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Baños de aire en el interior de Portugal

De un paseo en góndola a un menú macrobiótico, pistas para descubrir la región entre Alvados, Lousã y Aveiro

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'Moliceiros', las góndolas portuguesas, atracadas en uno de los canales de la ciudad costera de Aveiro.

Nuevas tendencias y locales han visto la luz durante los últimos dos años en la región central de Portugal, con propuestas de turismo ligado a la naturaleza, el arte y el reciclaje. Una reinvención que invita a revisitar la zona y la noción de la vida, la gastronomía e incluso la Historia que predomina sobre esta zona del país vecino. Ruta entre Alvados, Lousã y Aveiro que mezcla paisajes fabulosos, experiencias sensoriales, pueblos pintorescos y hasta cocina macrobiótica.

Un hotel para emocionarse

De acuerdo con la visión de los filósofos griegos, cuatro son los elementos básicos que componen todo lo que existe –agua, tierra, aire y fuego– y que, a su vez, componen la esencia del hotel Cooking and Nature (Rua Asseguia das Lages 181, Alvados), invitando al viajero a reencontrarse con la naturaleza. Todo lo que se experimenta en este pequeño establecimiento pone en sintonía el espíritu con la esencia de estos elementos básicos.

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Clases de cocina en el hotel Cooking and Nature, en Alvados (Portugal).

La arquitectura vanguardista de las instalaciones, obra de Ana Correia, integra al viajero con la tierra: muros exteriores que son grandes ventanales con vistas tanto al horizonte lejano como al paraje circundante, mimetizando al huésped con olivos y robles milenarios. El concepto que el propietario, Rui Anastácio, ha querido transmitir al hotel se nutre de su ubicación, en Alvados, un frondoso valle que recoge las lluvias procedentes del Atlántico. La piscina, discreta y con exuberante vegetación, recuerda también que el subsuelo de esta región acumula la mayor reserva portuguesa de agua potable. Las albercas interiores proponen baños de aire (piscinas a diferente temperatura, zona de masaje y yoga), en sintonía con las Sierras de Aire y Candiles en las que se ubica. Y al anochecer, el viajero disfrutará de un gran fuego en una de las zonas exteriores, ante el que afloran sentimientos primigenios.

El diseño interior, obra del estudio Iznogud Design, mantiene la misma filosofía de integración con la naturaleza. Los elementos, colores, texturas y ambiente de cada una de sus doce habitaciones, de estilos variados, invitan a momentos de relax definitivo en contrate con algunas de las actividades que se proponen al huésped: desde escalada y bautismo en parapente, hasta rutas a caballo, jornadas micológicas y clases de cocina.

Como nobles en Lousã

Este hotel palacio está ubicado en un edificio blasonado, ilustre por el linaje de quien lo habitó y declarado patrimonio histórico portugués. En su conjunto ofrece un viaje en el tiempo que traslada al visitante a épocas de lujo y esplendor. No en vano, cada estancia conserva ese sabor a los antiguo, con la mismas vistas, fragancias y olores de la época más noble del edificio.

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Fachada principal del Palacio de Lousã, cerca de la ciudad de Coimbra, en el centro de Portugal.

El Palacio de Lousã (Rua Viscondessa do Espinhal, Lousã) fue ordenado construir por Bernardo Salazar, juez y caballero de la orden de Cristo, a finales del siglo XVIII, y está relacionado con las invasiones francesas. Se cuenta que el mariscal Masséna, comandante de las tropas napoleónicas, tomó posesión del mismo cuando era propiedad de la Viscondessa do Espinhal, hija de Salazar, hasta que un ataque nocturno y por sorpresa de tropas anglo-lusas provocaron la huida precipitada de Masséna. Tanto que, cuando el duque de Wellington entró triunfante en Lousã poco después, encontró la mesa preparada y la cena servida, disfrutando con redoblado placer la victoria sobre el enemigo.

Ubicado en un lugar privilegiado de Lousã, desde sus salas se divisa la sierra homónima, poblada de pinos, robles, castaños, eucaliptos y mimosas. El encanto de este establecimiento no solo reside en su fachada, sus interiores o el perro de la casa, que pasea por el hotel a su antojo. La ciudad de Lousã es un enclave estratégico para escapadas cercanas a las hermosas ciudades de Coimbra y Viseu, o para hacer una ruta guiada por las famosas Aldeas de Pizarra.

Sierra virgen y pueblos de pizarra

Por altitud y extensión, la sierra de Lousã alcanza la consideración de cordillera cuando el viajero se adentra a recorrerla. A pesar de encontrarse muy cerca de una de las grandes ciudades portuguesas, Coimbra, y de la relativa cercanía con la frontera española, se trata de una región montañosa todavía virgen, por descubrir. Valles, castillos, acantilados, barrancos y gargantas aparecen y desaparecen a través de la sinuosa carretera que la cruza.

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Playa fluvial en la zona de las Aldeias do Xisto, en la sierra de Lousã (Portugal).

Uno de los mayores atractivos, capaz incluso de hacer que cualquiera llegue a plantearse el comprar una casa y quedarse a vivir ahí, son las Aldeas de Pizarra (Aldeias do Xisto). Esta especie de réplica de la ruta de los pueblos negros, en la provincia de Guadalajara, se encuentra en un entorno mucho más escarpado y algunas de ellas son de acceso casi imposible.

La empresa Transserrano (Bairro S. Paulo 2, Góis) ofrece guías locales especializados para recorrer la zona con propuestas de aventura, rutas culturales y etnográficas, e incluso actividades para jóvenes. Existen proyectos tan interesantes como Cerdeira Village Art & Craft, dedicado a la rehabilitación y simbiosis del arte con la naturaleza, o recorridos hacia Candal-Serra da Lousã que mezclan artesanía, gastronomía típica y vistas de vértigo. Incluso playas fluviales y la posibilidad de con algún que otro ciervo por el camino.

Cocina moderna con vistas

Hacia la vertiente opuesta de la sierra de Lousã, tras de zigzaguear durante varios kilómetros, se llega al restaurante Varandas do Casal, en Casal de São Simåo, cuya historia está ligada a la familia Antunes, con un fecundo historial en el mundo de la restauración portuguesa.

A media hora (por autopista) de Coimbra, este establecimiento tradicional proporciona una grata sorpresa al comensal primerizo: a pesar de lo remoto de su ubicación, la carta rebosa modernidad y toques de nueva cocina, fusionando lo más clásico con la actualidad gastronómica. Y su enclave, sobre una colina del pueblo, ofrece unas vistas hacia el verde de la sierra en un entorno tranquilo, que invita a la relajación.

Paseo en góndola, a la portuguesa

Ciudad costera cuyos orígenes se remontan al siglo X, la historia de Aveiro camina de la mano de la ría homónima, formada por la huida del mar, cuya retirada dejó una serie islas y de canales que dotan a la ciudad de una belleza única y original. Las salinas y los moliceiros, barcazas que recuerdan a las góndolas venecianas y que se utilizaban para recoger el moliço (alga empleada para abonar los cultivos de la zona), han sido la estampa típica de la ciudad y su sustento económico. Reconvertidos en atracción turística, la empresa Memorias da Ria ofrece paseos en moliceiros de 45 minutos, así como circuitos más amplios que abarcan los canales, las salinas y áreas más distantes de la ciudad.

En el centro de Aveiro no es fácil aparcar, pero la parte más interesante (y turística) se puede visitar perfectamente a pie y el ayuntamiento ha dispuesto varias zonas de aparcamiento gratuito. El coche solo será necesario para llegar hasta las playas de Costa Nova y Da Barra, de obligada visita por su belleza: casas de colores a rayas, dunas y el oleaje Atlántico.

A pocos pasos del canal central, se encuentra el Aveiro City Lodge (Rua dos Mercadores, 24), un acogedor alojamiento sin grandes pretensiones –aunque dispone de jacuzzi en la terraza para relajarse y refrescarse durante el verano–, cuyo gran valor radica en su excelente ubicación, junto al barrio marinero de Beira Mar, con sus viejas calles y típicas casas de olor a sal o la Praça do Peixe, la mejor opción para comprar pescado fresco por la mañana y disfrutar de un ambiente jovial y universitario al caer la noche.

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Comedor del restaurante O Bairro, en Aveiro (Portugal).

Como el que caracteriza al personal del restaurante O Bairro (Largo da Praça do Peixe, 24), situado en uno de los canales que delimita el barrio de Beira Mar. La sensación de frescura acompaña al comensal desde su entrada al local, gracias a la desenfadada decoración del local (con dibujos de escenas cotidianas y colores alegres). Después, en la mesa, la carta propone una interpretación amena y creativa de los platos típicos de la región, llevando la cocina de siempre a una fusión entre lo tradicional y lo contemporáneo muy recomendable.

Menú macrobiótico en Aveiro

Dentro de la oferta gastronómica de Aveiro, en la que la ría adquiere un papel protagonista, el restaurante macrobiótico Ki (Rua Capitão Sousa Pizarro, 15) apuesta desde hace años por una filosofía que se aleja de la comida, y la cocina, “como un acto de supervivencia”. Sara y Clara, sus creadoras, no abordan el producto como un conjunto de nutrientes, sino teniendo en cuenta toda su historia hasta que llega al plato. En su estudiada carta intervienen, además de los sabores, el origen de sus ingredientes –cómo se cultivaron, maduraron y se cosecharon–, convencidas de que cuando comemos un alimento nuestro organismo adquiere todo ese proceso.

Desde 2008, Ki muestra que es posible comer sabroso sin productos de origen animal y sin brechas alimentarias, e incluso ofrece formación en cocina natural, macrobiótica y vegana. Hace dos años creó el espacio Ki Terapias con el objetivo de mejorar la calidad de vida de quienes se interesan por esta forma de alimentación y de vida, con terapias, talleres y conferencias sobre shiatsu, orientación alimentaria, reiki tradicional, kundalini yoga o masaje ayurvédico.

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