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Tras los pasos de los turistas japoneses por Coria del Río

Lo que hay que ver en este municipio sevillano, aparte de la estatua del samurái Tsunenaga

En la ribera del Guadalquivir se puede seguir el trasiego de los pequeños barcos dedicados a la pesca de albures.

¿Qué tiene Coria del Río para que tantos turistas japoneses la visiten a su paso por Sevilla? La responsable es una estatua dedicada a Hasekura Tsunenaga, un samurái que en 1614 llegó aquí proveniente de Sendai, una ciudad al norte de la mayor isla del archipiélago japonés. Una hazaña que le convirtió en el primer japonés en atravesar el Pacífico y que ha sido ahora conmemorada, 400 años después, con la reciente visita del príncipe heredero de Japón, Naruhito, a la propia Coria del Río.

Tsunenaga fue enviado por el soberano feudal más poderoso de la historia de Japón, Date Masamune, para establecer relaciones comerciales con España. En un segundo viaje, parte de su séquito decidió quedarse en Coria, comenzando así un linaje de hasta 15 generaciones con el apellido Japón.

Esta historia ha despertado un interés inusitado en parte de la sociedad japonesa, lo que hace que los turistas nipones quieran acercarse a ver la estatua del samurái. La encuentran en el parque Carlos Mesa, en la ribera del Guadalquivir, donde la efigie parece asomarse al río para controlar el trasiego de los pequeños barcos dedicados a la pesca de albures. Si uno se detiene allí un poco más de tiempo, le asombrará también algún barco surcando el río hacia el puerto de Sevilla o en dirección a la desembocadura del Guadalquivir en Sanlúcar de Barrameda.

El viajero que se acerque a la ciudad coriana para contemplar la estatua del samurái también puede recorrer sus callejuelas y admirar sus iglesias o detenerse en alguno de los numerosos bares y chiringuitos a degustar sus famosos albures. Un paseo por el parque citado y por la ribera del Guadalquivir son el marco ideal para los aficionados a la fotografía, ya que el tiempo parece haberse detenido con la partida de Hasekura. Al final del mismo parque, en dirección a Sevilla, se puede cruzar el río Guadalquivir en un barcaza. Merece la pena hacerlo aunque sea para volver de nuevo al punto de partida, ida y vuelta.

Qué visitar

  • Iglesia de Nuestra Señora de la Estrella: De planta mudéjar, con tres naves y capilla mayor gótica, sufrió grandes reformas en los siglos XVII y XVIII. En su interior destacan una escultura de Santo Domingo de Guzmán, una pintura del Crucificado y diversas piezas de orfebrería de gran interés.
  • La Ermita de la Vera-Cruz o de San Juan Bautista: De planta mudéjar, posee una torre del siglo XVIII y, en su interior, un Crucificado del XVI y un Ecce Homo del XVIII.
  • Cerro de San Juan: Conjunto histórico-artístico nacional, es un interesante yacimiento arqueológico.
  • Torre árabe de los Cerveros: Levantada en la margen izquierda del Guadalquivir.
  • Museo de la Autonomía Andaluza: Situado entre la ciudad de Coria del Río y La Puebla del Río, está dedicado a la historia de la autonomía de Andalucía y a Blas Infante, político español considerado oficialmente como el 'Padre de la Patria Andaluza'. La 'Casa de la Alegría', hogar del político, es un edificio singular muy recomendable.

Dónde comer

Numerosos bares, restaurantes, tascas y bodegas pueblan la ciudad. En cualquiera de ellos se podrán saborear los platos típicos a buenos precios:

  • A lo largo del paseo de la ribera del Guadalquivir encontramos El Esturio,  cocina mediterránea para paladares exquisitos, en una antigua factoría de esturiones. El Sevruga y Los Albures son famosos por cocinar los mejores albures de Coria. También destaca la Ribera de Coria, con sus tapas de cocina casera.
  • En el centro del pueblo también hay varios bares. Conviene darse un paseo para conocer la cocina de La Rocina y El Simpecao, ubicados en la Plaza del Rocío. También están bien los que están en la zona llamada de Los Paseítos: Los Raíles, el Bar Ramón y El Tranvía.
  • En el parque Carlos Mesa también están Los Claveles, Alfaro y El Patito, bares de tapeo y cerveza fresquita.

Dar un paseo al atardecer y sentarte en unas de sus terracitas es una experiencia que se hará inolvidable. Eso sí, en verano es recomendable ir provisto de un buen repelente de mosquitos.