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El Lower East Side de Nueva York se ha convertido en un fascinante barrio de museos, galerías y espacios alternativos

'Todos los submarinos de los Estados Unidos de América', obra de Chris Burden de 1987, en el New Museum de Nueva York. / Anna Serrano

Multitud de películas, canciones, obras de arte o novelas han tomado el Lower East Side (LES) de Nueva York como leitmotiv, escenario o enemigo de sus tramas. No es de extrañar, viendo su densa historia social y creativa, su potencial como campo de luchas y confrontaciones. Y es que, en el último siglo, ha sido sucesiva o simultáneamente barrio de acogida de inmigrantes, zona depauperada con frecuentes incendios, escenario punk, zona de resistencia o lugar privilegiado para restaurantes de comida orgánica y condos (apartamentos de lujo). Desde hace algunos años es, también, una zona poblada por galerías de arte, museos, instituciones alternativas y espacios de exposición. Un lugar donde los procesos de gentrificación conviven con las infraviviendas, donde los centros autogestionados comparten acera con las instituciones más asentadas, en una zona delimitada por Houston Street, Bowery y el East River.

Vista del Lower East Side neoyorquino. / Tony Shi

Situado al sur de Nueva York, justo encima del centro financiero y el puerto de la ciudad, el LES se convirtió desde finales del siglo XIX y comienzos del XX en el barrio de los inmigrantes judíos provenientes del este de Europa. De este pasado aún quedan ejemplos, como el diner Katz’s (205 East Houston) y su famoso pastrami; espacios residenciales como el Knickerbocker Village (entre los puentes de Brooklyn y Manhattan), hogar de los Rosenberg o de John Cage; la óptica Moscot (108 Orchard) y sus célebres gafas de pasta, o la sinagoga Anshe Chesed (la cuarta más antigua de Estados Unidos), reconvertida en la fundación del escultor Ángel Orensanz (172 Norfolk).

El centro cultural ABR No Rio de Nueva York.

ABC No Rio

156 Rivington Street

Uno de los aspectos más llamativos de este espacio (un histórico en el barrio) es su propia concepción como lugar enfocado a la comunidad. Rehabilitado por Paul Castrucci en el año 2008, su reforma se llevó a cabo con elementos reutilizados a partir de edificios demolidos. Contiene huertos, jardines comunitarios y un plan de energías renovables. En una ciudad acostumbrada a destruir cualquier vestigio previo para construir un edificio nuevo, sea cual sea su historia (el famoso caso de Penn Station), la reforma de ABC No Rio supuso un modelo distinto en el desarrollo urbanístico de Nueva York. Sus célebres matinés de los sábados, emitidas por la radio en el programa Hole in the Wall (un agujero en la pared), ofrecen conciertos de hardcore y punken convocatorias abiertas, convirtiéndose en fiestas intergeneracionales del barrio. Eso sí, un subrayado deja muy clara su postura ideológica: no se permitirán bandas o músicas racistas, sexistas u homófobas. Toda una declaración de principios.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el barrio empezó a ser abandonado, tanto residencial como municipalmente, convirtiéndose en un espacio desolado durante los años setenta, siendo corrientes los incendios accidentales para cobrar el seguro, tal y como relataba Luc Sante en sus crónicas o los Talking Heads en su canción Burning Down The House (fuego en el edificio). Un lugar extremadamente barato que recibía los apelativos de Skid Row (barrios bajos) o Blank City (ciudad en blanco), hogar de toda la escena punk y no wave, compuesta por fotógrafos como Clayton Patterson, artistas como Mike Kelley, cineastas como Jim Jarmusch y músicos como Blondie o, con posterioridad, los componentes de Sonic Youth. En este ámbito proliferaron espacios independientes. Es el caso de ABC No Rio (156 Rivington), aún activo. Su nombre proviene de las letras que quedaban del cartel “abogado con notario”, un detalle que testifica la historia transnacional de la zona. Fundado como un espacio con programación múltiple (exposiciones, talleres, performances, conciertos), su posicionamiento trataba de alejarse del machismo y la homofobia tan habituales en los cercanos, célebres y ya desaparecidos Max’s Kansas City (213 Park Avenue South) o CBGB (315 Bowery, ahora tienda de John Varvatos).

Mapa del barrio neoyorquino de Lower East Side. / JAVIER BELLOSO

Poco a poco, el LES se fue construyendo como un lugar donde todo parecía suceder, cuyo pistoletazo de salida podría situarse en 1980, momento en que se inauguró The Real State Show, en el escaparate del 125 de Delancey. Fue una exposición que duró 24 horas y que incluyó a todo tipo de artistas. En este momento, asociaciones como Abrons Arts Center (463 Grand) o La MaMa (6E 1st) poblaron el barrio con un aire doméstico y reducido frente a los grandes espacios de Chelsea, Meatpacking District o SoHo, alejadas también del exclusivismo de las galerías del Upper East Side. Porque esos espacios del LES, como los situados en Ludlow Street —ya fuera el hogar/estudio donde Jack Smith rodaba su cinema grotesque, en las tiendas de discos o los clubes S&M donde tocaba The Velvet Underground—, configuraron también otro tipo de diseño expositivo con su estética cotidiana, reutilizada, precaria y efímera. De su caché creativo se beneficiaron otros lugares situados en las cercanías de Ludlow, como la actual sede del Goethe Institut (72 Spring), donde se programan exposiciones, mesas redondas o conferencias de autores como Liam Gillick, cerca del lugar donde Banksy grafiteó un mural en su acción neoyorquina del otoño de 2013.

Interior de la Y Gallery.

Y Gallery

165 Orchard Street

Después de casi cuarenta años en activo, la valenciana galería Valle Ortí cerró sus puertas en el año 2013. Su director, Nacho Valle, decidió entonces marcharse a Nueva York y empezar otro proyecto al frente de Y Gallery, en pleno Lower East Side. Su programación, como el propio Valle destaca, se focaliza en una escena emergente (tanto europea como estadounidense y latinoamericana) que intenta aunar diferentes disciplinas y soportes. En este sentido, destaca la propuesta del artista Ryan Brown, autor norteamericano que busca en su trabajo una revisión de la historia del arte moderno. Al ser preguntado por el barrio como escena galerística, Nacho Valle recoge la idea que ha marcado al Lower East Side como espacio de creación durante décadas. “Es una zona de un tipo de galerías más alternativas”, dice, “y con un vibe totalmente diferente de otras zonas, como Chelsea, y sin tanta presión del mercado. Las exposiciones aquí son más atrevidas y con un corte más underground”.

Durante años, el barrio permaneció inalterable en su cambio continuo, asequible y mutante a partes iguales, hasta el verano de 1988, en que los residentes del LES y el East Village tuvieron un encontronazo con la policía en Tompkins Square. Para los organismos municipales, se trataba de alejar de la zona a los drogadictos y camellos en plena era del crack. Para los vecinos, se trataba de echar a los vagabundos y cerrar los centros de acogida que allí se encontraban para iniciar una política de disneyficación de Manhattan, bajo el mandato de Rudolph W. Giuliani (tal y como estaba sucediendo con el cierre de los sex shops de Times Square). Aun así, muchos refugios y centros de acogida han seguido funcionando hasta la actualidad, como The Bowery Mission (227 Bowery), abierto desde 1879. Lo cierto es que a partir de ese momento, finales de los ochenta, y hasta la actualidad, la zona empezó a cambiar, los alquileres a subir y los espacios alternativos fueron dando paso a sucursales de galerías poderosas, como Lehmann Maupin (201 Chrystie). Con exposiciones de Gilbert & George, Jennifer Steinkamp, Mickalene Thomas o Juergen Teller, su programación se configura casi como la de un centro de arte vinculado a un mercado global.

Fachada de la galería Lehmann Maupin, en el 201 de Chrystie Street. / Ashley Gilbertson

Otro cambio fundamental fue la construcción del New Museum en pleno Bowery (235 Bowery). Fundado en 1977 por Marcia Tucker, estuvo primero en el 65 de la Quinta Avenida, después en el vecino SoHo, luego en Chelsea, hasta que en el año 2007 se mudó a su actual localización. Para muchos, fue un intento de recuperación de la zona sur de Manhattan tras el 11 de septiembre de 2001 (se barajaba, en un principio, ubicarlo en Queens, como el PS1MOMA), paralizada desde los sucesos del World Trade Center. Para otros, una manera de certificar la potencia creativa de la zona. Y, para las voces críticas, una calculada operación urbanística que incrementó los precios del suelo. El caso es que el LES se ha posicionado como una de las zonas más potentes a nivel artístico, donde conviven espacios asentados, como Sperone Westwater (257 Bowery) y su edificio proyectado por Norman Foster, con asociaciones alternativas, como Participant Inc (253 East Houston), un espacio nonprofit (sin ánimo de lucro) fundado por Lia Gangitano en 2002. En este sentido cabe también destacar The Artist’s Institute (163 Eldridge), también nonprofit, un sótano que albergó hace poco una instalación de Pierre Huyghe donde dos arañas vivas cohabitaban con otras obras de arte y sus visitantes. La ubicación en la zona de las oficinas de e-flux (311 East Broadway), plataforma de pensamiento artístico, certifican su posicionamiento creativo en el panorama artístico de Nueva York, así como las pop-ups (espacios de venta efímeros) que ha venido inaugurando el todopoderoso Larry Gagosian en distintas localizaciones del barrio.

La galería Sperone Westwater (en primer término, el edificio más alto), y el New Museum al fondo. / Getty

Sperone Westwater

257 Bowery

En septiembre de 2010 la galería Sperone Westwater, fundada en el Soho en 1975 por el marchante italiano Gian Enzo Sperone, por su socia Angela Westwater y por el marchante alemán Konrad Fischer, se mudó al 257 de Bowery. Su exclusividad (sólo pueden visitarse sus exposiciones en grupos de diez personas previa cita) choca con la tradición aperturista e inclusiva de los centros vecinos. Con su edificio construido ex profesopor Norman Foster, trata de emular y tal vez competir (con su verticalidad y retranqueo) con el New Museum del equipo japonés SANAA, a solo unos pasos. Con exposiciones de artistas como Tom Sachs, Wim Delvoye o Guillermo Kuitca, supone la confirmación del Lower East Side como uno de los barrios favoritos para el mercado galerístico neoyorquino.

Por otro lado, la oferta galerística es diversa: desde Salon 94 Freemans (1 Freeman Alley), especializada en fotografía, a Rachel Uffner (170 Suffolk), centrada en pintura; Pocket Utopia (191 Henry), con su mínimo espacio ocupado por instalaciones; Y Gallery (165 Orchard), dirigida por Nacho Valle (antiguo director de la valenciana Valle i Ortí); Miguel Abreu (36 Orchard), con artistas como Jimmy Raskin o Scott Lyall, o Reena Spaulings (165 East Broadway), que aglutina exposiciones, talleres de escritura o diseño de moda con propuestas de autores como Seth Price o Klara Lidén. Y es que la estructura organizativa de estos espacios es también diversa y, en algunos casos, desafiante. Es el caso de Orchard (37 Orchard), cuya dirección está compuesta por críticos, comisarios, historiadores y artistas, y cuyas exposiciones individuales se enfocan a temáticas vinculadas a la crítica institucional y política, como las de Andrea Fraser o Luis Camnitzer.

Si bien el LES sigue siendo un lugar donde poder encontrar una oferta artística y creativa potente, también lo es que los propios artistas (excepto los muy asentados o con una carrera exitosa en términos económicos) han abandonado la zona, como en el caso de Patterson, que hace poco se quejaba de la imposibilidad de hacer frente al alquiler. En la actualidad, muchos se lamentan de la desaparición de una escena cotidiana, diaria, no ubicable en un espacio sino en muchos, inesperados y efímeros, que se veían en las fotografías de Nan Goldin o en las canciones de Suicide: bares, casas, fiestas y calles que, al mutar, hacen variar también su atmósfera social. Es cierto, pero también lo es que los espacios de resistencia se dan de manera simultánea. Así lo demostraron las diferentes manifestaciones en contra de la construcción del impoluto, genérico y brillante hotel de cinco estrellas Hotel On Rivington (107 Rivington). Un hotel que, para muchos, representa la conversión de Manhattan en un lugar de compras de fin de semana para los habitantes de los suburbios. Las acciones de protesta implicaron a organizaciones vecinales y asociaciones diversas, y si bien no se logró impedir su construcción, permitieron la realización conjunta de huertos urbanos, guarderías colectivas y talleres intergeneracionales. Otras ciudades, otras escenas, que señalan al barrio como un espacio donde todo parece suceder y donde, al menos, muchas cosas siguen sucediendo.

  • Iván López Munuera es comisario independiente. Organizó la exposición Pop Politics: Activismos a 33 revoluciones en Madrid, en el CA2M (Centro de Arte 2 de Mayo).

Fachada del New Museum (del equipo de arquitectos japonés SANAA), en el Lower East Side, con la obra de Chris Burden ‘Ghost Ship’ (barco fantasma, 2005). / Anna Serrano

New Museum

235 Bowery

El edificio de SANAA (Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa) que alberga el New Museum, con su disposición de cajas apiladas en vertical con interiores, medidas y formas variables, se ha convertido en símbolo (y punto de mira de las visiones críticas) en la renovación del Lower East Side. La utilización de los ascensores como punto de conexión, frente a la escalera imperial típica de las retóricas arquitectónicas, configuran el New Museum como un espacio democrático en su acceso. Las trienales del centro (la próxima, el año que viene) se han convertido en propuestas menos encorsetadas que las formuladas por la bienal del Whitney Museum. Un evento que se completa con la programación anual del festival Rhizome’s Seven on Seven, que pone en contacto a diferentes artistas con teóricos de nuevas tecnologías.

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