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Fuera de ruta

Las arenas del marciano en Jordania

Ruta por el desierto de Wadi Rum, plató de Ridley Scott en su última película, y por otros enclaves jordanos como Petra y Gerasa

Desierto de Wadi Rum, donde se rodó la película 'El marciano'.

Desierto de Wadi Rum, donde se rodó la película 'El marciano'. / J. García

Dos siglos después de que Burkhardt visitara Petra disfrazado de santón, la ciudad perdida de los nabateos sigue siendo un laberinto de sorpresas. Es el destino más conocido de Jordania, que une, a las ruinas milenarias, sus desiertos y sus playas. El país se recorre sin colas, sin aglomeraciones, sin palos de selfie. Como un romántico explorador del siglo XIX.

Petra

Ruinas de Petra, en Jordania.

Ruinas de Petra, en Jordania. / Andrés Campos

Dos días se necesitarían para visitar con calma la antigua ciudad nabatea (solo tumbas, hay 500), pero también uno solo, bien aprovechado, da para ver lo importante y disfrutar de dos momentos mágicos: el amanecer ante la fachada del Tesoro y el último sol dorando las Tumbas Reales. Para subir al Monasterio, mejor en burro, sin discusión. El hotel Mövenpick, pegado a la taquilla, es el lugar perfecto para refrescarse, cenar y descansar tras la caminata. Eso sí: una cerveza cuesta 12 euros. La entrada a Petra, 64 euros (www.visitpetra.jo).

Wadi Rum

“Los paisajes son así de vastos y silenciosos en los sueños de la infancia”. A Lawrence de Arabia le impresionaron los horizontes del desierto de Wadi Rum, con los riscos de arenisca aflorando de las arenas como islas de oro. Su plasticidad llevó a Ridley Scott a localizar aquí su última película, El marciano. El director británico dijo que no tuvo que hacer nada en esa “maravilla” de desierto salvo filmar en la hora adecuada y colocar bien la cámara para captar toda su belleza. Captain’s Camp (www.captains-jo.com) ofrece jaimas, paseos en camello, en todoterreno y en globo.

Ammán

Ammán fue Filadelfia, una de las diez ciudades de la Decápolis romana, cuyas ruinas asoman en lo alto de la Ciudadela, germen y atalaya de la capital jordana. Allí arriba resplandece también el palacio Omeya, y, al pie de la histórica colina, lo hacen el teatro y el odeón romanos. El Museo de Jordania (www.jordanmuseum.jo), inaugurado en 2012, atesora varios rollos del mar Muerto, y el Museo Real de Automóviles (www.royalautomuseum.jo), bastante desconocido, expone más de 70 supercoches y motocicletas clásicas del rey Hussein, que fue un forofo del deporte del motor y piloto de carreras.

Gerasa

Ruinas romanas de Gerasa, en Jordania.

Ruinas romanas de Gerasa, en Jordania. / Andrés Campos

Las ruinas romanas de Amán palidecen ante la magnificencia de las de Gerasa, a 50 kilómetros al norte de la capital. La antigua Gerasa tenía 20.000 habitantes y lujos inau­ditos, como el granito traído de Asuán, en el sur de Egipto. Cuatro horas, como mínimo, lleva explorar este yacimiento en el que afloran restos de un hipódromo, dos teatros, dos termas, dos templos dedicados a Zeus y a Afrodita, 15 iglesias bizantinas, una calle mayor porticada de 800 metros y una plaza oval (el foro) rodeada de 63 mastodónticas columnas jónicas. Un terremoto en 747 aniquiló Gerasa, que permaneció 1.000 años sepultada bajo la arena, intacta, para pasmo y gozo de quien hoy la visita.

Mar Muerto

Este gran lago endorreico, donde muere el bíblico Jordán, ocupa el punto más bajo de la superficie terrestre (-424 metros) y, a causa de la intensa evaporación, tiene una salinidad exagerada (cercana al 30%) que impide hundirse en sus aguas. No hay playas públicas, pero sí varias privadas en la orilla nororiental, a menos de una hora de Amán, donde por 20 o 25 euros se puede pasar el día flotando sin esfuerzo y rebozándose en barro, que dicen que es bueno para la piel. Para estar más de un día, una buena opción es el hotel Kempinski Ishtar (www.kempinski.com), con spa y tres piscinas.

Javier Belloso

Betania

Muy cerca del mar Muerto, río Jordán arriba, se halla el lugar de Betania, donde Jesús fue bautizado (www.baptismsite.com). El enclave, declarado patrimonio mundial este año, está salpicado de ruinas venerables (la cueva de Juan Bautista, la casa de María Egipciaca, iglesias paleocristianas…), pero la gran atracción es el propio río Jordán, donde raro es el visitante que no se remoja la coronilla o el cuerpo entero.

Madaba y el monte Nebo

El mapa más antiguo de Tierra Santa está en el suelo de la iglesia ortodoxa de San Jorge, en Madaba (www.visitmadaba.org), a 30 kilómetros al sur de Amán. Es un gran mapa-mosaico elaborado en el año 560, donde aparecen 157 enclaves bíblicos. Cerca, a 817 metros de altura, descuella el monte Nebo, desde donde Moisés avistó la Tierra Prometida.

Mar Rojo

Después de patear tanta ruina y tanto desierto, apetece un baño refrescante en Aqaba, en el mar Rojo. Sea Guard Aqaba (www.c-guard.net) ofrece por 50 euros salidas de un día en barco para hacer snorkel —y ver los peces de colores— en los arrecifes que bordean la costa hasta la frontera saudí.

Guía

Información

» Oficina de turismo de Jordania (www.visitjordan.com).

» Iberia (www.iberia.com) y Royal Jordanian (www.rj.com) vuelan directo a Amán desde Madrid. Se encuentran billetes de ida y vuelta a partir de unos 480 euros.

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