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VIAJEROS URBANOS

72 horas en Shanghái

La ciudad sigue los pasos de Pekín e introduce la exención de visado para pasajeros en tránsito

No se puede ver una jungla de asfalto de 24 millones de habitantes en 72 horas, pero sí sentir. / Zigor Aldama

Shanghái es la ciudad de moda, pero aterrizar en ella puede ser un verdadero rompecabezas. Atrás han quedado los días en los que China otorgaba los visados con los ojos cerrados, porque, ahora, el país de Mao se ha convertido en uno de los destinos más atractivos para quienes escapan de la crisis. Cada vez son más los requisitos exigidos para poder pisar territorio de la República Popular, y muchos de quienes visitarían solo una o dos ciudades prefieren ahorrarse la molestia.

Para que no cambien de planes, tanto Pekín como Shanghái han aprobado este año una exención de visado que permite a nacionales de 45 países, incluida España, estancias de hasta 72 horas en la megalópolis -no se permite la salida de la ciudad-. Se trata de un permiso de tránsito, por lo que, para poder beneficiarse de esta medida, es necesario contar con billete confirmado -en el que esté ya asignado el número de asiento- para un vuelo hacia un tercer país. Lógicamente, en el aeropuerto se comprobará que el viajero tiene permiso para entrar en su lugar de destino, sea porque cuenta con un visado o porque no lo necesita.

Así, otra de las pretensiones de China es dar un impulso a las aerolíneas que enlazan estas ciudades con otros destinos de la región Asia-Pacífico. Por ejemplo, alguien que quiera volar de Europa a Australia puede elegir hacerlo con Air China o China Eastern y tomarse un descanso de hasta tres días en Pekín o Shanghái antes de continuar el viaje. De hecho, las propias aerolíneas cuentan ya con visitas guiadas para quienes quieran aprovechar al máximo su estancia.

Porque, ¿se puede ver Shanghái, una jungla de asfalto de 24 millones de habitantes, en 72 horas? Obviamente, no. Pero sí que se puede sentir. A diferencia de lo que sucede con la capital política, Pekín, la capital económica de China no es un destino turístico por su abundancia de monumentos y de lugares históricos. Es una ciudad que atrae por su vibrante sociedad, porque refleja el rumbo que está tomando el país. Ninguna otra ciudad consigue transmitir mejor la profunda transformación que en solo tres décadas ha llevado a un país de dimensiones continentales de pasar hambre bajo la hoz y el martillo a erigirse en adalid del capitalismo más bestial.

No en vano todavía es posible recorrer angostas callejuelas que encierran la esencia del shikumen, los tradicionales edificios de antaño, caracterizados por combinar elementos occidentales con el patio comunal inherente a la arquitectura china. Quedan pocos, pero los de old Shanghai todavía vibran con una vida de barrio que está en peligro de extinción, reemplazada por una existencia vertical cuyo principal exponente se asoma a través de los escasos huecos que deja la ropa tendida. Es el skyline de Lujiazui, ese que sirve de telón de fondo para las peripecias de James Bond o de Ethan Hunt y que crea en Shanghái un contraste tan atractivo como desconcertante.

Solo por presenciar ese conflicto entre pasado y futuro en una ciudad que no deja tiempo para el presente merece la pena hacer un alto en el camino. Además, esa dicotomía se presenta a cada momento: chiringuitos callejeros en los que se fríe un tofu que huele a rayos -chou tofu- frente a restaurantes de lujo, pequeñas tiendas de ropa llenas de falsificaciones a dos pasos de centros comerciales abarrotados de las grandes marcas de la moda, y el ocasional triciclo motorizado ilegal que se abre paso en hora punta entre Audis de gama alta y algún que otro supercoche.

Sin duda, tres días son suficientes para dejarse asombrar por Shanghái. Y también dan tiempo para realizar la mayoría de las actividades que proponemos aquí. Desafortunadamente, la nueva medida ha sido poco publicitada, y la mayoría de quienes aterrizan en alguno de los dos aeropuertos de la ciudad no saben que existe la posibilidad de hacer un magnífico stopover. De hecho, en los primeros días que estuvo vigente -del 1 al 3 de enero- solo 40 extranjeros disfrutaron del permiso de 72 horas. ¿A qué estáis esperando?

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Colaborador de EL PAÍS en Extremo Oriente

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