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Fuera de ruta

Vuelta al mundo en un mercante

Guía para navegar a bordo de un buque de carga, una experiencia única para viajeros sin prisa

Un barco de carga saliendo del puerto de Los Ángeles (Estados Unidos). / Tim Rue

Imagine cruzar el Atlántico a bordo del granelero (buque de transporte a granel) más grande del mundo, el Vale Brasil (de 362 metros de eslora y 65 de manga), o surcar el océano Pacífico sobre la cubierta del Marco Polo o del recién estrenado Jules Verne, dos de los mayores portacontenedores de la naviera francesa CMA-CGM, que realizan la ruta entre Europa y Asia.

Muchas compañías internacionales, como el grupo alemán Hamburg Süd, el japonés MOL (Mitsui OSK Lines), o la célebre Grimaldi, ofrecen la posibilidad de navegar en sus buques. La legislación internacional permite embarcar hasta un máximo de 12 pasajeros, número que puede variar según la compañía y la ruta elegidas. Algunas de estas navieras funcionan como una línea regular, tienen rutas y puertos de escala en los que recalan con una frecuencia similar a la de cualquier crucero. Sin embargo, otras navegan con lo que se conoce como tramp ships (barcos vagabundos o de oportunidad), no tienen una ruta fija, navegan por encargo y cargan la mercancía en cualquier punto de demanda. Las rutas, fechas y horarios pueden ser modificados en cualquier momento en función de las prioridades y requisitos comerciales.

Miles de mercantes, de carga general, portacontenedores, graneleros o petroleros surcan cada día los mares y océanos del planeta. La industria mundial de la navegación de carga es gigante: cuenta con una flota de algo más de 100.000 unidades en servicio, según el último informe de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo).

La mayoría de los puertos más importantes, destinos exóticos, y no tanto, forman parte del catálogo de opciones. Singapur, el mayor del mundo en cuanto a volumen de carga anual, tanto en tonelaje como en número de contenedores, Shanghái (China), Le Havre, en el norte de Francia, Nueva York (EE UU) o Tokio (Japón), reciben a diario decenas de cargueros. A bordo de una de estas grandes naves se puede llegar a cualquier lugar, incluso a destinos donde es la única forma de acceder. Una travesía de unos días, unas semanas, o, por qué no, un par de meses si lo que se quiere es dar la vuelta al mundo, se convertirá en una experiencia diferente que nada tiene que ver con un crucero convencional.

Guía

Información

» Dos excelentes páginas de Internet para introducirse en el tema de los viajes en carguero son www.freightercruises.com y www.seaplus.com.

» Mer et voyages comercializa viajes tanto en crucero como en barco de carga.

» Catalina Cargo.

» Kapitän Peter Zylmann, una empresa alemana con web también en español.

» CMA-CGM.

» Grimaldi es una de las más solicitadas.

» Hapag-Lloyd.

» Hamburg Süd Group.

» Egon Oldendorff.

» Andrew Weir Shipping.

» Geest Line.

» Euro Afrika.

» Mitsui O.S.K. Lines, en Japón.

Antes de embarcar

Antes de iniciar el viaje es importante tener toda la documentación en regla y entregar copia de los documentos exigidos para embarcar y desembarcar (pasaportes, visados, vacunas, certificado médico y seguros). Es aconsejable declarar en la aduana el material audiovisual, evitará tener que pagar nuevamente algún impuesto o incluso la posibilidad de que le sea confiscado. La moneda varía según la nacionalidad del barco. El dólar, y en billetes pequeños, es la moneda más práctica.

Debe saber que algunas vacunas están sometidas a reglamentación internacional, pudiendo ser exigido por las autoridades locales del país que se visita un certificado internacional de vacunación. La de la fiebre amarilla es obligatoria en algunos países, aunque independientemente de su posible exigencia se recomienda a todos los viajeros que se dirijan a zonas tropicales de África, centro y sur de América, donde la enfermedad es endémica.

Lo primero que hay que tener presente al embarcar en un buque mercante es que se trata de un espacio de trabajo y a bordo toda la tripulación está ocupada. Hay que respetar las normas de seguridad y no transitar por las zonas donde se realizan las principales operaciones. El inglés es la lengua común, importante para poder expresarse y entender las indicaciones y consignas de seguridad.

La edad no es problema, pueden viajar desde niños a partir de los 5 años hasta mayores de 75 años, aunque a partir de esa edad se exige un certificado médico. Todas las compañías exigen la contratación de un seguro de asistencia, accidente, gastos médicos, repatriación y responsabilidad civil. En los barcos que admiten hasta un máximo de 12 pasajeros no hay médico a bordo, pero sí farmacia y enfermería, y los oficiales tienen formación en primeros auxilios.

Hay acondicionados unos pocos camarotes destinados al alojamiento de invitados y pasajeros. La cabina puede ser individual o compartida, y por lo general tienen las mismas características que la de los oficiales, y varían en tamaño y confort según el tipo de barco. Son agradables, casi todas exteriores, y están equipadas con su propia ducha y el inodoro. Disponen de una pequeña boutique donde poder adquirir algunos artículos de primera necesidad, así como lavadora y secadora.

La comida se sirve en el comedor de oficiales según el ritmo impuesto por las guardias. Tres al día en horarios que no sufren mucha variación y en función de la nacionalidad del mercante: desayuno entre las 7.00 y las 8.00, almuerzo a las 12.00 y la cena sobre las 19.00.

El pasajero tiene libre acceso a las partes comunes. En los buques que realizan travesías de más de 15 días hay generalmente una piscina, tumbonas, sauna, sala de gimnasio, salón de televisión y vídeo y una biblioteca a su disposición. El acceso al puente de mando puede estar restringido, especialmente en algunas ocasiones o durante las maniobras. Pida permiso para visitarlo.

Retorno al barco

La permanencia en puerto variará en función de los requisitos de carga y descarga. Puede oscilar entre unas horas o días. Es importante coordinar con los oficiales a cargo la posibilidad de bajar a tierra, así como planificar adecuadamente el retorno al barco. A veces, el buque tendrá que fondear a unas millas de distancia, y, en este caso, el permiso para desembarcar quizás no sea posible, o no de forma rápida y gratuita. También, aunque no es frecuente, puede que las autoridades portuarias no permitan el desembarco. El precio medio del viaje, que incluye transporte, alojamiento y comidas, oscilará entre 80 y 100 euros al día.

Finalmente, no olvide que está a bordo de un carguero; por tanto, las condiciones del viaje son muy diferentes de las que encontraría en un crucero convencional. Y por supuesto, no tenga prisa, en veinticuatro horas de navegación a bordo de uno de estos grandes buques mercantes recorrerá la misma distancia que un avión en tan solo una hora de vuelo.

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