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Viajar entre hombres lobo y sirenas

Del esquivo Yeti, en el Himalaya, a unicornios marinos en Groenlandia, los mejores lugares para encontrarse con seres míticos

Un ejemplar de lobo gris en los Cárpatos, Rumanía

Un ejemplar de lobo gris en la región de los Cárpatos, en Rumanía. / Staffan Widstrand

No es necesario blandir una varita mágica para ver criaturas de leyenda. Más allá de las bestias fantásticas creadas por J. K. Rowling o aparecidas en El señor de los anillos existe una serie de animales totalmente terrenales, pero con pedigrí mítico. Son reales y no hace falta más que viajar un poco por el mundo para contemplarlos.

En este periplo mágico encontraremos sirenas y unicornios marinos, calamares sedientos de sangre y al rey de las serpientes, quizá incluso veamos al esquivo yeti. No se garantiza que los amigos crean los relatos fantásticos del viajero a su regreso.

1 Dragones en Eslovenia

Turistas durante una visita a las cuevas de Postojna, en Eslovenia. / Guido Cozzi

La primera vez que se vieron criaturas translúcidas con forma de tritón corriendo por la cuevas de Eslovenia se dijo que eran crías de dragón. Los lugareños creían que los dragones nacidos en el mar se podían haber extendido por las pozas de estos sistemas subterráneos. Ahora conocemos a esos anfibios ciegos como proteos y sus propiedades son dignas de leyenda. Se orientan con señales eléctricas, pueden vivir una década sin alimentarse y su sorprendente longevidad se estudia con la esperanza de poder entender su proceso de envejecimiento.

El hábitat natural de este animal son las grutas de Postojna, unas de las muchas que tiene Eslovenia –son más de 9.000 las cuevas registradas–, cuyo laberinto subterráneo es un paraíso para los amantes de la espeleología y, también, uno de sus principales reclamos turísticos. De hecho, la única palabra que han exportado al español los eslovenos es karst (sistema de erosión propio de las calizas), una palabra que procede del Carso, la región donde se encuentran, precisamente, las cuevas de Postojnska, las más grandes y más visitadas del mundo, amén de espectaculares. La entrada se encuentra bajo el castillo de Predjama.

2 Sirenas en Filipinas

Una bañista ataviada como una sirena practicando snorkel en Filipinas. / Guido Cozzi

Cuando Cristóbal Colón vio por primera vez un manatí descubrió que las sirenas no eran tan atractivas como había imaginado. Quizá no quedó impresionado por estas retozonas criaturas marinas, pero los dugongos y manatíes toman su nombre científico (sirenia) de las atractivas sirenas que atraían con sus cantos a los marineros hasta su perdición en la antigua mitología griega. Antes de reírse por que confundieran al desgarbado dugongo –cuyo familiar más cercano es el elefante– con una sirena, hay que observar la elegancia con la que dan volteretas y husmean entre las praderas marinas de Filipinas.

El dugongo, o dugón, es el único superviviente de su familia (los sirenios). Teóricamente se puede encontrar por las costas del Índico y el Pacífico, pero no hay muchas posiblidades de observarlos. Además de en Filipinas, donde un buen lugar para bucear con dugongos es al norte de Busuanga Island, en la provincia de Palawan, también hay posibilidades de bucear entre estas extrañas criaturas en las costas australianas.

3 Hombres lobo en Rumanía

Un lobo gris europeo en la cordillera de los Cárpatos, en Rumanía. / S. Widstrand

Condes de dientes puntiagudos adornan los recuerdos de los Cárpatos en Rumanía. Pero es el vârcolac, un hombre lobo, el que obligaba a los campesinos de antaño a cerrar los postigos al anochecer. La visión de este lobo gris suscita un miedo primigenio en muchos, por lo que no sorprende que antiguas supersticiones rodeen a este temible depredador. Y aunque los rumanos modernos mirarían con desdén al vârcolac, mantienen una incómoda relación con estos animales salvajes. Se han constatado pocos ataques de lobos a humanos, pero las exageraciones de los medios ponen a estos esquivos caninos en peligro ante cazadores con ganas de acabar con la amenaza.

4 Ave de trueno en el Midwest (EE UU)

Un ejemplar de águila calva en la reserva forestal de Tongass, en Alaska (EE UU). / Ron Sanford

Los truenos en las llanuras del Medio Oeste estadounidense no son un simple presagio de lluvia. Las leyendas de los indios americanos hablan de aves de trueno, cuyo batir de alas conjura tormentas. El descendiente natural del ave de trueno es el águila calva, especie también rica en simbolismo. Según la tradición, las águilas surgieron de las crías de un monstruo asesinado, transformado en ave. No cuesta creer en el mito al ver la inquietante imagen de esta rapaz planeando en las alturas.

El águila calva es el símbolo nacional de Estados Unidos y figura en su escudo nacional. Pero además podremos verla, con una dosis de suerte, en una gran variedad de escenarios en todo el país: desde los pantanos de Luisiana hasta el desierto de Sonora (al suroeste, fronterizo con México) o la región de Nueva Inglaterra (en la costa este). Sin embargo, donde realmente abundan es en Alaska y en Canadá.

5 El Kraken en México

Un calamar de Humboldt, de noche, en el Golfo de California, en Baja California (Mexico). / Louise Murray

Las historias del kraken –un calamar gigante aficionado a la carne humana– se extendieron desde Noruega por el mundo marinero, haciéndose, con el tiempo, más grandes y truculentas. América Central y del Sur albergan los kraken más feroces. Muchos pescadores han sido heridos por el pico afilado y serrado del diablo rojo o calamar de Humboldt. Estos cefalópodos carnívoros se desplazan a 25 kilómetros por hora, forman bancos de hasta mil ejemplares y se tornan rojos cuando se enfadan. Pueden llegar a medir dos metros de largo –no tanto como una isla de grande, según las viejas historias nórdicas–, tamaño suficiente para hundir una barca inflable.

6 El Yeti en Nepal

Restos pertenecientes, supuestamente, al Yeti, en el monasterio de Pangboche, en Nepal. / Earl y Nazima Kowall

Su avistamiento se podría achacar al aire enrarecido que se respira en las grandes montañas del Himalaya, una especie de alucinación producida por el cansancio y la escasez de oxígeno en altitudes extremas, pero el mito del Yeti está respaldado por numerosos encuentros en los elevados pasos alpinos de Nepal. El montañero Reinhold Messner (el primer2 hombre que subió al Everest sin oxígeno y el primero en coronar los 14 ochomiles principales del planeta) aseguró haber visto a este hirsuto humanoide, aunque decidió que debía de ser un tipo de oso. Los osos pardos del Himalaya, alzados sobre sus patas traseras, podrían llegar a confundirse con un yeti, del que se dice que caminan sobre dos piernas entre las brumas de las grandes montañas. Algo que no evita que innumerables buscadores de este ser mítico lleven siempre sus cámaras preparadas, por si acaso. En algunos monasterios de Nepal presumen de conservar restos supuestamente pertenecientes al yeti (aunque casi siempre se ha demostrado que pertenecen a una especie de cabra local).

7 Unicornios marinos en Groenlandia

Un grupo de narvales en la región canadiense de Nunavut, al oeste de Groenlandia. / Michelle Valberg

Comparados con sus hermosos y saltarines homólogos terrestres, los unicornios de mar gozan de un oscuro mito originario. Según la tradición oral de los inuit, pueblo esquimal de Groenlandia, el narval proviene de una mujer arrojada al mar junto a un arpón lanzado por su hijo. Una vez en el lecho marino, se le empezó a enredar el pelo y formó un cuerno, surcando los mares convertida en narval para siempre. En la Edad Media, los groenlandeses vendían estos colmillos –que pueden llegar a medir tres metros– a los colonos nórdicos como si fueran cuernos de unicornio. Si era en homenaje a su origen mitológico o por puro lucro, no se puede asegurar.

8 Kappas en Japón

Monumento al kappa en Ushiku-shi, en la prefectura de Ibaraki, en Japón. / JTB

Las tortugas humanoides japonesas originales son los kappa japonese; nada que ver con ese cuarteto ninja, amantes de la pizza, que triunfa entre los niños de todo el mundo. Estas tristes criaturas gastan, según la tradición, bromas infantiles o (si se tiene mala suerte) traen el infortunio. Eso sí, según la leyenda japonesa son fácilmente sobornables con fideos de soba o pepinos. Sus estatuas adornan templos por todo el país, representados como gnomos con caparazón, lo que sugiere que estos espíritus marinos están inspirados en las tortugas bobas. Estos kappa reales habitan en las costas de las islas subtropicales de Japón, produciendo más placer que travesuras. Incluso podemos encontrar restos de un kappa en un museo nipón: un brazo y una pierna exhibidos en la residencia Miyakonojo Shimazu, en la prefectura de Miyazaki (isla de Kyushu), que pertenecen, supuestamente, a un kappa, una “criatura asesinada a tiros alrededor del año 1818”, según se dice en la página del museo.

9 Basiliscos en India

Encantadores de serpientes en la región de Rajastán, en India. / Getty

El rey de las serpientes es peor que alguno de los enemigos de Harry Potter. Narradores y naturalistas, como Plinio el Viejo, Chaucer y Leonardo da Vinci, escribieron sobre esta serpiente maligna devoradora de hombres. Este monstruo milenario pudo estar originalmente inspirado en la cobra real, una serpiente agresiva reconocida por su arqueo previo al ataque y su inquietante siseo. Se pueden evitar los encantadores de serpientes y buscar la amenazada cobra real en su hábitat natural durante un viaje por las húmedas junglas de India o en algún mercado local donde se instalan los encantadores de cobras. Eso sí, se recomienda mantener la distancia: no es momento de descubrir si, como el joven mago de gafas redondas, uno está en comunión con los reptiles.

10 Bunyip en Australia

Atardecer en el lago Pinaroo, en el parque nacional de Sturt, en Australia. / Getty

Monstruos, espíritus y criaturas mitológicas abundan en la tradición oral de los aborígenes australianos, pero el bunyip perdura en el imaginario popular de Australia. Se dice que este rugiente monstruo terrorífico habita en los pantanos y billabongs del interior del país. Cuando los colonos se adentraron en este vasto territorio desde la costera Sídney hallaron variaciones del bunyip, pero todos las descripciones coincidían en hablar de una extraña criatura barbuda parecida a una foca que se escondía en el agua y llevaba a la gente a su muerte.

Más información en www.lonelyplanet.es

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