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Guía de El Viajero para comer, dormir y salir en la capital lusa

Un tranvía en el centro de Lisboa. / Jasper Juinen

LA CIUDAD

Como muchos afirman, Lisboa es un paseo inacabable por aceras empedradas de basalto y alamedas a orillas del Tajo. Tiene muchísimo que ver y muchísimo que ofrecer, desde que sale el sol hasta que reaparece de nuevo de madrugada. Pero lo mejor es callejear y dejar que la ciudad, a veces de formas caóticas, y a veces rectilínias, nos lleve por donde se le antoje.

Es una capital pequeña, de unos 500.000 habitantes, que aparentemente uno despacha en dos o tres días. Lo que la hace tan especial es que cada esquina de cada casa es un pequeño monumento por visitar. Ni siquiera hace falta, al menos en el centro, usar el transporte público, nuestros pies serán suficientes para llegar a cualquier parte si no nos asustan unas cuantas cuestas y escaleras.

Pensar en Lisboa es pensar en piedra, en muros que llevan en pie desde el siglo XV, en los adoquines descolocados de las calles y en el río que corre lento hacia el Atlántico. Lisboa surge siempre como una metáfora de la historia medieval, del bullicio y de la aspereza de un tiempo pasado que en la mayoría de las ciudades europeas modernas se cambió por el orden y la limpieza extrema, en una idea uniforme y homogénea que muchas veces desmorona las particularidades locales. Puede que la capital portuguesa sea la ciudad de Europa que más claramente conserva los vínculos con su pasado, algunos ya en ruinas, pero aún ahí, presentes, para el que quiera verlos y tratar de entenderlos.

Desde las fachadas melladas de donde surgen los bares y las pastelerías, desde la pátina de musgo en el edificio del Tribunal Constitucional, hasta las complicadas calles de Bairro Alto, donde a partir de la media noche se juntan turistas y lisboetas para abarrotar las tabernas y demás locales, y hasta la zona de la Praça do Comercio, que aún conserva las dos torres del antiguo palacio que Don Manuel I habitó desde 1511. Todo en Lisboa, a pesar de ser una ciudad moderna y resuelta, mira hacia el pasado. Porque el fado no es más que una expresión de algo que ya se percibe más allá del folclore. 

DORMIR

  • Bairro Alto Hotel (http://www.bairroaltohotel.com/en/; praça Luís de Camões, 2; +351 213 408 288). Lujo, finura y cocina fetén en la zona más transitada de la ciudad. Si buscamos lo más céntrico y suntuoso, ésta puede ser nuestra mejor opción.
  • International Desgin Hotel (http://idesignhotel.com/pt/; rua da Betesga, 3; +351 213 240 990). Muy cerca de la céntrica Praça da Figueira, en Rossio. Paradigma de lo que se conoce como hotel boutique, es decir, decoración muy cuidada, pero sin perder el toque urbanita.
  • Eurostars Das Letras (http://www.eurostarsdasletras.com/; rua Castilho, 6; +351 213 573 094). Desde aquí casi se puede escuchar el graznar de los patos del Jardín Botánico de Lisboa. Para aquéllos que deseen pasar las noches entre mármoles y maderas nobles.
  • Mercy Hotel (http://www.mercyhotel.com/; rua da Misericórdia, 76; +315 212 481 480). Entre Rossio, Chiado y Bairro Alto, tiene unas vistas hacia Baixa y el Tajo dignas de una ciudad como Lisboa.
  • Hotel Lisboa Plaza (http://www.lisbonplazahotel.com/; Travessa Salitre, 7; +351 213 218 218). Un hotel bastante íntimo. Y eso que está cerca de la Avenida Liberdade, en la zona de las tiendas de moda de la ciudad.

Otros alojamientos más baratos

  • Alfama Patio Hostel (http://alfama.destinationhostels.com/; Patio dos Quintalinhos, 3; +351 218 883 382 ). Oculto entre la típica arquitectura de Alfama, ofrece excelentes barbacoas en un patio para tumbarse y echar raíces.
  • Lisbon Poets Hostel (http://www.lisbonpoetshostel.com/; rua Nova da Trindade, 2; +351 213 470 099). Poesía quizá no, pero tiene un salón enorme y un ambiente muy agradable. Suelen organizarse improvisadas veladas nocturnas alrededor de la típica guitarra flamenca.
  • Alface Hostel (http://www.alfacehostel.com/; rua do Norte 96; +351 213 433 293). Si lo que se busca es tranquilidad y paz, este no es el sitio. Pero si lo que se quiere es estar en el centro de la marcha lisboeta, el Alface es perfecto. Pasadas las doce de la noche, la rua do Norte se convierte en la calle con más bulla de toda la ciudad.
  • Sunset Destination Hostel (http://lisbon.destinationhostels.com/; Largo Duque de Cadaval, 17; +351 213 466 457 ). Está a orillas del Tajo, del que se tienen unas vistas preciosas desde su terraza. Los sábados organizan unas barbacoas dignas de Baco, con un Dj propio que pone a todos a bailar antes incluso de haber encendido el fogón.
  • Lisbon Old Town Hostel (http://www.lisbonoldtownhostel.com/; rua do Ataíde, 26; +351 213 465 248). Hostal para viajeros de todas las edades, aunque con un claro predominio de jóvenes y mochileros. Aun así, suele ser tranquilo y silencioso durante la noche.

COMER

  • Estrela da Bica (Travessera do Cabral, 33; +351 213 473 310). Uno de los restaurantes más célebres en la zona de Bairro Alto y Bica. No es en absoluto caro, tienen un trato muy delicado y la calidad de sus elaborados platos siempre queda muy por encima de la cuenta final.
  • Sushi Café Avenida (Rua Barata Salgueiro, 28; +351 211 928 158). Quizá el mejor japonés de Lisboa. No esperen precios de buffet libre, pero el pedigrí del sushi (con clarísimos toques de innovación) vale lo que dice en la carta.
  • Assinatura (http://www.assinatura.com.pt/; rua Vale do Pereiro, 19; +351 213 867 696). En la zona de Rato, es uno de los restaurantes con más categoría de Lisboa. Es conocido por su característica fusión entre cocina tradicional, sobre todo portuguesa, y cocina de autor o contemporánea.
  • Restaurante de Castro Elias (http://www.decastroelias.com/; avenida Elias Garcia, 180B; +351 217 979 214). El mobiliario recuerda un poco demasiado al inconfundible estilo Ikea, pero, milagrosamente, el resultado es una decoración agradable y hasta algo minimal. Cocina tradicional con un claro y acertado empeño por innovar.
  • Restaurante Varanda, Hotel Ritz Four Seasons (http://www.fourseasons.com/ ; rua Rodrigo da Fonseca, 88; +351213 811 400). Junto al Parque Eduardo VII, en Marqués do Pombal, se encuentra en la última planta del hotel, y sus grandes ventanales nos ofrecen una privilegiada vista panorámica de Lisboa. Cocina de lujo para carteras generosas.

Restaurantes de categoría y baratos

  • Bella Sintra (rua da Conceção, 44). Aunque en el letrero de la puerta dice Pastelaria, en realidad es uno de los mejores sitios del centro donde comer barato. A resaltar la Carne de Porco a la Alentejana y, sobre todo, la amabilidad y cercanía del dueño.
  • Budda Sushi (rua São Pedro de Alcântara, 65). Céntrico, bien localizado, junto al mirador de Acântara y barato. El trato es, cuando menos, áspero, lo que quizá lo haga más recomendable para un menú rápido que para una cena romántica a la luz del candeeiro.
  • Casa Liege (rua da Bica Duarte Belo, 72). Un lugar para locales, pequeño, barato, escondido en los primeros pasos de Rua da Bica. El personal es amistoso y familiar, comen en las mismas mesas que la clientela y se establecen, a menudo, graciosas conversaciones entre parroquianos y propietarios.
  • Restaurante Apache (rua Luciano Cordeiro, 14). Está muy cerca de la rotonda de Marqués do Pombal. La poco mencionada, aunque muy deseada, relación cantidad-precio en este local es difícil de igualar. Algunos platos no superan los 3 euros y da fácilmente para llenar los estómagos de dos exigentes comensales.
  • O Eurico, Casa de Pasto (Largo de Sãp Cristóvão, 3; +351 218 861 815). En el barrio de Alfama, de los mejores de Lisboa y de los más auténticos. Esta genuina tasca, pequeña y acogedora, no es de lo más barato que podamos encontrar en el centro, pero ya el olor que se escabulle por la puerta de entrada nos hace presentir la frescura de su materia prima, y esto incluye el vino de la casa.

LA NOCHE

Bares para las primeras cervezas

  • A Vizinha (rua da Bica Duarte Belo, 14; +351 919 903 132). En el corazón de esta empinada cuesta surcada por las vías del elevador, A Vizinha presume de ser el bar del vecindario. Al abrir sus puertas ya de mañana, muchos vecinos de este céntrico barrio toman aquí su primer café. Los sábados a partir de las 18.30 organizan conciertos de improvisación libre y música experimental, quizá una de las veladas musicales más renovadoras que, de forma regular, podamos encontrar en la ciudad.
  • Indie Rock (Travessa dos Inglesinhos, 49). Como muchos otros bares de Bairro Alto, es pequeño, con pocas mesas, abre bastante tarde y se suele llenar los fines de semana. A parte de los precios, lo mejor es la música, el mejor rock e indie de la zona. El DJ acepta sugerencias.
  • Agito (Rua da Rosa, 261). Se le conoce como un bar gay, pero aquí no se hacen distinciones ni mucho menos exclusiones. Quizá uno de los bares más simpáticos y amigables de Bairro Alto para tomar cerveza durante horas hasta que, a las tres de la mañana, cierren las puertas.
  • Chapitô (http://chapito.org/; Costa do Castelo, 1-7; +351 218 855 550). Restaurante, bar, proyecto cultural, asociación circense, uno de los mejores lugares donde escuchar fado hasta altas horas de la noche (cuando los fadistas suelen olvidarse de los micros y cantar, junto a las mesas de los parroquianos, sus baladas más íntimas). Muy cerca del Castillo de São Jorge, en Alfama, cuenta con una fantástica terraza donde sirven los almuerzos y cenas.
  • Botequim (http://botequim.net/; Largo da Graça, 79; +351 218 888 511). A pocos pasos del mirador de Graça, es un bar tranquilo y acogedor, abre su pequeño ventanal a la calle y ofrece refrigerios bastante elaborados. Muy famoso es su té con absenta, recuerdo espiritoso de un pasado literario que, en realidad, no queda tan lejos como pueda aparentar.

Clubes para alargar la noche

  • Kapital (avenida 24 de Julho, 68; +351 213 957 101). Un clásico en las noches de Lisboa. Hoy en día, más que discoteca, es un after-hours. Está ubicada en un antiguo almacén de techos de piedra abovedados.
  • LUX (http://www.luxfragil.com; avenida Infante Dom Henrique, Armazém A; +351 218 820 890). Discoteca y sala de conciertos con uno de los mejores equipos de sonido de Lisboa. Ojo al entrar, a veces se ponen un poco especiales eligiendo a la clientela.
  • MusicBox (http://www.musicboxlisboa.com/; rua Nova do Carvalho, 24; +351 213 473 188). Los gerentes se han propuesto crear un auténtico centro cultural en esta discoteca de Cais do Sodré. Conciertos de todos los géneros a precios muy asequibles.
  • Europa (http://www.europabar.pt/; rua Nova do Carvalho, 16; +351 918 489 595). Desde Blues hasta sesiones de música Minimal o Drum and Bass, mejor consultar la agenda ya que el ambiente cambia muchísimo de un día para el otro.

QUÉ HACER

Barrios para pasear

  • Bairro Alto. Famoso por su marcha nocturna, bulla que incluye música a todo volumen, borracheras de estudiantes en grupo y de turistas desmadrados y la consiguiente resaca vecinal. Sin embargo, es un barrio con una personalidad única. Uno de los mejores momentos para pasearlo es durante las mañanas de los sábados o los domingos muy temprano, cuando los barrenderos y limpiadores se apañan como pueden para despegar las costras de la última melopea, las señoras mayores salen a comprar el pan y la luz del sol lisboeta crea una extraña atmósfera reflejándose en el agua sucia de las mangueras municipales.
  • Baixa y Chiado. Desde la orilla del río Tajo hasta los quioscos y las fuentes de Rossio, Baixa es quizá el barrio más ecléctico. Aquí está el Café A Brasileira, entre cuyas mesas aún se sienta, ya convertido en bronce, el mítico poeta Fernando Pessoa; los Armazens do Chiado, cuyos muros guardan las tiendas y marcas más internacionales (FNAC, Natura, McDonalds, Sturbucks); los bancos, las joyerías, los negocios de oro y plata y una parada de metro que le da aún más importancia al barrio. Se la conoce como la Baixa Pombalina, ya que fue aquí donde el Marqués do Pombal puso de manifiesto sus habilidades como dirigente y organizador tras el terremoto de 1755, reconstruyendo el antiguo trazado caótico en el actual diseño cuadriculado y rectilíneo, de la misma forma en que comenzaban a diseñarse las nuevas ciudades de ultramar.
  • Alfama. Aunque a simple vista Lisboa forme un todo homogéneo, cuando nos atrevemos a caminar sin rumbo por barrios como Alfama nos damos cuenta de la particular idiosincrasia de cada zona. Alfama acoge las tabernas y bares con el fado más auténtico. Es el barrio más antiguo, repleto de pasadizos, escadinhas, callejones, pequeñas casas y almacenes en ruinas, corredores y galerías sin salida, divertidas trampas para el caminante que no tiene prisa por llegar a ninguna parte. Si lo que queremos es marcarnos un propósito, tranquilos, aquí también encontramos el Museu do Fado, la Catedral, varios miradores de infarto y sus límites llegan hasta las puertas del Castelo de São Jorge, en la parte alta, y hasta el Museu Militar y la Casa dos Bicos a orillas del río Tajo.
  • Belém. Desde el Puente 25 de abril (que cruza el estuario del río hacia Almada) hasta la freguesia de Algés, el barrio de Belém se endominga con las galas del gran imperio que una vez fue Portugal. Este barrio parece hecho para mostrar el esplendor de la famosa Descoberta, la era de los descubrimientos de Vasco de Gama, de Gil Eanes y del Infante Dom Henrique el Navegante. El Mostério dos Jerónimos, espectacular edificio de inmensas dimensiones y uno de los máximos exponentes del estilo manuelino (único en Portugal), puede que sea una de las visitas más imprescindibles en la ciudad. El Museo da Marinha (anexo al monasterio), por alguna razón no suele aparecer entre las visitas imprescindibles de la ciudad, pero para el que guste de la Historia y de la navegación, es una verdadera joya. No olvidemos probar los famosos pasteles de Belém y sacarnos una fotografía en el Monumento a los Descubridores y la Torre de Belém.
  • Parque das Nações. Sede de la Expo 98 de Lisboa, fue a raíz de la misma que esta antigua zona industrial comenzó a cobrar vida y a reclamar su espacio entre el quehacer diario de los lisboetas. Hoy es un moderno barrio de monumentos en acero y metal, parques y jardines bien cuidados y con lugares de recreo para todas las edades, restaurantes de bouffet y self service, un teleférico, tiendas de moda y, al fondo, el puente más largo de Europa conectando Montijo y Sacavém, el Puente Vasco de Gama.

Visitas que no hay que perderse

  • Castelo de São Jorge. Los orígenes de este castillo se pierden más allá de la Edad Media, más allá de los años dorados del dominio musulmán, más allá de las conquistas bárbaras contra el Imperio Romano y aún entre leyendas y fábulas. Está situado sobre una de las siete colinas lisboetas, alzando la vista sobre todo el casco antiguo de la ciudad, sobre el Tajo y hasta la orilla opuesta, Cacilhas, el Cristo Rei de Almada y Porto Brandão. La entrada es un poco cara (8€) para lo que hay que ver en su interior, pero vale la pena visitarlo y pasear por los alrededores.
  • Mostério dos Jerónimos. En el barrio de Belém, es quizá la edificación más impresionante de la Gran Lisboa. Máximo exponente del estilo manuelino, una mezcla de estilos premedievales ideada bajo el reinado de Dom Manuel I de Portugal, cuesta decidir qué es más impresionante, si sus elaboradas fachadas, torres y pináculos, arcos y campanarios, o sus amplios interiores tallados de forma barroca en interminables nervaduras. Aquí descansan las tumbas de ilustres portugueses como Fernando Pessoa, Vasco de Gama y Luís de Camões.
  • Feira da Ladra. Literalmente, 'Mercado de la Ladrona', hoy en día parece que ya no es este tipo de género el que predomina. Rodeando el Campo de Santa Clara, aquí podremos encontrar casi cualquier cosa que alguien haya usado alguna vez desde el siglo pasado hasta nuestros días. Ropa, quincalla varia, instrumentos de música, reliquias de las guerras coloniales y demás miscelánea.
  • Museu Nacional dos Coches. No hablamos ahora de coches al uso. Carruajes del siglo XVI, literas imperiales, carrozas y muchos otros vehículos históricos llenan las salas de un precioso edificio del siglo XVIII, a la vera del río Tajo. Este sorprendente museo es uno de los más visitados de la ciudad, a pesar de que no se hable tanto de él en los círculos turísticos habituales.

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