tradiciones milenarias. Solo aquí pueden convivir jóvenes vestidas con kimono y luchadores de sumo con barrios enteros dedicados al manga y a los últimos videojuegos; solo en un lugar como este podían surgir inventos como los váteres con música a la carta, shows con bailarinas-robots o cojines brazo de novio para sustituir al acompañante habitual por otro más silencioso. Lo tradicional y lo último se pasean de la mano por las calles de la capital japonesa para que el viajero haga cosas que, probablemente, no podrá hacer en ningún otro lugar del mundo.

01 Convertirse en un 'friki' del manga

Estamos en el paraíso del frikismo: Akihabara es el barrio raro por excelencia. Se le conoce también como Akiba o la ciudad electrónica, y su especialidad es vender todo lo imaginable en este ámbito: desde el mejor ordenador del mundo hasta los últimos gadgets de usos desconcertantes. Hay miles de tiendas en el barrio; algunas inmensas, tipo gran almacén, como Yodobashi Akiba –nueve plantas y enormes descuentos–, pero también otras cadenas más especializadas con infinidad de sucursales y fantásticas promociones, como Sofmap o Laox, en donde será muy fácil que nos asesoren en varios idiomas.

Nuestro lado geek se despertará aunque no queramos, pero si nos cansamos, siempre podemos retornar hasta nuestra niñez jugando al gashapon (que significa bolas de plástico). Miles de adultos juegan durante horas en estas máquinas expendedoras donde se pueden ganar personajes manga o llaveros de plástico. Para un occidental es difícil entenderlo; para los japoneses es una más de sus extrañas costumbres.

Grandes almacenes especializados en electrónica en Akihabara, el barrio 'geek' de Tokio. / Iain Masterton/Corbis

Frente a la creciente competencia de las grandes tiendas tecnológicas de Shinjuku e Ikebukuro, Akiba ha optado por especializarse cada vez más en manga y en juegos. Estamos en el mundo de los otaku (frikis del manga) y del anime (dibujos animados japoneses). En el barrio podremos entrar a curiosear en alguna sucursal de Mandarake, cadena especializada cuya sucursal principal está en Nakano: hay desde cómics independientes (dojinshi) hasta manga infantil –el gato-robot Doraemon– o pornográfico (hentai). También hay tiendas de manga de segunda mano, como la cadena de librerías Book Off, por toda la ciudad. Las otaku femeninas, subproducto del manga, tienen sus propios lugares de reunión, como Ikebukuru, Akihabara y Otome Rd.

El mundo manga nos llevará a lugares increíbles para un occidental: desde sex shops que son verdaderos centros comerciales (dispensadores de bragas usadas incluidos), hasta museos sobre el tema, como el Museo Ghibli, el centro Yayoy o el Museo Yumeji Takehisa, que nos permitirán comprender cómo surgió el manga.

02 Atracón de 'sushi' en Tsukiji

Restaurante junto al mercado de pescado de Tsukiji, en Tokio. / Corbis

La Lonja de Tsukiji es la más grande del mundo. En noviembre se trasladará a una nueva ubicación, en Toyosu, en la bahía de Tokio, pero mientras tanto hay tiempo para visitar este increíble mercado de pescado en pleno centro. Por aquí pasa la mayor parte del marisco y el pescado de la ciudad antes de convertirse en sashimi o en sushi.

Hay que madrugar mucho: solo se admiten 120 visitantes diarios, en dos turnos, que contemplan la subasta desde una galería, que posteriormente pueden disfrutar de un fabuloso desayuno de sushi. Eso sí, a cualquier hora se puede disfrutar del ritmo frenético de la lonja y darse una vuelta por las callejuelas de los alrededores, donde se venden desde utensilios de cocina hasta alimentos envasados y, por supuesto, pescado y algas secas. Es una de las zonas más visitadas de la ciudad, todo un espectáculo.

En la zona de subastas obligan a estar en silencio, no hacer fotos con flash y no tocar jamás el género. Para desayunar en los alrededores, el bar de sushi más famoso es Daiwa Sushi, ante el que la gente hace largas colas para probar un producto de calidad increíble.

03 Bailar con robots

Diversión entre androides en el Robot Restaurant, en Tokio. / F. Soltan/Corbis

Tokio invita a las distracciones más extrañas que uno pueda imaginarse, como participar en un baile loco entre androides en el Robot Restaurant de Shinjuku. Este espectáculo es una muestra del Japón más disparatado, con robots gigantes tripulados por mujeres en bikini y neón suficiente para iluminar todo el barrio. Ofrece shows de chicas (sin desnudos) y muchas risas.

También resultan llamativos para los extranjeros los cafés de doncellas, atendidos por camareras vestidas de doncellas que tratan a los clientes de go-shunjinsama (amo) entre risitas. Son toda una institución en el barrio de Akiba. Por ejemplo, se puede ir a @Home y jugar con ellas al moe moe jankan (nuestro piedra, papel o tijera). Estos maid cafés, algo así como cafés de sirvientas, se encuadran en la tradición del cosplay, afición predilecta entre los tokiotas que consiste en disfrazarse de algo y actuar en todo momento como ese personaje.

04 ‘Sampura’ para llevar

Una bandeja de 'sampura' (comida de plástico) en el escaparate de un restaurante tokiota. / Steve Vidler/Corbis

Los amantes de la cocina japonesa que quieran aprovechar una visita a Tokio para hacerse con los mejores ingredientes locales, deben dirigirse a los depachika (secciones de alimentación) de los grandes almacenes de la ciudad, como Matsuya, Mitsukoshi o Tarashimaya; suelen ocupar las plantas subterráneas. A modo de tiendas delicatesen, aquí se puede encontrar de todo, eso sí, a unos precios menos asequibles. Desde sandías convertidas en producto de lujo, hasta té de primera cosecha, trufas al estilo belga y, por supuesto, mostradores donde comer en el momento la mejor tempura. Todo impecable.

Para llevarse un recuerdo gourmet muy original (aunque no comestible), la calle Kappabashi, en Asukasa, cuanta con unas 150 tiendas especializadas en reproducciones en plástico de alimentos. Desde huevos fritos con patatas hasta sofisticados platos japoneses, recreados en silicona para adornar escaparates de restaurantes y dar pistas al turista de lo que puede encontrar en la carta. Esta sampura, comida de plástico, llama mucho la atención por su realismo; no pocas veces uno dudará si se trata (o no) de alimentos comestibles. Para afinar la vista, en algunas tiendas de Kappabashi ofrecen clases para aprender a realizar nuestro propio sampuru.

05 Soñar en cápsulas

Habitación de un hotel cápsula, en Tokio. / Tom Wagner/Corbis

Los célebres hoteles-cápsula no son los hoteles más cómodos del mundo, pero a todos los turistas les llaman la atención. Normalmente son solo para hombres y tienen unas normas estrictas: quitarse los zapatos al entrar, guardar la ropa en taquillas y ponerse un kimono especial para moverse por las instalaciones. Son baratos y la sensación es parecida a la de dormir en la litera de un tren, aunque la cama-cápsula es algo más amplia y más cómoda. Por ejemplo, las del Capsule & Sauna Century, en lo alto de la colina de Dogenzaka.

Cuando viajamos en pareja, una opción económica son los llamados hoteles del amor (rabuho). Los astronómicos alquileres obligan a muchos jóvenes a vivir en la casa familiar hasta su boda y durante el noviazgo hacen buen uso de estos establecimientos con, frecuentemente, estrafalaria decoración: evocan desde palacios lejanos hasta islas exóticas. En Dogenzaka, barrio de Shinbuya, hay uno de los mayores conjuntos de love hotels.

Para dormir barato (más bien dormitar) también se puede imitar a los tokiotas que pierden el último tren de medianoche y no quieren (o pueden) pagar el prohibitivo precio de un taxi: acudir a un manga kissa, cafés-librerías de cómics que ofrecen cubículos privados para visionar un DVD, consultar el correo electrónico y, generalmente, dormir. Se paga una tarifa –muy barata– por toda una noche que permite la estancia y algunos servicios como duchas, mantas y secadores. Una de las mejores cadenas es Gran Cyber Café Buagus, con establecimientos en Shinjuku, Shibuya y Roppongi.

06 Darse un baño de placer

Relax en un 'onsen', tradicional baño termal nipón, en Tokio. / Forest Woodward/Getty

En Tokio hay que dejar la timidez a un lado: los japoneses opinan que para comprender de verdad su cultura hay que darse un remojón colectivo. Los baños públicos nipones (sento) son toda una tradición y no solo para asearse, también para cotillear un poco. Igual que los onsen (baños termales), funcionan como lugares de socialización. Incluso ahora, que todo el mundo tiene baño en casa, se sigue acudiendo con amigos y familiares.

Eso sí, no es lo mismo un sento que un onsen. Mientras que los onsen funcionan como los baños termales de otros países, donde el agua procede de un manantial y disponen de piscinas con agua fría y caliente –entre los mejores están Jakotsu-yu, en un callejón de Asakusa, el tradicional Asakusa Kannon y el kitsch Oedo Onsen Monogatari, ambientado como un pueblo del periodo Edo–, los baños públicos (sento) tienen otros usos. Por ejemplo, el SCAI the Bathhouse, en Ueno, tras 200 años como baño público es hoy una galería de arte contemporáneo que conserva parte de la decoración original.

07 Conocer el futuro en un templo sintoísta

Templo de Meiji-jingu, en Harajuku, en Tokio. / Corbis

El Tokio futurista y extravagante convive con tradiciones milenarias, como la afición de sus habitantes a las predicciones sobre el futuro, para las que acuden a los templos. En casi todos podremos recoger un omikuji (papel de la suerte), uno de los principales alicientes de la visita. Hay templos que también cuentan con una fuente de los deseos. En Tokio, hay que visitar el Meiji-jingu, en Harajuku, el mayor de todos los templos, donde los omikuji están también en inglés y se dispensan en maquinitas analógicas. Entre los mensajes hay algunos realmente duros, pero si no son de nuestro agrado, siempre podemos volver a coger otro.

Menji-jingu es un templo grandioso. Sus puertas (torii) dan acceso a unos silenciosos y magníficos jardines que fueron el regalo del emperador Meiji (1920) a la emperatriz Shoken. Bajo su mandato, Japón dejó de ser una nación aislada del exterior. Como casi toda la ciudad, fue destruido en gran parte durante la Segunda Guerra Mundial, pero en 1958 volvieron a levantarlo, con una réplica casi idéntica. Los fines de semana se celebran aquí muchas ceremonias de boda con parejas vestidas con kimonos, pero el mejor momento para pasearse es la primavera, con todos los cerezos en flor. Quienes lo visiten en Año Nuevo encontrarán a millones de personas que se reúnen para celebrar dicha fecha al más puro estilo shinto.

08 Sortear multitudes en Shibuya

Paso de peatones en Shibuya, en Tokio. / Xavier Arnau/Getty

La imagen más típica de Tokio es la de un cruce de peatones múltiple rodeado de neones y rascacielos. En Shibuya confluyen seis calles, lo que se conoce también como Scramble (la espantada); se dice que es el cruce más concurrido del planeta: a veces concentra a más de mil personas cruzando a la vez en todas direcciones, pero sin chocarse. Es también, evidentemente, uno de los más fotografiados del mundo.

Pero Shibuya es también el centro de la cultura joven, donde las chicas gyaru (muy bronceadas, maquilladas y con peinados exagerados) se pasean por los grandes almacenes. Se llega en metro y es una experiencia no apta para quienes tengan pánico a las multitudes. Las calles de los alrededores son perfectas para gastarnos los ahorros: en Bunkamura-dori y Jingu-dori hay decenas de complejos comerciales donde se vende lo último de lo último de lo último: tiendas de discos, de ropa, complementos... Y entre Bunkamura-dori y Dogenzaka hallaremos multitud de clubes, bares y hoteles del amor. 

09 Chiringuitos a la japonesa

Restaurantes en uno de los callejones del barrio de Shinjuku, en Tokio. / getty

Para tomarse una copa en Tokio la mejor zona es Golden Gai, un laberinto de callejuelas y estrechos edificios de madera de dos pisos que resisten a los pies de grandes rascacielos. Después de la II Guerra Mundial acogió un intenso mercado negro y fue el barrio de las prostitutas; actualmente está repleto de minúsculos bares, cada uno más particular y excéntrico que el siguiente.

Que hayan sobrevivido a la voracidad inmobiliaria en Shinjuku dice mucho de la testarudez de los bohemios personajes que los regentan. Cuando los viejos propietarios se jubilan, otros más jóvenes toman el relevo proponiendo nuevos estilos. Algunos ejemplos: el Bar Plastic Mode, el Albatross G o el mítico La Jetée, dirigido por un aficionado al cine francés. Los bares suelen ser temáticos (desde música punk hasta fotografía) y atraen a todo tipo de público. Los turistas no son siempre bienvenidos, pero hay que intentarlo. Una pista: los más abiertos a los extranjeros y clientes no habituales suelen tener carteles en inglés. 

10 Viajar al futuro en Odaiba

Vista del 'skyline' de Tokio desde la isla de Odaiba. / John y Lisa Merrill/Corbis

A las familias tokiotas les encanta ir a Odaiba, un grupo de islas artificiales en la bahía de Tokio a las que se llega a bordo de un monorraíl sin conductor desde la estación de Shimbashi, en el centro de la ciudad. Ofrecen una excelente panorámica de Tokio pero sus grandes atractivos son la noria más grande del mundo y un parque temático dedicado exclusivamente a la tecnología.

La arquitectura de Okaido también es diferente –se ama o se odia– e incluye detalles tan kitsch como una réplica de la neoyorquina Estatua de la Libertad. Un autobús lanzadera gratuito hace el circuito alrededor de la isla, con autobuses rojos que pasan cada 15 minutos y paran en los lugares más interesantes: el centro de emisiones de Fuji TV, con un peculiar edificio diseñado por Kenzo Range; el Museo Nacional de Ciencias Emergentes e Innovación (Miraican), perfecto para ir con niños que disfrutarán de las demostraciones de robots y miles de exposiciones sobre el espacio o el medio ambiente; el Museo de Ciencias Marítimas (uno de los mejores de Tokio) o el Aqua City. También el Tokyo Joypolis, que reúne (a cubierto) un montón de atracciones de realidad virtual, como experiencias de verdadero vértigo para adultos cuyos efectos se realzan con pantallas de vídeo.

Más información en la Guía Tokio de cerca y en www.lonelyplanet.es

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