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Estambul en 10 edificios

De Santa Sofía al palacio de Topkapi, un recorrido ilustrado por la capital turca que incluye los mejores 'hammans' y, en la orilla asiática, el barrio bohemio Kuzguncuk, para tomar el 'brunch'

Ilustración de la basílica de Santa Sofía, en Estambul, convertida en mezquita en 1453 por Mehmet II, tras la invasión turca. / François Place

Fue Constantinopla, luego Bizancio y después Estambul. Ha sido capital de varios imperios y sus calles están llenas de historia y de rincones interesantes. Como resulta imposible verlo todo en una visita, puestos a seleccionar, esta es una lista de edificios imprescindibles que no puedes dejar de ver.

01 El capricho de Justiniano

SANTA SOFIA

Interior de la mezquita de Santa Sofía, en Estambul. / François Place

Se puede visitar Estambul sin pasar por el palacio de Topkapi, sin cruzar al barrio de Pera o incluso sin pasearse por el Gran Bazar, pero nunca jamás sin haber visto Santa Sofía. Es el top de nuestra lista de imprescindibles, una de las grandes joyas arquitectónicas del mundo.

“Gloria a Dios que me ha juzgado digno de semejante obra. ¡Salomón, te he vencido!”, dicen que exclamó Justiniano el Grande al inaugurar en el 537 la basílica de Santa Sofía (“Gran Sabiduría” según su nombre en griego). El gran emperador romano de Oriente quería a toda costa convertir a Bizancio en la capital del imperio, por encima de Jerusalén, y con Santa Sofía lo consiguió.

La basílica fue diseñada por arquitectos griegos y fue la mayor iglesia del mundo cristiano hasta la llegada de los turcos, en 1453. Como era de esperar, el conquistador, Mehmet II, la transformó en mezquita y sus sucesores añadieron las instalaciones islámicas que faltaban: los cuatro minaretes, el púlpito de la oración, el mihrab, la tribuna del sultán, los estrados para la lectura del Corán, las inscripciones caligráficas o la fuente de las abluciones. En 1935, el presidente turco Atatürk decidió convertir el templo en un museo y así ha permanecido hasta ahora.

Al entrar hay que levantar la vista para descubrir el magnífico mosaico del Pantócrator sobre la puerta Imperial. Otra joya es la columna que llora, cubierta de cobre y degastada en una zona donde hay un agujero. Dice la leyenda que, si se mete el dedo en él y se saca húmedo, se curan todas las dolencias. También es imprescindible detenerse a contemplar los mosaicos, como el de la Virgen y el Niño, que todos recordaremos de nuestros libros de arte.

Un consejo para viajeros: enfrente de Santa Sofía están los Baños de la Señora Hurrem (Haseki Hürrem Hamam), construidos en el siglo XVI por el gran arquitecto de la época, Sinán, como el hamman de Santa Sofía. Fue un encargo de Solimán el Magnífico para su esposa (Roxelana). También en los alrededores encontraremos una magnífica cisterna bizantina iluminada con velas bajo una bóveda de ladrillo: hoy es un restaurante realmente impresionante, Sarniç.

02 El tranquilo encanto de la discreción

LA PEQUEÑA SANTA SOFÍA (KÜÇÜK AYA SOFYA)

Interior de la mezquita Küçük Aya Sofya, la pequeña Santa Sofía. / François PLace

Por fuera se parece a Santa Sofía, en pequeño; por dentro esta discreta mezquita es toda una sorpresa. Está apartada de las masas, como acurrucada entre los pliegues de un barrio popular, a cuatro pasos de la vía del ferrocarril y de la orilla del mar de Mármara. Igual que Santa Sofía, estaba originalmente decorada con mosaicos dorados, que se perdieron, e impresionantes columnas de mármol verde y rojo que sí se conservan. Nació como iglesia en el siglo VI (dedicada a San Sergio y San Baco), pero fue convertida en mezquita en el siglo XV por obra y gracia de Hüseyin Aga, el jefe de los eunucos blancos (su tumba está en el templo).

La cúpula es una obra maestra de la arquitectura bizantina, pero lo realmente original es que es la única mezquita en Estambul en la que se puede acceder a la galería superior. No hay que desaprovechar la ocasión porque sólo así se aprecia la armonía del conjunto y la calidad de la decoración. En el jardín, en la antigua madraza (escuela coránica) de la mezquita, hay varios talleres de artesanos y un pequeño café a la oriental.

Un consejo para viajeros: la calle frente a la iglesia está llena de talleres de artesanos; en el número 66 hay que fijarse en el cartel que reza Kuçükayasofya Sanatçilar Çarsisi, que acoge una tienda de caligrafía, un taller de encuadernación en cuero (los dorados se hacen a mano) y una tienda que produce magníficos trabajos de ebru (papel veteado) con motivos florales. Los artistas hacen demostraciones en sus talleres.

03 La competencia de Santa Sofía

LA MEZQUITA AZUL

Interior de la Mezquita Azul, en Estambul. / François PLace

Todo el mundo la conoce como la Mezquita Azul, pero su nombre real es Mezquita del Sultán Ahmet Camii y es la gran competencia de Santa Sofía en el perfil de Estambul. Parece ser que el sultán Ahmet (1603-1617) era un tipo envidioso que quería a toda costa levantar un monumento que pudiera superar a Santa Sofía e incluso a la Gran Mezquita de la Meca. Para eso recurrió a uno de los discípulos del célebre Sinan y construyó esta mezquita que lleva su nombre entre 1609 y 1616. Para ser más que nadie, la diseñó con seis esbeltos minaretes, una excepción en Estambul, donde las mezquitas nunca tienen más de cuatro. Para evitar el sacrilegio, ofreció un séptimo minarete a la mezquita de la Meca. El honor estaba a salvo.

Se entiende mejor el nombre de mezquita azul cuando se entra en la sala de oración, recubierta con miles de azulejos de Iznik de un color azul intenso. La luz que entra a raudales por las ventanas se refleja en la superficie alicatada y baña la gran sala con un halo casi fantasmagórico.

Un consejo para viajeros: el complejo de la mezquita comprende también edificios periféricos, especialmente el Arasta Bazar, flanqueado por tiendas de souvenirs y de alfombras, y del mausoleo de Ahmet I, rematado por una cúpula.

04 Gloria al gran Solimán

LA MEZQUITA DE SOLIMÁN (SULEYMANIYE CAMII)

Silueta de la mezquita de Soliman, en Estambul. / François Place

En la silueta de la ciudad llama la atención otra mezquita, la de Solimán, que corona una de las siete colinas que dominan el Cuerno de Oro. Fue encargada por el más grande, rico y poderoso de los sultanes otomanos, Solimán el Magnífico (1520-1566), y se convirtió en la cuarta mezquita imperial de Estambul. Aunque no es la mezquita otomana de mayor tamaño, sí que es la más grandiosa, y ha sido recientemente restaurada.

Fue proyectada también por el famoso arquitecto de Solimán, Minar Sinan, que la escogió entre todas sus obras para ser enterrado. Su tumba se encuentra al otro lado del jardín cerrado, en la esquina norte. Por cierto, a unos metros de su tumba, en la Fetva Yokusu, hay que subir a la terraza del Mimar Sinan Teras Café para disfrutar del deslumbrante panorama del Cuerno de Oro y Beyoglü.

El interior es a la vez abrumador por su tamaño y relajante por su simplicidad. La decoración es mínima, con algunos azulejos de Iznik, unas impresionantes vidrieras encargadas por Ibrahim el Borracho y cuatro gigantescas columnas, una de Baalbek, otra de Alejandría y dos procedentes de palacios bizantinos de Estambul.

Un consejo para viajeros: hay que darse una vuelta por el Külliye (complejo de la mezquita), situado fuera del jardín vallado, que tenía una completa oferta de servicios públicos, como un comedor de beneficencia, un hostal, un hospital, una madraza (escuela coránica) y un hammam. Hoy el comedor de beneficencia y su patio ajardinado están ocupados por el Darüzziyafe Restaurant, un sitio delicioso para tomar una taza de té. Lale Bahçesi, situado en un patio cerca de Darüzziyafe, es un popular punto de encuentro de universitarios que vienen aquí a charlar, tomar çay (té) y disfrutar del narguile. La antigua madraza alberga ahora una biblioteca y varios restaurantes sencillos que sirven fasulye y pilav (judías y arroz).

05 El mejor cómic bizantino

SAN SALVADOR EN CHORA

En Estambul hay muchos monumentos bizantinos pero pocos tan bellos como la iglesia de San Salvador en Chora, muy cerca de las murallas de Teodosio, en el corazón del barrio de Ayvansaray. Está bastante apartada y muchos visitantes la pasan por alto, pero merece la pena. Fue construida a finales del siglo XI y durante los siglos posteriores se restauró, reestructuró y se convirtió en mezquita. Prácticamente toda la decoración que hoy vemos es de 1312.

Sus mosaicos son excepcionales, especialmente los que podemos ver encima de la nave del exonártex (el emperador Teodoro ofreciendo la iglesia a Cristo). También son impresionantes los mosaicos que recrean la vida de Jesús y María, casi un cómic pero al estilo bizantino, de una calidad artística excepcional: desde la Déesis (Cristo en Majestad) hasta la imagen de Jesús y sus ancestros (la Genealogía de Cristo). Para muchos, los mejores frescos son los del paraclesión (capilla funeraria), que representan escenas del Antiguo Testamento y el famoso Cristo en el limbo.

Un consejo para el viajero: al salir de la visita es muy recomendable probar el atípico menú otomano del restaurante Asitane, situado en el sótano del Kariye Oteli, en la puerta de al lado. También se puede tomar un sencillo peynirli tost (bocadillo caliente de queso) y un té en el Kariye Pembe Kösk de la plaza que da al museo.

06 Un baño de historia

CAGALOGLY, ÇEMBERLITAS Y GEDIKPASA

Interior del 'hamman' Kadirga, en Estambul. / François Place

Ir a Estambul y no probar los famosos baños turcos resulta casi imperdonable. El hamman más bonito de la ciudad, y también el más visitado por los turistas, es el de Cagalogu (Yerebatan Caddesi, 34), de 1741, que tiene una gran zona de recepción (camerkan) con cabinas privadas, donde uno puede echarse una siesta o tomar un té después del baño. También tiene una agradable cafetería y una tienda que vende jabón de aceite de oliva y otros accesorios para el hamman.

Hay quienes prefieren ir al hamman de Çemberlitas, frente a la columna de Constantino. Fue construido en 1584 por el mismísimo Sinan y también tiene una espléndida camerkan en la zona masculina, y otra recientemente restaurada en la femenina. La carta de tratamientos de baño y faciales es amplísima.

Un consejo para viajeros: para escaparse de los turistas, lo mejor es irse al hamman de Gedikpasa (Hamam Caddesi 65-67), otra opción de la época otomana, el más antiguo de la ciudad ya que funciona desde 1475. Restaurado en 2009, por dentro no es tan bonito como los dos anteriores, pero el precio es algo más económico y cuenta con una pequeña piscina.

07 Laberinto de intrigas palaciegas

PALACIO DE TOPKAPI

Hay pocos palacios en el mundo que guarden tantas historias (la mayoría truculentas) como el de Topkapi. Por ejemplo, fue aquí donde vivió el sultán Selim el Borracho, que murió ahogado después de beber demasiado champán, o Ibrahim el Loco, que perdió la razón después de que su hermano Murat IV lo mantuviese 22 años encerrado. Fue también residencia de muchos otros sultanes, sultanas, concubinas, eunucos y cortesanos dignos de Las Mil y una Noches.

Este palacio inmenso fue durante cuatro siglos (de finales del XV a mediados del XIX) el epicentro del Imperio otomano, que se extendía desde Asia hasta África del Norte y desde Europa central a Arabia. Este gigantesco conjunto de 70 hectáreas se extiende sobre un promontorio que domina las aguas mezcladas del Cuerno de Oro, el mar de Mármara y el Bósforo. Es una construcción única en su estilo, una especie de puzle arquitectónico compuesto por varios patios, pabellones, quioscos, dependencias y jardines. Durante siglos fue un mundo cerrado e íntimo, en el que se movían cerca de 14.000 personas y donde se tomaron las grandes decisiones que modelaron la historia de la actual Turquía. Una auténtica ciudad dentro de la ciudad, en la que nos resultará fácil imaginar los fastos de la corte imperial y sus intrigas.

Hoy es un museo lleno de tesoros pero es complicado verlo todo. Lo que más llama la atención son las cocinas imperiales, el Divan (la sala donde se sentaban los miembros del Consejo Imperial) y el harén, tal vez lo más famoso del palacio, debajo de la torre de la justicia. Se trata de una serie de patios alrededor de los cuales se organizan apartamentos, baños, habitaciones, mezquitas, dependencias e incluso un hospital para las mujeres. Los turistas sólo visitan en realidad una pequeña parte de todo este complejo con más de 300 estancias, una auténtica cárcel dorada en la que se cocían miles de intrigas.

Un consejo para viajeros: para visitar Topkapi necesitaremos como mínimo tres horas, pero si tenemos poco tiempo lo más recomendable es decantarse por el harén, el tesoro y las salas que rodean el baldaquín Iftariye. Además de todo esto, están los museos, formados por tres edificios distintos: el de Antiguo Oriente, el de la Cerámica y el de Antigüedades. Si no hay tiempo para todos, el mejor es este último.

08 La mezquita del piojo de la suerte

MEZQUITA DE RUSTEM PASA

Si nos adentramos por el concurrido barrio de Tahtakale, al oeste del bazar de las especias, podremos encontrarnos con esta mezquita poco visitada que es una auténtica joya. Hay que acceder por una escalera estrecha que lleva a un pequeño patio interior que parece flotar por encima de las tiendas y los almacenes adyacentes. El efecto sorpresa es total: una magnífica decoración encargada por Rüstem Pasa, gran visir y yerno de Solimán el Magnífico, y diseñada por el arquitecto Sinan en la década de 1560. La sala de oración está decorada con paneles de azulejos de Iznik de la mejor calidad, en los que domina el azul y el rojo con motivos florales.

A Rüstem Pasa sus contemporáneos lo llamaron Kehle-i-Ikbal (piojo de la suerte) porque, a pesar de que se descubrió que estaba infestado de piojos antes de casarse con Mihrimah, la hija favorita de de Solimán, eso no impidió su matrimonio ni su posterior fama y fortuna. Se le recuerda especialmente por conspirar con Roxelana, esposa de Solimán, para poner a este en contra de su hijo favorito, Mustafá. Consiguieron sus propósitos y Mustafá fue ejecutado por orden de su padre.

Un consejo para viajeros: es fácil pasar por alto el templo, pues no está al nivel de la calle. Para encontrar la entrada hay que buscar las escaleras que parten de Harsircillar Cadessi, o a la izquierda del edificio de abluciones de la bocacalle.

09 Barroco para los últimos sultanes

PALACIO DE DOLMABAHÇE

Interior del palacio de Dolmabahçé, Estambul. / François PLace

Dolmabahçé fue la floritura final de la dinastía otomana, un fin de fiesta a lo grande que tiene más en común con la Ópera de París que con el Palacio de Topkapi. En el siglo XIX, los sultanes otomanos quisieron mostrar al mundo que el imperio no estaba muerto y para ello abandonaron el viejo palacio de Topkapi y decidieron erigir uno nuevo, Dolmabahçe, a orillas del Bósforo, en el estilo arquitectónico de moda en la época, el neobarroco. El resultado fue deslumbrante... pero era demasiado tarde. Solo seis sultanes residieron en este palacio hasta que el Imperio otomano exhaló su último suspiro en 1922.

Dolmabahçe es una residencia imperial realmente impresionante con una elegante fachada que se despliega a orillas del Bósforo sobre un terreno ganado al mar. Su interior contiene 285 habitaciones, distribuidas en dos alas: la selamlik (dependencias oficiales imperiales) y el haremlik (estancias privadas).

Un consejo para viajeros: la visita del palacio puede hacerse (a paso ligero) en una hora y media, pero si sólo tenemos tiempo para una parte hay que elegir el selamik, con sus suntuosos salones de recepción y ceremonias, y sobre todo, la impresionante sala del Trono. Después de la visita, vale la pena dar un buen paseo por los jardines para ver el palacio de Cristal, propio de un cuento de hadas, con las ventanas grabadas al aguafuerte y un magnífico jardín de invierno.

10 El salto a Asia

EL PALACIO DE BEYLERBEY

Puerta del palacio de Beylerbey, en Estambul. / François PLace

En sólo quince minutos podemos pasar de Europa a Asia. Es el tiempo que dura la travesía en vapor desde Eminönou a Üskudar, pero es un salto enorme: el ambiente en la orilla asiática deja de ser turístico y se hace también mucho más tradicional aunque, paradójicamente, en Uskudar está la futurista Sakirin Camii, la única mezquita del mundo diseñada por una mujer.

A un tiro de piedra de Üsküdar está el palacio de Beylerbey, una belleza arquitectónica mucho menos concurrida que los palacios barrocos de la otra orilla, Dolmabahçe y Çiragan, pero también representativo del final del fastuoso reinado de los sultanes. Fue acabado en 1865 y sólo tiene 26 estancias, una choza en comparación con las 285 de Dolmabahçé. Los platos fuertes de la visita son: uno de los salones de la planta baja, presidido por un estanque de mármol con una fuente rococó, y el Salón Azul del primer piso, también sorprendente, con sus pilares de color azul y oro y sus capiteles ricamente decorados. Beylerbey fue utilizado como palacio de verano y como residencia para invitados importantes, como la emperatriz Eugenia o el Sha de Irán.

Un consejo para viajeros: ya que estamos en Beylerbey, sería un pecado irnos de la orilla asiática sin haber callejeado por Kuzguncuk, un barrio de moda en el que apenas encontraremos turistas. Escondido a orillas del Bósforo, tiene un aire cosmopolita y bohemio, con mansiones restauradas y pequeños cafés de ambiente relajado a los que van los estambulitas los domingos a tomar un brunch.

 

Más información sobre Estambul en la última guía Estambul Itinerarios de Lonely Planet, en Estambul De Cerca y en la guía Turquía de Lonely Planet.

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