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Bizkaia, de fiesta en fiesta

Animada ruta veraniega por la costa vizcaína entre 'txoznas', regatas y festines de sardinas y 'marmitako'

Marijaia en el balcón del Teatro Arriaga en las fiestas de Bilbao Ampliar foto
Marijaia en el balcón del Teatro Arriaga tras el 'txupinazo' de la Semana Grande de Bilbao 2014.

El verano llega pertrechado de tópicos: la playa, el chiringuito, la sangría o las fiestas patronales de pueblos y ciudades, con sus verbenas y su canción del verano. Estos lugares más o menos comunes de toda la geografía española adquieren un color distinto en la costa vasca: nos vestimos de azul arrantzale (atuendo típico de pescadores color mahón), nos calzamos unas albarcas o alpargatas, una pañoleta al cuello que más parece un mantel a cuadros y nos olvidamos, por una vez, de los encierros de astados para acercarnos al puerto, donde se cuece todo el festín. Proponemos un recorrido por las mejores fiestas marineras de Bizkaia, y sus curiosas tradiciones, para no descansar en todo el verano.

Antes de ponernos en ruta, eso sí, unas indicaciones necesarias. Vestidos ya de arrantzales para fundirnos en el ambiente festivo, debemos saber que aquí las casetas se llaman txoznas; que las comparsas toman el nombre de cuadrilla y las fanfarrias son las kalejiras; que el menú típico es el talo con txistorra y el rebujito se cambia en estas orillas por calimocho (brebaje que mezcla vino de mesa con coca-cola); a los tradicionales toros los sustituyen bueyes y otros deportes vascos, y lo que triunfa son los concursos gastronómicos de tortilla o marmitako. Las verbenas, por lo demás, son similares en todas partes: pachanga para oídos de gente con ganas de pasarlo bien.

Tal vez no estemos a tiempo de llegar a las fiestas de San Juan en Leioa, donde los estudiantes celebran el fin de los exámenes; al Zapato azule” de Ondarroa, con su feria de camisetas de Euskal Herria, o a las tradicionales fiestas de San Pedro de Elantxobe, Mundaka y Lekeitio, en la que los pescadores balancean a su patrón amenazando con tirarlo al mar para pedirle buena pesca (así es el kilin kala de Lekeitio), pero no desesperen, que aún queda fiesta por delante.

Porque mañana 22 de julio llega una celebración emblemática, la de Magdalenas, en la que los municipios de Bermeo, Elantxobe y Mundaka conmemoran, en el día de la Virgen de la Magdalena, su histórica disputa por la isla de Ízaro con el popular lanzamiento de la teja: la lanzan desde un barco frente a sus costas las autoridades y representantes bermeotarras, sigue una disputada regata en el mar contra los mundaqueses, y a su regreso son recibidos en el puerto como héroes. El ambiente festivo está asegurado durante todo el día y buena parte de la noche en estas localidades.

El 25 de julio, festividad de Santiago, tiene lugar en las campas de Aixerrota y los pinares de Azkorri (municipio de Getxo), entre el molino y el fuerte de La Galea, frente a los acantilados, el tradicional Festival internacional de paellas, un oasis entre tanta sardina y marmitako que está a punto de cumplir sesenta años y que puede congregar fácilmente a más de 30.000 visitantes. No todos participan en el concurso, claro, que se ha convertido por lo demás en una multitudinaria fiesta que dura hasta 24 horas: las cuadrillas de jóvenes empiezan a acampar desde la noche anterior, instalando sus toldos y sus cocinas improvisadas, encienden hogueras y, entre el alcohol y la música, se decide a quién le va a tocar cocinar. Entre las txoznas y el jaleo conviven los veteranos profesionales de la paella −marinera, eso sí−, que se superan cada año en imaginativas y espectaculares presentaciones hechas con marisco, llegando incluso a reproducir el museo Guggenheim sobre granos de arroz. Las paellas son el pistoletazo de salida para las fiestas de Getxo, repletas de actividades para grandes y pequeños. Ermua o Gorliz, con su tradicional desfile de carrozas y goitiberas, son otras de las localidades que también celebran esta festividad de Santiago.

Día del marinero

Escaleras de acceso a la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, en la costa de Bizkaia. ampliar foto
Escaleras de acceso a la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, en la costa de Bizkaia.

A mitades de agosto llegan las fiestas de Andra Mari, patrona común de muchos pueblos de la provincia. Del 9 al 13 de agosto se celebran las fiestas del puerto viejo de Algorta, y del 14 al 17 (festividad de San Roque) las de Portugalete. Por todo lo alto celebra estos Andra Maris la localidad de Ondarroa, con su Día del marinero el 17 de agosto. Los miembros de las sociedades gastronómicas (txokos) preparan ese día marmitako y bonito para todos, hay regatas, tamborrada, gansos, cucaña en el puerto y pasacalles, además de la tradicional bajada de la figura de Leokadi desde la iglesia de Santa María. Artículo aparte merecería la Semana Grande de Bilbao, en la tercera semana de agosto coincidiendo con la Virgen de Begoña, que anuncia, con su tradicional Mari Jaia, el punto álgido de todas estas festividades, aunque también el ya próximo fin del verano.

Pero aún hay más. Porque el 29 de agosto se celebra en Bakio San Joan Dolozak (San Juan Degollado) con una tradicional romería que arranca desde este pueblo costero para llegar al emblemático enclave de San Juan de Gaztelugatxe (una ermita en medio del mar). Esta histórica romería, que según los testimonios escritos que se conservan viene celebrándose desde 1495, constituye hoy un acto de hermandad entre los pueblos de Bakio y Bermeo, que se juntan en las campas de Urizarreta para almorzar y pasar el día.

La temporada se despide, a principios de septiembre, con las fiestas de San Antolín, festividad en la que, aunque compartida por muchos pueblos, reina sin duda la localidad de Lekeitio con su Día de los gansos (5 de septiembre). En el puerto, los jóvenes de las cuadrillas montan en pequeñas embarcaciones y, de uno en uno, cogen del cuello a un ganso atado bocabajo de una cuerda lanzándose al agua; comienza entonces a tensarse la soga mientras el mozo, subiendo por los aires y cayendo de nuevo al mar después, forcejea para cortarle la cabeza al ave. Se trata de uno de los espectáculos más conocidos de Euskadi, una fiesta tan polémica como exitosa con más de 300 años de antigüedad que, desde el año pasado, ha sustituido los ánades vivos por animales de plástico. La jornada se completa con música y numerosas actuaciones callejeras. Que la fiesta no pare.

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